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Meditación ante el

Santísimo Sacramento,

sobre las Tres Caídas de

Ntro. Padre Jesús del Perdón

 

18 de Noviembre de 2011

 

 

José David Muñoz Oliva

 

 

 

 

INTRODUCIÓN AL REZO

 

Nos ponemos ante tu presencia Señor que perdonando caes. Nos ponemos ante ti Cristo real y vivo en el sacramento de la Eucaristía.

 

Personalmente, me supone un auténtico desafío, el acercarme a ti en esta tarde. Esto  no es un pregón, hoy nos reunimos para orar, para meditar y acercarnos a Cristo caído.

Hoy, no se oirán versos ni aplausos, esta tarde, te buscaremos y arañaremos si es necesario en el silencio de la meditación para encontrarte y encontrar nuestras realidades.

Os invito a deshacernos de nuestras máscaras, permitid que hoy Jesús, toque vuestros corazones, quitaros las corazas, para dejarnos empapar de su Espíritu. Ante Jesús Sacramentado, queremos mirarnos en el terrible espejo, de las caídas camino del Calvario.

 

 Venimos a ponernos frente a ti, olvidando cirios, flores, fajas, costales, y trompetas… no venimos a oír piropos, hablar de “chicotás” ni de calidad de una marcha…hoy Señor hemos venido, a encontrarnos contigo,  un Jesús agonizante, que nos mira directamente a la cara para hablarnos con Amor.

 

Olvidad por media hora todo aquello que os distraiga de la oración, no permitáis que nada de lo que os rodea os moleste. Descansad en el Señor, reposad vuestras problemáticas, meditad, orar y adorar al Señor en la Sagrada Forma.

Podéis estar sentados, de pie o de rodillas, sea como sea…dejad que Jesús os hable.

 

Entrad con humildad en presencia del Señor, reconociendo la simpleza de nuestras almas. No olvidemos que aquí, no hay nadie sentado por su bondad, por su amor al prójimo ni por sus buenas obras. Aquí todos los que estamos, es por el Amor que dios nos procesa.

 

En el silencio que este templo acurruca, meditemos ante el padecimiento de Nuestro Señor caído.

 

 

PRIMERA CAÍDA: CONOCER, REENCONTRAR

¿Quién te trae hasta nosotros? Vemos en tus ojos, que no has encontrado el sueño desde la agonía en Getsemaní.

 El ajetreo del ir y venir amordazado, de un juicio a una bofetada burlona. La prisión, los azotes, las espinas, y la cruz…

La cruz es colocada en tus hombros, el instrumento de torturas más atroz, se convierte en arroyo de esperanza y vida, con el simple hecho de ser acariciado por un reguero de su sangre.

 

Un hombre roto por las heridas, un Dios que ha bajado hasta la misma cuna de las humillaciones, para ser tratado con burlas y palos.

 

¿Quién se enfrenta ante tu presencia Jesús?

 ¿Quién es capaz de verte en tal situación?

 Intentamos idealizar tus dolores, resecar tus heridas sangrantes con suaves terciopelo y finos bordados.

 Dibujamos una mentira en el agua, para poder ser capaces de mirarte a la cara. Solo tu Madre, y tu discípulo amado, han sido capaces de estar a tu lado hasta llegar al Calvario.

 

Caes Señor por primera vez, con la pena de ver, que aún teniéndote delante, no te conocemos.

Unos te llaman revolucionario, otros profetas, algunos te tachan de loco y otros incluso, se atreven a considerarte un terrorista.

 

Hoy Cristo se pone frente a ti, te mira a la cara y te pregunta de la misma forma que hizo con sus apóstoles.

 Vosotros…¿Quién decís que soy yo? (Mc. 8, 27)

 

Quizás, nuestra respuesta no sea tan clara y rotunda como la de Pedro. Quizás descubramos…que no te conocemos.

 

¿Quién eres? ¿Por qué caes y mueres  por mi, si yo te miro…y no soy capaz de conocerte?

¿Por qué nos pides a nosotros que te sigamos en la tremenda realidad de la cruz, cuando tus propios discípulos han huido de ella, dejándote solo?

¿quién eres Jesús? ¿eres Dios, o simplemente eres un hombre bueno que revolucionaste la historia?

 

 ¿Cómo quieres que te sigamos y amemos cuando vemos que eres un Dios que sangras, sufres, y caes a tierra?

