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LEYENDAS DE SEVILLA: "EL COSTURERO DE LA REINA"

Dedicado a los que no os cansáis nunca de aprender cosas nuevas

 

Fuente: Tradiciones y leyendas de José María de Mena

 

Fotos: Internet

 

Quien venga desde la Glorieta del Cid hacia el Puente de Los Remedios por la avenida de María Luisa encontrará, en la Glorieta de los Marineros Voluntarios, un pequeño edificio, cuyos cuerpos son redondeados como cubos de muralla, coronado de minúsculas y graciosas almenas, y pintado a rayas horizontales color albero y grana.
 
Es un curioso, original y anacrónico pabelloncito que tiene más de un siglo de antigüedad, y está enriquecido por una bella, romántica y nostálgica leyenda.
 
En 1.850 habían llegado a Sevilla para instalarse a vivir en nuestra ciudad, los Duques-Infantes de Montpensier, don Antonio de Orléans y doña María Luisa de Borbón. Adquirieron para su residencia un gran caserón, que había sido Escuela de Náutica de San Telmo, en la época en que España tenía un imperio colosal y, por tanto, necesitaba miles de marinos. Con los años y las progresivas pérdidas de las posesiones de ultramar, las necesidades de formación de marinos fue y disminuyendo y la Escuela se cerró, quedando abandonado el edificio, hermosísima obra arquitectónica del estilo churrigueresco, que no había llegado a terminarse.
 
Compraron pues, ese edificio los duques de Montpensier, quienes lo embellecieron y enriquecieron, añadiéndole en su fachada que da hacia la Fábrica de Tabacos (hoy Universidad), una hilera de doce estatuas, colocadas sobre la balaustrada de su terraza, que fueron hechas por el artista escultor Antonio Susillo, quien después cerró el romanticismo suicidándose de un pistoletazo, tal como antes lo había abierto, también por herida de bala, Mariano José de Larra, por amores de una sevillana. Si se coloca usted delante de estas figuras, asomadas al costado de San Telmo que da al Hotel Alfonso XIII, verá, de izquierda a derecha, a los siguientes Personajes Ilustres de Sevilla (que así se llama el conjunto): Bartolomé de las Casas, Afán de Ribera, Murillo, Arias Montano, Daoiz, Herrera, Ortiz de Zúñiga, Lope de Rueda, Miguel de Mañara, Velázquez, Ponce de León y Martínez Montañés (y no Montañez, como reza en la peana).
 
El Palacio de San Telmo, fue completado por los duques de Montpensier, con el hermosísimo jardín, de dieciocho hectáreas de superficie, que es lo que hoy llamamos Parque de María Luisa. Estaba rodeado de un muro o tapia, casi una muralla, y una de sus esquinas, era precisamente en el lugar de la glorieta actual de Marineros Voluntarios, mirando hacia Tablada. En la esquina, pues, el muro del Parque de san Telmo, mirando hacia Tablada, había una puerta o mejor portón, por donde entraban los carros que traían  las frutas y hortalizas para la despensa de los duques de Montpensier. Por ese portón, salían asimismo el duque y sus acompañantes, a caballo, para sus cacerías en las dehesas de Tablada y Tabladilla, e igualmente era salida natural para el embarcadero del Guadalquivir, en el muelle que había en lo que entonces se llamaba Paseo de la Bella Flor, actual Paseo de las Delicias.
 



Por ser tan importante esa puerta, se construyó junto a ella un pabellón que servía como Cuerpo de Guardia, cuando había guardia militar, en épocas en que viajaba a Sevilla la reina doña Isabel II, hermana de la duquesa, o su madre, la anciana doña María Cristina, quien años atrás había sido reina regente. Cuando no había guardia militar, el pabelloncito servía para estancia de los guardabosques.
Los duques de Montpensier tuvieron un hijo que se llamó Felipe, el cual murió a corta edad, y una hija, Merceditas, que a los quince años se criaba bella y dulce como una flor, en los jardines de San Telmo. Sin embargo, Merceditas era muy débil, y muy pálida, como una figurita de porcelana. El médico de Palacio, el doctor Azopardo, meneaba la cabeza con preocupación cada vez que la niña cogía un catarro.
 
