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LOS PASOS PERDIDOS II: DOMINGO DE RAMOS

Amparo Rodríguez Babío

Comenzaremos por el Domingo de Ramos con el paso de la Santa Cruz en el Monte Calvario que sacaba la Hermandad de la Estrella. En las reglas de 1654 se establecía que en virtud a lo pactado, se establece la estación de Cofradía a las Oraciones del Jueves Santo con tres pasos: el Triunfo de la Santa Cruz en el primero, en el segundo el Señor, y en el otro la Virgen, con un lignum crucis en las manos, reliquia que de antiguo poseía (12). Bermejo nos ofrece la única descripción conocida del paso: el paso primero que antes sacaba, era del modo siguiente: iba una Cruz verde sobre el mundo, y enroscada en él la serpiente con la manzana en la boca. Del clavo de los pies de la Cruz, salían dos palmas que terminaban en los brazos y en el centro de estos una corona de laurel. Al pie del Sagrado Madero había una María con una estrella, y a un lado una calavera en significación de la muerte (13). La razón de su inclusión en el cortejo se debe a que el Lignum Crucis era titular de la corporación, cuya reliquia poseía la Hermandad desde antiguo y que sigue sacando actualmente la Virgen de la Estrella cada Domingo de Ramos. En el Libro de Reglas de 1882 hay una iluminación con la Santa Cruz adornada tal y como debía salir en el paso descrito por Bermejo, siendo ésta la única ilustración conservada del mismo.
La significación alegórica de este paso es muy sencilla y didáctica a la vez: la cruz, de color verde, alude, sin duda a las palabras de los Oficios del Viernes Santo (este es el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la Salvación del mundo). Es interesante la asimilación que desde los primeros cristianos se establece entre el árbol del Edén y la cruz de Cristo. Si el primero fue objeto de la caída de Adán, la segunda (hecha con madera de ese primer árbol según algunos tratadistas) será motivo de redención y salvación para el hombre (14). Se sigue aquí el paralelismo mencionado por San Pablo entre Adán y Cristo: Porque como por la desobediencia de un solo hombre, fueron constituidos pecadores todos, así también por la justicia de uno solo serán todos constituidos justos (15) . La Cruz, así con mayúsculas, es el símbolo por excelencia del Cristianismo. Como dice Manfred Lurker: En el misterio de la Cruz se aúnan todos los contrarios. La horizontal se encuentra con la vertical, lo que está en la tierra se une con lo que sube al cielo. El seco leño de la cruz se convierte en el árbol de la vida. A la humillación más profunda le sigue la exaltación suprema. De este modo la cruz -como todos los verdaderos símbolos- apunta más allá del tiempo y el espacio; es el puente hacia lo totalmente otro, hacia lo inescrutable, y nos permite tomar conciencia de que todo lo pasajero es sólo una metáfora de lo eterno (16).
El símbolo del pecado por excelencia, la serpiente, aparece enroscada en ella, teniendo en su boca el fruto del pecado original, la manzana (17) . Este animal está presente en las tradiciones y mitos de muchísimas culturas de todos los continentes: su modo de moverse reptando, el mudar de su piel que alimentaba la creencia de su inmortalidad, el veneno de su mordedura y su hábitat tanto en la tierra como en el agua, la hicieron merecedora del temor y el respeto de los hombres. Por eso mismo, tiene también un significado ambivalente, puede representar el poder y la bondad de un dios (por ejemplo el caduceo de Mercurio(18) o algunos dioses egipcios(19) ) o el mal en cualquiera de sus formas. En el caso que nos ocupa, la serpiente está llena de rasgos negativos: es el mal transfigurado (20) que tienta a Eva y pierde al hombre para siempre. Pero también es un signo de poder y de salvación en el caso de Moisés: el cayado que convertido en serpiente ante el Faraón devora los de los hechiceros egipcios (21) y la serpiente de bronce que éste coloca en un mástil para curar a los hebreos (22) . Diel la define como el símbolo, no de la culpa personal, sino del principio del mal inherente a todo lo terreno (23). Y así, como una prefiguración del mal o del propio diablo y de la muerte, es como está reconocida ante la mayoría de las gentes.