Perdóname que te increpe, pero aunque lleve toda mi vida bajo este techo, aunque cien veces haya cruzado la mirada contigo, aunque tras tu paso llevemos 27 años procesionando, conocemos tu imagen, pero desconocemos quien eres realmente.

 Nos preocupamos por como anda un paso, como es su exorno floral, como suena la banda…y nos olvidamos en conocer e imitar, al que llevamos arriba.

 

 Esta noche será distinta, esta noche te miramos a la cara y quedaremos desnudos en el espejo de tu mirada.

De igual manera que Pablo, caemos del caballo y nos enfrentamos a la pregunta: ¿Quién eres Señor?

 

Una respuesta resuena en mi cabeza, que viene de los labios del querido papa Woytilaw:

 

 “No tengais miedo de mirarlo a El”

El, es la Palabra que Dios tenía que decir al mundo.

 

El, es Dios mismo que ha venido a compartir nuestra existencia,

la de cada uno de nosotros.

 Lejos de Él sólo hay oscuridad y muerte.

El,l no solo da vida, sino que El mismo es la Vida

 

 

Jesús es Dios que se hace carne por nosotros y cae, cae para hacerse sufrimiento contigo y conmigo.

El es Dios y se reduce a la condición humana para estar codo con codo con todos los sufrimientos de la humanidad.

 

En sus heridas lleva sangrante, la fragilidad de nuestra vida, de ellas manan nuestras enfermedades, tus achaques y limitaciones.

 

No sabemos con certeza si el que cierra los ojos volverá a abrirlos. En la televisión estamos acostumbrados a ver como aparece un hombre preso de la “locura”, y ni corto, ni perezoso quita la vida al primero que encuentra.

 Proponemos una vida, planificamos un futuro, nos creemos señores de nuestra voluntad y cuando menos lo esperamos, caemos.

 

Caemos y nuestra voluntad, toca tierra quedando en tus manos.

Ante esta caída…tú  te haces presente Señor. Aún derrumbado por el peso de la cruz, eres fuente de la que mana consuelo.

 

 Señor Jesús del Perdón, Dios de mi vida, caes por primera vez,  y con tu caída, has abierto nuestros ojos para reconocerte.

Te hemos conocido porque al caer te rompes por mí y quedan aplastados en tu cuerpo todos nuestros problemas y pecados.

Hemos visto tu amor, y en el, hemos reconocido que eres Dios.

Un Dios que por amor te nos das, vienes a socorrernos de nuestra soberbia que nos hace yacer en tierra.

 

 La soberbia de pensar que podemos hacer con nuestra vida lo que nos viene en gana, una soberbia que en extremos, convierte al ser humano, en una especie de mercancía, que puede ser comprada y vendida.

 

 Creemos ser superiores a todo, creemos ser mas fuerte que la misma muerte y la muerte aparece sin fecha, horario ni día.

 

¿A qué esperas? Te lo digo a ti, y te hablo seriamente. ¿Qué estás esperando para acercarte de una vez de forma seria y preguntarle: Jesús, ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? Hazlo, no te sientes ridículo por ello, no tengas miedo en acercarte al sagrario a esperar su respuesta.

 

Señor Jesús,  Dios del Perdón vivo en la Sagrada Eucaristía, ayúdanos, porque hemos caído.

Ayúdanos a renunciar a nuestra soberbia destructiva que junto a nuestros pecados, imposibilita poder conocerte.

Luchemos para que el mundo no impida, que podamos oír a tu Madre, ante la que nos postramos y oramos, pero a la que no oímos.

 

 

 

Ella, la niña hebrea de dulce rostro y mirada indulgente, Manantial de Salud, Fuente de Salvación y camino para acercarnos a su Hijo, nos ofrece su mano e indica que rumbo seguir.

“ Haced lo que el os diga” (Jn. 2,5)

Son sus últimas palabras en los evangelios. Últimas palabras de quien como Madre, desea lo mejor para sus hijos. Ella es la vía que nos acerca a El. Hagamos lo que El nos diga.

Danos tu mano Señor para levantarnos de nuevo, y otórganos tú Perdón, por esta ceguera de pecados, que impedía conocerte, aunque te tuviésemos delante.

 

Texto para meditar, de Santa Teresa de Lisieux:

 

¡Oh dichosísimo instante, cuando en tu inmensa ternura vienes a mi, Amado mío, para transformarme en ti!

