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Todo aquel buen cofrade sabe por experiencia propia que La Madrugá ya no es lo que era, que es incluso peligrosa. Desde el año 2000 y aquellas famosas "carreritas", que a día de hoy siguen sin esclarecerse, La Madrugá ha ido perdiendo afluencia de público cofrade. La mayoría de las personas prefieren aprovechar todas las horas posibles del Jueves Santo, descansar y salir con la amanecida en busca de las hdades de capa o la entrada de el Gran Poder, horas en las que la fauna que se ha instaurado en las calles de la ciudad ya ha desaparecido.

Y es que la desaparición progresiva del cofrade en La Madrugá ha dado paso a un libertinaje de chavalería que no ha visto una cofradía en su vida y que ve una ocasión magnífica para hacer botellón en cualquier rincón de la ciudad. Con las fuerzas del orden afanándose en el discurrir de las cofradías y su seguridad en todo momento, hemos dejado de lado las aglomeraciones que CADA AÑO se dan de jóvenes, y no tan jóvenes, que acampan literalmente en las zonas más concurridas de la Semana Santa: veasé El Salvador, El Postigo, Reyes Católicos, la Plaza del Triunfo... ¿Os suena de algo? Esta práctica no es algo específico de esta pasada Madrugá, si no que se viene repitiendo desde hace ya varios años y que viene de la mano de la anteriormente citada desaparición del cofrade de la que dicen es la noche más hermosa de Sevilla.

Todo aquel que no ve La Madrugá en las redifusiones de El Correo TV sabe perfectamente que TODOS los años se dan casos de tensión, peleas, algunos griteríos, jóvenes tirados por la calle y algún que otro trio o cuarteto de una chusma inclasificable que te hace cambiar de acera y pensar "¿A donde irán esos?, pero nunca como lo pasado esta ocasión. A esta vez hay que sumarle el terrible miedo interno a un posible atentado yihadista que nos han metido en vena día sí y día también en todos los informativos, las cadenas por Whatsapp, los bulos, el pánico. Aquello era un caldo de cultivo perfecto para todo lo que pasó. La mecha estaba perfectamente colocada y solo hacía falta encenderla: Un petardo, una voz gritando, alguien corriendo y todo seguiría solo como un río que sigue su cauce. Era inevitable.

El pánico general fue desmedido para lo que realmente pasó. Solo se conoce una pelea en la calle Arfe a eso de las 4AM, pero antes ya hubo otros momentos de tensión en la zona del Salvador o Cuna. ¿Solo un par de personas corriendo o haciendo ruidos con varas de hierro pudieron movilizar asi a toda la ciudad? Es raro cuanto menos, pero como hemos dicho antes, el público que se congregaba en las calles de Sevilla a esas horas incitaba a ello.

Jóvenes que llevaban varias macetas encima, personas que no habían salido en toda la Semana Santa a ver cofradías, el tipo de gente que arrastran las cofradías de capa de La Madrugá, en general, cofrades de 2 horas, llevados al centro por el "postureo" y la libertad de poder plantar una mesa en la calle Pureza como si aquello fuera la playa de Chipiona o de pasarse horas y horas sentados en el Postigo tapando uno de los lugares claves de tránsito y movimiento de la Semana Santa. Porque no olvidemos una cosa: Todo lo que ocurrió, pasó en determinados puntos de la ciudad que son INDISPENSABLES para que las personas puedan ir de un lugar a otro, de una cofradía a otra.

¿Qué quiero decir con ésto? Está claro que la "fauna" que reina en La Madrugá en los últimos años es en parte causante y propagadora del pánico sufrido aquella noche, pero mucha culpa también tienen las "comodidades" que se están instaurando en la Semana Santa y con las que hay que lidiar todos los días. El uso desmedido de las sillitas, las acampadas de personas taponando bocacalles enteras, gente tirada en el suelo esperando a que una cofradía pase por allí dentro de 3 horas son un cáncer para la Semana Santa. Está claro que la Semana Grande siempre se ha diferenciado entre los que ven pasos y los que se tragan las cofradías, pero se nos ha ido de las manos.

Es por ello que necesitamos recuperar La Madrugá. Que los cofrades de verdad se sientan seguros y capacitados a la hora de decidir si salir a las primeras horas de la madrugada y disfrutar con el discurrir de las cofradías cuando el Sol todavía ni se antoja por el horizonte. Es por ello que nos equivocamos si pensamos que las medidas deben ser de seguridad para con las cofradías y sus nazarenos, sino que deben ser de ataque contra aquellos que se han instaurado en las calles. Controlar la botellona como en cualquier día de Fería, aforar puntos clave de paso (Salvador, Postigo...) aunque nos duela, pero la masificación de personas y el encontronazo del que está esperando la cofradía y el que quiere o debe pasar por ahí provoca situaciones incómodas e innecesarias. Así como impedir el uso desmedido de las sillitas, pero con mano firme, porque ya hemos visto de que sirven los carteles de prohibición.

En el momento que todo aquel que "salga por salir" a la calle prefiera quedarse en casa, habremos ganado una batalla clave en esta lacra que se está instaurado en la Semana Santa. Está claro que salir a ver cofradías es gratis y todo el mundo puede hacerlo, pero se debe recuperar el público cofrade que hay cualquier otro día de la Semana Santa para la noche de La Madrugá, porque una cosa es clara: Si el 100% de las personas que estuvieron en la calle la pasada madrugada del Viernes Santo fueran las que podemos ver por la calle un Lunes, Martes o Jueves Santo, por ejemplo, nada de ésto hubiera pasado. O no con tanta fuerza.

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