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El compositor David Hurtado estrenará en la próxima cuaresma una obra titulada Esperanza Eterna dedicada a la Santísima Virgen de las Esperanza Macarena para conmemorar su reposición al culto hace 75 años en la Iglesia de la Anunciación. La iniciativa partió de los devotos que quieren alabar a la Virgen con una petalada la próxima semana santa, de manera que la Virgen reciba dos ofrendas de agradecimiento: la perecedera de unas flores y la permanente de la música. La obra de David Hurtado se caracteriza por su personalidad y por su alta calidad. Con esta obra, además, demuestra su generosidad, su entrega a Sevilla y su amor por la Virgen de la Esperanza. Desde siempre nuestro pueblo ha sellado los acontecimientos más señalados de la vida con la música. La música eleva el alma, aviva la fe y proclama la alegría. La obra de David Hurtado es precisamente eso: la descripción del triunfo de la Esperanza sobre cualquier sombra, oscuridad o pena. Si hace 75 años el rostro simpar de la Macarena estuvo en peligro, hoy se quiere conmemorar con la universalidad de la música que ese rostro sigue siendo la fragua más hermosa en la que personas de todas las partes del mundo depositan sus anhelos, pensamientos y deseos. Los devotos de la Virgen quieren mostrar públicamente a David Hurtado su reconocimiento por haber puesto su arte a las plantas de la Santísima Virgen.



