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Se conoce como “Miserere” el Salmo 51 de la Biblia que fue compuesto por el rey David para pedir perdón por sus pecados y que comienza con la palabra “miserere”, que es una palabra en latín que se traduce como “Apiádate” o “Ten piedad”. Es el más conocido de los salmos penitenciales y tiene la forma de una súplica de perdón hecha por alguien que muestra claridad en el conocimiento de su culpa (cf. Sal 51, 5) y está afligido por ello (cf. Sal 51, 14). A comienzos del siglo V, San Agustín de Hipona aplicó el nombre de salmos penitenciales a cuatro de ellos, y en el siglo VII, Casiodoro clasifica como penitenciales a siete salmos:


6: Domine, ne in furore – No me reprendas, Señor, en tu ira
32: Beati quórum – Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones
38: Domine, ne in furore –Señor, no me reprendas en tu enojo
51: Miserere – Ten compasión de mí
102: Domine, exaudir – Escucha, Señor, mi oración
130: De profundis – A ti, Señor, elevo mi clamor desde las profundidades
143: Domine, exaudir – Escucha, Señor, mi oración

El Salmo 51 o “Miserere” indica en su título que su autor sería el rey David, quien habría escrito este Salmo tras caer en la cuenta de su pecado con la mujer de Urías y la reconvención del profeta Natán (cf. 2Sm 11-12). Sin embargo, el final del Salmo, que habla de una Jerusalén derruida, parece indicar una autoría posterior (entre el 587 y el 445 a. C.), o al menos que los versículos finales habrían sido añadidos posteriormente. Y las críticas al tipo de culto de holocaustos y sacrificios son también una idea posterior al tiempo davídico. Sin embargo, no se ha podido llegar a una conclusión certera acerca de su autoría.

Juan Pablo II lo definió en 2002 como “el más intenso y repetido salmo penitencial, el canto del pecado y del perdón, la más profunda meditación sobre la culpa y sobre la gracia.”


SALMO 51 “MISERERE”

Tenme piedad, oh Dios, según tu amor,

por tu inmensa ternura borra mi delito,

lávame a fondo de mi culpa,

y de mi pecado purifícame.

Pues mi delito yo lo reconozco,

mi pecado sin cesar está ante mí;

contra Ti, contra Ti solo he pecado,

lo malo a tus ojos cometí.

Por que aparezca tu justicia cuando hablas

y tu victoria cuando juzgas.

Mira que en la culpa ya nací,

pecador me concibió mi madre.

Mas Tú amas la verdad en lo íntimo del ser,

y en lo secreto me enseñas la sabiduría.

Rocíame con el hisopo, y seré limpio,

lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

Devuélveme el son del gozo y la algría,

exulten los huesos que machacaste Tú.

Retira tu faz de mis pecados,

borra todas mis culpas.

Crea en mí, oh Dios, un puro corazón,

un espíritu dentro de mí renueva;

no me rechaces lejos de tu rostro,

no retires de mí tu santo espíritu.

Vuélveme la alegría de tu salvación,

y en espíritu generoso afiánzame;

enseñaré a los rebeldes tus caminos,

y los pecadores volverán a Ti.

Líbrame de la sangre, Dios, Dios de mi salvación,

y aclamará mi lengua tu justicia;

abre, Señor, mis labios,

y publicará mi boca tu alabanza.

Pues no te agrada el sacrificio,

si ofrezco un holocausto no lo aceptas.

El sacrificio a Dios es un espíritu contrito;

un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias.

¡Favorece a Sión en tu benevolencia,

reconstruye las murallas de Jerusalén!

Etonces te agradarán los sacrificios justos,

--holocausto y oblación entera--

se ofrecerán entonces sobre tu altar novillos.




En la liturgia católica se hace un canto solemne de este Salmo en las Laudes de todos los viernes del año, dado su carácter penitencial, y durante la cuaresma. A lo largo de la historia, el Salmo 51 se ha musicalizado en diversas ocasiones. Algunas de las composiciones más conocidas son el “Miserere” de Josquin des Prez compuesto en 1503 para cinco voces, y, en especial, el “Miserere” creado por Gregorio Allegri (escuchar aquí) en 1638 durante el pontificado del papa Urbano VIII, compuesto para ser cantado en latín en la capilla Sixtina durante los maitines los miércoles y viernes de Semana Santa. La pieza está escrita para dos coros y se considera uno de los mejores ejemplos del estilo polifónico del Renacimiento. Su ejecución fuera de la capilla Sixtina fue prohibida, pese a lo cual se hicieron varias copias, entre ellas la de W. Amadeus Mozart de 1770 o la de Charles Burney de 1771.

En España es muy conocido el “Miserere” de Hilarión Eslava, que junto a numerosas obras religiosas compuso durante su estancia en Sevilla en 1837 y llegó a incorporarse a los hábitos de los sevillanos durante la liturgia de Semana Santa en la Catedral. Fue prohibido y suspendido por el Cardenal Segura, pero de ahí pasó a ser interpretado por las sinfónicas que lo llevaron a todo el país.

En el mundo de las cofradías es conocida la marcha “Perdona a tu pueblo” compuesta por Bernardo Velado Graña y Antonio Alcalde Fernández para agrupación musical y adaptada a partir del canto litúrgico “Perdona a tu pueblo, Señor” a pieza procesional e incluso cantada por el público. No es en sí un “Miserere” tomado de la Biblia, pero mantiene la súplica de perdón característica de los salmos penitenciales:

Estribillo:
Perdona a tu pueblo, Señor,
Perdona a tu pueblo,
Perdónale, Señor.

No estés eternamente enojado,
No estés eternamente enojado,
Perdónale, Señor. (Estribillo)
Por tus profundas llagas crueles,
Por tus salivas y por tus hieles,
Perdónale, Señor. (Estribillo)
Por las heridas de pies y manos,
Por los azotes tan inhumanos,
Perdónale, Señor. (Estribillo)
Por la abertura de tu costado,
No estés eternamente enojado,
Perdónale, Señor. (Estribillo)
Por las tres horas de tu agonía,
En que por madre diste a María,
Perdónale, Señor. (Estribillo)

En la Semana Santa estepeña el “Miserere” toma especial importancia en la Hermandad de Jesús Nazareno. Los sones de la marcha “Perdona a tu pueblo” anuncian cada año que el paso del Señor se dispone a salir a las calles de Estepa, siendo la primera marcha interpretada mientras que Ntro. Padre Jesús Nazareno atraviesa la puerta de la Iglesia de San Sebastián. Pero, además, la Hermandad recuerda durante la estación de penitencia de la tarde del Viernes Santo las tres caídas del Señor con la cruz en su camino del Calvario, en las que los nazarenos y el pueblo de Estepa se arrodillan ante el Señor en unos minutos de reflexión y súplica de perdón. Durante estos minutos la A.C. de “Amigos de la Música” de Estepa interpreta el conocido “Miserere estepeño” en recuerdo del salmo penitencial 51. Las tres caídas se conmemoran cuando tanto el paso del Señor como el de Ntra. Sra. de los Dolores se acercan en la Plaza de los Remedios (1ª caída), en la Plaza Poley (2ª caída) y a su entrada en la Plaza de San Sebastián (3ª caída).


¡Miserere mei, Deus,
secundum magnam misericordiam tuam!


Artículos relacionados y obras de consulta:
-Salmo 50. Misericodia, Dios mío. Franciscanos.org
-Hilarión Eslava. Biografía. Artesacro
-El Miserere de Eslava. Antonio Burgos. El Recuadro. ABC
-Leyenda 18: "El Miserere". Gustavo Adolfo Bécquer

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