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PREGÓN OFICIAL SEMANA SANTA LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN

PREGÓN OFICIAL DE LA SEMANA SANTA

José David Muñoz Oliva

21 DE MARZO 2010

SALÓN DE ACTOS DEL COLEGIO SAN JUAN BOSCO

LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN

 

A mi barrio...

 

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA 2010

LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN

 

JOSÉ DAVID MUÑOZ OLIVA

 

PRESENTACIÓN Y SALUDA

 

         Dios te salve La Línea, una nueva Primavera, llamando está a tus puertas, ve, ábrele, y dile que pase, dile que pase y que se acomode. Que comience derramando los primeros rayos de su sol valiente, por las playas de la Atunara, San Bernardo y el Castillo.

         Se que ansias la primavera como el niño el abrazo de su madre. Jocosa chiquilla bronceada a los soles de dos mares que quieres despertar de los temporales del Invierno.

 

         Ya presientes el balanceo de brisas y palmeras por la Avenida del Ejército hasta Bellavista y San Felipe. Dios te salve La Línea, regala tus flores a Los Junquillos, a la Colonia, y San José, deja que pasen tus primaveras.

         Regálanos una blancura de luz como la que besa San Pedro. Pasa primavera y endulza el lamento que anuncia una corneta por salesianos. Por Menéndez Pelayo, el oro de largas palmas reciben a un Cristo triunfante que más tarde sería flagelado.

 

         Una rama de olivo en Los Rosales se retuerce de ver a su Dios orando. El sueño primaveral del pueblo, quedará eclipsado en la Avenida de la Banqueta, por la sangre derramada en la flagelación. La calle Jardines, verá desfilar un reo nazareno, seguido por todo el pueblo pidiendo que lo suelte, que ese hombre, al que llaman

Medinaceli, es inocente de culpa.

         Llegará hasta Sacra, y en la capilla de San Felipe cargará con la cruz. Un tal Simón de Cirene lo ayudará en Méndez Núñez, y aunque una mujer de San Pedro le enjugue el rostro, caerá sin fuerzas por sus estrechas calles diciendo que ya no puede más.

 

         En el Calvario del Junquillo será crucificado, tendrá sed por Magallanes, morirá en la calle Canarias y por la calle Ángel San Juan dará consuelo a su bendita madre. De su cruz de Misericordias será descendido para buscar sepulcro en la Plaza de la Iglesia.

 

         Dios te salve La Línea, porque el florecer de tus orillas enlutará en hábitos de nazarenos. Llega a ti la Semana Santa, y una vez más se repite el rito de la redención del mundo.

 

         Otra vez un redoble de tabor nos acelerará el paso,

para poder ver la cofradía que trascurren por las esquinas.

         Una vez más el encaje negro velará la belleza de nuestras mujeres.

         Una vez mas las saetas se lanzarán como dardos clavándose en puñales de dolorosas.

 

         Dios te salve Línea, que te haces Jerusalén pasional, que el mismo Dios viene a derramar su sangre por tus calles. Y su madre, su madre quebrantada lo verá pasar silenciosa escondida desde un portal o zaguán.

 

         Dios te salve La Línea que en una nube de incienso, elevarás tus oraciones de llantos y quebrantos a tu Dios Nazareno.

         Llega a ti Semana Santa, y los cimientos de tu nombre tiemblan con el redoble de un tambor.

         Llega, a ti la Primavera, rompe a llorar el azahar, los crisoles de las penas ya no dan abasto. La penumbra de una vela se derrama por

las calles, la noche se impregna de las mecidas de tu palio, mi barrio se estremece al sentir sobre el tu mano. Cristo cae por San Pedro, bajo el peso de la cruz. la gracia nos baja del cielo hecha Fuente de Salud.

 

         Rvdo. Padre Arcipreste, Rvdo. Director Espiritual del Consejo, Rvdo. Director Salesiano y comunidad salesiana que nos acogen. Excmo. Alcalde. Sr. Presidente del Consejo Local, Familia, Amigos, Hermanos Cofrades y Dignísimas autoridades. Hermanas y hermanos todos.

 

         Muchos de los que aquí presentes os encontráis me conocéis, algunos más que otros, y muchos simplemente, no me conocen de nada.

         En primer lugar, agradezco a la mesa del consejo, esta asignación de pregonero, que de forma tan sorpresiva me llegaba a mediados de Septiembre. Gracias por vuestro apoyo y confianza en este, que solo había pregonado a su Señora de San Pedro.

 

         Quiero agradecer tus palabras Inmaculada. Sabes que pensé en varias personas para poder presentarme en este acto, finalmente, me decliné y con acierto por ti. Por ti, porque con tu cargo, tu presencia y tu palabra, representas a mi parroquia, mi cofradía y mi barrio. Porque eres de las personas que creo, que muchos deberíamos aprender.          Constancia, esfuerzo y anhelo por las cosas bien hechas, colocan a tu cofradía, nuestra cofradía, en el lugar que hoy todos la disfrutamos.    

         Que la Reina de San Pedro, te guarde siempre, y derrame su

Salud sobre tus seres queridos. Gracias Inma, gracias hermana mayor.

 

         Humildemente vengo ante todos a presentar mi pregón, y cuando digo “mi pregón”, no lo digo con prepotencia y ni propiedad, sino para dar el calificativo de personal a lo que voy a relatarles.

 

         Parrafeando el título de aquella legendaria película, vengo a  pregonarles “La historia de amor más bella jamás contada”

         Todo visto desde mi prisma, desde mi vivencia.

         Podría indagar en la historia, investigar y sacar a relucir personajes y acontecimientos que se han sucedido a lo largo del poco más de siglo de nuestras hermandades, pero ese, ese no sería mi pregón.

         De la mejor fuente que es la que nos ofrece la propia vida, intentaré regalarle a mi pueblo el anuncio del mayor acontecimiento que haya ocurrido en la Tierra.

         Desde un barrio, desde mi barrio de San Pedro, traigo mis palabras para anunciar a La Línea que su semana mayor ha llegado.

 

         No solo vengo a pregonarles como se abren las puertas de un templo, ni como sufre un cuello de un costalero en las “levantás”. No solo vengo a decir guapa a una Virgen, y ni si quiera a quebrarme con el dolor de un costado traspasado.