Esta serpiente lleva en sus fauces una manzana, en clara alusión al fruto prohibido causante del pecado original. Ya se ha mencionado que como tal fruta no aparece definida en los textos sagrados, donde se la menciona simplemente como el fruto del árbol que está en medio del jardín (24). Algunos estudiosos de los símbolos la definen como un medio de conocimiento (...) unitivo que confiere la inmortalidad, o conocimiento distintivo que provoca la caída (25). Más profundo es el desarrollo que hace el abate Bertrand al decir que el simbolismo de la manzana procede (...) de lo que contiene en su interior: una estrella de cinco puntas formada por los alveolos de las pepitas. Por esta razón los iniciados ven en ellas la fruta del conocimiento y la libertad, y por consiguiente, comer la manzana significa para ellos abusar de la inteligencia para conocer el mal, de la sensibilidad para desearlo y de la libertad para perpetrarlo (26) .
Alrededor de la cruz, y surgiendo de sus clavos hay dos palmas que significan la victoria final de Cristo sobre el pecado y la muerte. La palma ya tenía este sentido en la Antigüedad Clásica, puesto que junto con la corona de laurel, era uno de los trofeos que se entregaba a los atletas en las competiciones. Posteriormente, y debido sin duda, a las palabras del apóstol Pablo (Y el atleta no es coronado sino combate conforme a las leyes (27) y He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe; y ahora me está preparada la corona de la justicia con la que me recompensará en áquel día el Señor, justo Juez; y no sólo a mí, sino también a cuantos esperaron con amor su venida (28) ) fue adoptado por los primeros cristianos como símbolo de los mártires.
El laurel, con el que se premiaba a los atletas y se coronaba a los poetas (29) y artistas, fue un árbol asociado a la inmortalidad debido a la perennidad de sus hojas. Entre los paganos estaba dedicado a Apolo, dios de las Artes, y rememoraba la suerte de la joven doncella Dafne (30), convertida en laurel, al escapar de las pretensiones amorosas del dios. Los romanos lo asimilaron a la victoria y así rematando sus estandartes militares aparecía una corona de laurel sobre la que se posaba un águila (31) . También con laurel se coronaba a los generales victoriosos y a los césares. Aún hoy día, cuando se rinden honores militares se suele depositar una corona de laurel (32) y muchas condecoraciones están adornadas con las hojas de este árbol. Por todas estas connotaciones de victoria, gloria y exaltación no es extraño, que junto con la palma, quedara establecido como el premio del mártir cristiano.
A los pies de la Santa Cruz, aparece una María o anagrama del nombre de la Virgen constituido por una M y una A mayúsculas entrecruzadas. La estrella alude claramente a la advocación de Nuestra Señora titular de la cofradía. Una antigua tradición, que comienza en San Jerónimo, quiere ver en la etimología del nombre de María, la significación gota del mar (stilla maris en latín), de donde se derivaría con el paso del tiempo Stella Maris, Estrella del Mar. Por eso, una de las primeras advocaciones con las que María fue invocada, fue ésta de la Estrella, muy frecuente sobre todo entre las gentes de la mar. La propia hermandad de la Estrella fue fundada en la Iglesia del Convento de la Victoria ... [cuyos ] individuos eran personas ocupadas en los viajes a Indias, y en carenar bajeles en Cádiz y otros puertos (33) . Finalmente el conjunto se remata con una calavera situada a los pies de la cruz, en significación de la muerte, vencida por Cristo. Pero también puede recordar el significado de la palabra Gólgota (en arameo calavera), donde se enclavaba la cruz . Los tratadistas y místicos medievales quisieron ver en ella la calavera de Adán, que habría sido enterrado allí. Así, se completaba la relación que se hizo entre Adán y Cristo, el Árbol de la Vida y la Cruz, el pecado original y la salvación de los hombres.