SILENCIO

(Música: Nada te turbe. Mina)

PADRE NUESTRO

 

 

SEGUNDA CAÍDA: AMARTE

 

“Pueblo mío, ¿que mal yo te he hecho?, ¿en qué te he dañado?, respóndeme. Te he sacado de Egipto, te he liberado del faraón, he abierto para ti el mar en dos partes, te he dado el maná en el desierto…y tu…

¿Qué me das a cambio?... Tu me ofreces la cruz.”

 

Este texto sacado del “Improperios”, nos acerca a la segunda caída.

Hoy, resuena entre nosotros y quizás pensemos que esas palabras quedan en la historia dedicadas al pueblo hebreo.

 Pues no, estas palabras vienen a zarandear nuestros corazones.

 Jesús caído, te habla a ti, atiende a su pregunta.

 

El texto del “Improperios”  debe de calarte, debe despertarte del pasotismo espiritual, en el que en muchas ocasiones vivimos.

 Dios te llama por tu nombre y te habla bien claro. 

Estad atentos y escuchad su voz que os llama: Jesús, Miguel, Isabel, María, Francisco, Carmen…cada uno de los aquí presente, estad atentos y oíd la voz de Cristo que nos dice:

         ¿Por qué no me amas?

No esquives la pregunta, no pienses que se la hago a otra persona peor que tu. Hoy Jesús, te habla a ti.

¿Qué mal yo te he hecho? 

Yo he estado a tu lado desde antes de tu nacimiento.

Te he acompañado cuando reías, he sido tu pañuelo, cuando llorabas, te bendije con el nacimiento de tus hijos, te acompañé a esa entrevista de trabajo a la que tan insegura te presentabas, fui tu medicina en el hospital, y tu salvación ante el accidente, tu aliento en los estudios, tu apoyo en los desengaños amorosos, fui tu duelo por tu ser querido y sufro contigo cuando a fin de mes no das abasto por culpa del paro.

 

 ¡Escúchame!: yo te Amo con toda mi alma.

 ¿Por qué no me amas tú?  ¿No os dais cuenta, que con vuestros pecados, me estáis condenando a la muerte en cada momento?

 

         Pueblo mío, ¿que mal yo te he hecho?, ¿Por qué no me amas?

 

Caes Señor por segunda vez, y veo en el abismo de mi miseria que ciertamente no te amo.

 

Vivimos en una sociedad rodeada de falsos ídolos que se convierten en telón de humo para ocultarnos la presencia de Dios.

No nos damos cuenta, de que nos apartamos de Dios, recurrimos al esoterismo y a la adivinación para solucionar problemas, depositamos nuestra confianza, nuestra esperanza, incluso nuestra salud en amuletos, colgantes y seres mitológicos, sin darnos cuenta, que con ello, renegamos de Dios y nos engañamos a nosotros mismos.

 

Creamos un círculo de rutinas, un mundo de hábitos en el que Dios no existe. Trabajo, familia, amigos, sociedad, vecinos, vuelta al trabajo…y en todo ello, nos olvidamos de poner a Dios.

 

Anteponemos todos nuestros placeres a ti, preferimos ser seducidos por un partido de futbol, por la serie televisiva de moda o por el programa mas morboso,  antes, que atender a tu llamada.

Nos es más placentero y vemos con normalidad, que nuestros jóvenes se consagren a unas libertades de botellonas, amores caducos y ciber amigos anónimos, antes de que participen y vivan en la Iglesia. 

Luchamos y peleamos para que nadie sea capaz de pisar nuestro orgullo y nuestro nombre, y en cambio, enmudecemos como estatuas de mármol, cuando públicamente en la calle o en la televisión, ensucian tu nombre y el de tu Iglesia.

Intentamos comprar tus favores a base de ofrendas, cuando tu Amor es gratuito y no nos pide nada a cambio, solo disposición a ser amados y transformados.

 

Para poder mirarte, para poder seguirte, para poder llamarnos cristianos, hay que amarte con todas las consecuencias.

 

Ojala te amásemos y sintiéramos en nuestro corazón, esa felicidad y la emoción de aquellas parejas jóvenes, que disfrutan de su primer amor.

Puede parecernos exagerado, pero os aseguro, que viviríamos en una felicidad plena, si fuésemos consciente del Amor que Dios nos procesa, y si nosotros de igual modo le correspondiéramos.