         No solo vengo a pregonar una Semana de cirios, incienso y cornetas, esto es algo mas grande aún.

         Quiero pregonar una Semana Santa que llegue a todos, no solo a los cofrades, sino también a los que no lo son, incluso a los que no comparten nuestras creencias.

         Nuestra fe conmemora el abrazo que Dios da a la creación por medio de la Cruz. Dios busca al hombre para salvarlo. Realidad teológica y patente, que en Andalucía la vivimos así.

 

ESTRELLA DE ALEGRIA

 

         Ya todo está dispuesto, dentro de una semana, el sol llamará a nuestra ventana, es la mañana del Domingo de Ramos. Los niños ilusionados, van contando minuto a minuto las horas que faltan para la tarde, para la llegada de la “Borriquita”

 

Tras la Misa de Olivos, un ajetreo de ir y venir de zapatos nuevos,

van visitando las sedes canónicas donde Cristo y su Bendita Madre, esperan sobre sus pasos. Se acerca el momento, la primera cruz de guía sale a la calle.

         Cristo se abre paso entre multitudes por las puertas de Jerusalén, montando una humilde “Borriquilla”.

         No quiso Dios carruajes ni corcel para su entrada en la ciudad que le enjuiciaría y condenaría a la muerte. Los apóstoles, le abren camino para poder pasar entre las palmas y olivos.

         Y su madre, su madre en la distancia, no separa la mirada de su hijo.

Alegría de María, ¿en qué espejos te miraras?

Que a La Línea no la engañas, que sabemos

que en tus ojos y a una lágrima asomaba.

Un Hosanna y otro Hosanna, vas guardándolo en tu alma, sabiendo tú de los llantos, que muy pronto te aguardaban.

 

Ay María tú que eres madre,

vete a su encuentro a buscarlo,

tu María que eres Auxilio,

 no esperes el canto del gallo.

 

 

 

Sal sin miedo Señora,

que un rosal se hará tu manto,

de palmas labraremos varales,

y de olivos bordaremos tu palio.

 

Sal sin miedo Señora,

Tras tu hijo a buscarlo,

Antes de que el látigo hiera,

 y del verlo coronado.

 

Antes de que llegue la pena,

y tu sonrisa torne en llanto,

sal sin miedo Alegría,

por Jerusalén a buscarlo.

 

Para que no sienta el miedo,

cuando se vea ultrajado,

para que tenga a su madre,

cerquita, cerquita a su lado.

 

Para que te vea de cerca,

para que sienta tu abrazo,

sal si miedo Alegría,

 ¡Por La Línea ve buscarlo!.

 

 

         La Alegría que nos viene de las manos de los triunfales niños de Salesianos, va entristeciéndose al caer la tarde.

 

         ¡Cuanta sangre se derrama, Señor, por tu divina figura!,¿ por qué te azotan maestro?

         Tu cuerpo es entero como una llaga, apenas te aguantas en pie, y las torturas, solo han comenzado. Te escupen, se mofan, se ríen.

 

         En cambio tu, tu no abres la boca para defenderte.

         Ya el profeta Isaías vaticinó:“Y con todo eran nuestras dolencias las que Él llevaba, nuestros dolores los que Él soportaba. Fue oprimido y se humilló y no abrió la boca, como cordero al degüello era llevado”.(Isaías 53)

 

         Tal sería tu aspecto, que era imposible soportar el solo mirarte.

 

         Ahora Seño, guardas silencio, y tu silencio nos deja de oír, como se rompe una Estrella.

 

Una rosa se quiebra por el tallo, no hay consuelo, todo es desgarro, cada gota de sangre que derrama el Hijo, quema las entrañas de su Madre

.

¡Ay Señora de la Estrella!,

Reina del Domingo de Ramos,

no llores más que tú pena,

eclipsa los soles del llanto.

 

No hay lamento como el que tú derramas,

ni pena como la que tú soportas,

no hay puñal que se clave en tu pecho,

ni tristeza como la que tú desbordas.

 

Madre de Santiago,

deja que mi verso te calme,

serena tu valle de llanto,

que derramas por las calles.

 

¡ Ay mi Estrella quebrantada

¡que es “toito” desconsuelo,

que flagelan a su niño, y se

desprende ella del cielo.

 

“Pá” que puedas enjugar tu llanto,

voy a buscarte pañuelos,

pañuelos que lo tejan la espuma,

 pañuelos que los borde el viento.

 

Que sean de blondas de nácar,

de besos y suspiros “callaos”

que sean de claveles blancos,

 que despejen tus ojos “nublaos”.

 

 

¿Dónde encontrar para ti,

pañuelo que soporte tu pena,

que acaricie tus mejillas,

 y deje tu carita serena?.

 

Un espino va trepando,

enredándose en tu palio,

un rosal que se marchita,

mata al Domingo de Ramos.

 

Viento de levante bravío,

 olas de mar que te escapas,

buscad pañuelo de sedas,

“pa” una madre destrozada.

 

Lágrima, desgarro y pena,

 herida y dolor preso en Ella,

 pañuelo mi voz “pa” tu llanto,

desgarro de amor tu mi Estrella.

 

 

PENAS DE SILENCIO

 

         El Lunes nos chirriarán los oídos con los gritos del Silencio.

         La calle Ángel se eclipsa para no presenciar que Cristo va muerto en la cruz.

         Arteaga ha impregnado al Señor de la Esperanza el sello que recuerda esos crucificados del barroco que descansan con la muerte, el Cristo del por fin todo ha acabado, los Cristos de la Buena Muerte.

 

         Que hermoso es ver transcurrir una hermandad en silencio, y que difícil es en nuestra ciudad, una hermandad en silencio.

         El hábito, el sonido del racheo, el caminar, el costal, la luz, y hasta el palio es distinto en la Hermandad del Silencio, palio de cajón, único en nuestro pueblo.

         Y única es la estampa que bajo el se recoge. La más pura azucena, la Virgen de la Concepción, es consolada y acompañada por San Juan. Única conversación consentida en el cortejo del Silencio.

 

 

         Guardad silencio a su paso, que el Señor va muerto sobre la cruz clavado. Guarda silencio linense, y oye la sagrada conversación que

hace fuerte a María. Aún viendo a su hijo roto en la cruz nos dice:        Calma, paciencia, con la muerte no se acaba, tened siempre la Esperanza.

