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LOS PASOS PERDIDOS V: El Dulce Nombre de Jesús


LOS PASOS PERDIDOS V: El Dulce Nombre de Jesús

Amparo Rodríguez Babío


El Jueves Santo salía la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús. Se sabe que llevaba dos pasos: En su procesión de Semana Santa llevaba dos pasos: uno con el Divino Infante, y el otro con Nuestra Señora, ambos con palio sostenido por seis varas de plata, y de estensión corta (1) .
El mismo autor nos dice que el Niño Jesús llevaba en la mano una hermosa y rica cruz de carey, suponemos que llevaría además una túnica bordada como es usual en estas imágenes, acompañado de atributos pasionistas. Referencia de ello tenemos en las palabras del Padre Fray Francisco Ramírez de Solorzáno que comentaba en 1625: es una hechura singular, con un semblante devoto y penitente cuando se viste de Pasión, y muy alegre y agraciado en tiempo de gloria, que parece ser distinto siendo uno mismo (2) . La belleza y gracia de la imagen es bien conocida de todos, pues gracias a Dios, se sigue conservando en su Capilla del ex-convento de San Pablo, hoy parroquia de la Magdalena. Se sabe que es obra de Jerónimo Hernández, quien la tallara hacia 1582. De su valía nos dan constancia las palabras del fiscal de la corporación en respuesta a una petición de la Hermandad Sacramental de San Pedro, que en 1715 había solicitado la efigie del Niño para sacarlo en su Corpus: Que por los muchos inconvenientes que se han reconocido en tiempos pasados de quererlo hurtar por su peregrina hechura de que no se hallará otra (3) . Este hecho motivó que la corporación en 1736 hiciese una imagen más pequeña del Niño Jesús, con vestidos y atributos distintos, para las procesiones ordinarias que efectuaban los segundos domingos de mes. Así, la otra efigie, tan sólo saldría de su capilla en Semana Santa y en la festividad del Corpus Christi.
De antiguo la Hermandad poseía multitud de alhajas para adorno de sus Imágenes, Capillas y pasos. Destacaba entre todas ellas la cruz de carey, perdida en un desgraciado accidente: una hermosa y rica cruz de carey, con piedras preciosas, que se le colocaba al Niño en la mano, en las grandes solemnidades de la Corporación. Más esta alhaja se destruyó y desapareció al principio de este siglo, por habérsele caido al Niño en la calle Cantarranas (4) , yendo en la procesión del Corpus de S. Pablo, haciéndose pedazos (5) .
Algunas noticias tenemos del encargo de un paso en el siglo XVII. En 1655 el Mayordomo de la Cofradía, Ignacio Prieto de Rojas concierta con el maestro ensamblador Pedro Camacho y con el maestro escultor Pedro Roldán la ejecución de un paso; éste debía componerse de un canasto con ocho tarjas (cuatro en las esquinas, dos laterales y dos frontales). Al escultor le correspondía la talla de los ángeles y querubines que flanquearían estas tarjas y los relieves de las mismas, que debían representar: la Circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo, Jesús Niño entre los doctores, el Nacimiento de Cristo y la adoración de los Reyes Magos, todas ellas rematadas por cabezas de serafines (6) . Sin embargo, este paso no llegaría a realizarse, pues diez años más tarde, se acordó encargar dos pasos al maestro ensamblador Martín Rodríguez y al dorador Juan de Aragón. El diseño había cambiado sustancialmente, en lugar de ocho tarjas se contrataban cuatro, y la Hermandad para completar el conjunto aportaba cuatro ángeles turiferarios.
En 1677, se concierta con Francisco Ruiz Gijón un contrato para la realización de los cuatro evangelistas y los cuatro doctores de la Iglesia, que debían acompañar al Niño en el paso. Se desconoce si se llegaron a entregar las imágenes, pues no ha aparecido la carta de finiquito del encargo (7) .
Esta noticia nos da una idea aproximada de cómo evolucionó el paso del Niño desde los primeros tiempos en los que iría solo llevando atributos pasionistas (8) . Quizás debido a la moda de llenar los pasos de imágenes para su lucimiento, se decidió rodear al Niño de los evangelistas y los doctores, en una asociación de cierta tradición iconográfica: a cada doctor de la Iglesia, correspondería un evangelista.
Hacia la mitad del siglo XVIII, la Hermandad decayó y a partir de 1763 ya no pudo realizar la estación de penitencia. De este estado vendría a sacarla la fusión ejecutada en 1851 con la Hermandad del Descendimiento. En 1858 se estrenó un nuevo paso para el Niño Jesús, con una iconografía totalmente nueva, que aparece reflejada en una de las célebres cromolitografías de M. Grima.
De nuevo, es Bermejo quien nos ofrece una descripción del paso, que él mismo pudo contemplar en Semana Santa: representa la aceptación del cruento Sacrificio para redimir al hombre del pecado. Se ostenta sobre una elevada colina la Efigie del Niño Jesús de la que ya se ha hablado, vendiciendo [sic] los atributos de la Pasión que le presenta un grupo de ángeles. Varios corderos que descienden de la colina representan al rebaño de Cristo que viene a beber las aguas de la Salud eterna, y un árbol que se ve en segundo término figura al del fruto prohibido con una serpiente, ya exánime por la aparición de Jesús (9).
