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Si no me falla la memoria, se cuenta que el capataz macareno Luis León se disponía a mandar a sus hombres para la salida del palio de la Esperanza Macarena. Y aunque hubiese podido sacarlo con los ojos cerrados porque ni la puerta ni el paso tenían para el secretos se fue a la trasera antes de llamar para ver que estaba "cuadrao". Y después de tantos años paseando a la Virgen por Sevilla un sobresalto le recorrió el cuerpo al descubrir que tras la Esperanza... ¡no quedaba nadie! La iglesia desierta, el camarín vacío, sin "armaos" ni nazarenos. Fuera todo bullicio, gentío, emociones a punto de estallar, recuerdos y mucho sentimiento. Y él estaba allí, en medio de aquel vacío repitiendo "sin la Esperanza no queda nada".

Con el recuerdo de aquella anécdota ayer encaminamos nuestros pasos hacía la Basílica de la Macarena. La tarde era desapacible, el viento fuerte y frío, con negras nubes que amenazaban con ponernos pinguenando en cualquier momento. Paso a paso y caminando al lado de la muralla íbamos notando como ya estábamos más cerca de Ella. Y es que aún sabiendo que la Virgen María es sólo una, parece que cuando dices "Macarena" el corazón sonrie y a veces la mirada se nubla.

Al cruzar la verja de entrada al patio pensé que una semana antes aquello era un hervidero, un ir y venir de gentes, como una especie de hoguera donde el fervor se prende el llamas buscando encontrar un adelanto del paraíso en la Tierra. Sin embargo ahora se veían las frías columnas y el único color lo daban los geráneos de las macetas que florecen con más alegría de toda Sevilla. Y entramos para hablar con Ella...

Ahí estaba tan guapa como siempre, como en aquellas mañanas en las que me escapaba de las clases de la Facultad de Medicina para visitarla. Su camarín, su corona, su manto, su mirada, sus manos, su pañuelo, todo estaba igual que siempre. Ahí estaba yo, cogiendo de la mano a Silvia y a Rod Mondy mientras le rezábamos a la Esperanza y en mi cabeza resonaba la voz de Carlos Herrera preguntando "Sevillano, ¿cómo te gusta más la Macarena?" o de Joaquín Caro Romero recitando aquello de "No sé con qué está más guapa la Esperanza Macarena" y repicaba el sonsonete de los versos de Antonio Rodríguez Buzón cuando pregonaba diciendo "Por eso Reinas habrá, pero como Tú... ¡ninguna!". La catarsis espiritual puede ser también una lección de catecismo cuando ante la visión de la Imagen de la Madre de Dios miras en tu interior para renovar tu Fe, pidiendo que nunca se acabe la Esperanza y que la Caridad alcance a todos los que tanto la necesitan.

Ella es nuestra Esperanza, la misma que como madre pedía al ver a su Hijo sentenciado. Porque como le pasó aquella madrugada de Viernes Santo a Luis León yo también comprendí que sin esperanza nada nos queda a los hombres.


Finalmente ya tengo respuesta a las preguntas de los pregoneros: como más me gusta la Esperanza Macarena es iluminando y bendiciendo a mi familia en una tarde cualquiera de primavera.

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Comentado por Costanilla de Sanandrés en abril 17, 2009 a 6:31pm
Hermoso relato. Algo tiene que tener La Esperanza cuando no deja impasible a nadie. Sintiendo su presencia, tiembla el alma. Delante de Ella, se desbordan las lágrimas.
Comentado por Marta San Andrés en abril 17, 2009 a 3:54pm
Me alegra que encontraras la respuesta. Su semblante te la ofrece.
Imagino que tardes como la de ayer son para no olvidar. Voy a verla varias veces y cuando me encuentro en el patio ya estoy nerviosa, pero más cuando la veo que llego a emocionarme, inclusive también en la calle.
Cuando voy allí es como si Ella me invitara a quedarme un ratito para rezar y por qué no, contarle mis cosas.
Un abrazo.

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