 

         El Martes sale a la calle, la Virgen Madre de nuestra Semana Santa, la Madre del dolor linense.

          La hermandad más antigua de la ciudad, nos regala el regazo maternal de La Virgen de los Dolores.

 

¿Qué llantos que tienes Dolores?

¿Qué ahogos la garganta te quema?

que siguen tus pasos buscando,

a tu Hijo de las Penas.

 

         En la barriada de Bellavista, en la capilla del apóstol San Felipe, tiene puesto su pequeño nido el Señor de las Penas. Nido pequeño, modesto, pero digno.

         Esa dignidad, no quita la necesidad del mas que prometido templo se San Felipe. Una sede canónica donde la Hermandad Decana pueda realizar sin problemas sus cultos y como no, su salida procesional.

         Todos hemos podido ver como se ha construido un nuevo templo en Santa Margarita. San Felipe, desde hace décadas, aún espera.

         La Hermandad más antigua, se adentra en un barrio, que en su mayoría, desconoce el encanto de los ojos, de la Virgen de los Dolores. Tengo por seguro, que cuando lo descubran, no podrán apartarse de Ella.

 

ROSARIO CAUTIVO DEL ABANDONO

 

         El Miércoles, comienza a estremecerse La Línea, con sus barrios.

Tres barrios se echan a la calle, y los tres, de alguna forma, marcan también mi vida.

         De San José viene mi otra hermandad...

         Un Rosario doloroso tintinea derramando hermosura, una niña llorando de pena se pierde entre los olivos.

         La Virgen del Amor no quiere oír la noticia. La Virgen del Rosario no quiere oír los misterios que le dicen, que su hijo llora y ora en el huerto. La rosa de San José va deshojándose de pena…

 

         Cristo, se aparta de sus discípulos y desaparece entre los olivos.“Orad  y estar en vela” (Mc. 14, 34)

         Ya en la casa de Caifás la espada y la antorcha se había levantado contra El.

         ¡Padre!, mira por amor a tu hijo, que llora desconsolado en el huerto.

         Cristo se convierte en niño, que llora y busca los brazos de

su padre porque lo llevan a la muerte.

 

         Como ya ocurrió en el desierto, el diablo se hace presente en Getsemaní, y muestra a Jesús la noche oscura de su existencia. (Mt. 4)

         Aparecen las torturas, los azotes, los clavos, las espinas... y le dice:¡ Jesús huye! no merece la pena morir por esos. Esos que

te abandonarán, los que renegarán de ti, esos que veintiún siglos después, se avergonzarán de llamarse cristianos, renegarán del

bautismos, escupirán a tu cruz, los que dirán que te quieren y dejarán morir al prójimo, esos que usaran tu nombre para encabezar batallas.

 

         Aún estas a tiempo, huye Jesús, ¿Te merece la pena

morir por esos?

 

         Para cualquiera de nosotros ese argumento es más que suficiente para escapar de los planes de Dios. Pero Jesús ama al hombre. Jesús aun viendo todas las veces que el hombre lo negaría y renegaría de Él, no puede dejar que el hombre se condene. Su piel, llega a desprender sudor en forma de gotas de sangre debido al terror.

        

         Tuvo miedo y aún así se ofreció de forma voluntaria a morir por nosotros.

         Y la luna… siempre presente la luna.

          La luna con su resplandor quiere cegar el llanto de las estrellas. La mano del hombre se adelanta y pide que el cáliz pase. La mano del redentor va a su pecho aceptando el calvario. Cristo que oras por San José, Cristo con quien por primera vez vestí de nazareno.

 

 

         Ayúdanos a aceptar la cruz que nos viene cada día, porque sabes que solos no podemos.

         El hombre está cansado de aceptar tantos y tantos sufrimientos.

         ¿Cuántas madres siguen viendo subir a sus hijos a un Calvario? ¿Cuántas personas van olvidando quienes son, quién son sus hijos, donde viven? Y la enfermedad, los hace regresar por sorpresa a la infancia. ¿Cuántas mujeres siguen siendo calladas a base de

puño y fuego?

         ¿Cuánto padre de familia llora en silencio y a escondidas, porque el maldito paro no permite dar de comer a sus hijos?¿A

cuanto niño se le sigue robando la inocencia a manos de corruptos seres infames?

 

         Señor que oras en el Huerto, ayúdanos a aceptar esa voluntad.

 

Ay Señor qué lloras y oras,

 mendigamos tu consuelo.

se de mi llanto pañuelo,

y caricia de la creación.

 

Dale el abrazo al hombre,

 que sufre solo en un huerto,

de penas y soledades,

de fracasos y desvelos.

 

Tu pueblo llora Señor,

de amargura en otro huerto,

de paro y desilusión, de olvido,

indiferencia y miedo.

 

Se nuestro ángel Señor,

no nos dejes en el suelo,

que hay muchas bocas con hambre,

y muchos bolsillos llenos.

 

Sé mi fortaleza Señor,

tú qué lloras en el huerto,

para que el hombre levante,

 que en ti encuentre su consuelo.

 

Danos fuerzas “pa” no huir,

 que ya vienen a prendernos,

 se nuestro ángel Señor,

tu que lloras en nuestro huerto.

 

 

         El lamento de los olivos, se transforma en espanto cuando llamaradas de antorchas se acercan encabezada por uno de los suyos, Judas Iscariote, con un beso, entrega al Hijo

del Hombre.(Lc. 22, 48)

         Cristo recibe el primer golpe de sus torturas. Sus apóstoles lo

abandonan.(Mc. 14, 52)

 

         Comienza una noche de agotadores interrogatorios, noche de  bofetadas, palos y burlas. La humillación en persona lo lleva de Anás a Caifás y de este a Pilatos, Pilatos quiere soltarlo y el sanedrín se

opone porque ese se considera Hijo de Dios. Pilatos lo manda a Herodes el cual lo toma por loco. (Jn. 18 y 19)

         Herodes lo devuelve a Pilatos y Pilatos se lo entrega a La Línea.

 

         “Ecce Homo”, ahí tenéis al hombre, Cautivo y Rescatado te presentan ante el pueblo. (Jn. 19,5)

 

         Una estela blanca te va abriendo caminos vestida de

nazareno. Los pies descalzos van pisando donde tu pisas para cumplir las penitencias. Cruces, ojos vendados, cirios, cadenas, cada uno como puede se acerca a ti Medinaceli.

