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Dedicado a todos vosotros....

 

Fuente: Tradiciones y Leyendas de José María de Mena

 

Fotos: Internet

 

 

Decir calle Sierpes es decir Sevilla. Pocas vías urbanas se han asociado tan indisolublemente al nombre de la ciudad a la que pertenecen. Esta biunívoca relación ha sido posible gracias a la contribución de los múltiples autores que desde el siglo XVI en adelante se han referido a ella en sus obras (Cervantes cita en su comedia El rufián dichoso a un francés jorobado, Pierres Papin, que poseía en dicha calle una tienda de naipes).

Durante el Siglo de Oro era calle en la que abundaban personajes de toda calaña (tahúres, fulleros, robabolsas, estafadores) que, ansiosos, esperaban a los enriquecidos  incautos que volvían de Indias con ganas de jarana, o a los no menos inocentes que acudían a Sevilla desde toda Europa para comprar las mercancías procedentes del Nuevo Mundo. Ya se sabe que el dinero ganado con facilidad llama a toda clase de vicios.
 
 

En tiempos antiguos la calle Sierpes no era tal, sino un brazo del Guadalquivir que venía desde el Arenal por la calle García de Vinuesa y, a través de la calle Trajano, llegaba hasta la Alameda de Hércules, en la que durante muchos años existió de forma casi permanente una pestilente laguna en la que, según costumbre de la época, se arrojaban basuras, enseres viejos y todo tipo de desperdicios, incluidos cadáveres de animales. De todas formas, de esa zona ya hablaremos más adelante.
 

 
Como decíamos, por la famosa calle circulaba un trozo de Guadalquivir, en cuyos márgenes se edificaron varios conventos durante los siglos XVII y XVIII. En uno de ellos, el conocido como Convento de San Acasio, formando esquina con la actual calle Caravaca estaba afincada la Hermandad de Jesús del Gran Poder, según recuerda una placa de mármol en la esquina instalada.
 

En la época gremial, hace algo más de quinientos cincuenta años, la calle Sierpes era conocida como calle de Espaderos, por la abundancia de establecimientos que existían de este tipo. A partir del siglo XV, y por motivo desconocido, comenzó a denominarse calle de la Sierpe primero, calle de las Sierpes más tarde y, finalmente, calle Sierpes. Algunos autores opinan que tal bautizo tenía su origen en su serpenteante forma; otros consideran que el apelativo proviene de la Cruz de la Cerrajería (ubicada hoy día en la plaza de Santa Cruz), y que estuvo instalada hasta 1.840 en la confluencia de la calle Rioja con Sierpes), debido a los adornos con forma de serpiente que la enriquecían. También se dice que pudiera provenir de un supuesto caballero, llamado Álvaro Gil de las Sierpes, que tenía su residencia en la susodicha calle. Una última versión se refiere a la existencia de una taberna de la Sierpe instalada en dicha calle.

 

A finales del siglo XV comenzaron a desaparecer niños misteriosamente sin dejar ningún rastro, a toda hora, tanto en la mañana como en la noche. Los vecinos dieron la alerta al Comendador de León, don Alfonso de Cárdenas, regente de la ciudad cuando esos hechos sucedieron.
 

Tras meses de zozobra, una persona que no quiso dar su nombre prometió solucionar el problema  y señalar al culpable, aunque sólo si se cumplía su petición, que no era otra que obtener la libertad. Alfonso de Cárdenas acepta la petición y envía a su escribano con el fin de obtener los datos para formalizar la petición.
 

Allí se descubre que el anónimo informante era Melchor de Quintana y Argüeso, un Bachiller de Letras por la Universidad de Osuna (en aquella época tercera de España, tras Salamanca y Sevilla) preso por participar en una rebelión contra el rey inspirada por el duque de Arcos, que posteriormente le dejó en la estacada. Ante el escribano, el de Quintana cuenta cómo descubrió al culpable y para ello narra su intento de fuga de la prisión.

Realizó un túnel con el fin de huir, que le llevó a las galerías subterráneas de Sevilla, que datan de épocas romanas y musulmanas. Dio con ellas por casualidad, pero no dudó en aprovechar lo que había descubierto para escapar de allí. En su huida, se topó con el ladrón de niños a quien, aseguró, dio muerte y luego, retornó a la cárcel pues no quería pasar el resto de su vida como un fugitivo. Con esta declaración, sólo fue necesario guiar al Comendador y su grupo de hombres al sitio donde aseguró que se encontraba el culpable, ya muerto.

