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NIÑA GRANDE DE SAN LORENZO


Envuelta en un traje oscuro, peinando cabellos color plata y anclada en el pasado ves pasar la vida por delante de tus ojos. Miras con añoranzas el viejo reloj de arena que marca tus horas y haces cuentas con el rosario de un efímero futuro entre tus arrugadas manos. Tu envejecida piel proclama una casi centenaria existencia. Cada arruga que se dibuja sobre tu rostro aterciopelado va pregonando ternura y esa belleza que subyace en el interior de nuestras abuelas. Tu espíritu combativo y tu inquebrantable fe son el mejor báculo sobre el que cargar el peso de tus dolencias.

La vida te ha ofrecido tragos muy amargos, has percibido la hiel sobre tus labios y has sentido sobre tu pecho la profunda espada de la desesperación y el olvido. Todos los tuyos se marcharon de tu lado, incluso aquellos que por naturaleza debieron haber sentido tu marcha antes de seguir tus pasos. Poco a poco la soledad y los recuerdos fueron amueblando las habitaciones de tu casa. Son muchas las espinas que se clavaron en tu débil corazón y no menos las ausencias. Cada mañana al despertar encuentras delante de ti un nuevo reto por superar.

Cuando eras una niña tu madre te llevó de la mano a descubrir por primera vez el rostro de Dios. Hasta entonces no tuvo la oportunidad de poner en tus manos un obsequio de suficiente valor. De sus labios pudiste oír la mayor verdad “hija mía este es el mejor regalo que recibirás en tu vida” “los bienes materiales son efímeros y este presente que te acabo de mostrar perdurará en ti como lo hace en mí y en todos los afortunados que descubrimos su llamada de amor”.

Esa primera visita al Gran Poder te marcó y dejó una imborrable huella en tu memoria. Desde entonces tus pasos han sido firmes y has sabido sobreponerte a la adversidad. En el Señor encontrabas respuesta a tus muchas dudas existenciales. Llegaste a Él desposeída de bienes materiales y vuelves cada tarde a su presencia para enriquecer tu espíritu.

Dos amores encontraste en la vida: tu fiel esposo, compañero inseparable de tus días y Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, Tu Dios misericordioso que nunca te falta. Has cumplido a rajatabla tu promesa en el Altar “en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad”. Has dado un paso más al frente e incluso ni la muerte ha logrado separaros por completo. El hábito que llevas pegado a tu piel es fiel compañero del negro ruan con el que amortajaron el cuerpo de tu marido.

Hablas al Señor con espontaneidad, como una hija habla a su padre. Le nombras a tu marido conjugando el tiempo presente. Sabes perfectamente que tu esposo se encuentra junto al que Todo lo puede, no buscas consuelos vanos e innecesarios, confías en el Gran Poder. Él nunca te mentiría, en sus labios puedes leer las últimas palabras de tu compañero cuando con lágrimas y pulso firme se despedía de ti. Se marchó con una sonrisa, empezaba a divisar un oscuro túnel y al final del mismo una mirada conocida. El Señor de Sevilla lo esperaba como cada tarde primaveral de San Lorenzo. Caminaba hacia la Luz de Dios en silencio y muy despacio. Fueron esos mismos vencejos que despiertan en el amanecer del Viernes Santo para recibir al Dios de Sevilla, quienes le anunciaban la llegada a la otra Plaza. Él te espera sentando en un banco junto a un árbol y tú sueñas con ese día en el que vuestras vidas se reencuentren en el Cielo, con el mismo DIOS por testigo.

Eres admirable, como admirables son todas las abuelas que como tú siguen al Señor de Sevilla durante siete horas en hermosa noche de Luna llena. Desconoces si esta próxima Madrugá estarás asomada al balcón de las añoranzas para ver pasar al Gran Poder. El Señor pasará por tu acera y te pedirá que le sigas. Querida mía, volverás a ser niña grande de San Lorenzo y no dudarás en seguir sus pasos desde el zaguán de tu casa hasta el Calvario. De calvarios y amarguras entiendes más que nadie y como nadie conoces del amor de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.