 

         Aquí no hay Barrabás que valga, aquí todo el mundo tiene claro quien es el inocente.

         Pero ¿Cuanto justo es señalado y lapidado por las lenguas, cuando el culpable se sienta en el trono de la infamia y la mentira?

         ¿Cuanto Barrabás es liberad y cuanto Cristo hay cautivo?

         ¿Cuanto abuso del mas débil al provecho del poder?

         ¿Cuánto inocente es condenado a muerte, antes incluso de haber nacido?¿Acaso un niño síndrome de Down no es persona?

 

         ¿Cuántas mujeres, muchas aún niñas, se ven desamparadas? Porque no encuentran ayuda, formación, cariño y el abrazo necesario que le diga: Ánimo, estamos contigo, sigue adelante, una noche de locura no puede acabar con la vida que llevas dentro de ti.

 

         A la sociedad le sale más barato destruir la vida en los vientres de las madres, que el ayudarlas. No podemos conformarnos con críticas a un nuevo Herodes, desacuerdos de

despachos y cruzarnos de brazos.

         El cristiano debe de estar a la defensa de la vida, no

cuando los políticos lo digan y discutan por leyes, sino siempre, también cuando la mujer es maltratada, utilizada, prostituida, también cuando existan abusos a niños, cuando el terror siembra la muerte en España, siempre, el cristiano tiene que estar a la

defensa de la vida, no solo ahora, sino siempre.

 

         Hay muchas mujeres que necesitan  ayuda para no dar ese paso que les marcará la vida. No podemos enjuiciarlas y condenarlas, porque si miramos a sus historias, muchas de ellas, también son inocentes.

 

         No demos más gritos, para liberar a un Barrabás, gritemos, para que se nos oiga, que queremos la vida de los inocentes.

 

         Desde muy pequeño, he ido a tus pies Señor de Medinaceli.

         He ido a visitarte a esa antigua y enorme Iglesia de Santiago, donde una red evitaba que nos cayeran cascotes, y donde tú te situabas en el lateral derecho, elevado sobre una escalera que me parecían  llevar al cielo, y ante un resplandor de madera.

 

         Ya no hay escalera ni resplandor, bueno si, desde hace ya varios años hay una nueva escalera que nos lleva a ti, y un nuevo resplandor

que no te deja sin brillo. Tu madre, una Señorita de primores, que llora sus penas trinitarias.

 

Hay una flor en Santiago,

fina y sutil como seda,

una Señorita del llanto,

con cinturilla de perlas.

 

 

 

Trinidad que cautivas,

 en tu caminar lejano,

ten la certeza Señora,

que tu hijo es Soberano.

 

Que si en Jerusalén discuten,

porque ha dicho que él es Dios,

aquí en La Línea no hay duda,

 que tu hijo es El Señor.

 

Miles de ojos puestos,

 en el ondear de su pelo,

caminan detrás del reo,

que nos vino desde el cielo.

 

Llévanos presos Señor,

entre tus manos atados,

cautiva a La Línea Señor,

a tus manos amarrados.

 

Porque no hay un caminar,

 que arrastre tanto a la gente,

no hay en La Línea una flor,

 que no florezca por verte.

 

Y van detrás del Señor,

medio pueblo penitente,

los abuelos y los niños,

y el pobre convaleciente.

 

Todo ante ti Señor,

queda preso y extasiado,

preso queda en tu mirada,

preso el viento enarbolado.

 

Dinos tu Medinaceli:

¿Qué mieles destilan tus manos

que todos buscan su abrazo?

 

 

Cargar con tu cruz Señor,

no le pesa al penitente,

no le pesa el ir descalzo

 ni la noche, ni el relente.

 

Viene a mi mente cautiva,

el verso de Florencio Quintero,

que yo trascribo “pa ti”,

Padre y Señor de mi pueblo.

 

Podrá delante ir La Línea,

las saetas y un sol en llamas.

Podrá ir delante la luna,

El incienso y la mañana.

 

Pero al que detrás camina,

de todo eso nada daña.

Solo el tener que ir detrás,

sin poder verte la cara.

 

         Ya viene el Junquillo, viene mi infancia, mis abuelos, mi familia y mi trabajo en el Centro Social.

 

         ¡Eloi, Eloi! ¿ lamma sabacthani?(Mt. 27, 46)¡Dios mío, Dios mío!¿Por qué me has abandonado? Yo gusano y no hombre, asco del pueblo, todos los que me ven de mi se mofan. Se confió al Señor que Él lo salve, que El lo libre, que lo salve si tanto dice que le ama.

(Sal 22 “21”)

 

         Por mucho que yo pueda contaros, nada mejor que estos fragmentos del profético salmo veintidós, para acercarnos a los tortuosos momentos de Cristo en la cruz.

         La tarde del Miércoles va cayendo, y el azul del cielo se va derramando en los ojos de una dolorosa que lo miran. Un puñal atraviesa el alma de La Colonia.

         Una expiración morena estremece el día a día del barrio.

         No hay Mayor Dolor para El Junquillo, que ver agonizar a su Cristo.

         En la cruz, el Señor del Abandono, expira y grita al cielo. Tengo en el recuerdo esa foto ya antigua, de su madre del Mayor Dolor a su pie, siempre a su lado.

         El Señor grita, pero no creáis que grita por los desgarros de los clavos, tampoco por las punzantes espinas sobre sus sienes gitanas, no, el Señor del Abandono no muere por Él, muere por

su gente.

         Tenemos muy reciente, que hace más de dos meses, la Tierra tembló en Haití.

         Un país ya anteriormente desolado por la miseria y abandonado por los poderes mundiales, ha temblado y todo el mundo lo hemos mirado, nos hemos compadecido y nos hemos volcado ayudando.

 

         Luego ha temblado Chile, y continuas catástrofes están

azotando la tierra.

         “Pues sabemos que la creación entera, gime hasta el presente como con dolores de parto”. ( Rm. 8, 22)

 

Tubo que temblar la tierra en el Calvario para que los ejecutores se dieran cuenta de que Jesús era Hijo de Dios. (Mt. 27, 51)

 

         La Virgen del Mayor Dolor, clama al cielo por los abandonados de su pueblo, llora y llora por su barrio del Junquillo.

