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LOS PASOS PERDIDOS IV: Las Siete Palabras y sus alegorías

Sagrado Corazón de Pompeo Battoni

Grabado de Wierix

LOS PASOS PERDIDOS IV: Las Siete Palabras y sus alegorías

Amparo Rodríguez Babío


La siguiente hermandad que vamos a tratar sacó al menos dos pasos alegóricos en siglos pasados. Se trata de las Siete Palabras, de la que se tiene noticia que llevó en su cortejo un paso llamado del Apocalipsis y otro del Sagrado Corazón de Jesús.
Comenzaremos por el primero, y del que se tienen noticias documentales más antiguas: el del Apocalipsis. La primitiva hermandad intitulada de los Sagrados Clavos de Nuestro Redentor, Virgen María de los Remedios y San Juan Evangelista (1) conserva unas reglas de 1595 en las que se menciona la existencia de dicho paso. El capítulo VI dedicado al horden que se ha de tener en la procesión de disciplina lo describe así: Y en la dicha procesión yrá un estandarte o seña colorada (...) Y junto dél yrá la campanilla, la qual lleuará el escribano de penas y cargos. Y luego susecibamente yrá un paso del Apocalipsis, el que a nuestros alcaldes les pareciere con que vaia en él los tres Sagrados Clauos por ser una de las aduocaciones desta Sancta Cofradia. Y luego susesiuamente yrá un Christo crucificado y la imagen de nuestra Señora vestida de negro (2). Como en tantas ocasiones nada se nos dice acerca del paso en sí, tan sólo su temática (muy general) y que debía llevar los Sagrados Clavos de Cristo por ser ésta una de las advocaciones de la Hermandad. Todavía en el siglo XVIII salía este paso, ya que se tiene noticias del pago realizado a Diego de la Rosa en 1701 por la ejecución de unas andas para este misterio (3). Este encargo había sido realizado en 1680 a Francisco Antonio Gijón, quien por circunstancias que desconocemos no llegó a efectuarlo, decidiendo entonces la hermandad concertarlo con Bernardo Simón de Pineda en 1691. Sin embargo, tampoco este escultor realizaría lo pactado, y finalmente, fue Diego de la Rosa quien lo hizo siendo contratado en 1699 (4).
Algunos autores piensan que el paso de Apocalipsis estaría presidido por San Juan Evangelista, titular de la corporación, sentado en actitud de escribir este libro sagrado. Estaría acompañado de sus atributo tradicional, el águila, situada a sus pies como se ve en multitud de grabados y pinturas de la época (5).
Según el capítulo VI de las ordenanzas antes mencionadas, en este paso debían ir también los Sagrados Clavos, titulares de la cofradía. Cómo se colocasen es un enigma. Bien los pudo llevar San Juan en su mano, en una iconografía rara sino inventada, bien pudieron ir tallados en una cartela o tarja colocada en lugar destacado.
Esta advocación o titularidad de los Santos Clavos debe ponerse en relación con el culto a la Preciosa Sangre de Cristo y la Vera - Cruz. Desde comienzos de la Edad Media se advierte una devoción exagerada hacia todo lo relacionado con la Pasión de Cristo, numerosas reliquias aparecen por doquier: la propia cruz, que habría sido descubierta por Santa Elena, madre del emperador Constantino, los flagelos, la columna de los azotes, la corona de espinas (6) y los clavos(7) .
Santa Elena habría encontrado estos Sagrados Clavos junto a la cruz de Cristo. Quiere la tradición que diera dos de ellos a su hijo Constantino para que forjara el bocado de su caballo (8) y que arrojara el tercero al Adriático para calmar una tempestad (9). Según algunos autores, este clavo habría sido recuperado después para ponerlo en la corona del emperador (10). Sea como fuere, este simple objeto de hierro, suscitó entre el pueblo gran devoción, al igual que todas aquellas cosas relacionadas con Jesús.