El Domingo de Ramos salía otro paso alegórico intitulado Triunfo de la Santa Cruz acompañando a los titulares de la Hermandad de la Hiniesta. Tras un largo periodo de decadencia, la corporación se reorganiza en 1879, saliendo por primera vez en 1881. Así y hasta principios del siglo XX, en que volvió a decaer, hizo su estación de penitencia bien el Miércoles Santo, bien el Jueves Santo. En los años siguientes, se incorporó al cortejo el paso alegórico del Triunfo de la Santa Cruz, que procesionó hasta 1912. Conservamos de este paso una cromolitografía de M. Grima. El misterio lo componían una palmera rematada por una cruz, delante de la cual se alzaba una nube sobre la que se posaban las Virtudes Teologales (Fe, Esperanza y Caridad). Completaban el grupo, las imágenes de los cuatro evangelistas, colocados delante de la nube. La autoría de las esculturas se debe a Manuel Pérez Gisbert. El paso en el que procesionaba era de estilo neogótico.
De nuevo encontramos dos elementos que ya se han comentado y que guardan estrecha relación entre sí: la palmera y la cruz. La palma, símbolo de victoria, de la que nace la cruz, por ser ésta el medio de la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte. Las Virtudes Teologales, están representadas por tres doncellas con atributos alusivos a su nombre. En el centro del grupo destaca la Fe, que lleva en sus manos una cruz y un cáliz, y los ojos vendados, en alusión a las palabras de Jesús ante la incredulidad de Tomás: Porque has visto has creído, dichosos los que crean sin haber visto (35) . La cruz y el cáliz, representan los pilares del cristianismo: el lugar donde Jesús se ofreció por la salvación del mundo y el sacramento de la Eucaristía.
La Esperanza suele llevar en sus manos un ancla, pues el apóstol Pablo así la define: la cual tenemos como segura y firme áncora de nuestra alma (36). Así aparece en multitud de lienzos y esculturas, e incluso pintada en azulejos, como la de la fachada de la Iglesia de San Jorge del Hospital de la Caridad de Sevilla.
La Caridad, fundamento de la vida cristiana, es representada como una matrona que da de amamantar a dos niños, tal y como aparece, por ejemplo, en la fuente del patio del Hospital de la Caridad de Sevilla. En otra versión puede llevar como atributos un corazón en la mano (símbolo del amor) y una cornucopia (símbolo de la abundancia). La imagen conservada no nos permiten apreciar con claridad cual de estas dos iconografías sería la elegida para representar esta virtud teologal.
Frente a las Virtudes Teologales, más elevadas al estar en una nube, se encuentran los evangelistas. La nube es un elemento simbólico que conecta con la divinidad, pues se encuentra por su posición cerca del cielo, morada de Dios. En el Antiguo Testamento, la nube es un fenómeno que acompaña las teofanías de Yavé (37); en el Nuevo aparecen relacionadas con la manifestación divina de Cristo, la Transfiguración y la Ascensión. La situación de la Fe, Esperanza y Caridad sobre ella vendría a poner de relieve su superioridad frente a los cuatro evangelistas. Se transmite el mensaje de que para estar cerca de Dios, hay que ponerlas en prácticas: hay que creer y tener fe verdadera, hay que creer y esperar, y por último y más importante, hay que tener amor. Pues como dijo el Apóstol ahora permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad; pero la más excelente de ella es la caridad (38).
Los evangelistas están sentados, en actitud de escribir y acompañados por sus símbolos tradicionales, llamados tetramorfos. Fue muy frecuente en la Edad Media la representación de estos signos en la decoración mural de los templos, así, por ejemplo suelen aparecer rodeando al Pantocrator. Más tarde, en la Edad Moderna, se les pinta o esculpe en las pechinas de las bóvedas, tradición que se sigue manteniendo en la actualidad (39).
Los Padres de la Iglesia han visto en la visión del profeta Ezequiel la prefiguración de los cuatro evangelistas: Aparecía en medio la figura de cuatro seres, cuyo aspecto era el siguiente: presentaban forma humana, pero cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. (...) En cuanto a su semblante presentaban cara humana, pero los cuatro tenían cara de león a a la derecha, cara de toro a la izquierda y los cuatro también cara de águila (40). Como tantas visiones del Antiguo Testamento, la representación de estos animales fantásticos, está fuertemente influenciada de la mitología babilónica, pródiga en representaciones de esta clase de seres (41).
San Mateo, el publicano, es acompañado de un ángel, o según Réau, un hombre alado, ya que su evangelio comienza por la genealogía de Cristo. En los Santos Padres, el hombre, vendría a ser la representación de la inteligencia.
