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No, nunca podré olvidar aquella tarde de primavera, y hoy después de tanto tiempo, ya no sé si escribo sobre ello, desde la realidad del recuerdo y el sentimiento, o desde el sueño del deseo constante de volver a vivirla.


Aún hoy creo percibir el olor a incienso, el rumor de los cirios que te rodeaban, que no su luz, porque esta palidecía sin remedio, ante el brillo de Tu mirada única.

Me basta cerrar los ojos para recordar con todo detalle, a la niña que fui, que con pasos temblorosos pero al mismo tiempo seguros y confiados, acudía aquella tarde un año más a su cita contigo.


Las puertas de la ermita eran pórtico de la gloria celeste, que bajó a la tierra envuelta en tu manto, escondida en tus ojos, prendida en los encajes de tu tocado, escapándose a raudales de ti, hecha manantial de ternura.

De pronto, por obra y gracia de tu amor de Madre, me diste tu mano, o mejor dicho, tomaste la mía. Tus labios en medio de tu llanto parecieron esbozar una dulce y tierna sonrisa. Callabas, pero al mismo tiempo con que fuerza me susurrabas al oído.

Y fue en ese momento, cuando sueño y realidad se confundieron, como se
confunden hoy en mi recuerdo, cuando sentí en mi mano tu caricia, cuando sentí tan de cerca ese manantial de fortaleza que brota de tus ojos y que conforta sin remedio al corazón afligido, me pareció estar soñando, mis labios fueron incapaces de articular palabra, mas mi corazón no pudo evitar hacer suyas las frases evangélicas, exclamando a voz en grito: “... ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”

¿Quién soy yo, Madre Nuestra para que Tú me hayas hecho tan valioso regalo?

¿Quién soy yo Emperatriz Celestial para merecer tan enorme privilegio?

Mis interrogantes, motivadas por mi juventud y por el hecho de no sentirme digno de recibir tan sublime cometido, volvieron a hacerte sonreir, y te imaginé sin esas lagrimas benditas que yo mismo, hubiera borrado una a una de tu hermoso rostro, si ello hubiera sido posible.

El día llegó a su fin, a tus plantas, como súbdito entregado a su Reina, el pueblo había dejado el tributo anual de su amor, pero confieso Señora, que aún estando tan cerca, aún siendo testigo directo de sus plegarias, súplicas, piropos y agradecimientos, no escuché, ni vi absolutamente nada.

Mis cinco sentidos habían estado prendidos por completo en ti, mi mirada, no se apartó de la tuya, ni un instante, ni una de esas horas que a tu lado fueron minutos, de esos minutos que a tu lado fueron segundos, ni un solo momento de aquella tarde en que me hiciste el regalo más especial, tierno, generoso y bello, que una Madre puede hacerle a su hija, “Me tomaste de la Mano”

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Comentado por CHE (Maria Jose Cejudo) en mayo 28, 2010 a 9:47pm
Como se nota que escribes con ese corazon tan grande que tienes. Un beso.
Comentado por JESUS el sueño de los despiertos en noviembre 23, 2009 a 6:53pm
maravilloso hermana como todo lo que haces, es increible el corazon que tienes gracias po compartir con nosotros tus sentimiento,un fuerte abrazo de tu hermano sanluqueño
Comentado por TRIANA FOREVER en noviembre 23, 2009 a 5:14pm
COMO SIEMPRE,ESCRITO CON EL CORAZON TAN GRANDE KE TIENES Y KE DEMUESTRAS CADA VEZ KE PUBLICAS ALGO,OJALÁ TUVIERA YO ESA FACILIDAD KE TU TIENES PARA PODER EXPRESAR CON PALABRAS LO KE SIENTO CUANDO ESTOY CERKITA DE MI MORENA,AUNKE DE TODAS FORMAS NO CREO KE PUDIERA.UN BESOTE TRIANERO DESDE EL CORAZON DE SEVILLA.-
Comentado por Emi(Angel macareno) en noviembre 23, 2009 a 3:32pm
maravillosa entrada, me he emocionado. Un abrazo
Comentado por Azahar de San Gonzalo en noviembre 23, 2009 a 2:39pm
Vaya, vaya tela. Este escrito ya lo conocía porque te has encargado perfectamente de acercarme toda tu inmensa obra, amiga. Pero he de decirte que me he vuelto a emocionar leyéndolo, imaginándote allí junto a Ella. Qué gloria por Dios! Te preguntas que quién eres tú para estar allí, pues yo te contesto: eres su hija, quizás la que más la quiere y por ello quiso que estuvieras tan cerquita de Ella. Ojalá pueda yo tenerla alguna vez así de cerquita aunque sean 5 minutos, porque como sabes Ella también es mi Madre. Un besazo, amiga. Gracias por compartir tus sentimientos con todos nosotros.

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