Cofrades

Foro y Blog Semana Santa Sevilla


Tan mujer y tan divina.

 

Igual que el aire penetra por mis pulmones, el latido de su pecho se ha colado en mis entrañas. Mirada penetrante, tez morena, labios de otro mundo, sinuosos cabellos. Es la belleza en persona y a la vez la belleza divina, es un reguero de encanto que se expande sin medida, es la hermosura en su extremo, la más sublime armonía entre el dolor y la gracia. Y es un camino de rosas que me lleva hasta María. María, siempre María.

 

Del Dulce Nombre, María. Hay un dolor especial en el ser de esta imagen, una respuesta imposible a esa delicada línea entre la carne y la deidad, una frontera infranqueable con la que Ella encinta las oraciones de su cancel. Hay tanta mujer en sus manos y tanta Madre de Dios en la profundidad de sus ojos. Me pierdo, en Ella me pierdo desesperadamente. Me rindo ante su belleza, ante su llanto sedoso. Y no consigo llegar a la certeza que proclama su estampa.

 

No es fácil hablar con Ella, para mí no es fácil. Con nada te acorrala, te roba las palabras, te desmonta tus verdades. Todo con la belleza: te conquista y te enamora con la belleza, te desclava todos los males con la belleza, te lleva a María con la belleza. A María con la belleza... Hace hermosas hasta sus propias reflexiones. María, siempre María.

 

"Llegar a Dios a través de la belleza", dijo un Papa. Alcanzar el mensaje de Dios es posible con la belleza, llegar hasta el calvario de María es posible a través de la belleza. La Virgen del Dulce Nombre es capaz de conseguirlo, lo consigue, nació y existe para conseguirlo día a día. Pero, permitidme una apreciación: no era solamente inspiración divina lo que movía las manos de su imaginero cuando al mundo la tallaba.

 

Castillo Lastrucci encontró la Grandeza de María en una muchacha sevillana, en la belleza de una mujer. Lo humano y lo divino, de la mano. Llegó al mensaje, a la cara, al dolor, a la perfección de la Virgen María a través de unos ojos, unas manos y boca como los nuestros. Quizás por eso tiene tan marcado ese punto intermedio que hace ilógica cualquier razón que ante Ella se debata. Antonio encontró majestuosidad de María en la majestuosidad carnal de un ser humano. Y le regaló a Sevilla una de sus flores más especiales. María, siempre María.

 

Una flor que, ojo, yo no digo que enamore como no enamore otra, ni que superlativice la joya de su esencia mejor que nadie. Digo que declina un verbo y me declina entera esta carta, digo que la buscan mil ojos y los mil derraman lágrimas. No digo que te levante la vida tan solo con mirarla. Digo que la vida se levanta para bordarle la figura, digo que su cara es un reflejo del cristal de la hermosura. Todo lo que yo te diga, ante Ella se queda en nada. Ella es la nada tangible y el infinito sobrehumano, Ella es sustento en el mundo y milagro en las alturas. Dulce Nombre es en la tierra, Dulce Nombre es en el cielo. Dulce Nombre es en Sevilla.

 

Tan mujer y tan divina,

glorioso compendio de letanías.

¿Su Dulce Nombre preguntas?

¡María, siempre María!

 

 

 

 

José Antonio Montero Fernández.

 

A la Virgen del Dulce Nombre, por inspirarme.

A María del Amor, por inspirarme.

A sus devotos, por inspirarme.

A Sevilla, por existir.

Visitas: 376

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de Cofrades para añadir comentarios!

Participar en Cofrades

© 2019   Creado por Pasionensevilla.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio