Cofrades

Foro y Blog Semana Santa Sevilla


Dedicado a los que no se cansan nunca de conocer cosas nuevas sobre su ciudad.

 

Fuente: "Tradiciones y Leyendas de Sevilla" de José Mª de Mena.

 

Fotos: Internet

 

 

En la casa número 4 de la calle Marqués de la Mina, cercana a la parroquia de San Lorenzo,  vivía Esteban Pérez, maestro albañil.
 
Una noche de invierno del año 1.868, llamaron a su puerta y, al abrir, encontró un caballero cubierto con chistera y envuelto en una amplia capa, que le hizo un encargo urgente para esa misma noche. Ante la promesa de una buena paga, el albañil se vistió, tomó sus herramientas y subió al carruaje del caballero. Una vez dentro, éste insistió en vendarle los ojos para que no conociese el lugar de destino; como el albañil recelaba, el embozado esgrimió un revólver y, poniéndolo en el pecho del albañil, dijo:

- Puede usted elegir entre el oro y el plomo.
Durante una hora larga estuvo el carruaje recorriendo las calles de la ciudad, siendo imposible para el pobre albañil calcular, ni siquiera aproximadamente, el lugar en el que finalmente se detuvo el carruaje.

Fue llevado a un sótano en el que le descubrieron los ojos y se le ordenó levantar un tabique ante una hornacina. Aterrado, comprobó que en el interior de dicho hueco había una mujer sentada en una silla, atada y amordazada. Ante el titubeo de Esteban, el cañón del revólver se clavó en su costado, oyendo de nuevo la frase:

- Puede usted elegir entre el oro y el plomo.

No fue la promesa de dinero lo que hizo que el albañil levantara el tabique, sino el miedo a que un individuo tan peligroso hiciera uso del arma.  

Terminado el trabajo fue amenazado de nuevo con la muerte si contaba lo sucedido. Le vendaron los ojos y lo llevaron a su casa.
 
Una vez en ella, Esteban se acostó, pero el espantoso encargo no le dejaba dormir; aún veía los ojos de la emparedada suplicándole ayuda. Despertó a su mujer y le contó lo sucedido y, tras una breve discusión, se vistieron y presentaron ante el Juez de Guardia.
 
 
Éste le tomó declaración y, aunque el albañil no sabía el recorrido que realizó el carruaje, sí recordaba que cada cuarto de hora sonaba la campana de una iglesia cercana. La pista fue definitiva: en toda Sevilla, la única iglesia con reloj que marcaba los cuartos era la de San Lorenzo. Al parecer, el coche había dado vueltas durante una hora para volver al punto de partida. Con este indicio y otros detalles que recordaba Esteban sobre el sótano, encontraron rápidamente el lugar y lograron rescatar a la mujer emparedada sana y salva, que resultó ser hija de los dueños de una conocida confitería de la Campana.

El culpable del terrible suceso era su marido, un hacendado cubano propietario de plantaciones de caña de azúcar, que en un ataque de celos la emparedó, siendo detenido por la policía cuando intentaba embarcar rumbo a La Habana.
 
Finalmente, resultó no ser cierta tal afirmación y que el origen de su fortuna estribaba en su oficio de verdugo en la capital cubana. Desde ese cargo, y aprovechando la revolución, se dedicaba al chantaje a personas acaudaladas, a las que amenazaba con denunciar falsamente si no le pagaban el dinero solicitado.

Afortunadamente, y a diferencia de otras muchas leyendas sobre mujeres emparedadas, la de Sevilla terminó felizmente, salvándose la dama y siendo ejecutado el culpable.

 

Visitas: 2383

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de Cofrades para añadir comentarios!

Participar en Cofrades

Comentado por Miguel Jesus en agosto 8, 2012 a 8:29am

Marta segun lo que he podido saver lo que cuentas no es leyenda sino realida y paso en la actual Basilica del Gran Poder consultar un libro de Jose Maria de Mena que creo que se titula tradiciones y leyendas sevillanas cuenta la historia un saludo

Comentado por Jose Sedano. en agosto 7, 2012 a 10:06pm

Pobre mujer lo que se merecía el cubano es que hicieran con él , lo que él pretendia hacer. Curiosa historia Marta. Besosss

Comentado por TRIANA FOREVER en agosto 7, 2012 a 5:18pm

Ojú vaya cubano torpe no? Podía haber amenazao también al del campanario con lo del oro o plomo para ke no tocara las campanitas dichosas jaja...

Un besote Martita y sigue con las leyendas "verídicas" de nuestra Sevilla ke...

YA "KEA" MENOS.-

 

P.D. Tambén es coincidencia ke fuera hija de los de la confitería de LA CAMPANA...

Comentado por Araceli Luque en agosto 7, 2012 a 2:48pm

que bien!!!  como me gustan las historias que terminan con final feliz.    mala leche el cubano eh!!!  besoooosssss

Comentado por María José en agosto 7, 2012 a 12:44pm

Menos mal que esta pobre acabó un poco mejor. Vaya pieza el marido, ¿eh? Gracias a esas benditas campanas de San Lorenzo, que la muchacha agradecería toda su vida que sonaran..

Comentado por Mary en agosto 7, 2012 a 12:22pm

Menos mal que acabo todo en un final feliz!la de leyendas que contiene nuestra ciudad.

Aquí estaré esperando a que subas mas Marta.

Un beso de tu ahijada

Comentado por María Amor Rasero en agosto 7, 2012 a 11:54am

Qué leyenda más curiosa ésta Marta, me ha gustado mucho. Sigue con más amiga, son muy interesantes. Un beso y gracias!

Comentado por Azahar y jazmín en agosto 7, 2012 a 11:33am

Como casí siempre suele ocurrir cuando se comete una injusticia, queda algún testigo que vuelve todo a su origen, en esta ocasión fue esta torre, la que hizo que nuestra protagonista volviera a la vida, siempre que paso por San Lorenzo y suenan las campanas recuerdo la historia que hoy nos relatas.

© 2017   Creado por Pasionensevilla.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio