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LOS CRISTOS BARROCOS DE DIEGO MÁRQUEZ EN ESTEPA

Diego José Márquez y Vega nació en 1724 y fue bautizado tres años después en 1727. Contrajo matrimonio con doña Juana García y tuvo tres hijos varones. Vivió en la colación de la parroquia de San Pedro de Antequera y se dedicó al arte de la escultura. Pudo haberse formado en el taller de Francisco de Medina y conocía bien la obra de los escultores antequeranos que le precedieron, en especial José Hernández y Juan Bautista del Castillo. Los escultores del siglo XVIII buscaban sus modelos en las obras antiguas de la ciudad y Diego Márquez presenta en alguna de sus piezas un ideal de belleza muy similar al de Francisco Medina, por lo que se considera uno de los talleres en los que se pudo formar.

A los 31 años ya era un maestro consolidado en la ciudad, contando con obras en madera, barro y piedra. Regentó un taller propio que fue continuado por su hijo Miguel Márquez y por su nieto Joaquín Márquez Angulo. Antequera se convirtió en su centro de operaciones desde donde suministró obras a un gran número de poblaciones del centro de Andalucía. Se encuentran obras documentadas desde los años 50 del siglo XVIII hasta poco antes de su fallecimiento en 1791.

La obra de Diego Márquez destaca por la policromía de los estafados, de las carnaciones y de los paños, a lo cual sumamos su concepción del sentido y plasticidad de las estofas, el uso de la sangre y la aplicación de las veladuras, las dos variantes en el desarrollo de la sangre del antebrazo, la aplicación y disposición de los latigazos, el hematoma en el rostro, cabello y patillas, la barba, la disposición de los paños. Sus tonos oscilan entre los blancos y marfiles con tonos rosados que imprimen a su obra una impronta muy particular. Sus fondos presentan colores planos con una paleta amplia y, asimismo, gusta del uso abundante del color, sobre el que se asientan sus estofados. Son de calidad suprema, presentando personalidad propia, tanto en su evolución como en los motivos ornamentales que podemos encontrar, destacando el gusto por el oro y los brillos. En su evolución, las formas pasan a un lugar secundario destacando su habilidad a la hora de policromar una imagen.

Su producción evoluciona hacia 1769 del barroco-rococó a un estilo más clásico. El estilo de Diego Márquez se va depurando, abandonando la curva y contra-curva por líneas más rectas y simples. Esta evolución se aprecia especialmente en sus imágenes cristíferas y en sus Dolorosas. La tipología de la Virgen Dolorosa evoluciona de los modelos intimistas a los patéticos, como la Virgen del Mayor Dolor del Carmen estepeño a la Virgen de los Afligidos de San Sebastián antequerano. Sus Crucificados evolucionan hacia formas clásicas, frontales, serenos, contenidos y sin paños aireados. Por ello, los Crucificados de Diego Márquez se clasifican en dos categorías, los denominados “crucificados barrocos” y los “crucificados clásicos”. Cronológicamente nos estamos moviendo entre 1754, fecha en la que realiza el crucificado de las Descalzas, y 1791, fecha en la que fallece.

1. Crucificados Barrocos

Cristo de las Penas.  1652
Juan Bautista del Castillo.


El grupo de crucificados barrocos se sitúan en los años 50 y 60, ya que a finales de los sesenta cambia el estilo hacia formas más depuradas. Los caracteres formales son un arte seco y duro, tanto en el cuerpo como el rostro, anatomía bien marcada, especialmente evidente en la caja torácica, el torso y el abdomen. Diego Márquez toma el modelo de rostro de determinadas pinturas de Antequera. El punto de partida de los crucificados barrocos se encuentran en el Cristo de las Penas de la parroquia de San Pedro realizado por Juan Bautista del Castillo en 1652, así como en un lienzo de Crucificado situado en el testero interior de la fachada en la nave del Evangelio de esta parroquia, cuyas formas y paños nos establecen una vinculación directa con el grupo de crucificados de Márquez. Diego Márquez era vecino de la Parroquia de San Pedro de Antequera y conocía bien la producción de Juan Bautista del Castillo y de su hijo Antonio del Castillo, de quien toma como modelo el prototipo de cuerpo creado por éste. Los “crucificados barrocos” de Diego Márquez encuentran así su base formal en el arte antequerano del siglo XVII, y dentro de esta clasificación se puede mencionar:

-Expiración. 1754. Museo de las Descalzas de Antequera.


-Crucificado del ático del retablo del Niño Perdido. San Pedro. Antequera


-Amor. Iglesia de San Sebastián. Estepa


-Calvario con San Juan y la Virgen. Iglesia del Carmen. Estepa


-Crucificado. Colección particular. Antequera.