Y efectivamente, encontraron al asesino en el lugar señalado, con una daga clavada hasta el puño que confirmaba su muerte, así como los restos de huesos humanos a su lado que le señalaban como responsable. El culpable era una enorme serpiente, cuyo tamaño era del grosor de un hombre, que luego fue presentada en público en la calle Espaderos, que a partir de entonces fue también conocida como “Calle de la Sierpe“.
 

De todos los barrios y pueblos vecinos venían las gentes a verla y, de tanto nombrarla, perduró el actual título de “Calle de la Sierpe”. El autor del heroico hecho obtuvo la libertad prometida, se afincó en Sevilla y llegó a casarse con la hija del Comendador Cárdenas.

Esta leyenda, muy extendida en su tiempo por casi toda Europa occidental (recordemos el Lagarto de Granada, sin ir más lejos) es, como se recoge en el diario ABC de 10 de julio de 1.983, un fiel reflejo de las luchas contra dragones, serpientes y otros reptiles gigantes, muy características de los siglos XII a XV. En efecto, comprobamos que aparecen las pautas típicas de dichos mitos:

  • Existencia de un reptil de grandes proporciones.
  • Su guarida se encuentra en el subsuelo.
  • El monstruo se alimenta de personas y/o animales.
  • El valiente justiciero es siempre un preso, consiguiendo con esta obra su libertad.
  • La muerte del animal se consigue con las propias armas del matador.

***

 
 
En la esquina de la calle Sierpes con la Plaza de San Francisco, donde hoy se levantan las oficinas centrales de Cajasol, estuvo la Cárcel Real de Sevilla, que conservaría dicho uso entre los siglos XVI y XIX.
 
Allí permaneció preso durante tres meses, en 1.597, Miguel de Cervantes. Y, si hacemos caso del prólogo del Quijote, donde dice que el personaje se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación, no es absurdo imaginar que Cervantes comienza a idear su obra maestra precisamente allí. Otros personajes ilustres, “huéspedes” del local,  fueron Bartolomé Morel (fundidor del Giraldillo), Mateo Alemán, Alonso Cano y Martínez Montañés.

***

 
En el otro extremo de la calle, cerca de la Campana, tuvo su casa en el siglo XVI Nicolás Monardes. Médico y botánico, fue el primer europeo en estudiar las plantas que comenzaban a llegar de la América recién descubierta. Monardes siembra algunas de esas plantas en el huerto y azoteas de la casa, siendo el primer lugar del viejo mundo donde se cultivan tomates, tabaco o patatas, entre otras muchas especies.

***

Desde el 31 de agosto de 1991 la calle Sierpes está hermanada con una calle de Düsseldorf (Alemania), llamada Schadowstraße (Calle de las Sombras), hecho recogido en un azulejo instalado en el año 1.992.

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Comentado por Azahar y jazmín en agosto 23, 2012 a 8:48am

La historia más conocida por mi, quizás por ser la más extendida, es la de la gigantesca serpiente, pero que ya tendría su tamaño para llegar a eso, el caso es que su nombre perdura en el transcurso de los siglos, a ver con cual te presentas hoy, besos.

Comentado por Araceli Luque en agosto 23, 2012 a 12:43am

aqui si que te has jartao de escribir eh!!!   espero tu proxima entrega.  me he enganchao. jejejejejejej   besooooosssss

Comentado por Curro Cayuso Bueno en agosto 22, 2012 a 9:40pm

Una calle de Sevilla por la que la penitencia de hermandades hacen una serpiente de nazarenos.

Gracias por esta bella entrada y un saludo Marta.

Comentado por Jose Sedano. en agosto 22, 2012 a 5:17pm

Magnifica labor la que estas haciendo Marta. Enhorabuena.

Comentado por rosa maria morilla rodriguez en agosto 22, 2012 a 3:19pm

BIEN TRABAJADO MUCHISIMAS GRACIAS POR DARNOS A CONOCER LA HISTORIA DE NUESTRA CIUDAD 

Comentado por TRIANA FOREVER en agosto 22, 2012 a 1:09pm

Comentado por María José en agosto 22, 2012 a 11:45am

Esta leyenda sí que la conocía, porque la tengo en mi guía de viajes de 2006. La verdad es que es bastante curiosa..espero que no me salga la serpiente por algún lado cuando vaya..jeje.

Un besote y cuidate del calor

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