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Los Sueños Rotos: Pesadillas de un Viernes Santo

Me han quitado la ilusión, me han robado los sueños, se los llevaron volando unas nubes asesinas el Viernes Santo, y digo bien, asesinas porque actuaron con premeditación y alevosia.
El dia despertó hermoso, cielo azul, algunas nubes como de adorno y ambiente fresco de amanecida de Viernes Santo, a lo lejos por el oeste la amenaza parecia dormida en forma de negro nubarrón lejano.
Amanecer del Viernes Santo, lucia el sol, y de que manera, a la salida del Señor, queria iluminar su camino al Golgota, calentar su amoratado Rostro Divino, frio por la desolación y el dolor de cargar con la pesada Cruz de nuestros pecados.
La mañana seguia su curso, el palio de la Reina de la Soledad asomaba por el dintel de la puerta de la Iglesia de la Madre de Dios, y a su lado vestido de morada túnica de terciopelo y capa granate de lana me disponia a cumplir un año mas con el sueño de acompañarla en su lento discurrir por las calles de Criptana.
Que cerquita la llevaba, tan cerca que respiraba con total nitidez el aroma de sus rosas blancas, tan cerca que escuchaba cada nota de la banda como si los mismos angeles fuesen los que interpretaban las marchas, y asi ibamos cruzando las calles acompañando a esta Reina, para que de Soledad solo tenga eso, su nombre, para que note a sus fieles hijos acompañandola en la mañana, camino del Calvario, tras los pasos de su hijo Nazareno que va delante mostrando al mundo como cargó con la Cruz de nuestras miserias.
De pronto todo cambió, empezó a aplomarse el cielo, el viento no traia buenos presagios y el sueño, repentinamente, se torno en pesadilla, quizá la peor de las pesadillas para un cofrade, el cielo comenzó a llorar, y con el los corazones, desconcierto, desanimo, desolación, impotencia, rabia.
La Señora de la Soledad volvió a su Iglesia, por el camino mas corto, de la manera mas rápida, de la forma mas cruel, llanto en sus mejillas, en la de sus anderos y nazarenos, lagrimas en su pueblo porque cuando el cielo llora en Semana Santa nunca lo hace solo, siempre se acompaña del lamento de alguna Cofradia.
El mal ya estaba hecho, el cielo habia ganado, la mañana del Viernes Santo de Campo de Criptana ya era historia, historia de carreras y llanto, de ilusiones rotas, de esperar a otro año.
Pero la pesadilla no habia acabado.
Abatido llegue a casa, desolado y congelado, que tela de frio el que en la calle se habia echado.
Eran poco mas de las doce y media de mañana, mis ropas de nazareno que debian estar acompañando a mi Reina de la Mañana de Criptana, se encontraban ahora encima de la cama esperando que pase un largo año.
La gente dice que la Esperanza es lo último que se pierde, y a Fé que es verdad, "esta tarde aclara, dicen que mejora y que la procesión del Sto. Entierro no tendrá problemas", esto es Esperanza y más cuando llovia a cántaros mientras deciamos esto mas con el corazón que con la cabeza.
El sueño se tornó en pesadilla y la pesadilla parecia no acabar.
La tarde pintaba peor que la mañana, el frio se calaba, llovia y hasta granizaba, eran las cinco de la tarde y esperando el milagro estabamos, a dos horas y media de la hora marcada para salir a la calle la Solemne Procesión del Sto. Entierro de Cristo.
La hora fijada llegó, la pesadilla incesante hasta ese momento se abria a la posibilidad de volver a soñar, en torno a las ocho de la tarde un gran claro se abria, el dulce sueño regresaba.
La calle Soledad y la Plaza Mayor estaban a rebosar como cualquier tarde de Viernes Santo, los pasos salian a la calle, la ilusión de nuevo se abria paso.
A eso de las nueve y media nos llegó el turno, veintiseis hermanos de blanca túnica y fajín verde a la cintura nos disponiamos a repartir Esperanza por las calles de Criptana, el otro sueño del dia se estaba cumpliendo, el primero habia saltado en pedazos, acompañar como nazareno a la Virgen de la Soledad, el segundo sueño del Viernes Santo se cumplia, la Virgen de la Esperanza, la de la cara morena, la del Verde Manto, la de la Corona dorada sobre su virginal cabeza, la de la candeleria encendida para contemplar su belleza, la Reina de la Esperanza subida iba en mi hombro, en el mio y en el de mis veinticinco hermanos de anda, el cansancio hacia mella, el ritmo era alto, las chicotas largas, el tiempo no estaba seguro y habia que avanzar rapido.
A pesar de todo lo acontecido durante el dia, parecia que todo volvia a la calma, la Procesión del Sto. Entierro se iba a salvar.
Y una vez más, lo que iba tomando cuerpo de bonito sueño, se convirtió en la horrible pesadilla de todo el dia.
De nuevo con premeditación y alevosia y esta vez ademas con nocturnidad, las nubes criminales volvieron a asesinar la procesión justo a la mitad del recorrido, la pesadilla habia vuelto y otra vez me vi inmerso en una vorágine de desconcierto y desanimo, como se suele decir tiramos por la calle de enmedio, acortando por el camino mas corto, en chicotas eternas para que no se mojase la Reina.
Sin ganas en el alma y sin fuerzas en el cuerpo regresamos al Templo, estabamos de vuelta, cansados pero enteros y parece que los pasos no sufrieron daño alguno por el agua, Gracias a Dios.
Que siempre sea su Santa Voluntad y no la nuestra, amen.

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Comentado por sergio lorenzo pedroche en abril 27, 2009 a 9:32am
Bueno esperemos que el proximo año podamos dal la vuelta que se merece nuestra Virgen, solo nos queda esperar.

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