         Un barrio de gente sencilla, honesta, trabajadora, un barrio donde los niños tienen el sueño de poder ser mayores para ayudar a sus familias.

         Y quizás hagan faltan temblores de tierra para que un derrumbe cierre las cuevas de marginación y perdición de jóvenes como puede ser el ruinoso edificio del antiguo colegio Ntra. Sra. de la Paz.

         Todos, somos espectadores de esta tragedia real que supera a la ficción que quisieron malvender del barrio cierto programa de televisión.

 

         El Señor del Abandono es la voz de sus vecinos que clama al cielo y en este caso a la tierra, pidiendo poder ser asistidos.

         Muchos son los que ya por el barrio trabajan: La parroquia del Sagrado Corazón, Su Hermandad el Centro Social “El Junquillo”, el  Centro de Mayores, el Padre Manjón, todos al servicio de las necesidades de su gente.

         Pero a donde haya queso…siempre acudirán ratones.

 

Virgen del Mayor Dolor,

el cielo se asoma a tus ojos,

asómate tú a nuestra vida,

 de soledad y Abandono.

 

Ruega tú por el barrio,

penita de sal y de miel,

 tiende tu mano Señora,

al que siempre te fue fiel.

 

 

ALMAS DE NAZARENOS

 

 

         El Gólgota ya asoma tenebroso a las claritas del día.

          Jesús, con su Gran Poder, avanza cargando con el pesado madero. Una mecida quiere aliviar, la plomiza cruz sobre sus hombros, su portentosa sombra va avanzando por la calle Duque, para dejar su perfil

calcado en el florecer de azulejos de la fachada de Beli Moya.

 

          Se cumplen ya veintisiete años cuando el barrio de San Pedro quedó a la espera de tu llegada una noche de Jueves Santo.

 

          Aquella noche no llegaste, todos esperaban,

pero tu no llegaste.

         Tu espera, derramó sobre el barrio de San Pedro, las semillas que hoy nos hacen disfrutar, de que la gloria se pasee por sus calles en forma de cofradía.

         Mas de cien años de calle de la Amargura, mas de cien años de paso sigiloso hacia el Calvario.

         Jueves Santo linense, desgaste de elegancia en las calles.

Reguero de letanías penitenciales van desfilando con túnica morada.

 

         La obligada ayuda del hombre de Cirene, se ha convertido en un abrazo y apoyo indispensable para poder caminar.

         Es el día del Amor Fraterno. Cristo adelanta su entrega, convirtiendo el pan y el vino en su cuerpo y sangre. Dios busca al hombre para reconciliarse a través de la sangre de su hijo.

 

         Reina y Señora de los Ángeles, a ti rogamos: Muéstranos tus ojos misericordiosos, muéstranos tus manos de ruego perpetuo, muéstranos

tu presencia de intercesora, y atiende las súplicas de este pueblo que espera tú virginal presencia.

 

         Es tarde de Jueves Santo, un aroma a romero nos viene desde San Pedro. Un arrollo de savia nueva va inundando La Línea.

 

         Sale a la calle la hermandad niña de la Semana Santa, sale a la calle Mi Hermandad.

         Ante mi Cristo caído, hago una pausa en el tiempo, detengo los relojes para perderme en los recuerdos. Medito y reflexiono, cuantos años a tu lado Señor, como ha cambiado tu hermandad en tan poco tiempo, como ha cambiado la Semana Santa en veinticinco

años.

         Parece que fue ayer cuando eras recibido en las calles de tu barrio con aquella plegaria llamada “Silencio” Cuando una túnica blanca dejaba a la vista de todos, tu espalda ensangrentada.

         Un foco iluminaba tu rostro, poesías y cantos se lanzaban uno

tras otro de balcón a balcón. Y allí estaban contigo, tus abuelos de San Pedro.

 

         Veinticinco años hace ya de tu primera salida. Jueves Santo, once de la noche, buscando la “madrugá”

 

         Son ya veinticinco años que posaste tu ensangrentad a mano sobre nosotros para aliviar tu caída. Veinticinco años de que Hernández León te soñara sobre el cedro.

         Veinticinco años de que tu hechura abandonó el barrio sevillano

de San Lorenzo.

         Veinticinco años, que más que esta piedra ser tu apoyo, tu mano para ella ha sido su alivio.

         Que tiempos aquellos. Esos momentos me hacen reflexionar y pensar, que en este mundo cofrade donde hay tantos maestro del encaje,

tanto licenciado de la corneta y catedrático del costal, existen personas que en la sombra, donde nadie las ve, donde no relucen sus nombres, son las que verdaderamente siembran en nosotros la semilla cofrade.

 

         Quien sembró en mi esa semilla, no sabe de marchas, bordados ni orfebrería. Ella no necesita saber de encajes, de costal ni cortejos de

nazarenos. Ella es mi madre: ella ha sido la que desde que yo aún no sabía leer, me recitaba las oraciones frase por frase para

que las repitiese antes de irme a dormir. Ella, cuando yo era un parvulario me llevaba de la mano y me explicaba las imágenes que veíamos en las iglesias. Este es el Gran Poder y esta era la Virgen del Ayuntamiento, esta es la de Carlos Corbacho, la del puñal la Esperanza, y este Señor caído, es el nuestro, el de nuestra parroquia.

 

         Escuchábamos Misa, en esos bancos de San Pedro, de los que me colgaban los pies. Ella me enseñó que con levante, lluvia o granizo, había que dejar el beso en los pies del Medinaceli.

         Y fue tras Él, tras el Medinaceli, donde hice mi primera estación de penitencia, con las promesa junto a ella, aunque al final siempre acababa en sus brazos.

         Ella con su ejemplo me ha enseñado, que ser cofrade no es una competición de ver quien saca el mejor paso, sino que nuestra meta debe ser convertirnos en fieles imitadores de Jesús.

 

         Mi madre, ella ha sido la que quizás, movida por el dedo de Dios, me llevó a la iglesia.

         ¿Cuántos días de llevarme y traerme desde la calle Maestro Jaén hasta Siete Revueltas?.

         Ella siempre sacrificada, ha sido el mejor catecismo con su ejemplo. La que siempre estuvo en vela al pie de una cama de hospital.

