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Papá, ¿de dónde vienen los Reyes Magos?

Todas las Navidades con la misma cantinela: Papá, papá, ¿cuánto falta para que vengan los Reyes Magos?.  Una y otra vez.  Y uno algunas veces no sabe cómo decirle que por la tarde faltan los mismos días que a mediodía y que por la mañana, que sólo cambian las fechas cuando uno se acuesta.  Craso error!, al levantarse de la siesta pregunta: ¿ya sólo faltan seis?...

 

Los Reyes Magos es la fiesta de los niños, eso ya lo sabemos todos, pero sólo los que tenemos hijos sabemos hasta qué punto.  Para ellos la Navidad no es más que una pequeña cuaresma que va delante del Domingo de Ramos de Cabalgata.  El escalofrío que nos recorre a los adultos el día en que nos imponen la ceniza o que vamos a ver el primer traslado, el primer viacrucis, es el que les entra a ellos al ver el primer paje real en centro comercial.  En realidad son situaciones paralelas en padres y en niños.  En Marzo se despierta uno cada día y piensa: ya quedan 15 días para el Domingo, en Diciembre se despiertan ellos y a falta de cálculo mental hacen la manida pregunta a su padre.

 

Y por fin, al despertar, uno puede decirles: 

-Niños!, hoy es 4 de enero, hoy podremos por fin echar las cartas al Heraldo.

Los ojos pegados se convierten en dos estrellas como si fueran guías de magos y las bocas son medias lunas de Oriente.  Ya ha llegado  a casa una fiesta que no acabará hasta abrir el último paquete, hasta que se apagen por el cansancio del día 6 esas estrellas brillantes.  Por la tarde nos dirigimos a ver al Heraldo.  En lo que ellos es sólo esperanza (de nuevo curioso, igual que en Semana Santa, toda ella esperando la Esperanza), en los adultos se descubren los fallos organizativos, demasiado público para tan poco recorrido.  Cuando esta tradición empezó íbamos cuatro gatos, pero ya se ha hecho eso, tradición de Sevilla.  Los niños ya no echan las cartas al buzón de Correos, ni al de El Corte Inglés, los niños ya esperan entregar las cartas al Heraldo, que aunque sea sólo un día antes, les llega directamente y sin intermediarios a los Reyes.  Las aglomeraciones son demasiadas, pero todo vale por ver esas caras.  Al terminar de ver el corto pero intenso cortejo y tras el aviso de irnos a casa que mañana salen los Reyes Magos aparece una nueva pregunta: 

-Papá, papá, ¿y de dónde vienen los Reyes Magos?

-De Oriente, hija, de Oriente.

 

Ya es 5.  El día tan esperado por todos, sí sabemos que los regalos vendrán mañana, pero hoy veremos a los Reyes Magos.  La mañana muy intensa, las preguntas son continuas, ya no sabría centrarlas en una sola.  Los nervios, las risas flojas, la alegría, la ilusión, la esperanza (de nuevo) están a flor de piel.  Están deseando ver algún beduino cual Domingo de Ramos nazareno de la Paz.  Se acerca la hora, nos dirigimos a verla lo antes posible, no hay paciencia, no hay espera, ya no pueden soportarlo, quieren verla ahora.  ¡Cómo me recuerdan a su padre en la Madrugada!, que no puedo esperar a ver la Esperanza.  La Esperanza no tiene espera, aunque cuando llega: espera, espera, vamos a ver un poquito más a la Esperanza. 

 

Nos plantamos en los Jardines de Murillo.  Demasiado temprano, pero no queremos echar raíces, así que alargamos por el Paseo Catalina de Ribera y buscamos un buen sitio.  Ya colocados en primera fila vuelven las preguntas, los nervios, vuelve la esperanza.  De nuevo vuelve el origen oriental de los Magos, si la mirarán, si puede saludarlos, si son los de verdad, si... Todo hasta que de fondo ya se empiezan a ver los beduinos y el Heraldo.  Ya no volví a ver a mi hija hasta la llegada de Melchor.  En ese momento me pide que la coja para verlo mejor.  Algo que se hacía imposible, porque la velocidad de la cabalgata este año te impedía ver las carrozas.  No era una cabalgata era un rallye, se ve que Alonso venía empujando desde el fondo.   Pero ella no paraba en eso, no entendía ni de las mismas carrozas de siempre, ni de que no diera tiempo de verlas por la excesiva velocidad, ni de lo pequeñas y catetas que son las carrozas, no, ella sólo entendía una cosa, Melchor iba arriba, y tenía que saludarlo.  No quería caramelos, sólo quería que la mirase un momento para darse cuenta que Melchor la había visto.

-Adios, Melchor, adioooooooooos.

-Muac, Melchor, muac.

Besos y saludos continuados para luego un triste: no me ha visto, igual no me trae nada.