Esperanza Eterna
Música de David Hurtado para la Macarena


Y ¿quién os hará mal si os afanáis por el bien? Mas, aunque sufrierais a causa de la justicia, dichosos de vosotros. No les tengáis ningún miedo ni os turbéis. Al contrario, dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza. Pero hacedlo con dulzura y respeto. Mantened una buena conciencia, para que aquello mismo que os echen en cara, sirva de confusión a quienes critiquen vuestra buena conducta en Cristo. Pues más vale padecer por obrar el bien, si esa es la voluntad de Dios, que por obrar mal (1Pe 3,13-7). Estas palabras del apóstol deben resonar con fuerza en el corazón de todo creyente. Con dulzura debemos contar y proclamar la razón de nuestra Esperanza. Sin miedo ni turbación hay que decir lo que no podemos callar porque el corazón nos rebosa de amor por Ella. Y no olvidemos que ese amor nos devuelve la imagen y la semejanza con Dios, que es precisamente eso, amor: Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor (1Jn 4,8). San Agustín lo dirá también de manera contundente: ves la Trinidad si ves el amor (Trin. VIII 8,12). La fuente de la Esperanza es el amor que nos hace incansables en la búsqueda del bien, en la constancia y en la coherencia con la fe y, desde luego, en el perdón de nuestras flaquezas y las de los demás. Tiene razón David Hurtado cuando dice que ha compuesto su leyenda sinfónica no para marchar sino para creer. Por eso su Esperanza es eterna, porque se sitúa en lo vital y en lo antropológico, en el tú-a-tú, en el presente que no tiene atardecer porque es en el aquí y ahora donde realmente vivimos y convivimos. En ese presente es en donde hay que ser servicial, no envidioso, decoroso, no engreído, y para ello el hombre cuenta con la Esperanza que brota de saberse amado por Dios. Pablo dice que lo eterno es el amor (1Cor 13,8) porque cuando el hombre alcance la plenitud del conocimiento de Dios habrá pasado de experimentar el amor a estar en el amor, y entonces no hará falta la esperanza porque el futuro y el tiempo habrán caducado en el presente de la contemplación de Dios. Pero aquí, en el mundo, donde el hombre se acerca a la fuente del amor a través de un espejo y de enigmas (1Cor 13,12), la Esperanza es, ciertamente, eterna, porque nos mantiene vigilantes en este tránsito de aprendizaje. La Esperanza da sentido a la donación del amor, edifica en el alma un baluarte de honestidad y libera nuestra conducta de motivaciones banales. La Esperanza mientras estamos en esta vida es eterna porque brota de la bondad y la misericordia infinitas de Dios. La Esperanza es el umbral de lo nuevo, la semilla de lo que encontraremos y el ancla que nos arraiga en la fidelidad. Quien tallara la imagen de la Esperanza Macarena quiso reflejar en su rostro esta perennidad de la espera que no se turba porque el grano de trigo muera (Jn 12,24). El rostro bendito de la Macarena es un espejo que, al mirarlo, nos devuelve nuestra imagen transformada en la seguridad de que en Cristo se han cumplido todas las promesas de Dios (2Cor 1,20s). La Macarena transparenta inequívocamente que la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rom 5,5). En este sentido la esperanza no es sólo una garantía de la plenitud del amor futuro, sino también una certeza de la presencia actual de ese amor en nuestro corazón. Tiene razón Rafael Mejías cuando dice que todos hemos de oír en uno u otro momento de nuestra vida una sentencia pero que, tras la Sentencia, está la Esperanza que confirma que ningún dolor es eterno y que incluso en el vaciamiento de la tribulación brilla la plenitud del amor.
David Hurtado ha escrito una leyenda sinfónica que podría llamarse teología sinfónica. Por eso afirma que su composición está hecha para creer. En efecto, está escrita para creer que el presente es una oportunidad de amar y para mostrar que la resurrección no es una promesa sino una realidad que nos colma y nos renueva. La música de David Hurtado no sitúa a la Esperanza en el sueño de un mundo que está por venir. Su Esperanza no es una proyección; es un escalofrío que cala el corazón para servir de energía (1Ts 1,3). Las notas de Esperanza Eterna nos animan a mirar activamente el rostro de la Macarena. En presencia de la Virgen no cabe una actitud pasiva de esperar a que nuestra vida y nuestras circunstancias cambien por efecto de alguna actividad mágica. La música de David Hurtado describe que la Esperanza es peregrinación activa, firmeza para vivir lo nuevo y valentía para recomenzar nuestro tránsito cuantas veces sea necesario (1Ts 4,13-8). Esta Esperanza no es ajena a los dolores del parto (Rom 8,18-25). Cuando algo nace, el cuerpo y el alma gimen y sufren, pero la Esperanza nos sitúa en el brillo, la sonrisa y la luz de lo nacido. Espera el que es capaz de descubrir en su interior razones para nacer de nuevo. La Virgen de la Esperanza quiso dejarnos un testimonio de esta verdad en su propio volver-a-la-vida. Con docilidad permitió ser trasladada de un hogar a otro; como señal de perdón consintió en seguir siendo el icono más perfecto de la esperanza. Ahora David Hurtado forja una filigrana musical para, más allá del intelecto, rociar el sentimiento con la certeza y la seguridad de que hay una Esperanza que es eterna, porque arranca del amor eterno (Rom 4, 18). La Esperanza es el amor (Rm 15,13; Col 1,21ss; 1Tim 1,1; Tit 2,13; 3,7).

En la Esperanza nuestra fuerza,
nuestra alegría y nuestra luz;
En la Esperanza la misericordia,
la paz, la gracia y la justicia;
en la Esperanza la belleza,
la piedad, la sencillez y la gloria.
La Esperanza deseca el miedo,
aventa el desánimo y la culpa,
marchita la soberbia y la ira,
siembra el rocío y la bonanza.



