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Por el camino más corto. En silencio. Con el antifaz echado y sin detenerme con nadie. Así volveré, como siempre, a desandar las calles de mi paso. Con la “papeleta de sitio” guardada en el corazón, las zapatillas negras de esparto, gastadas de caminar, y la túnica también negra. El antifaz sobre la cabeza cual anónimo nazareno. Unas manos de madre, me ayudaron a recoger la cola sobre el cíngulo, y una cruz de madera, con un cordón verde, cuelga de mi cuello. En mis manos, un viejo rosario. No necesito capirote, pues hace años que cambié la luz del cirio por la cruz de la penitencia. “Toma tu Cruz, y sígueme”. Alguien me llama. Me está esperando. Ya es la hora.
Por el camino más corto. En silencio. Con el antifaz echado y sin detenerme con nadie.
La Calle de la Cruz de Guía es calle de expectación. El interior del templo es corazón en penumbra, iluminado por los cuatro hachones del paso del Señor y la candelería que deja ver el rostro bello de la Madre de los Dolores. La visita al Sagrario y el encuentro con Dios, antes de emprender el camino. Las miradas y el rezo a las imágenes en sus pasos, y la espera.... espera precisa y exacta, antes de formar el cortejo. El tiempo se ha detenido. No existe el tiempo. El reloj de la vida da un vuelco al corazón. Otra vez soy aquel nazareno de los once años. Igual que ayer, igual que siempre.
Caminaré por la La Calle de la Cruz. Allí donde los primeros pasos son fuertes y seguros. El viejo rosario empieza a descontar sus cuentas entre los dedos, mientras los padrenuestros y los avemarías son gritos en el corazón, silenciados por el ambiente de recogimiento. Cada oración, lleva un nombre, un apellido, un rostro, una mirada, un dolor... Calle estrecha del amor, calle larga del recuerdo, calle fría del dolor.
Seguiré por la Calle del Corazón. La calle de las ausencias que se clavan en el alma. Calle de los recuerdos, calle del ayer, calle del niño de los once años. Calle que ya no es la misma. La Calle del Corazón, ahora es calle de la tristeza. Mi calle ya no es mi calle, ya no es la calle del niño, que no hay consuelo en el valle porque se le fue el cariño. Ahora la calle está en calma, calle de desolación porque falta un corazón que siempre estará en el alma. Queda una huella vacía en la calle del cariño, ay, quien volviera a ser niño, y a la calle la alegría....
La Calle del corazón es la calle que más quiero, donde mis pasos primeros fueron calle de ilusión. Ahora es calle de oración, porque duelen las ausencias... pero el niño, en su pasión,
con su cruz de penitencia busca siempre en la querencia su Calle del Corazón.
De la Calle del Amor pasaré a la Calle de la Saeta... de la Calle de las Lágrimas a la Calle de la Amargura... y la Calle de la Muerte me llevará a la Cruz del Humilladero... así, siempre detrás de Ti, Señor, volveré a recorrer las calles de mi paso, cargando con la cruz de mi vida.

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Comentado por MANUEL AMOSCOTEGUI PAGUILLO en abril 4, 2009 a 6:59pm
Me he emocionado al ir desgranando tu escrito, porque me ha recordado mi niñez y mis semanas santas, tiempo a, me he sentio reflejado en tu escrito, Gracias por recordarmelo, . Que tengas una feliz Semana Santa y una Pascua de Resurección como te mereces. Enhora buena y Feliz penitencia, gracias.

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