 

Tal como las gacelas del Cantar de los Cantares, nuestro ser, ansiaría el encuentro con nuestro Señor. Cristo vivo, nos espera en la Eucaristia, si, no intentes dibujar tu fe, ni inventarte una nueva forma de Amar a Dios.

El esta en el prójimo, pero de forma real, Jesucristo Vivo, este que por San Pedro cae, nos espera en el Sagrario, o en la celebración de la Santa Misa.

No lo digo yo, ni se lo inventa el cura cada vez que nos lo recuerda, esto no se lo ha inventado tampoco el papa, ¡lo ha dicho El mismo, Jesús!

 

Podemos recordarlo en un texto de Pablo a los Corintios:

 

“ el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,

) y después de dar gracias, lo partió y dijo”:

"Éste es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío"

 

Cristo real, Jesús vivo que se nos entrega a diario, que nos espera en el Sagrario y que en tantas ocasiones ignoramos y abandonamos, sin acompañarlo a su entrega en cada Eucaristía.

 

Esto no es nada nuevo, muchos han sido los que han quedado presos de ese Amor misericordioso tras haberlo conocido.

 

Experiencia comprobada en las vidas, de los grandes místicos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús.

Ambos vivieron su momento de tiniebla y confusión, ambos sufrieron y tropezaron como tu y yo. No creáis, que a ellos la santidad, les llegó por arte de magia.

 

Sufrieron, dudaron, lucharon, vivieron su “noche oscura”,  hasta descubrir, que Dios, los amaba con locura.

Pues igual pasa con cada uno de los que estamos aquí esta noche.

Créetelo, míralo a la cara, escucha bien lo que te digo...:

El, te ama con locura, y por eso, lo ves caído bajo la cruz.

Por amarte, la grandeza de Dios ha sido reducido a la nada para padecer de la forma que lo vemos.

 

El nos dice: Aunque tú me rechaces, aunque tú reniegues de mi nombre, aunque te enfades y me culpes, cuando las cosas no salen como tú quieres, yo…te seguiré queriendo.

Caed en sus brazos preso, contadle vuestros problemas, vuestras ansiedades, sed sinceros por una vez en la vida al poneros frente a el. Dejaros acunar por su amor. No tengáis miedo en quedar al descubiertos ante el. Repito: “El os ama con locura”

 

Ante esta muestra de amor, uno queda derrumbado al ver la pequeñez de nuestro ser, que tantas trabas pone a quererte.

 

Amar a Dios de verdad, transforma la vida del hombre.

 

Seguirte a ti, Jesús mío del Perdón. Supone que el mundo ya no solo nos reconozca al ver nuestro estandarte, nuestras medallas o el color de nuestro hábito de nazarenos.

El mundo nos reconocerá por nuestras obras. Nos reconocerá en que amaremos, de la misma forma que tú nos amas.

 

Hace poco pude ver un reportaje sobre la persecución de cristianos en China. Una señora hablaba desde la Iglesia Católica Clandestina y decía:

 “Aquí en el pueblo, nadie sabe quien es Dios, pero ven, que los católicos visitamos a los enfermos y nos ayudamos unos a otros, al ver eso, ellos saben que Dios es Amor”.

         Pues eso mismo debería de ocurrir con nosotros. El amar a Dios, y sentirnos amados por El, se refleja en nuestro comportamiento y en nuestras actitudes.

Señor, somos conscientes de que no podemos decir que te queremos, si en nuestro corazón estamos odiando a otros. No puedo decir que te amo, si mi lengua se convierte en arma destructora, instrumento de críticas e injurias.

Te miento, si en el pobre veo a un vago oportunista.

Te miento si soy incapaz de mirar a la cara a mi vecino con el que no me hablo.

Miento si aplaudo y justifico la destrucción de la vida en el seno de una madre.

 Soy un embustero si me creo superior a cualquiera que piensa de distinta manera que yo.

Miento si no participo de tu entrega en la Santa Misa.

Soy un verdadero hipócrita, si tras desgranar rosarios, desgatarme las rodillas rezando y romperme a golpes de pecho, me creo superior a mis propios hermanos, y pongo mi vida como ejemplo a seguir.

 

¿Qué te estoy haciendo Señor? ¡Estoy crucificándote con mi vida!

 

Señor, enséñanos a amarte. Somos concientes de nuestra debilidad y que realmente, es difícil seguirte y amarte.

