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En el Calvario se recoge una iconografía que triunfó en el mundo medieval: San Juan y la Virgen a los pies de Cristo, «Mujer he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu madre», un momento de trascendencia teológica en el que se confirma a los seguidores de Cristo como hijos de María, madre e intercesora.

El pasaje evangélico se conformó como una tema recurrente desde el mismo siglo XI, momento en el que ya aparece en la Catedral de Hildesheim, una composición cuyos personajes aumentaron en número en algunos periodos del Románico pero que volvió a la pureza de los tres personajes en el Gótico, siendo un ejemplo el tímpano izquierdo de la Catedral de Reims. Desde entonces, fue habitual que la composición del Calvario, Cristo, San Juan y la Virgen, apareciera en el coronamiento de vigas de imaginería, en los áticos de los retablos o en los tímpanos de las portadas de las iglesias.

Después de la reconquista los nuevos repobladores castellanos trajeron consigo la iconografía del Calvario. Los más antiguos Calvarios andaluces son una muestra de esa iconografía medieval en la que Cristo muestra los rasgos habituales del Gótico, contorsión del cuerpo, cabeza inclinada sobre el hombro derecho, cruz arbórea, forzada disposición de piernas y pies, faldellín que llega hasta las rodillas; apareciendo la Virgen en una clara actitud de ensimismamiento, apartando la mirada de la Cruz, y San Juan en actitud meditativa con la cabeza apoyada sobre una de las manos. Así es el Calvario del Cristo del Millón del retablo mayor de la Catedral de Sevilla. Hasta el siglo XVI se mantiene este concepto en el estilo tardogótico de autores como Jorge Fernández o Roque Balduque.

Es en el siglo XVI cuando llega a Sevilla un nuevo concepto del Renacimiento. Formas novedosas para un Calvario de talla completa, de líneas suaves, en un Crucificado de tres clavos y proporcionada anatomía, muerto en una cruz plana y cepillada, reacción al naturalismo gótico y a las cruces arbóreas, y a cuyas pies se sitúan las dos expresivas imágenes de la Virgen y de San Juan. Tallas completas con cuidada policromía en la que todavía se mantiene el empleo del dorado. Este concepto más abierto e idealizado entra en Sevilla de la mano del castellano Isidro de Villoldo y será seguido por Juan Bautista Vázquez el Viejo, Juan Bautista Vázquez el Mozo y Jerónimo Hernández. Ejemplos de este período son el Crucificado de San Pedro de Sanlúcar la Mayor o el Crucificado de la Sangre de la parroquia de San Isidoro de Sevilla, así como el Calvario de la Iglesia conventual de la Encarnación de Sevilla.

A partir del Barroco se vuelve a cambiar el concepto del Calvario hacia un mayor realismo y expresión de la anatomía en el Crucificado sobre cruz arbórea. Ejemplos de estos Crucificados son el Stmo. Cristo de los Desamparados de Martínez Montañés o el Stmo. Cristo del Amor de Juan de Mesa. También cambia el concepto de las imágenes que conforman el Calvario, la Virgen y San Juan dirigen la mirada a Cristo y aparece María Magdalena arrodillada a sus pies, un nuevo símbolo barroco alusivo al perdón. Las tallas completas son sustituidas por las vestimentas naturales. Este nuevo concepto será seguido en el neobarroco y en la actualidad.

En Estepa el Crucificado más antiguo se encuentra en la iglesia de los Remedios, siendo el antiguo titular de la misma bajo la advocación del Stmo. Cristo de la Vera Cruz, fechable en el siglo XVI bajo el modelo renacentista. Otro de los crucificado más antiguos es el Cristo de la Salud, primitivo titular de la Hermandad del Calvario, obra anónima de principios del siglo XVII realizado en papelón. La talla se relaciona con los postulados tardomanieristas vigentes aún en los albores del siglo XVII y así se muestra en el alargamiento de su figura, su naturalismo y expresividad.

Stmo. Cristo de la Vera Cruz
Antiguo Cristo de la Salud


Sin embargo, la primera representación de la escena del Calvario debemos buscarla en la Iglesia del Carmen. Se trata de un lienzo del Cristo del Sangre del siglo XVI que se encuentra en el muro del primer rellano de la escalera del camarín y que estuvo hasta los años cuarenta del siglo XVIII en el altar mayor de la ermita. Sigue el modelo iconográfico que representa a Cristo crucificado, como fuente de vida redentora para las ánimas del purgatorio, con la Virgen y San Juan a los pies y a ambos lados dos ángeles recogiendo la sangre de Cristo a media altura. En la reforma de la ermita en la mitad del siglo XVIII, el escultor Diego Márquez realizó un grupo escultórico que sustituyera a este lienzo y que estuviera formado por un Crucificado, la Virgen y San Juan para el nuevo retablo mayor del templo.



A finales del siglo XVI se firmó el contrato con Andrés de Ocampo para el retablo mayor de la Iglesia de Santa María, en cuyo ático se plasmó la escena del Calvario. La obra quedó enmascarada por la redecoración barroca de la segunda mitad del siglo XVIII. En esta escena del Calvario la Virgen mantiene las manos unidas en actitud orante mientras que San Juan mira al crucificado.





Del primer tercio del siglo XVIII es el Calvario que se realizó para la iglesia del Convento de Santa Clara, formado por un Crucificado, la Virgen, San Juan y María Magdalena. Estas imágenes formaron el primer Calvario del que se tiene constancia que procesionó en Estepa con el nombre de Vía Sacra.

Via Sacra

Otra representación del Calvario se encuentra en un gran lienzo de la iglesia de San Sebastián y que procede de la iglesia de la Victoria. Es un lienzo de medio punto fechable en el siglo XVIII con el tema del Calvario orlado por escenas de la Pasión.


En 1941 se funda la Hermandad del Calvario en el Convento de San Francisco tomando como titular la primitiva imagen del Cristo de la Salud del siglo XVII. En años posteriores la hermandad adquiere las imágenes de la Virgen de la Amargura y San Juan del siglo XX y María Magdalena, obra anónima del siglo XVIII, para representar la escena del monte Calvario. Debido al deterioro que la antigua imagen titular sufría en las estaciones de penitencia, en 1952 la Hermandad del Calvario encarga una nueva talla cristífera de estilo neobarroca, al escultor estepeño Manuel Escamilla Cabezas.



Fuente:


-Cristo, la Virgen y San Juan: el olvido de los Calvarios de talla c... Manuel Jesús Roldán. Pasión en Sevilla.
-La Evolución de la escultura de Cristo Crucificado en España. Románico. Gótico. Renacimiento. Barroco. Neoclásico. Sergio Cabaco y Jesús Abades. La Hornacina.

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