 

         Con los estudios que la vida le ha ido dando, licenciada en caricias, y catedrática en amor. Ha arañado de donde no hay para

que haya, ha desgastado sus manos para que nunca nos faltase de nada en casa, ella es a la que este cofrade que hoy pregona a su pueblo, se

lo debe todo.

 

Viene mi Cristo caído, una mano la desploma sobre la roca, y la otra abraza la cruz.

Aúncayendo, aún si fuerzas, torturado, y no sueltas la cruz.

 

Señor, tu que abrazas el madero, ojala nosotros fuésemos capaces de imitarte cuando las cruces nos aplastan la vida.

 

Es Jueves Santo, Cristo sufre y padece, pero el barrio de San Pedro se desborda en devociones y rezos para aliviar hecho sudario, la cara de su divino nazareno.

 

 

La decadencia, la pobreza y el olvido, ondeaban en las sábanas tendidas de los cordeles de los patios de San Pedro.

 

Un barrio que se condenaba a enmudecer, como ya lo hicieron sus verbenas, sus huertos, sus decenas de panaderías, sus comercios, su vida.

 

Llegaste hace veinticinco año, y tu barrio, cabizbajo, limpió las lágrimas de sus ojos, levantó la cabeza y te miró.

 

Te miró Señor caído,

y quiso levantarte del suelo,

el barrio olvidó sus penas,

para poder ser tu consuelo.

 

Todo el barrio fue sudario en manos de la Santa Mujer.

Todo un barrio se hizo aliento,

alivio, agua de tu sed.

 

Todo un barrio se hizo piedra, apoyo, beso y penitente,

todo un barrio se hizo abrazo, para levantar a su Cristo doliente.

 

Y es que en tus caídas Señor,

estremeces los patios viejos,

 tus manos hacen renacer,

al barrio de los panaderos.

 

Que vas caído Señor,

Y cae contigo el firmamento,

 caen contigo las estrellas,

en congoja y desconcierto.

 

Lleva el Cristo del Perdón,

su cuerpo llenito de llagas,

tiene las sienes abiertas,

y la espalda destrozada.

 

Tres veces cae mi Señor,

y su barrio lo levanta,

 no quieren ver a su Cristo,

que por perdonar se desgasta.

 

Viene el Señor de San Pedro,

 caído su cuerpo a tierra,

 la cal viva de los patios,

 sangra herida de la pena.

 

Que va el romero llorando,

y un rosal como estremecido,

que el llanto tiñe claveles,

 y el desgarro quema los lirios.

 

Caído el Señor de San Pedro,

 su cara es “toito” dolor,

caído el Dios de San Pedro, cae

mi Cristo del Perdón.

 

 

 

         La noche se envuelve en sábana blanca. El Jueves Santo no muere, se duerme mecido en los brazos de las Angustias.

          La gubia sanroqueña de Brú, acarició la madera para que  amaneciera sobre ella el brazo inerte del Cristo de las Almas.

         La Línea se enluta con mantilla negra y peina de carey. El llanto y sus caricias, es el único desahogo para la Madre que tiene a su hijo en los brazos.

         ¿Que susurran tus labios Virgen de las Angustias?¿Susurras letanías?, ¿Salmodias de llanto?,¿ Quizás las palabras del profeta que decían:“y a ti niña, una espada traspasará el alma”?

        

         Aquí las tienes Madre, tu Alma traspasada por la espada.

         ¡Cuanto darías tu como madre, tu costado y tus manos para ser atravesados! ¡Cuanto darías Madre, tu espalda y tu sienes, por no ver a tu hijo muerto en tus brazos!

          ¿Qué susurran tus labios, Madre de las Angustias?

         La luna gotea rocío sobre tu aliento, para dar la vida al que en tus manos yace. Guardad silencio y dejadla sola, que las Angustias canta una nana a su hijo de las Almas.

         No digáis que el Señor va muerto, decid que solo se quedó dormido.

         Dejad que su madre le arrope y cante, hasta que llegue el Domingo.

 

MAREADE SOLEDAD Y AMARGURA

 

         Una cruz se eleva desde la tierra al cielo.

         Desde la Atunara hasta la Plaza de la Iglesia pasando por San Bernardo se ha elevado un Calvario donde es crucificada la pasión linense.

         La divinidad de Jesús ha quedado reducida a la mínima expresión de lo que un hombre podía soportar. Es Viernes Santo, la Misericordia de Dios se ha derramado hasta la extenuación sobre nosotros.

 

         Un paseíllo torero va recogiendo una muleta, de dolor y de

Amargura. Una endiablada banderilla se ha clavado sin compasión en sus entrañas de madre. El Viernes María, ha de beber, la más amarga

de las aguas.

 

         Su carita de madre rota, se inclina recogiéndose en una caricia de dolor amargo. Su manto está teñido por la sangre del inocente, por la sangre de su hijo.

         Entre naranjos perdida, viene sin hallar consuelo, la Virgen de la Amargura.

         La cincuentenaria talla del Señor de la Misericordia, extiende sus brazos ante nosotros, para poder acoger ante ellos los que su Misericordia buscan.

 

         Que importa que los que te siguen sepan más o menos de cortejos, de andares por derecho, y de tantas cosas que en ocasiones eclipsan las verdaderas devociones.

Traes la bonanza Señor,

del refugio de tu puerto,

traes el ancla de la fe,

de la Atunara hasta el pueblo.

 

Y viene del mar,

y el mar lo lleva,

su madre del Carmen,

lo cuida y vela.

 

Sal que escuece en tus llagas,

y viento en veleta,

hombre que marcha a pescar,

mujer que sola espera.

Viene el Cristo chiquito,

Cristo Bendito del Mar,

mecido por la Atunara,

por gentes de arena y sal.

 

Viene del mar,

y la mar lo lleva,

clava el levante un sedal,

su Cristo sueña.

 

 

         Va cayendo la tarde, y todo se viste de duelo. La ley mosaica, ha llegado a su plenitud con la muerte de Cristo.

         El velo del templo se rasga de arriba abajo. El lamento ondea al viento hecho sudario sobre la cruz.

         El cuerpo del maestro, de aquel que tanto hizo por los demás, el cuerpo de Dios, hecho un despojo humano, yace inerte en el sepulcro.

         Y la madre, la madre silencia su pena en Soledad.