Lo que nos estas pidiendo, amar en tan magnitud, amarte en la dimensión de la cruz, es para nosotros imposible, porque en ese amar, estaríamos destruyendo ese “yo” en el que hemos sido educados a defender a capa y espada, sin dar tregua a que nadie nos lo pise.

 

Podríamos darnos por vencidos, agachar la cabeza y huir de tu presencia, pero sin embargo estamos aquí, no nos rendimos, apostamos por ti, queremos quedar prendado en tu amor, del mismo modo que Santa Teresa en sus éxtasis, haznos instrumentos de tu Amor.

 

Contigo podemos. Ayúdanos a transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne. Ayúdanos a amarte en el prójimo, a amarte en nuestro enemigo.

Sabes que nosotros no podemos, para nosotros, por mucho que nos empeñemos en ser buenos, es imposible, pero en ti…en ti, y contigo nada es imposible.

 Solo contigo podemos hacerlo, solo en ti, podemos renacer a la pureza de nuevas criaturas.

 

Ante ti venimos caídos, como el hijo pródigo en busca del abrazo de su padre. Levántanos de esta segunda caída con el regalo del perdón de nuestros pecados.

 Acepta nuestra reconciliación, a través del sacramento que nos ayuda a acercarnos a ti, y pedirte perdón por no haberte amado, de la misma forma que tú nos amas.

Ayúdanos a transformar nuestras vidas en tu amor, tal como tu Madre de la Salud hizo, dejando que el Señor llevase a cabo en Ella, la obra que sin Dios, era imposible.

 Permítenos que podamos vivir en comunión con el prójimo, y en alabanza a ti.

 

Meditamos en silencio, las últimas palabras de Santa Ángela de la Cruz. Su entrega al Amor de Dios, la hizo “vaciarse” por completo a Dios, para que fuese El, quien actuase y edificase su vida.

 

Meditemos sus palabras:

 

 "No ser, no querer ser; pisotear el yo…

enterrarlo si fuera posible......"

SILENCIO

(Música: Mary goes to Jesus. La Pasión)

PADRE NUESTRO.

 

 

TERCERA CAÍDA: COMPROMETERSE, SEGUIRTE

El camino hacía el Gólgota se hace difícil y escarpado. Has tenido que caer Señor, para conocerte, para amarte.

 Subes la pendiente, poco queda para que el árbol verde sea talado, el crujir del grano de trigo es inminente, la redención del hombre, esta a pocos metros de la  Tercera Caída.

 

Una vez más, el camino se endurece. Cuando más cerca se encuentra el lugar donde la humanidad, va a ser liberada de su yugo, Cristo vuelve a caer.

Cuando más grande es la obra en la que el Espíritu Santo derrama sus dones, más grande es la piedra, que quiere provocar la caída.

 

“Tened ceñida la cintura y la lámpara encendida” Lc. 12, 35

 

Tras conocerte y amarte, no podemos quedar caídos.  El tercer tropiezo de esta noche, nos despierta al compromiso, a la realidad de dar a “conocer”, el “amor” tan grande, que Dios procesa a la humanidad.

De igual modo, que cuando estamos enamorados, desprendemos señales que nos delatan, nos arreglamos mas, sonreímos por cualquier cosa, pensamos de forma positiva…

Pues de igual modo que el amor carnal, es difícil de esconder, el Amor de Dios, debe de brotar de nosotros, para ayudar al mundo a creer.

 

Parad por un momento, recuperad el hilo de la meditación en el caso que andéis dispersos.

Dios, jamás nos pedirá algo que no podamos llevar a cabo.

No pensemos que Jesús, ya dijo lo que tenía que decir hace 2000 años y que hoy, simplemente hablan los curas y el papa.

 Hoy, 18 de Noviembre de 2011, Jesús sigue hablando y llamando a la puerta de todos los corazones.

Llama a la puerta y encuentra vaciedad, ignorancia y pretexto para decir que no.

No pienses que Dios viene a pedirte que te embarques en una misión imposible, que te lleve a Sudán, la India o Sudamérica. (que podría ser)

 Pero posiblemente desde esos puntos que calificamos “tercer mundistas”, nos llegue mañana la evangelización.

 

Nadie nace con el oficio aprendido, o con la vocación decidida.