Desconocemos los motivos que tuvo la Hermandad para dejar de sacar al Niño Jesús como pasionario, quizás después de casi un siglo sin procesionar, resultara extraña al pueblo la antigua iconografía. Acorde con los tiempos (el espíritu entre ñoño y devoto de la burguesía decimonónica) se dota de una nueva y complicada significación en la que se alude al pecado original, al pueblo cristiano como rebaño y a Jesús como pastor.
Jesús como divino Infante, se muestra en lo alto de una colina, no sólo para dar realce dentro del paso a una imagen de pequeño tamaño, sino también como medio de remarcar su divinidad. Las montañas, y en general cualquier elevación del terreno, han sido tradicionalmente consideradas en las religiones como el lugar donde vive el dios o los dioses. Así, los griegos consideraban que la morada de Zeus estaba situada en el Monte Olimpo, para los japoneses el Fujiyama es una montaña sagrada por la misma razón, y el propio Moisés recibe las tablas de la ley en la cima del monte Sinaí (10) . Se dice que los zigurats babilónicos son la representación esquemática de una montaña. Muchas son las alusiones a las montañas como lugares de fortaleza y de encuentro con Dios, y muchas aparecen en la Sagrada Escritura: Gazirim, Sinaí, Carmelo, Gólgota, Tabor.
El simbolismo de la montaña es sencillo y evidente, está implícita la idea de ascensión, elevación, subida hasta el cielo, que sus cimas parecen tocar. Así, grandes místicos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús han usado este símil en sus escritos más célebres: la Subida al Monte Carmelo y las Moradas.
En este contexto, situado en la cumbre de un monte, el Niño Jesús parece bajar, y bendice, acepta, los atributos (11) de su futura pasión que un grupo de ángeles le presenta. Estos atributos no son más que esquematizaciones de los momentos más importantes de la Pasión, desde el prendimiento hasta el entierro de Cristo: así encontramos entre ellos, el cáliz, la soga, la antorcha, la espada de Pedro, los flagelos, la columna, la mano de la bofetada, el gallo, la túnica inconsútil, los dados con que se la echaron a suertes los soldados, los clavos, la lanza, la caña con la esponja empapada en vinagre, la corona de espinas, la púrpura, las cañas de la burla, el santo sudario, las escalas.
Detrás del Niño Dios, se alza el árbol del fruto prohibido con la serpiente enroscada y muerta, por la aparición de Jesús. Ya hemos comentado más arriba el simbolismo de estos dos sujetos, aquí sólo queda constatar que su ubicación en el paso serviría para remarcar la idea de la redención del género humano caído por Jesucristo.
De la colina mencionada, bajan unas ovejas que simbolizan a los cristianos como rebaño de Cristo, Buen Pastor. Es curioso como en un mismo espacio, en este caso, el paso alegórico, pueden superponerse varios conceptos y significaciones a la vez. Así, la imagen del Niño Jesús, tiene por un lado, carácter pasionario; y por otro carácter letífico, como Buen Pastor, en alusión a una de las más antiguas iconografías conservadas de Cristo.
En efecto, encontramos en las catacumbas (12) representaciones de Jesús como pastor portando la oveja perdida sobre sus hombros, en clarísima referencia a la parábola del mismo nombre (13) . Los textos evangélicos, a su vez, hunden sus raíces en el Antiguo Testamento, donde también aparece esta feliz comparación; así en el conocido Salmo 23 (El Señor es mi pastor nada me falta) o en algunas citas del profeta Isaías (Como un pastor apacienta su rebaño, en su brazo recoge a los corderos, en su seno los lleva) (14) . Finalmente, es el propio Jesús quien se define como Buen Pastor (15) , palabras que recoge el evangelista Juan.
La iconografía del Buen Pastor en el arte cristiano primitivo, representaba a un Cristo joven; no será hasta el Barroco cuando se convierta en un niño, siendo una de sus más famosas representaciones la pintada por Murillo. A su vez, este cambio iconográfico, se relacionaba con la moda de los niños pasionarios: Jesús infante meditando ante los instrumentos de su futura pasión (16) . Estas dos vertientes, aparecen recogidas singularmente en el paso del Dulce Nombre de Jesús como antes hemos comentado, pues el Niño tuvo siempre ese doble carácter pasionario y letífico.
El paso, de canasto barroco alumbrado por candelabros con guardabrisas, fue estrenado en 1858, según nos comenta Bermejo en su celebérrima obra (17) . Las imágenes secundarias fueron realizadas por Vicente Hernández Couquet. Desconocemos la fecha exacta en la que la Hermandad dejó de sacar este singular paso. Seguramente, a principios del siglo XX ya no acompañaba a la Quinta Angustia en su estación. Actualmente y desde los años 70, el Niño Jesús procesiona en el Corpus Christi organizado por la parroquia de la Magdalena en un templete de madera dorada realizado en 1927. En cuanto a las restantes figuras alegóricas, nada sabemos de su fin último, desconociéndose su paradero actual.