El duque de Montpensier tenía elevadas aspiraciones políticas, así que cuando la situación del país, en 1.865,  comenzó a hacer tambalearse el trono a Isabel II, hizo lo imposible por hacerse dueño de la situación, y ser nombrado rey. Sin embargo, sus sueños se desvanecieron en humo. Don Antonio de Orléans, duque de Montpensier, el más aparente candidato al trono de España, malogró sus aspiraciones a causa de un desafío que tuvo con su primo. Un desafío a pistola, en el que en realidad se ventilaba un puntillo de honor caballeresco al estilo de la época romántica. Ninguno de los dos primos tenía intención de herir al otro, sino de darse por satisfechos con el simulacro de duelo, disparando hacia lo alto. Pero por un azar desgraciado, don Antonio de Orleáns tropezó en el momento de apuntar caminando hacia su primo, y la bala salió más baja de lo que él quería, alcanzando a su oponente en la frente y matándolo en el acto.
Este fatal suceso incapacitaba a don Antonio de Orleáns para ser rey de España, porque al haber matado en duelo a su primo, había quedado excomulgado, y el Papa no podía reconocer como rey católico, a una persona en dicha situación. Así que los generales del triunvirato militar que gobernaba provisionalmente el país, tras el destronamiento de Isabel II, los ilustres Prim, Serrano y Topete, no pudieron ofrecer la corona al duque de Montpensier, y tuvieron que buscar un nuevo rey para España, fuera de nuestras fronteras, en la persona de Amadeo de Saboya.
Don Antonio empezó a conspirar para conseguir echar del trono a Amadeo I de Saboya (tampoco tuvo que esforzarse mucho, aunque ésa es otra historia), el cual hubo de abdicar al año justo de su reinado. Entonces don Antonio alentó al general Martínez Campos para que restaurase la dinastía de Borbón, poniendo en el trono al joven don Alfonso XII. Y después de ese paso, doña María Luisa se encargaría de que el joven rey tomase por esposa a Merceditas de Montpensier.
 
 
 
Todo salió tal como los duques lo habían preparado. Alfonso XII fue rey, vino a Sevilla en primavera, y el perfume de los claveles, el rumor del río, las alegres mañanas de excursión, las emotivas procesiones de la Semana Santa, con olor a incienso y a azucenas, todo se conjuró bajo el clarísimo cielo de Sevilla, para que el joven Alfonso XII se enamorase de María de las Mercedes, y decidiera casarse con ella.
Durante sus estancias en Sevilla, Alfonso XII vivía en el Alcázar, residencia real. Por la mañana, los días que no estaba previsto ir a San Telmo, se quedaba en su despacho del Alcázar recibiendo comisiones oficiales o estudiando negocios del Estado con sus ministros. Pero invariablemente a las doce menos cuarto interrumpía su trabajo, porque era la hora de su ejercicio de equitación. Montaba un caballo, y salía por el postigo del Alcázar, que daba a la Huerta del Retiro, y del Prado de San Sebastián.
 
 
Pero en vez de pasear por el terreno que su profesor de equitación le había señalado, el joven rey metía espuelas, y dando la vuelta por las tapias de San Telmo, iba a acercarse al pabellón de guardabosques, donde Merceditas estaba cosiendo. Alfonso echaba pie a tierra y pasaba cuatro o cinco minutos nada más a su lado, sentados en la salita de costura, bajo la mirada siempre desconfiada y autoritaria de la vieja aya, que tosía impertinentemente, si el rey se atrevía a propasarse cogiendo una de sus blancas manos.
 
 
Inmediatamente Alfonso tenía que montar otra vez a caballo y regresar al Alcázar porque el cuarto de hora de equitación había terminado y a las doce ya tenía citada audiencia oficial en el salón de embajadores.
 
Merceditas, ilusionadísima y enamorada, en ese pabelloncito de guardabosques se cosió gran parte de su propio ajuar como cualquier mocita casadera de su época.
Y por fin se casaron. Pero duró poco la felicidad de la luna de miel, porque Merceditas, a poco tiempo de llegar a Madrid empezó a toser y toser. Los médicos se alarmaron, y para quitarla del frío del vetusto Palacio de Oriente, la mandaron a reponerse a Sevilla. Aquí estuvo una temporada, intentando que el sol de Andalucía templase el frío de la muerte que poco a poco se la iba metiendo en los huesos.Merceditas salía del Palacio en las mañanas de sol, apoyada en el brazo de su aya, y se iba al pabelloncito, al costurero, y allí intentaba distraerse cosiendo. Pero en vano, porque su corazón estaba lleno de tristeza, pensando en que pronto iba a dejar solo a su amado Alfonso.
 