Como ya antes dije, El no nos va pedir nada que sea superior a nuestras fuerzas, y quizás, Jesús, te pide simplemente que mires a tu alrededor.

No pases de esta pregunta, para ¡piensa!…, seguro que a nuestro alrededor, hay alguien, que necesita de tu ayuda.

 

Familia, amigos, vecinos…Convierte en antorcha que ilumine los sufrimientos de los que te rodean.

Nuestros miedos y escrúpulos, nos hace incapaces de ayudar a los demás, pero no seas cobarde, ponte en manos de Dios, que el hará la obra.

Todos hemos sido  dotados con algún talento, y debemos  de utilizar esos talentos, esos dones, esas cualidades, para dar signos de que Dios es Amor.

En una comunidad parroquial tan grande como la nuestra, podemos encontrar a alguien que tiene el don de la paciencia, otro puede tener el don de la escucha, otro el de la entrega, el de la educación, el de la voz, el de la valentía…

Para el mundo, pueden parecer simples o valiosas cualidades, pero en la gran obra de Dios, esas cualidades son DONES, los talentos que como en el evangelio de la pasada semana, debemos de poner en curso, debemos de trabajarlos y no esconderlos y ocultarlos.

Usad esos dones para que Dios sea manifiesto en el Mundo, para que los que nos vean, vean en nosotros el Amor de Dios y como esta pasando en China, vean que Dios es Amor.

Poned vuestros dones al servicio de la Iglesia, de forma más cercana, al servicio de nuestra parroquia.

 

Escucha ¿Tú sabes de las persona que están pasándolo mal a tu alrededor, y solo con una llamada de teléfono, solo con oír tus palabras podrían encontrar consuelo?, ¿Sabes de los enfermos que  están impedidos, en casas y hospitales  y esperan una visita que les hable de algo distinto a lo que el mundo y la televisión normalmente ofrece?, ¿Sabes de la cantidad de ancianos que están completamente solos, y con solo un saludo, una sonrisa, una caricia, serviría para ellos, como renovarles la vida?

 

Necesitan de nosotros, necesitan de tus dones, de tus talentos escondidos. Ellos esperan que nos movamos y les llevemos lo que aquí hemos recibimos.

 

El egoísmo y quizás el miedo al que dirán, a no saber cual será la respuesta del otro, incluso el pensar, que para eso hay otros grupos en la Iglesia, que se encarguen ellos.

Eso hace que vivamos de forma hipócrita y tranquilamente, ocultando que seamos unos cristianos activos, y lo que hacemos, es desperdigar dones, y colaborar en hacer creer al mundo, que Dios no existe.

 

Si, porque vivimos en una sociedad en que todo entra por la vista, y es por eso, que el mundo, necesita ver a Dios, para creer en El.

Pero  mientras existamos cristianos acomodados a no dar signos, el mundo jamás verá.

Recordad el evangelio de San Mateo.

“Por sus frutos los conoceréis”, si no hay frutos…el mundo no podrá ver que Dios existe y nos ama.

 

Tenemos que plantearnos seriamente, a donde va nuestra fe.

Quizás estemos en una pausa donde no andamos ni para adelante ni para atrás. Hemos cumplido con una serie de sacramentos y con venir a la iglesia una vez por semana y calentar el banco, nos conformamos.

 

Calmamos nuestras conciencias, convirtiendo nuestra fe, nuestro modelo de vida, en un mero conjunto de rituales cumplimientos, a los que  asistimos y participamos, y una vez acabados, salimos a la calle como si nada hubiese pasado por nuestra vida. Nos entra por un oído, y nos sale por otro, así de claro.

Como si el evangelio fuese una banda sonora de película, como si el rezo del rosario fuese una canción con estribillo repetitivo y pegadizo, como si el sentarse junto al sagrario, fuese un descanso más, de las tareas de casa.

 

Muchos, cuando cruzamos el umbral de este templo y volvemos a nuestras casas, tenemos el peligro de convertirnos en materia inerte, que ni se altera, ni desprende energía alguna que altere a las materias más cercanas.

 

Muchas religiones, y con razón, nos atacan a los católicos por pensar de una forma y vivir de otra.

Debemos de mostrar al mundo, que Cristo, que la Iglesia, que el ser cristiano, tiene una respuesta positiva para esta “indignada” vida que se nos presenta.