 

         Todo se viene a su mente, el repudio de José en silencio por su embarazo, su parto en un establo lejos de los suyos. La huida a Egipto y la muerte de los inocentes, la profecía de Simeón, cuando el niño se perdió en su visita a Jerusalén, el abandono de casa para la

vida pública, los olivos, los azotes, las espinas, los clavos, la cruz...

 

         María se rompe en el silencio de su Soledad. Todo había quedado guardado en su corazón, y todo había sido traspasado por la espada.

 

         Dios sabía a quién elegía como colaboradora para la historia de salvación del mundo.

 

         Ella, la que no tuvo ningún reproche cuando veía a su hijo desangrado, azotado y crucificado.

         Ella, Nuestra Madre y Señora llora en su Soledad quema su pena en el monte calvario, arde su dolor pero sin consumirla.

 

         De igual modo a la zarza ardiente que habló a Moisés,

ella ardía de tristeza pero sin ser consumida. Ella que desde su más limpia juventud se lo había entregado todo. Allí seguía, de píe sola ante la cruz. Porque cuando ella pronunció a Gabriel las palabras:

Hágase en mi según tu palabra”,(Lc. 1, 38)

         Su “Fiat” fue de total abandono en la historia que Dios tenía predestinada para ella.

         Y allí está... bajo la cruz sola...sola sigue Soledad.

 

 

ESPERANZA EN LA RESURRECCIÓN

 

         La cruz no clausura nada, con ella no se cierra ninguna puerta, al contrario, las cruz es la llave que nos abre las puertas a la nueva vida, es

la llave para la cual, la muerte no tiene cerrojos.

         Fue precisa esa muerte, y muerte de cruz, para que al tercer día Cristo manifestara ante el mundo su Triunfal Resurrección.

 

         Bien claro nos lo dice San Agustín:

         “No es cosa grande, creer que Cristo muriese, porque eso también lo creen los paganos, los judíos y todos los inicuos: Todos creen que murió. La fe de los cristianos es la resurrección; Esto es lo que tenemos por cosa grande: el creer que resucitó.”(Enarrat. In Psalmos, 120)

 

         De nada sirve llenar las calles de La Línea de elegancia e incienso.      De nada sirve trabajar durante todo un año en el seno de una cofradía.

         De nada vale que cuellos de costaleros y costaleras sufran en las trabajaderas.

         Hermanos, de nada sirve este pregón ni los que vengan, si no celebramos el principal misterio de Cristo, su Gloriosa Resurrección.

          El mayor acontecimiento en el año cristiano, sucede en nuestros templos, en la noche del Sábado.

 

         Toda la comunidad parroquial, nos unimos para vivirla noche de las noches, la noche maravillosa que reconcilia al hombre con su Dios, la noche de la Resurrección.

         Esa noche la luz de un cirio nos anuncia que la gloria es entregada al hombre a través de la resurrección. El pecado de Adán ha sido aniquilado, Dios abraza al hombre en una  reconciliación ganada a través de la cruz.( Basado en el Pregón Pascual)

 

         Esta es nuestra fe hermanos. No nos quedemos anonadados por los padecimientos que Jesús sufre.

         Miremos aquel que ha sido capaz de romper las cadenas del Seol para hacernos participes a todos de la vida eterna.

         Y bajo el pie de aquella, cruz lloró la Magdalena, ante un Cristo que es Amor, el centurión romano encontró la fe. Bajo el pie de la

cruz...siempre estuvo Ella.

 

         Y es a gloria de Domingo, a lo que me huele tu cara, Ella, la bendita entre todas, la llena de gracia, nos rebosa de alegría, convertida en Esperanza.

 

         No creáis que me olvidé de ella. Su semblante de tarde de Viernes en Calvario, nos anuncia una perceptible gloria.

         No puede haber llanto más dulce y que el mirarlo nos dé más alegría. No existe pañuelo que menos quiera ser enjugado en penas que el tuyo.

         Porque eres la que nos llevas del lamento a la misma gloria, porque tu cara no puede ser creada para tanta dolor, porque tu rostro anuncia tiempos de bonanza, Porque decir La Línea es decir Esperanza.

 

         Tu, que de barrio eres y que en pueblo mandas, la que dicen que en romería regresa a tu casa.

 

Vas convocando a los ángeles en cada mecida de palio,

 vas proclamando la gloria que nos viene del Calvario.

 

Que ya viene la Esperanza,

guardiana de la maravilla,

que ya viene la Esperanza,

con su llanto de chiquilla.

 

Que más que pena es a gloria,

a lo que me sabe tu llanto,

que hasta arrastras al sol radiante,

prisionero de tu manto.

 

Que ya viene la Esperanza,

Emperatriz de los cielos,

Señora de San Bernardo,

derramando sus consuelos.

 

 

 

 

Que ya viene la Esperanza,

con donaire y bien andar,

despertando a las alondras,

con su aroma de azahar.

 

No hay mas garbo Señora,

como el que derrama tu palio,

no hay suspiro que nos quede

en tu presencia congelado.

 

Que no llores Esperanza,

sutil dolor en sus manos,

que tiene carita de niña,

y su llanto es sobrehumano.

 

Que no llores Esperanza,

manto verde y azahar,

la que anuncia que el Domingo,

su hijo resucitará.

 

Que no lloren ya sus ojos,

que aparezca la templanza,

que la gloria nos anuncia,

que ya vienes Esperanza.

 

 

COFRADES DE LA IGLESIA

 

         No me quiero marchar en este día sin dirigirme a los más jóvenes, en general a todos de forma personal, pero principalmente, a los jóvenes.

         Gracias a Dios, en los últimos tiempos, se está viendo un resurgir de jóvenes en torno a nuestras Hermandades.

         Quiero hablaros como amigo y no como pregonero, hablaros como hago con los jóvenes de San Pedro, basándome en mi propia experiencia dejuventud en una Hermandad.

 

         En primer lugar, deciros, no os impacientéis por crearos y marcaros metas, para llegar a maestros cofrades, antes tenemos que ser discípulos, y buenos discípulos. La escuela es el día a día, no un “DVD”.

         Las hermandades, somos Iglesia, y cuando Digo Iglesia no me refiero únicamente a vuestras parroquias de residencia, sino a la Iglesia Universal.