Cuando, desesperado, Alfonso XII ve que su esposa no mejora en Sevilla, la lleva a Sanlúcar de Barrameda, pero lo que no había logrado el sol sevillano tampoco lo consigue la brisa del mar. Merceditas, más pálida que nunca, arrebujada en una manta de piel, tiritando, regresa a Madrid, donde tiene ya fijada su cita con la muerte.

El último lugar de Sevilla que quiso ver, al paso hacia Madrid, fue su casita del guardabosque, el rincón donde desde niña se había sentido más dueña de su intimidad, donde había soñado y donde había amado. Ese pabelloncito de los jardines, donde termina San Telmo y empieza el Parque de María Luisa, que desde entonces se llama “El Costurero de la Reina”.
La trágica historia de amor inspiró el famosísimo Romance de la reina Mercedes, compuesta por Quintero, León y Quiroga y cantada por muchas intérpretes del género, como Concha Piquer o Marifé de Triana, entre otras.

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Comentado por Pedrete en agosto 5, 2016 a 8:14am

Historia falsa, falsísima donde la haya, ya que la reina muere en 1878 y este edificio data de 1893, o sea, 15 después de muerta la reina.  Por otro lado los duques de Montpensier además de a Felipe y Mercedes, tuvieron siete hijos más:

 

  • María Isabel Francisca (1848–1919), infanta de España, casada con su primo Felipe de Orleans, conde de París (1838–1894).
  • María Amalia Luisa (1851–1870), fallecida de tuberculosis, soltera y sin hijos.
  • María Cristina Francisca (1852–1879), fue considerada como candidata a ser la segunda esposa de su primo y cuñado, Alfonso XII, antes de morir de tuberculosis.
  • María de la Regla Francisca (1856–1861).
  • Fernando María Felipe (1859–1873), muerto de viruela.
  • María de las Mercedes (1860–1878), fue reina de España, esposa del rey Alfonso XII.
  • Felipe Raimundo María (1862–1864).
  • Antonio María Luis (1866–1930), duque de Galliera, se casó con su prima carnal, la infanta Eulalia (1864–1958), hija de Isabel II. Tuvieron dos hijos.
  • Luis María Felipe (1867–1874). No tuvo sucesión.

 

El motivo por el cual se retaron a duelo Antonio de Orleans y su primo Enrique de Borbón, fue porque éste último publicó una serie de panfletos difamatorios contra el duque de Montpensier.

 

Los Montpensier se exilian el 15 de Diciembre de 1871. En febrero de 1876 se le concede a Antonio de Orleans el permiso de volver a España, no regresando hasta Octubre del mismo año.

 

El 7 de diciembre Pepe Alcañices se traslada a Sevilla en nombre del rey para pedir la mano de Mercedes de Orleans, celebrándose la boda el 23 de enero de 1878 en la basílica de Atocha.

 

De sus apenas 18 años, la reina solo pasa en Sevilla 11 siendo una niña, y un par de meses después del destierro.

 

Y al contrario que muchos de sus hermanos, la reina Mercedes siempre tuvo muy buena salud, algo que no paraban de comentar sus ayas cuando murió.

Comentado por Jose M en agosto 22, 2012 a 10:37pm

Preciosa historia que no conocia al completo, gracias Marta, besos

Comentado por TRIANA FOREVER en agosto 22, 2012 a 11:19am

Pues si ke era delicaita la tal Merceditas. Eso sí, teníamos algo en común.

A mi también me daba muuuucha alegria ver el costurero de la reina cuando antaño iba al Betis andando y lo veía de vuelta, señal de ke ya faltaba menos para llegar a Triana jaja...

Un besote Martita y... YA "KEA" MENOS KE AYER.-

Comentado por Azahar y jazmín en agosto 22, 2012 a 9:06am

Preciosa la historia de amor que se guarda en ese pequeño y coqueto edificio llamado COSTURERO DE LA REINA, hisroria muy conocida la que nos dejas hoy, y siempre que paso por el, la recuerdo, ya que he visto infinidad de veces la pelicula que sobre esta historia se hizo, besos y espero la sorpresa de la de hoy,

Comentado por Araceli Luque en agosto 21, 2012 a 1:34pm

Aaayyyy Marta que historias tan bonitas de amores truncados por la muerte.  ese es el amor eterno.   superandote a ti misma jajajajajaj.    gracias  y besoossss

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