En la introducción a la Regla antes mencionada de 1595 se justifica la elección de este singular titular, relacionándolo con los otros dos, la Virgen de los Remedios y San Juan Evangelista: (...)y a honra y gloria de la bienauenturada Virgen sin manzilla Nuestra Señora de los Remedios en cuyo presiossimo vientre tuuo por bien el unigenito Hijo de Dios vestirse de nuestra carne mortal para con ella redimirnos y salvarnos de los lazos del demonio (...). Y considerando aquellos tres Sagrados Clavos con los quales fueron enclavados aquellas benditissimas manos y pies de el Hijo de Dios por el remedio del género humano. Y aviendo elegido por patron al coronista de Christo san Juan Evangelista, el qual no solo por apostol fue electo y euangelista, sino el mismo Hijo de Dios estando pues en el arbol sancto de la cruz lo dio por hijo a su benditissima Madre y lo hizo su hermano (11).
El segundo paso estaba presidido por el Sagrado Corazón de Jesús. En las Reglas de 1798 aparece por vez primera la nueva advocación, así la Hermandad pasaría a titularse Ilustre y Antigua Archicofradía y Congregación de Nuestra Señora Santa María de la Cabeza, Corazón y Clavos de Jesús y Santo Cristo de las Siete Palabras(12). El escudo fue cambiado para hacer presente al nuevo titular, a partir de ahora estaría compuesto del Corazón de Jesús llameante con una cruz encima y debajo los Sagrados Clavos .
La iconografía e invención del Sagrado Corazón de Jesús no es tan nueva como aparenta, pese a que la mayor difusión de esta curiosa devoción sucedió en el siglo XIX. Los precedentes son bastante antiguos, así el propio San Bernardo hablaría en alguno de sus sermones del dulcísimo corazón de Jesús (13). Esta devoción estaría relacionada con el culto a las cinco llagas, particularmente a la llaga del costado, que no hubo inconveniente en trasladar del lado derecho al izquierdo, el del corazón.
Pero fue a finales del siglo XVI cuando comenzó a aparecer en los grabados y xilografías de corte popular el corazón de Jesús atravesado por tres clavos rodeado por la corona de espinas. Así, a comienzos del XVII, el grabador Wierix representó unos curiosos y a la vez espeluznantes rosarios de corazones ensangrentados. Estos grabados o similares, ilustraban los devocionarios o libros piadosos de uso común en conventos. El culto al Sagrado Corazón surgiría de estas imágenes.
Aunque tradicionalmente se dice que fue Santa Margarita María de Alacocque la que difundió el culto a este misterio, el verdadero iniciador del mismo fue San Juan Eudes, quien en 1668 compuso el Oficio del Sagrado Corazón, y dos años más tarde, La Dévotion au coeur adorable de Jésus (14). Santa Margarita tuvo sus famosas visiones más tarde, quien sabe si influida por los escritos del P. Eudes.
En 1685 se consagró oficialmente la nueva devoción, que en Francia contó con una devota excepcional, la reina María Leczynska. Debido a su influencia, este culto se introdujo en toda las diócesis francesas. En el país vecino, tuvo especial significación tras la guerra francoprusiana, cuando los católicos ofrecieron la reconstrucción de su patria al Sagrado Corazón y erigieron en su honor la iglesia del mismo nombre en Montmartre.
La primera imagen de esta devoción se debe a Pompeo Batoni, quien la pintó en 1780 por encargo de la reina de Portugal. En ella Cristo muestra en su mano un corazón ardiente rematado por una cruz y rodeado por la corona de espinas. La Congregación de Ritos prohibió años más tarde esta iconografía. La definitiva quedó fijada a finales del XIX, siendo la imagen esculpida por Thorvaldsen para la Iglesia de Nuestra Señora de Copenhague la que inspiró la mayoría de ellas. La imaginería popular la ha hecho presente en muchos hogares, en forma de estampas, grabados y litografías de dudoso gusto y valor artístico.
A finales del siglo XIX, decide la Hermandad de las Siete Palabras sacar un paso alegórico presidido por el Corazón de Jesús, rodeado por los Doctores de la Iglesia y por dos ángeles. El 16 de enero de 1891 se bendice la imagen titular, obra de Emilio Pizarro. Diez años más tarde en 1901, el mismo escultor entrega las restantes imágenes. Al mismo tiempo, se tallaba el paso, que en 1914 serviría para sacar el misterio de las Siete Palabras.