-Pollinita. 1769. Lucena


-Cristo de la Humildad y Paciencia. 1772. Iglesia de los Remedios. Estepa


2. Crucificados Clásicos

El conjunto de las esculturas que Diego Márquez talló a partir de los años 70 denotan un estilo más depurado del barroco, ya por sí contenido en Antequera, convirtiendo las curvas y contracurvas en líneas más amplias, menos sinuosas y más alargadas, que muestran un menor movimiento. Los crucificados de esta etapa parte de una propuesta pseudo-manierista que se toma su base en los escultores antequeranos del siglo XVI. Los crucificados de Diego Márquez son formalmente clásicos, frontales, serenos, contenidos y sin paños aireados ni envolventes gracias a todo lo cual permiten una lectura general del cuerpo.

El modelo de los “Crucificados Clásicos” de Diego Márquez es el Crucificado de la Paz de José Hernández del siglo XVI, que se encuentra actualmente en la Iglesia del Carmen de Antequera. Pero se puede citar también otras influencias clásicas en la obra de Diego Márquez como José de Medina, con quien trabajó en las principales empresas constructivas de la época, o Fernando Ortiz, de quien recibe influencia en los estofados y en las carnaciones. Ambos artistas eran académicos de la Real Academia de San Fernando, por lo que la interferencia de los preceptos academicistas puede constatarse como otra posible influencia en la obra de Diego Márquez, a pesar de que nunca llegó a pertenecer a la academia. Cinco años antes de su muerte en 1791, se restablece en la ciudad de Antequera la Academia o Escuela de Nobles Artes, al amparo de la Real Academia de San Fernando. En sus últimas obras documentadas de 1787 y 1790, como la Dolorosa de la Iglesia del Carmen de Estepa, se puede apreciar el clasicismo. Diego Márquez comprende que el arte va evolucionando hacia formas más depuradas que quieren expresar nuevos aires clásicos que se generalizan en el último tercio del siglo XVIII.

El clasicismo de Diego Márquez es más bien un pseudo-manierismo que se basa en el concepto clásico de la ciudad, mirando hacia el siglo XVI y tomando como modelo las obras de la escultura antequerana, como el Cristo de la Paz de José Hernández.

Cristo de la Paz.
José Hernández. Siglo XVI

El grupo de crucificados clásicos sobresale por la elegancia de sus formas, más delicada y estilizada. La serenidad es clave en la concepción formal y la anatomía es relativa al del Cristo de la Paz con hechuras que parten del modelo del siglo XVI. Los crucificados clásicos son:

-Cristo de la Salud. Sacristía. Iglesia de San Zoilo. Antequera

-Cristo de la Clemencia. Sacristía. Iglesia de Santa María de Jesús. Antequera

-Milagros. Colegiata de San Sebastián. Antequera


-Crucificado. Capilla del Cementerio Municipal de Antequera.

-Misericordia. Iglesia de San Pedro. Antequera


Estepa fue una de las localidades en la que la obra de Diego Márquez llegó en un primer momento de la mano de los retablistas de la familia Primo. Las hermandades y las parroquias acudieron al antequerano Diego Márquez para la decoración de sus retablos y para la realización de sus imágenes titulares. Dentro de la extensa obra de Diego Márquez en Estepa, los Crucificados y Cristos de Diego Márquez siguen el modelo del “Crucificado barroco” de su obra:

-Stmo. Cristo del Amor: El Crucificado preside el retablo de las Ánimas de la iglesia parroquial de San Sebastián desde mediados del siglo XVIII y que a su vez sustituía a un lienzo del siglo XVII en el que San Pedro como cabeza de la Iglesia recogía la sangre de Cristo crucificado.

Cristo aparece muerto, con la cabeza abatida y caída sobre su pecho con gran expresividad y manando sangre de sus heridas descarnadas y con numerosos hematomas en el cuerpo y rostro. Pende lacerado e inerte en un verdadero alarde de expresionismo pasionista. Tiene los costados tensos con los músculos bastante señalados, pero sin exageración. La cruz de Cristo crucificado era originalmente de madera oscura con los palos en forma rectangular. El Crucificado llevaba potencias y corona en plata y estaba rodeado de un grupo de figuras envueltas en llamas, según aludía su advocación original. La imagen fue tomada como titular de la Hermandad de Los Estudiantes fundada en 1957 con la advocación de Stmo. Cristo del Amor. La última restauración de la imagen fue realizada por Pedro E. Manzano Beltrán en 2001.


-Santo Cristo de la Sangre: A mediados del siglo XVIII se acomete la reforma de la nueva construcción de la Ermita del Santo Cristo de la Sangre tras su traslado de su antiguo templo en el siglo XVII desde la cara norte de la muralla. El escultor Diego Márquez será el encargado de sustituir al lienzo titular de la vieja ermita por un Calvario para el nuevo retablo mayor del templo que fue realizado por el ecijano Juan José González Cañero en 1743-1753. El lienzo original del siglo XVI representa a Cristo crucificado como fuente de vida redentora para las ánimas del purgatorio, con la Virgen y San Juan a los pies y a ambos lados dos ángeles recogiendo la sangre de Cristo a media altura. Diego Márquez recrea en madera el nuevo Santo Cristo de la Sangre, la Virgen María y San Juan Evangelista, fiel al antiguo lienzo, para ocupar una hornacina bajo el manifestador del nuevo retablo. El Santo Cristo de la Sangre fue titular de la cofradía hospitalaria homónima que quedó fusionada en el siglo XVIII con la Hermandad de Ntra. Sra. del Carmen. Las características formales del Crucificado son similares al Stmo. Cristo del Amor.