En estos días de Cuaresma sientes añoranzas. Recuerdas a tu madre, siempre vestida con el hábito de promesa al Señor, cada vez que le hablabas del Nazareno de San Lorenzo empezaba a llorar. Ahora eres tú quien no puedes contener el llanto al escuchar los más bellos versos de amor conjugados en dos palabras, dos palabras penetrantes, rotundas y llenas de ternura: Gran Poder.

El Señor te espera al otro lado de la Plaza para recibirte y unir de nuevo tus manos con las de tu marido. Hábito morado y negro ruan volverán a fundirse y en vuestras manos teñidas de cisco se adivinarán las alianzas que formalizaron vuestro amor de abnegados esposos e inseparables compañeros.

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Comentado por CHE (Maria Jose Cejudo) en marzo 21, 2010 a 11:28am
Me has hecho llorar acordandome de mi abuela, la que me enseño a amar a mi Esperanza, pero sobre todo de mi otra abuela, debota de su Cachorro porque nacio y vivio junto a El y del Gran Poder. Hace muchos años que lleva el cordon de El en su cintura por la salud de mi abuelo y ahora el se va poquito a poco sin que ella lo sepa, pues no se le ha querido decir nada, con que suframos nosotros es bastante. Gracias por este homenaje que has hecho a todas esas mujeres, de verdad que es precioso.
Comentado por JOSE ANTONIO en marzo 19, 2010 a 8:42pm
Eres un genio escribiendo y si encima escribes sobre El, pues pa que contarte, a mi me llega al alma. Un abrazo
Comentado por ENCARNACIÓN CASTRO DÍAZ en marzo 17, 2010 a 11:46pm
Como bien dice mi prima Conchita, te escribo emocionada porque con ella tuve la suerte de compartir una abuela de las que te deja huella toda la vida. Yo tuve la suerte de vivir a su lado los primeros 17 años de mi vida y siempre la vi con su habito, ya formaba parte de ella y con el se fue un Agosto lejano a visitar al "Seño" como ella decia, solo que esa vez fue sola, a esa visita no la acompañe yo, creo que fue a la unica a la que no me llevo, como c ada viernes del año a rezarle, mientras yo le preguntaba que cuando ibamos a besarle el pie. No puedo hablar de ella sin que se me nuble la vista. Mi abuela fue el mejor regalo que Dios me pudo dar en mi infancia.
Mi mayor ilusion seria que mis 3 nietos me recordaran con el mismo cariño.
Un abrazo y gracias por tus palabras.
Comentado por Jose M en marzo 15, 2010 a 3:29pm
Tras pasar un dia en esa maravillosa tierra, he leido dsfrutado y me he emocionado con este precioso texto, en el que expresas los sentimientos de tantas personas mayores hacia el Señor de Sevilla. Muchas gracias por tantas cosas buenas como nos dejas, un abrazo
Comentado por Conchita D. -Triana- en marzo 14, 2010 a 9:25pm
Hasta hoy no he tenido tiempo de leer esta entrada tan enternecedora y, emocionada te escribo este comentario, pues mientras leía iba viniendo a mi memoria recuerdos de mi abuela, mi querida abuela, con su hábito del Gran Poder desde siempre hasta su partida con él puesto, y sus ininterrumpidas visitas al Señor todos los viernes.
Un fuerte abrazo desde Triana.
Comentado por MonteSanLorenzo en marzo 13, 2010 a 8:44pm
Me gusta mucho todo lo que escribes. Esto es enternecedor. Saludos.
Comentado por TRIANERO DE LA CAVA en marzo 13, 2010 a 11:36am
¿Para cuando un libro de relatos? CARTAS DESDE EL CORAZÓN sería un buen título, ahí queda eso. Nos vemos en el portal.
Comentado por RAFAEL en marzo 13, 2010 a 10:46am
jordi amigo mio has hecho que se me pongan los vellos de punta al recordar a la gente que me falta y a mi abuela que me enseño la cara de mis mercedes con 5 años y desde entonces sigo con ella.
en una sola palabra "magnifico" relato amigo jordi.
un saludo
Comentado por Luis Manuel Jiménez en marzo 13, 2010 a 10:37am
Sublime, apoteosico, entrañable. De nuevo has conseguido que los que te leemos sintamos ese divino nudo en la garganta. Un abrazo amigo.

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