Al menos dos imágenes del Corazón de Jesús tuvo la Hermandad. La primera debió realizarse a principios del XIX en cumplimiento de las nuevas Reglas que lo incluían como titular. Era de pequeño tamaño y se perdió cuando la invasión francesa (15). La segunda es la que se encargó a Emilio Pizarro y que todavía se conserva en las dependencias de la Hermandad.
La iconografía del paso es también muy curiosa, no bastaba con que lo presidiera el Corazón de Jesús, debía estar acompañado por los cuatro doctores de la Iglesia y dos ángeles. Los doctores de la Iglesia son San Agustín de Hipona, San Ambrosio de Milán, San Jerónimo y San Gregorio Magno. Esta agrupación es muy común en la iconografía cristiana, que frecuentemente los representa asociados a otros grupos como los cuatro evangelistas o en torno a la Virgen para destacar su Inmaculada Concepción. Evidentemente, en este caso, como en tanto otros, se inventa una escena alegórica, que no tiene, que sepamos, precedente alguno. La presencia de los doctores serviría, como en el caso de la Virgen, para afirmar el misterio representado. Los dos ángeles en actitud de adoración, vendrían a remarcar la divinidad de Jesucristo.
Cada doctor de la Iglesia tiene su atributo o símbolo parlante: San Agustín es representado como obispo con mitra y báculo con un corazón en la mano atravesado por flechas (16) . San Ambrosio lleva también los signos de su dignidad episcopal, aunque a veces puede estar acompañado de diversos elementos alusivos a su vida: un látigo, con el que se dice expulsó a los invasores de Milán; un enjambre de abejas que se posó en su boca (en alusión a la similitud de su nombre con la palabra griega ambrosía); un niño pequeño que según se dice habló para que fuera elegido obispo o unos huesos porque encontró las reliquias de los santos Gervasio y Protasio. San Gregorio es representado con la tiara pontificia y la cruz de tres travesaños con una paloma (el Espíritu Santo) posada en su hombro. San Jerónimo aparece con el capelo cardenalicio y un león a sus pies, pues cuenta la leyenda (17) que le quitó una espina de la pata y el animal en agradecimiento, se quedó junto a él tan dócil como un gato.
Los dos ángeles que aparecen en el paso, junto al Corazón de Jesús, reafirman la divinidad de Cristo. Los ángeles son una influencia del mundo persa en el judaísmo, y posteriormente en el cristianismo. Su propio nombre deriva del griego, aggelos (mensajero). En el Génesis y el Éxodo aparecen nombrados simplemente como hombres. No será hasta le época del exilio, cuando los profetas influenciados por los babilonios, comienzan a hablar de querubines y ángeles. Sin embargo, en su iconografía actual, los ángeles deben más a las Nikés aladas griegas que a sus antepasados babilonios y persas. Los angelitos niños, por ejemplo, son una clara trasposición del Cupido romano.
Los dos ángeles del paso (uno de los cuales fue transformado por Escamilla en 1956 en la Virgen de la Cabeza) son dos mancebos alados revestidos con una larga túnica. Descritos desde los primeros tiempos como mensajeros de Dios, se llegaron a clasificar en jerarquías (18) y órdenes, según la importancia de su misión. De entre ellos se destacan los arcángeles, los únicos que tiene nombre propio en toda la jerarquía celestial.
El paso del Sagrado Corazón, no llegó a procesionar nunca ya que los problemas económicos de la corporación lo impidieron. El misterio de las Siete Palabras terminó saliendo en el canasto hecho para el Sagrado Corazón, las imágenes de los Santos Padres fueron vendidas a la Hermandad de la Cena que las transformó en apóstoles, y uno de los ángeles sería convertido en la dolorosa de la Cabeza años más tarde por Escamilla; del otro ángel se ignora su paradero (19).