-Stmo. Cristo de la Humildad y Paciencia: En un documento de un cabildo de 1618 la cofradía del Dulce Nombre de Jesús hace facturar un descargo de 52 reales por la hechura de un cuadro del Stmo. Cristo de la Humildad y Paciencia a beneficio del pintor Luis de Venegas, venerándose desde entonces esta advocación en la hermandad. En 1772 la hermandad le encarga a Diego Márquez una talla en madera del Stmo. Cristo para la Iglesia Parroquial de Santa María, donde tenían su sede. Se representa a Cristo reflexionando en el momento posterior a la flagelación, sentado en actitud de meditación en el palacio de Pilatos y dolorido por las llagas que le ha producido el flagelo. Actualmente se encuentra en la Iglesia de Ntra. Sra. de los Remedios.


-Cristo de la Misericordia o “Cristo de la Tarama”: Esta imagen procesionó con diversas hermandades en la primera mitad del s. XX, integrándose en el cortejo de la Hermandad de Paz y Caridad, con referencias documentales en 1926-27, así como en la Hermandad del Dulce Nombre, conservándose fotografías junto a los titulares de la Hdad. en la plaza de la Victoria. Esta imagen de Cristo de la Columna se encuentra en la actualidad en la iglesia de Santiago de la localidad de Herrera y procesiona en la tarde del Jueves Santo con la advocación de Stmo. Cristo de la Misericordia, aunque también se conoce como “el Santo de la Tarama”. La imagen fue realizada por el antequerano Diego Márquez y pudo corresponder con el Cristo de la Columna que se veneraba en la Iglesia de la Asunción.


-Ntro. Padre Jesús Nazareno (La Victoria): La imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno fue realizada en el siglo XVIII y se le atribuye al taller antequerano de Diego José Márquez y Vega. La imagen mide 1.45 metros, y es de talla completa, con su paño de pureza, semitallado el antebrazo. El brazo y el hombro se encuentran articulados para que se pueda adoptar la postura de prendimiento o cargar la cruz. Presenta tallado con esmero el rostro, las cejas, la boca entreabierta, y la barba en dos mechones. También se encuentran muy cuidados los pies y las manos. Siempre ha llevado el pelo natural, no tiene pelo tallado, y lleva potencias y corona de espinas. Porta una cruz arbórea adquirida en el año 2003 y rematada con casquetes en oro estrenados en el 2004. La imagen procede de la iglesia del desaparecido Convento de la Victoria de Estepa y su llegada a Marinaleda ocurrió en torno a 1939 con la intermediación de Conchita Toro y la autorización para su traslado junto a una Dolorosa del mismo convento por parte del Arzobispado de Sevilla


-Jesucristo de la Santísima Trinidad (1784): Retablo de la segunda mitad del siglo XVIII situado en la Iglesia parroquial de San Sebastián. Diego Márquez se encargó de realizar las tallas para los retablos de la iglesia de San Sebastián como la Virgen del Rosario, el Crucificado de las Ánimas o la Santísima Trinidad.


Fuente y artículos consultados:
-La gramática corporal en los crucificados del escultor Diego Márque...Fernández Paradas, AR. Asociación para la investigación de la Historia del Arte y el Patrimonio Cultural “Hurtado Izquierdo”. Córdoba.
-La autarquía artística de una ciudad: historia de la escultura barr... Fernández Paradas, AR. Escultura barroca española. Nuevas lecturas desde los siglos de oro a la sociedad del conocimiento. Escultura barroca andaluza. Vol. II. ExLibric. 2016
-Especial Imagineros: Diego Márquez. Fotos Cofrades ATQ. Sarmiento, A. 1999-2018.
-La capilla de Ánimas de la Iglesia de San Sebastián. Jordán Fernández, J.A. Boletín Los Estudiantes. 2013
-Cristo del Amor y "de las Ánimas". Díaz Fernández, EA. Historia de Estepa
-El hijo pródigo de una paternidad deseada. Diego Márquez y Vega y el Crucificado de la Misericordia de la Parroquia de San Pedro de Antequera. Fernández Paradas, AR. Revista de Estudios Antequeranos, 2012.
-El conjunto escultórico de la “Pollinita” de Lucena, obra de Diego Márquez Vega y Luis Tibao, notas de historia, arte y literatura. García Luque, Manuel y Guerrero Cabrera, Manuel. Cuadernos de Estepa 4, 2014.

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