NOTAS

1. BERMEJO Y CARBALLO, J.: Op. cit. p. 94.
2. Citado por BERMEJO Y CARBALLO, J.: Op. cit. pp. 91 - 92.
3. BERMEJO Y CARBALLO, J.: Op. cit. p. 91.
4. Actual calle Gravina.
5. BERMEJO Y CARBALLO, J.: Op. cit. p. 95. El carey es imposible de recomponer, pues no puede soldarse ni pegarse, de ahí que la cruz no pudiera ser recuperada. Hablamos, claro está, del auténtico carey procedente del caparazón de la tortuga del mismo nombre.
6. GARCÍA DE LA CONCHA DELGADO, F.: Pontificia y Real Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús, Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora. Los Misterios de Sevilla, Tomo II (Sevilla, Tartessos, 2003), p. 172.
7. GARCÍA DE LA CONCHA DELGADO, F.: Pontificia y Real Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús ... Los Misterios de Sevilla, Tomo II, (Sevilla, Tartessos), p. 172.
8. Esta iconografía se encuentra en muchas imágenes del Niño Jesús conservados en iglesias y conventos de Sevilla, por ejemplo, en la Parroquia del Sagrario donde hay un Niño Jesús reposando sobre la columna de la flagelación, o en el Museo Conventual de Santa Paula, donde podemos contemplar más de una imagen de este tipo. En muchos casos, los Niños tiene lágrimas en los ojos, llevan en sus manos los clavos y están coronados de espinas.
9. BERMEJO Y CARBALLO, J.: Op. cit. p. 458.
10. Ex 24, 12-18.
11. Desde el año 2004, la Hermandad del Santo Entierro ha recuperado en su procesión del Sábado Santo, a un grupo de niños monaguillos que portan los atributos de la Pasión. Por otra parte, las Cruces de Guía de las Hermandades del Gran Poder y de Santa Catalina muestran superpuestos los atributos de la Pasión.
12. Así lo encontramos en las de Priscila, Domitila y Calixto.
13. Mt 18, 12-14 y Lc 15, 1-7.
14. Is 40, 11.
15. Jn 10, 11.
16. Así podemos contemplarlo en un lienzo de Zurbarán titulado El Niño de la espina.
17. BERMEJO Y CARBALLO, J.: Op. cit. p. 458.

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Comentado por Moy en mayo 5, 2009 a 12:13pm
Además de un tema principal, en tus artículos incluyes explicaciones complementarias que son muy de agradecer.
La iconografía del Buen Pastor ¿Puede derivar de la ya existente en Roma de Orfeo?

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