NOTAS

1. Fusionada en 1629 con la Hermandad de gloria de Nuestra Señora de la Cabeza. Vid. JIMÉNEZ SAMPEDRO, R.: La Hermandad de las Siete Palabras en el siglo XVIII. Boletín de las Cofradías de Sevilla, febrero 2000, nº 492, pp. 61-66.
2..SÁNCHEZ HERRERO, J. (ed.): CXIX Reglas de Hermandades y Cofradías Andaluzas: siglos XIV, XV y XVI. (Huelva, Universidad de Huelva, 2002), p. 525.
3. JIMÉNEZ SAMPEDRO, R.: Op. cit. p. 61.
4. JIMÉNEZ SAMPEDRO, R.: Real e Ilustre Hermandad Sacramental de Nuestra Señora del Rosario, Ánimas Benditas del Purgatorio y Primitiva Archicofradía del Sagrado Corazón y Clavos de Jesús, Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia, Santísimo Cristo de las Siete Palabras, María Santísima de los Remedios, Nuestra Señora de la Cabeza y San Juan Evangelista. Crucificados de Sevilla, tomo II, (Sevilla, Tartessos, 2002) p. 176.
5. Así sucede con los ejemplos que hemos escogido para ilustrarlo, sendas pinturas de Fray Juan Sánchez Cotán (Museo de Santa Cruz de Toledo) y Velázquez (National Gallery de Londres). En ambas el evangelista aparece sentado en actitud de escribir, con la mirada elevada hacia el cielo, esperando recibir la inspiración divina. En el primero, se vislumbra en el cielo a la Mujer Apocalíptica, asimilada posteriormente a la Inmaculada Concepción.
6. La Custodia Chica del Corpus Christi de Sevilla lleva en su cuerpo central un trozo de la corona de espinas de Cristo.
7. En la Catedral de Tréveris se conserva como reliquia uno de los Santos Clavos. También en la Capilla Real de Madrid existe otro, que según la tradición, era venerado el Viernes Santo por los Reyes de España.
8 Reliquia conservada en Carpentras.
9 Datos tomados de la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. (Barcelona, Espasa). Tomo XIII, voz Clavo.
10 Es tradición que la corona de hierro conservada en la Catedral de Monza fue forjada con los clavos de la cruz de Cristo.
11. SÁNCHEZ HERRERO, J. (ed.): CXIX Reglas de Hermandades y Cofradías Andaluzas: siglos XIV, XV y XVI. (Huelva, Universidad de Huelva, 2002), p. 522.
12. JIMÉNEZ SAMPEDRO, R.: Op. cit. p. 64.
13. RÉAU, L.: Op. cit. Tomo 1, vol. 2, p. 52.
14. RÉAU, L.: Op. cit. Tomo 1, vol. 2, p. 53.
15. JIMÉNEZ SAMPEDRO, R.: Real e Ilustre Hermandad Sacramental de Nuestra Señora del Rosario ... Los Crucificados de Sevilla, tomo II, p. 167.
16. Hace alusión a las palabras del Santo en su obra autobiográfica Confesiones: Habías herido mi corazón con las flechas de tu amor. Vid. RÉAU, L.: Op. cit. Tomo 2, vol. 3, p. 38.
17. Esta leyenda es un préstamo del mundo clásico al cristiano. Existía ya en el mundo romano protagonizada por Androcles, quien encontró a un león herido y lo curó, lo que el animal le agradeció toda la vida, quedándose con su salvador.
18. Son las siguientes: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles y Ángeles.
19. JIMÉNEZ SAMPEDRO, R.: El paso que nunca llegó a salir. Boletín de las Cofradías de Sevilla, junio

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Comentado por Nazarena Redimida en mayo 4, 2009 a 10:56pm
Amigo Coge tu Cruz, yo siempre digo lo mismo: esos hombres del siglo XVI serían anafalbetos, pero tenían muy claras las verdades principales de nuestra fe. No digo que haya que estudiar Teología, simplemente tener conciencia de cuáles son esas verdades-pilares sobre las que se asienta nuestra fe en el Señor y en la Iglesia. Y eso, los de hoy, no lo tienen nada claro. Más bien, oscuro casi negro. Es lo que echo en falta hoy día en las cofradías en general.

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