Música para la Macarena
A David Hurtado

Antiguos filósofos hablaban de la música de los astros; algunos poetas recreaban la música de los cuerpos que se aman; los místicos tratan de explicar la inefabilidad de su experiencia con el sonido del balbuceo; los padres aúpan a sus hijos con las manos para sentir el clamor de su sonrisa. La música rebosa en el corazón del ser humano. La música es el pecio que el hombre encuentra cuando naufraga y el mosaico que deja en el alma la propia vida: vivir es oír y oír es hacer tangible lo que está más allá de lo visible. La emoción, la intuición, el deseo, la propia fe suenan en nuestro interior para que podamos sentirlas. Se diría que Dios nos dejó la música como prenda y recuerdo del bisbiseo de los árboles del paraíso. La música es el vestigio de lo fuimos, la antorcha de lo que queremos ser, la compañera de lo que somos. No pisamos el suelo sin que brote la música, no parpadeamos sin música, no hay cicatriz sin música, no hay honra ni incienso sin música. La música se despliega en la vida del hombre como un oráculo que conduce al zaguán de lo sagrado. Por eso cuando el rey David construyó un lugar definitivo para alojar el arca de la alianza, ordenó organizar a los cantores de sus familias [de los levitas] para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos (1Cr 15,16). Lo mismo hará el sabio Salomón en el momento de dedicar el templo: Los sacerdotes oficiaban de pie, mientras los levitas cantaban al Señor con los instrumentos que había hecho el rey David para alabar y dar gracias al Señor, porque es eterna su misericordia (2Cr 7,6).
Estas palabras resumen el propósito de los devotos de la Virgen de la Esperanza que quieren alabar y dar gracias al Señor tanto con la delicadeza y sencillez de unas flores como con la elevación de la música. La música consagra la alabanza y la convierte en peña, fuerte y baluarte. La música eterniza lo sencillo y afirma los propósitos más nobles. Cuando las palabras han de callar en el diálogo que cada ser entabla con lo trascendente, la música construye un puente sutil con todo lo que nos supera. Por ello los israelitas, mudos ante la mano de Dios que los liberó de la esclavitud de Egipto, alabaron a Dios con cantos y danzas (Ex. 15,1-21). El rey David instituirá un ministerio musical dentro de los levitas (1Cr 15,16-24; 16, 4ss; 16,37; 16,39-42; 2Cr 8,11). La Biblia llega a hablar de un coro profesional de 4000 músicos a los que David encomendó la alabanza de Dios (1Cr 23,5).
Por eso nuestro pueblo canta para alabar, agradecer o pedir perdón. David Hurtado es un eslabón en esta tradición sagrada y con su maestría se ha convertido en un profeta de la Esperanza. Su música describe la incontenible historia de la devoción macarena que se hace luz en los momentos de oscuridad. No celebramos el triunfo sobre nada ni sobre nadie, sino la permanencia de la Esperanza, la eternidad de una devoción que resucita cada día en el corazón de todos lo que no pueden prescindir de la mirada de la Macarena. David Hurtado es desde ahora el salmista de los que emprenden cada día la vida sin rencor, de los que no necesitan amuletos para percibir la providencia, de los que maduran cobijados en el silencio, de los ungidos que sólo pueden vivir para Dios. El próximo viernes santo el aroma del nardo caerá a las plantas de la Virgen de la Esperanza y con corazón agradecido cantaremos a Dios salmos, himnos y cantos inspirados (Col 3,16). Tu música, David, llenará de gloria las calles de Sevilla convertida en un templo la noche del viernes santo. Que la Esperanza sea tu fortaleza (Is 30,15), que la sensatez y la prudencia te protejan, que la inteligencia y la rectitud coronen tu obra y que el saber de tu corazón rebose siempre en tus partituras. Gracias, David, de parte de estos devotos de la Virgen de la Esperanza.



Más información :

http://petaladamacarena2012.blogspot.com/



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Comentado por Francisco A. Mazuecos. en enero 26, 2012 a 12:26am

Gracias MiguelAngel por traermos esta informacion sobre esta nueva marcha procesional dedicada a la ESPERANZA MACARENA, el blog es magnifico muy buen trabajo, saludos....

Comentado por BELLA ROSA DE SAN GIL en enero 25, 2012 a 2:40pm

Gracias por traerlo Miguel,he tenido la oportunidad de escuchar la marcha aunque solo a piano y es espectacular y maravillosa como se merece la  MADRE DE LOS MACARENOS Y ESPERANZA ETERNA DE   SEVILLA!Besos

No recuerdo el nombre del autor de tan precioso montaje)

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