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Las carretas surgen en la Romería del Rocío desde sus mismos inicios porque era el medio transporte de que disponía el campesino para trasladarse al Rocío.

Uno de los elementos fundamentales y que mayor colorido aporta a la universal Romería del Rocío son las carretas. A lo largo de los siglos han existido dos formas de desplazamiento de los romeros hasta la aldea marismeña, que aún perviven: los carros y las carretas. Depende de la zona de la baja Andalucía de donde partan las hermandades para que éstas adopten uno u otro medio de transporte. En general, y aunque existan excepciones, en las provincias de Huelva y Cádiz prevalecieron los carros, mientras que en la de Sevilla fueron las carretas tiradas por bueyes.

Las carretas surgen en la Romería del Rocío desde sus mismos inicios porque era el medio transporte de que disponía el campesino para trasladarse al Rocío, sirviendo en los días de la Romería tanto de transporte como de dormitorio, alacena y bodega, pero con unas formas y exorno muy distintos de los actuales. Las primeras representaciones de carretas en el Rocío las encontramos en el óvalo pictórico de algunos Simpecados antiguos. Son escenas de la Romería de la época en la que aparecen unos carros o carretas con los limones sobre el suelo y adornados con unos simples arcos, sin toldos como los actuales, pero que en las citadas pinturas no se aprecia si irían adornados con flores o no.

La austeridad impuesta por la Reforma protestante tiene su antítesis en la Contrarreforma católica, que surge a raíz del Concilio de Trento, creando un nuevo estilo artístico, el Barroco. Una de sus intenciones es manifestarse en la religiosidad popular del pueblo llano. En Andalucía el Barroco caló profundamente entre el pueblo, porque el sentir andaluz es siempre barroco. El historiador Antonio Bonet Correa afirma en su obra “Andalucía barroca” que, “si bien se mira el arreglo de un patio de vecinos, las macetas del balcón o los ornamentos de una carreta del Rocío, son siempre barroco”.

En la época del barroco del siglo XVIII existen ya las siete hermandades más antiguas del Rocío, y estas siete hermandades construyeron en esta época sus primeras Carretas del Simpecado, llamadas “de cajón” porque servían para portar los enseres de la Hermandad y, en un lugar destacado, a modo de templete, presidía el propio Simpecado o representación pictórica de la Virgen del Rocío. En la actualidad, la única Carreta del Simpecado que se conserva de este tipo “de cajón” es la de la Hermandad del Rocío de Umbrete, realizada en 1910.

Pero donde el Barroco imprime su sello indeleble es sobre la típica carreta rociera, donde van subidas las romeras rocieras durante el camino. La carreta rociera barroca se cubre con toldo de lona, a modo de bóveda de cañón de una arquitectura efímera, revestido de sábanas blancas como la cal, y que con el paso del tiempo conocerá diversas modificaciones. En su parte baja llevaba el “cobujón”, donde se guardaba el “costo” para el avituallamiento del peregrino, que a su vez está situado encima del “trascón” y sobre las vigas llamadas “limones”, de una de los cuales pende el “mozo” trasero. El exorno de la carreta, igual que el acto de amarrar los bueyes (que los carreteros llaman “uncir” o “uñir”, y que supone un auténtico rito para el boyero), expresa el sentimiento profundo de la hermandad, su Hermandad. Porque no es lo mismo una carreta de Triana, de Coria o de Gines. Cada una tiene un toque personal que la identifica y distingue. Fotografías antiguas de carretas del Rocío abundan en el año de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío en 1919, en el que todas las hermandades del momento habían rivalizado en el número y exorno de las carretas. El exorno de las citadas carretas comprendía la cubierta del toldo con sábanas blancas y unas cortinas de encajes en las aberturas delantera y trasera, con tres puntos de cogida con flores o moñas, uno arriba en el centro y dos en los laterales bajos.

Con el paso de los años el adorno de las carretas del Rocío ha cambiado sensiblemente, enriqueciéndose sobremanera. Cada Hermandad pone en su decoración su sello propio e indeleble. Blancas carretas de Coria cubiertas sencillamente con colchas del mismo color, recogidas artísticamente en los lados laterales del toldo con moñas de colores. Barrocas carretas de Triana, rivalizando en el ornato los encajes, mezclados con las guirnaldas de flores de papel. Y las carretas de Gines, con personalidad propia en su altura, pero sobre todo en el exorno de las aberturas delantera y trasera del toldo mediante guirnaldas de flores de papel o de telas de colores, y los cortinajes, que son de telas de colores también.

Las carretas del Rocío, que en su día fueron un arma de trabajo para los campesinos andaluces, se han transformado en la actualidad en casi un artículo de lujo, que cuesta mucho mantener. Pero para eso, para mantener el espíritu de la Romería, están esos buenos rocieros que quieren conservar viva la tradición de aquellos otros antiguos carreteros que acompañaron y hermosearon a sus Hermandades del Rocío.

¡Rocieros, que no se pierda la herencia! Que vuestras queridas Hermandades del Rocío sigan guardando y enriqueciendo el exquisito patrimonio cultural de la Romería del Rocío, y que podamos seguir cantando,

 

Lloran los pinos del Coto

despidiendo a las carretas,

que ya se van poco a poco

por el camino de vuelta”.

 

Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: rocinas.com

 

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