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    Soy de los que pienso que cuando San Ignacio, allá por el siglo XVI, fundó junto a otros once compañeros su Compañía de Jesús, aún sabiendo lo que quería, lo que buscaba y lo que Dios le pedía en su interior, no pudo hacerse una idea -ni aproximada- de lo que llegaría a significar la misma a lo largo de la historia.

 

     Lo que tampoco pudo pensar era que al poco tiempo de su fundación la Compañía se llegara a extender por los cinco continentes –sería otro gran santo, San Francisco Javier, el que iniciara esta gran empresa- pero al mismo tiempo su Compañía de Jesús sería admirada, respetada e incluso envidiada en muchos momentos de la historia, por razones de pueblos, razones políticas, políticos de la más diferentes ideologías, otras órdenes religiosas y tampoco se libró de ello algún que otro papa, llegando incluso a sufrir diversas expulsiones.

 

     Llegó a alcanzar una gran fuerza tanto religiosa como “política”, educativa, hospitalaria y artística, dado el alto nivel de preparación que poseían sus componentes, hasta tal punto, que sobre esta última, se ha llegado al hablar de sus edificios, de “sello jesuítico” o de “estilo jesuita”.

 

     Al mismo tiempo, con el paso de los años, ha dado la Compañía de Jesús tal cantidad de santos y de tan alto nivel místico que llegaron a marcar, en muchas ocasiones, el destino de la Iglesia cuándo ésta ha presentando signos de “flaqueza”, que me resisto a nombrar por temor de dejar de nombrar a alguno de ellos en una lista tan generosa.

 

      Sevilla no se podía quedar fuera del punto de mira de los jesuitas -orden culta, profunda y dedicada por vocación a la enseñanza- cuando la ciudad era una urbe rica a la que llegaban gran cantidad de personas, muchas atraídas por el descubrimiento del Nuevo Mundo, que se arropaban en ella.

 

     De la importancia que tuvieron en nuestra ciudad dan fe los diferentes edificios religiosos que llegaron a poseer y algunos de ellos todavía se conservan aunque sin la misión para la que fueron construídos.

 

En el mismo centro de la ciudad, se encuentran la mayoría de ellos. Allá por los siglos XVI-XVII tenían si Casa-Profesa de la Compañía en la actual calle Laraña de la que sólo nos queda la iglesia de la Anunciación, hoy sede de la Hermandad de Nuestra Señora del Valle, que con sólo contemplar la grandiosidad de la misma, su retablo mayor y alguna de sus pinturas murales nos dan una idea de la importancia que tuvo.

 

La iglesia es idea de unos de los padres de la compañía concretamente al padre Bartolomé Bustamante y, en ella trabajaron artistas de la talla de Hernán Ruiz II, Juan Bautista Vázquez el Viejo, Alonso Matías, Antonio Mohedano, Juan de Roelas, Martínez Montañés, Juan de Mesa, Juan Bautista Vázquez el Mozo, etc.. pudiéndose hacer una idea de la importancia de la Compañía de Jesús.

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Comentado por Enrique Ayllón González en octubre 10, 2011 a 9:39pm
Gracias Javier por el comienzo de la Compañía de Jesús en Sevilla.
Comentado por sonia en octubre 10, 2011 a 4:48pm

Hola Javier,

q buena labor de enseñanza ha hecho esta gran orden de San Ignacio de Loyola, donde lo más importante es la educación en valores de la persona!!! Y q díficil lo tienen hoy dia!!! Besos!!!

Comentado por Túrbula en octubre 10, 2011 a 10:31am
La Virgen del Valle y el retablo de Juan de Roelas de la Anunciación.

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