 

A través de nuestros testimonios, podemos mostrar al mundo que Cristo,  tiene una respuesta de fortaleza a esta crisis, que no sea la desesperación y la destrucción de la persona.

Tu, yo, cada uno de nosotros, como cristianos, tenemos que dar una respuesta, a esa mujer, a esa chica joven, que se encuentra hundida y desesperada, y quiere destruir los planes de Dios, que crece en su vientre.

 

Tenemos la obligación, si, la obligación, de ser respuesta de apoyo, valentía y coraje, a la mujer que sufre la opresión del hombre, que le prometió amor eterno.

 

Con nuestro aliento y compañía, tenemos que ser testimonio, para ayudar a los enfermos, y mostrarles, que la enfermedad no es un obstáculo, la enfermedad no es un muro en nuestra vida. La enfermedad, es el mejor camino para el abandono de forma plena en las manos y voluntad de Dios.

 

Debemos de ser instrumentos de concordia, que ayude en la comunión reconciliadora a familias rotas y amistades dañadas,  por la búsqueda de uno mismo y la ausencia de Dios.

Tenemos que mostrar al mundo, que los ancianos son el recipiente perfecto de sabiduría, al que todos le debemos gratitud por tantas enseñanzas gratuitas. Que deben ser cuidados y amados, hasta que Dios, y solamente Dios, decida llevárselos de nuestro lado.

 

Luz para el mundo. Dar una respuesta a los problemas de la vida, pero en cristiano. Esto es, en reducidas cuentas nuestra misión.

 

Nada de esto es posible, sin el alimento de la Eucaristía. Ya lo recordaba el Santo Padre Benedicto XVI en Alemania hace un par de meses. “No podemos ser de Cristo, sin contar con Cristo”

 

Tampoco nos basta con decir: «Señor, Señor!». Como nos recuerda Santiago, la fe se acredita a través de las obras: «Muéstrame tu fe sin obras, que yo por las obras te haré ver mi fe» (Sant 2,18).

 

Trabajemos, pongámoslo en marcha, no esperes al mañana, esta puede ser nuestra última llamada a la conversión, a volvernos de frente a Dios, a convertirnos en antorchas. No la desperdiciemos.

 

Todos en esta parroquia, hemos sido testigos del amor de Dios, y hemos visto que como gallina acurruca a sus polluelos, así El nos busca y cuida.

 Hace poco, hemos sido testigos, y lo digo, totalmente convencido, hemos sido testigos del milagro de la conversión.

Lo teníamos delante, y nuestra ceguera, por necios y recelosos, nos impedía ver el milagro que ante nuestros ojos ocurría.

Una persona, cuya vida se encontraba de espalda a Dios.

 

 Pero Dios, Padre de bondad y Misericordia, como Buen Pastor, anda y desanda lo necesario en busca de su oveja perdida.

La buscó, y la encontró, la trajo a su iglesia y le dijo que lo quería.

 En esa oveja perdida, vimos claramente, la figura del hijo pródigo, que volvió, y con verdadero dolor de sus pecados, se presentó ante su padre, arrepentido y pidiendo perdón.

 

El hijo, al sentirse perdonado, perdonado de su historia, sin poner pero alguno a lo que fue o a lo que hizo, en ese Perdón, reconoció el Amor de Dios y quedó prendado y agradecido por ello.

Curiosamente, sin tener intención en ello, esta figura comprende la meditación a estas tres caídas.

 

Como ya sabéis, hablo de nuestro amigo Demetrio.

No busco ejemplos lejanos ni me invento nada, es pura realidad, que una vez reflexionada estas caídas, han dado sentido a estas palabras, que desde hace tantísimo tiempo aporrean mi mente: CONOCER, AMAR Y COMPROMETERSE.

 

El, anduvo perdido, alejado de Dios, cuando sin saber cuando ni como, volvió a la casa de su juventud, de aquellos años felices con el padre Galindo.

 

 

Comenzó a acercarse a nosotros y aparecer sentado en la capilla del sagrario, siguiendo con atención el rezo del Rosario, exposiciones del Santísimo o la Santa Misa.

Algunos, entre los que me encuentro, lo veíamos con desconfianza (para así completar con ello, la parábola del hijo pródigo, aquí estaba, el hijo celoso)

Lo mirábamos con desconfianza, por que en realidad, no creíamos que Dios podía hacer el milagro, no creíamos que Dios podía transformar la vida de un hombre de la noche a la mañana.