 

Vuelta a empezar, me quedé de nuevo sin niña hasta llegar Gaspar y Baltasar.  Fue Gaspar el que la vio.  De nuevo aparecieron las estrellas y la luna de Oriente.  Mis ojos, bidriosos al verla tan feliz.  Y cuando termina todo, de camino para casa, me vuelve a preguntar con voz melancólica (sí esa melancolía que tiene el padre en la Madrugada después de verla):

 

-Papá, ¿desde Oriente hasta Sevilla hay mucha distancia?, estarán cansados, y ahora a repartir los regalos.

-Sí, hija, ¿te ha gustado?

-Mucho papá.  Es que son los Reyes Magos, no es cualquier cosa.

Mi hija me estaba dando una lección, me había llevado criticando la cabalgata los 34 minutos (contra la hora aproximada de otros años) que estuvimos viéndola pasar, que si las mismas carrozas de siempre, que si qué pequeñas son, que esto va tan rápido que no da tiempo a verlas, que si la velocidad es precisamente para que no las veamos, y mi hija en 5 segundos y con una sola frase me había tirado por tierra todas mis teorías.  Cuando uno va a ver a la Macarena da igual que salga en su paso con palio, sin palio o en andas, estando Ella, lo demás sobra.

 

Y llegó el día 6.  El fatídico día 6.  El día en que desde las 7 de la mañana están abriendo regalos hasta el atardecer.  Y ahora a casa de la abuela, y después de la tita Mari, y el tito que no falte que  nos está esperando. Un martirio para todo padre que se precie, pero que con resignación se hace año tras año.  Luego vendrá el dónde metemos esto, tu hermano no podía haber escrito una carta más chica?, esto guardalo que pone para 15 años y la niña tiene solo 6, y mas reproches de adultos de los que los niños no entienden.

 

En el recorrido recolector nos cruzamos con 3 cabalgatas del día 6.  Nunca me gustaron, siempre las vi como cabalgatas innecesarias.  Y además de innecesarias que les hacen flaco favor a los niños.  Las veo destinadas a los adultos que nunca serán Reyes Magos y que pese a todo quieren lucirse por un día, a todos los enchufados de los Distritos para darse importancia.  Es patético ver esos cortejos en los que hay más público en las carrozas que viéndolas pasar.  Tirando caramelos a nadie, porque no hay nada más ridículo que un Rey Mago tirando caramelos a la calle y que en ésta no haya nadie.  Es grotesco realmente.  Pero de nuevo mi hija, a mi oferta de bajarnos del coche para ver una de las cabalgatas, da en el clavo:

-No, papá, porque estos son de mentira, los Reyes Magos ya se han ido, y prefiero ir a casa de la tita a coger lo que allí me han dejado, que caramelos ya cogí ayer bastantes. No me gusta, y si los Reyes de verdad vienen de Oriente, éstos de dónde vienen, papá?

-Del Distrito, hija, del Distrito.

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Comentado por Francisco Parra González en enero 10, 2011 a 7:26pm
Mi hijo cuenta los dias... y me pregunta , papa tu crees que los reyes magos me trairan lo que les pedi?, y siempre le digo lo mismo, depende de como te portes... y un dia antes me dice este año eh cambiao el menu de los camellos! y yo le digo a si?, y me dice si! este año patatas fritas, tu crees que le gustara con sabor a jamon papa? yo de verdad que me lo como por que solo tiene 5 años y es un VIEJOOOOOOO de los que sabe... que nunca se pierda esa ilusuin, y esa inocencia, por cierto yo con su edad no sabia tanto jajajaja Saludos
Comentado por cornamusa cofrade en enero 10, 2011 a 9:25am

Sólo los niños, con esa inocencia pura actúan así.Felicidades.

Comentado por Juan Vajo en enero 10, 2011 a 7:55am
Gracias por los comentarios.
Comentado por Inma del Sol en enero 8, 2011 a 2:26pm
¿Se nos pone la misma cara de embobaos que se le pone a mi hija cuando ve los Reyes Magos? Posiblemente sí
Comentado por La Hachita de Zaqueo en enero 7, 2011 a 5:54pm

El dia 6 al mediodía en las calles de la Oliva había más caramelos que asfalto. O la gente estaba ya jartita de caramelos, o les dolían los brazos y los riñones, o es que no había gente para coger tantos caramelos.

Eso de que para los niños la Navidad y Año Nuevo es como la "pequeña cuaresma" de la Cabalgata de Reyes, es de una certidumbre y sagacidad infantil. El chico mío desde que le dieron las vacaciones ener colegio, todos los días nos preguntaba lo mismo: ¿Hoy salen los Reyes?  

 

Comentado por Siervo_de_Maria en enero 7, 2011 a 5:26pm
Comentado por Puentiferario en enero 7, 2011 a 5:04pm

Sigue repartiendo caramelos Rey Juan Vajo. Lanzándolos alto para que cuando caigan no duelan mucho. Dirigiéndolos en la dirección correcta, con la nobleza de un rey y la perspicacia de un mago.

"Domingo de Ramos de cabalgata..." estás sembrao Juan. 

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