San Marcos, está asociado con el león, así lo contemplamos en la Piazza del Duomo de Venecia. Su relación con este animal vendría justificada por las primeras palabras de su evangelio relativas al anuncio de Juan el Bautista: Voz que grita en el desierto: preparad el camino del Señor (42), fuertes y poderosas como el rugido del león. Así, por añadidura, simbolizaría también el valor. Sin embargo, este león está alado, quizás por influencia de la visión antes comentada del profeta Ezequiel.
San Lucas se acompaña de un buey, símbolo del sacrificio de Cristo por la humanidad. Alguna interpretación más complicada, sugiere que el buey se relaciona con el aleph, primera letra del alfabeto hebreo, al declarar Lucas en su evangelio que Cristo es alfa y omega, principio y fin (43). En otras ocasiones, el animal representado es un toro alado, símbolo de la fortaleza.
San Juan puede aparecer con un águila a sus pies o sosteniendo un cáliz en la mano. La relación con esta ave viene determinada por la hondura y elevación espiritual de su evangelio, que asciende como este poderoso pájaro, del que se decía en la Antigüedad, que era capaz de mirar fijamente al sol sin cegarse.
La copa o cáliz de la que sale un dragoncillo o serpiente, es un atributo tomado de una leyenda apócrifa medieval, según la cual, el sumo sacerdote del templo de Diana en Éfeso habría puesto a prueba al Dios cristiano invitando al santo a beber veneno. San Juan, habría hecho la señal de la cruz, sobre la copa envenenada, antes de apurarla sin que nada le sucediera (44). La serpiente o dragón, alude al veneno de la bebida.
La agrupación de los cuatro evangelistas es un tema iconográfico muy antiguo que aparece en códices, pinturas, esculturas... En este paso, y aunque no podemos observar muchos detalles de la imagen conservada, parecen llevar en sus manos pergaminos y plumas, y al lado, los atributos mencionados. Pocos años salió esta curiosidad iconográfica, se sabe que en 1912 la Hermandad dejó de procesionar con él, y que vendió la canastilla neogótica a la Hermandad de los Negritos. Como en tantas ocasiones, nada se sabe del destino final de las imágenes que lo componían.

NOTAS

12. BERMEJO Y CARBALLO, J.: Op. cit. p. 535.
13. BERMEJO Y CARBALLO, J.: Op. cit. p. 538.
14. CHEVALIER, J. (dir.): Diccionario de los Símbolos. (Barcelona, Herder, 1986), pp. 117 y ss.
15. Rom 5, 19. Todas las citas bíblicas están tomadas de la Santa Biblia (Madrid, Ediciones Paulinas, 1982).
16. LURKER, M.: El mensaje de los símbolos: mitos, culturas y religiones. (Barcelona, Herder, 1992). p. 311.
17. La manzana, es un puro formulismo, ya que en el Génesis no se menciona que ese tipo de fruta sea la que pende del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Aquí pudo haber ocurrido, como en tantas otras cosas, un cruce de tradiciones contemporáneas. Se sabe que para los griegos el árbol de la vida situado en el Jardín de las Hespérides tenía manzanas de oro. Para los judíos, este árbol se situaba en el centro del Edén o Paraíso, y estaba rodeado por cuatro ríos.
18. El caduceo es una vara en la que se enroscan dos serpientes, símbolo del dios Mercurio. Cuenta una leyenda, que el dios, vió un día en el campo a dos serpientes luchando, y las separó con su vara.
19. La tiara del faraón estaba rematada por el ureus, una cabeza de cobra.
20. En el propio libro del Génesis se la define como el más astuto de todos los animales del campo que Yavéh había hecho. (Gen 3, 1).
21. Ex 7, 8-12: Después Yavé dijo a Moisés y Aarón así: “Cuando os hable el Faraón y os diga: “Haced, en prueba, algún portento”, tú dirás a Aarón: “Toma tu cayado y échalo delante del Faraón”. El cayado se convertirá en serpiente”. Fueron, pues, Moisés y Aarón ante el faraón e hicieron conforme Yavé les había ordenado. Arrojó Aarón su cayado delante del Faraón y de sus siervos y se convirtió en serpiente. Más el Faraón llamó también a los sabios y encantadores y ellos, los magos de Egipto, hicieron otro tanto con sus sortilegios. Arrojó cada uno su báculo, y se convirtieron en serpientes, pero el cayado de Aarón devoró a aquellos”.