 

Demetrio, necesitó caer, para con esa caída, conocer a Cristo.

Quizás lo redescubrió de una forma distinta a su juventud, porque ahora Jesús le había dicho como nos dice a nosotros:

 Soy Jesús del Perdón y te quiero con toda mi alma…y para nada tendré en cuenta tu historia pasada, tus pecados, han sido perdonados.

 

Tras esto, se entregó a ese Amor. Era un incansable devorador de toda información, libros y folletos, que aparecían en la mesa de la puerta de la parroquia y que hablaban de vidas de santos.

Sus confesiones eran eternas, no por la necesidad de decid pecados, sino por el descanso, que me consta por su boca, que le producía.

 Reconoció a Cristo, se enamoró de El, y predicó con su ejemplo.

 

 Se comprometió entregándose de forma casi desinteresada y completa, al cuidado de este templo. Horas y horas pasaba aquí, donde tras tantos sufrimientos en su vida, había encontrado, su remanso de paz.

Recuerdo cuando me hablaba de la limpieza del Sagrario, cosa que cuidaba con mayor esmero que a todo el edificio. No usaba los mismos trapos ni fregona, porque en ese pequeño espacio, vivía el que lo había salvado.

En muchos rincones de esta gran casa, aún se nota su mano.

Demetrio, sin ser catequista ni maestro, al menos a mí, me ha dado una gran lección. Lección de humildad, amor y entrega a aquel que todo lo ha dado por nosotros.

Ojala nuestra partida de este mundo, sea como la tuya Demetrio, siendo antorchas vivas de la Iglesia, enamorados de Dios y en estado de gracia.

 

No esperemos a cambiar mañana, no esperes a ser luz en otro momento. Ahora, hoy mismo, no sabemos cuando nos llamará a rendir cuentas, el dueño de la viña.

 

No escondamos nuestras lámparas bajo la cama, mostrémoslas al mundo para que sirvan de faro, para tantos alejados que solo necesitan que les hables de Amor.

Ntro. Padre Jesús del Perdón, ha caído tres veces. Pero al caer, no ha encontrado la dura piedra, sino que ha venido a caer sobre nuestras vidas,  sobre la historia de cada uno de nosotros.

 El se levanta, se levanta y nos ofrece su mano para seguir adelante. Míralo, no pierdas la oportunidad agarra su mano y ¡levantémosno con El!

 

Hay muchísimas historias ocultas que deben ser iluminadas, hay multitud de sufrimientos que necesitan ser calmados, existen grandes complejos, que deben de ser vencidos.

 

Cuando caigas, cuando todo parezca oscuro, cuando algo, no tenga salida, recuerda, Dios vivo te espera en el Sagrario. Y ante aquella reja, en la penumbra de su capilla, te aguarda esta portentosa imagen del Dios caído.

El Díos que sufre por ti, el que sangra por ti, el que no te abandona jamás, El es Jesús del Perdón, que por ti y solo por ti, es capaz de caer tres veces y las que hiciesen falta.

 

Y a su lado, la mejor muestra de que el hombre puede ser transformado, si se abandona en las manos de Dios, a su lado, su Madre, María de la Salud y Fuente de Salvación, estará para confortarnos y decirnos: no lo olvides nunca, mi hijo seguirá cayendo, porque te ama con locura.

 

 

Oración para meditar de Santa Matilde de Magdeburgo:

 

“El alma enamorada, nunca se cansa de alabar”

SILENCIO

(Música: Me has seducido Señor, Coro Seminario de Córdoba)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONCLUSIÓN:

 

Reconocerte, amarte, seguirte…Tres misiones fundidas en tus Tres Caídas. Ayúdanos Señor, a emprender este camino de reconciliación personal contigo, para alcanzar con ello, la palma merecedora de tu victoria.

Con la intercesión de tu bendita Madre de la Salud, ayúdanos a levantar de las caídas que encontramos en la vida, y podamos vivir fieles a ti, CONOCIÉNDOTE, AMÁNDOTE Y SIGUIÉNDOTE.

 

ASI SEA.

 

A.M.D.G. et B.V.M.S.L.C.

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Comentado por Curro Cayuso Bueno en noviembre 19, 2011 a 11:53am

Oracion a un cristo que cae por tercera vez para darnos esperanza.

Comentado por TACITA DE PLATA en noviembre 19, 2011 a 9:46am

amen.

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