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        Un amigo mío iba paseando por la avenida de la Constitución cuando al llegar esquina a la de Alemanes observó cómo se dirigen personas hacia la Puerta del Perdón del Patio de los Naranjos de la S.I.C.

 

     Mira el reloj y son alrededor de las 8,30 de la tarde –la tarde ya casi anochecida-. Es viernes de Dolores y, cosa extraña, ésta se encuentra abierta. ¿Qué es lo que pasa? ¿Adónde va esa gente?

 

     Sin pensárselo dos veces nuestro amigo sin saber que ocurre se dirige tras un grupo de personas hacia la misma puerta pensando que sería una reunión de “algo”. ¿Podré entrar? Se decía. ¿Será algún pregón o visita de turistas?

 

     Nuestro amigo llega a la puerta y ve con satisfacción cómo no le ponen inconveniente alguno para pasar. Cuando entra ve un espectáculo que le da la sensación que se trata de algo grande. El Patio de los Naranjos –totalmente a oscuras- diría que le da respeto; los naranjos en la negrura parecen mayores, los surcos de riego almohades parecen más anchos; el público que se haya allí congregado y reunido en grupos, con un silencio casi sepulcral… tan sólo la Giralda le hace creer que sigue en Sevilla pero le da la sensación –lo presiente- de que está retrocediendo en el tiempo. ¿A qué espera esta gente? Se pregunta. Pero decide esperar.

 

     Suenan las nueve campanadas del reloj y la añeja puerta de la parroquia del Sagrario se abre con el ruido de sus visagras que retumban en todo el patio. Aparace una Cruz de Guía flanqueada por dos faroles. Comienzan a andar y, tras ella, una fila de nazarenos de cola y color morado; confieso que nuestro amigo ya no puede irse, le puede no ya la curiosidad sino que siente una atracción que le hace quedarse anclado.

 

     Siguen saliendo nazarenos, en perfecta formación y silencio portando sus cirios al cuadril que le da a la escena, entre los naranjos, una visión fantasmagórica. De pronto, unas luces altas, los ciriales, y mirando hacia la puerta oyen tres golpes secos que retumban en todo el Patio sin haberse dado cuenta que un paso se encuentran en la misma puerta.

 

     Comienza a salir, poco a poco, muy despacio, lentamente. Silencio absoluto sólo alterado por el sonido del rastrear de los costaleros.

 

     Nuestro amigo está que se le sale el cuello al mismo tiempo que se decía: “yo que me tenía por buen sevillano y no sé que Cristo es”. Ya está el “paso” fuera y, sin atreverse a preguntar, se encuentra con la mirada de un Nazareno abrazado a la Cruz. Un Nazareno con cara bondadosa y preciosa al mismo tiempo y con una postura que demuestra cuánto le pesa ésta cruz arbórea que porta al “estilo del Silencio”.

 

     Mientras que se encuentra haciéndose estas reflexiones y observando atentamente el sonido del llamador, mandando parar el paso le hace volver a la realidad. Está impresionado por tanta belleza, por tanta seriedad y silencio, por el marco incomparable –me dice que le dio la sensación de estar en el Cielo- y por el Cristo. ¡Ya no puede más! Y aunque va solo, pregunta, quiere saber. El Cristo de la Corona, le responden y le sigue con esta explicación: esta es una imagen del siglo XVI, de talla completa, de autor desconocido y que tuvo hermandad hace más de tres siglos. Un grupo de personas –la mayoría jóvenes- ha conseguido convertirla en cofradía con el apoyo del párroco.

 

     Nuestro amigo está impresionado, espera que la figura del Señor desaparezca por la Puerta del Perdón y, rezando más de lo que lo había hecho en todo el año, se marchó.

 

     Nada más llegar a su casa me llamó por teléfono: Acabo de presenciar el momento más íntimo e impresionante de la cuaresma sevillana. Me lo narró todo y más –se le notaba nervioso- y me pidió que lo escribiera para que todos se enterasen, pues según me dijo siendo uno de los momentos más bellos es al mismo tiempo uno de los actos más desconocidos por la mayoría de los sevillanos. Y precisamente por su belleza y devoción no pueden dejar de ver. Seguro que quedan “enganchados” con el Santísimo Cristo de la Corona. Y terminó la conversación diciéndome que parecía que había dado marcha atrás en el tiempo...

 

Misión cumplida. Querido amigo.

 

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Comentado por Hermano del Cristo de la Corona en octubre 13, 2011 a 8:58pm

Precioso relato el que nos ofreces.

 

Como nazareno que soy ese Viernes de Dolores que cuenta tu amigo por el Patio de los Naranjos, decir que es algo inenarrable, pero que sin duda has sabido describir de una forma magnífica con esas palabras. Quizás no seamos una Hermandad que haga mucho ruido (de hecho, celebrábamos una función el pasado domingo mientras el arzobispo bendecía una puerta de otra hermandad del Viernes de Dolores) pero los pocos que formamos parte de esto sabemos el inmenso privilegio que nos supone.

Un saludo.

Comentado por sonia en octubre 13, 2011 a 8:09pm

Hola Javier,

fantastico relato sobre este acto tan intimo del Cristo de la Corona!!!! Y q tranquilo se queda uno cuando cumple sus promesas, tu amigo puede estar orgulloso!!! Besos!!!

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