22. Num 21, 6-9: “Yavé envió entonces contra el pueblo serpientes de fuego, que los mordían y hacían perecer mucha gente en Israel. El pueblo vino a Moisés diciendo: “Hemos pecado murmurando contra Yavé y contra tí. Pide a Yavé que aleje de nosotros las serpientes”. Moisés intercedió por el pueblo. Yavé dijo a Moisés: “Hazte una serpiente de bronce, ponla sobre un asta y cuantos mordidos la miren, sanarán”. Moisés hizo, pues, una serpiente de bronce y la puso sobre un asta; cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y era curado”.
23. Citado por CIRLOT, J. C.: Diccionario de Símbolos. (Madrid, Siruela, 1997) p. 406.
24. Gen 3, 3: “Sólo del fruto del árbol que está en medio del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, de otro modo moriréis”.
25. CHEVALIER, J. (dir.): Op. cit. p. 688.
26. CHEVALIER, J. (dir.): Op. cit. p. 688.
27. 2Tim 2, 5.
28. 2Tim 4, 7-8.
29. Esta costumbre se mantuvo durante siglos, así el poeta Petrarca fue coronado de laurel por el Senado de Roma en 1341.
30. Laurel se traduce en griego como Daphné.
31. La mayoría de los Senatus que procesionan en nuestras cofradías están rematados así.
32. Por ejemplo, en el monumento a Daoiz de la Plaza de la Gavidia en recuerdo del 2 de mayo de 1808.
33. RÉAU, L.: Iconografía del Arte Cristiano. (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1996). Tomo 1, vol. 2, p. 508.
34. RÉAU, L.: Iconografía del Arte Cristiano. (Barcelona, Ediciones del Serbal, 1996). Tomo 1, vol. 2, p. 508.
35. Jn 20, 29.
36. Heb 6, 19.
37. Así en Ex 13, 21: Yavé les precedía de día en columna de nube para marcarles el camino.
38. 1Cor 13, 13.
39. Así por ejemplo, se pueden apreciar tallados por Manuel Carmona en las pechinas de la bóveda del Santuario de la Virgen del Rocío (Almonte, Huelva).
40. Ez 1, 5, 10.
41. Los más conocidos son los llamados Lamasu, toros alados con rostro humano. Algunos de ellos pueden contemplarse en el Museo del Louvre.
42. Mc 1, 3.
43. RÉAU, L.: Op. cit. Tomo 2, vol. 4, p. 264.
44. RÉAU, L.: Op. cit. Tomo 2, vol. 4, pp. 196-197

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Comentado por ZAQUEITO en mayo 2, 2009 a 11:04pm
TU LA MEJOR EN AMOR ATUS HERMANO
Comentado por Felipe Bermudo en abril 21, 2009 a 10:53am
Magnifico articulo gracias por compartirlo con nosotros, un saludo
Comentado por Nazarena Redimida en abril 21, 2009 a 9:12am
Gracias por sus aclaraciones, que siempre vienen bien y completan lo ya escrito porque es difícil abarcar todo. La iluminación es preciosa, yo la conocía por Sánchez Herrero, que fue mi profesor y estudió muy a fondo la hermandad de la Vera+Cruz, de la que se hizo hermano al llegar a Sevilla.
Gracias otra vez, un abrazo en el Amor de Cristo y el Socorro de María.
Comentado por Nazarena Redimida en abril 20, 2009 a 11:02pm
Sí, porque eran símbolos de uso común en el Barroco, y como ya he escrito, cualquiera podía descifrarlo, pues tenía los mecanismos para ello. Nos pasa a nosotros con las señales de tráfico: aunque no sepa conducir ni tenga carnet, puedo saber e interpretar un Stop, un Ceda el paso u otra señal.
Comentado por La Hachita de Zaqueo en abril 20, 2009 a 10:57pm
En la entrada del convento del Pozo Santo, arriba en la puerta, hay una Cruz con una calavera a sus pies y una serpiente que se desliza por ella. La simbología seguramente es similar a la de ese paso perdido de la Estrella.

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