 

         Hoy día, es muy necesario ser consciente de ello, este barco es mucho más grande de lo que pensamos.

         Últimamente la Iglesia está siendo ataca da por varios sectores de la sociedad. No hay que asustarse, escandalizarse ni mucho menos. No es la primera vez que ocurre en sus dos milenios de historia y aquí estamos, quizás todo sea necesario para su purificación.

 

         Ahora sí, nosotros somos los que debemos de defender a esta madre que Jesús nos entregó en la cruz. Para ello es imprescindible la

formación, no solo me refiero a aprender nombres de marchas, escultores, andares, bordadores etc. Sino a una formación catequética.

 

         Nos encontramos con otras creencias que salen a nuestro encuentro, dígase de paso que hasta lo hacen durante nuestros cortejos procesionales, intentando convencernos de que estamos equivocados, claro, como va a ser Dios uno que derrama la sangre por su enemigo, cuando ellos mismos se la niegan a sus propios hijos, en fin...

 

         No esforzaros en explicarle la maravillosa gubia de Ortega Brú, ni la emoción de un palio con el solo de Rocío.

         Tenemos que ser capaces de defender a ese por el cual unos  costaleros se dejan las espaldas, tenemos que ser capaces de defender la virginidad de la mujer que Dios nos regala como madre. Y eso tampoco

se hace gritando ni discutiendo, solo con formación y vidas ejemplares.

        

         Me dirijo a vosotros jóvenes, aunque esto no es totalmente responsabilidad vuestra sino de las juntas de gobiernos y de los directores espirituales. Las juntas, deben de trabajar intensamente en su formación y la de sus jóvenes no por obligación, sino por necesidad.

 

         Los directores espirituales, vosotros, sacerdotes, debéis de velar con máximo celo por las almas de vuestro cofrades, jóvenes y mayores.

         No necesitamos curas cofrades, necesitamos simplemente buenos pastores, que atiendan con celo y respeto a todas sus ovejas por igual. Los cofrades, no podemos caer en conformismos religiosos, debemos trabajar por incrementar nuestra fe.

         Tenemos que aprender y transmitir con nuestro ejemplo a nuestros hermanos, que la Santa Misa es indispensable para llamarnos cristiano.

 

         Y a nuestros hermanos, a toda persona o grupo, con los que compartimos nuestras parroquias, no me cansaré de repetirles, que miren

a los cofrades como trabajadores de la viña del Señor.

         Somos miembros del mismo rebaño, no lo olvidemos, cada uno tiene una función, y ninguna es mejor que otra. No caigamos en fundamentalismos fanáticos, que aquí el único que salva es Cristo.

 

 

SALUD DE UN BARRIO

 

         Tranquilos, ya se acaba el pregón y como no, no podía dejar para broche final a quien ya sabéis, a Ella.

         Este pregonero ha querido regalar una flor de cariño a toda su Semana Santa. Una flor que he ido deshojando por todos sus rincones hasta el último de sus barrios. Una flor de versos que he querido depositar en las manos de nuestras dolorosas.

        

         Pero permitidme que para ella no traiga flor sino ramo. Ramo, de agradecimiento devoción y cariño, que dejo en las manos de la gente de San Pedro.

         En las manos de todo aquel que por ella trabaja en la cofradía, junta, jóvenes, bordadoras, costaleros y costaleras.

         En las manos de todo devoto que a ella se acerca, fundiendo sus oraciones con el hierro de la reja de su capilla. En las manos de mi parroquia, mi casa grande, y a todas sus gentes, allí desde niño se me ha abrazado, querido y educado.

         En las manos de mi barrio, que no se enfaden en Bellavista, pero mi corazón siempre ha latido por San Pedro.

 

         Este ramo son los nardos que en Septiembre, la Virgen deposita en las manos de las abuelas del barrio, en las manos de sus enfermos, en las manos de quien verdaderamente la conocen y la quieren, más que este, que inmerecidamente la engalana con encajes.

        

         A ti madre, que eres Salud del Enfermo y Fuente de Salvación, dedico las últimas palabras que anuncian a La Línea que la Semana Santa ha llegado.

 

Dios te salve Señora,

trono de gracia y virtud,

 llena eres de tus gentes,

de sus calles y de su luz.

 

Dios te salve niña mía,

espejo de la más fiel belleza,

llena eres de tu barrio,

rendido ante tu grandeza.

 

Bendita sea tu presencia,

en la calma y la quietud,

y bendito el manantial,

de tu Fuente de Salud.

 

De las aguas cristalinas,

 que manas desde tus entrañas,

viene La Línea a beberlas,

y a embriagarse de tu cara.

 

A oler que perfumes destilas,

 a sentir el clavel de tu manto,

 a tocar el rosal de tu saya,

y aliviar el dolor y el quebranto.

 

Eres mi bastón de apoyo,

abrazo de mis lamentos,

susurro de la medianoche,

medicina de mis tormentos.

 

Que no hay belleza en La Línea comparable con tu cara,

niña de cintura juncal y rostrillo de sultana.

 

Mujer que camina en silencio,

 bajo el faldón escondida,

costal al que tiendes tu mano,

costaleras de La Línea.

 

 

 

 

Se sus pasos costalera,

queredla en cada mecida,

 parad el tiempo a su paso,

pasad casi de puntillas.

 

Portento de la belleza,

perfume en madera tallado,

gracia descendida del cielo,

nardo de Septiembre “granao”.

 

Va pasando mi Salud,

por la noche de las penas,

 va curando ella los llantos,

soledades y condenas.

 

Que nadie lo ponga en duda,

que es tu soberana presencia,

 la que hace levantar al barrio,

y estremecer las estrellas.

 

¿Que más te digo Madre?,

que con tu barrio te basta, que es tu callejón Barroso,

preámbulo de santuario.

Y la calle Italia palquillo de autoridades, Santa Ana tu toma de horas, y las rejas de tus casas, las terradas del Modelo. Y las abuelas de tus patios tus Tres Gracias.

Y sus macetas tu parque, y sus pozos tu fuente, y sus piedra tu mármol, tu iglesia catedral y tu capilla palacio.

 

¿Qué más te digo Señora? Que con tu barrio te basta.

.

Niña de Siete Revueltas,

carita de dulzor temprano,

joyero de la primavera,

embrujo de andares gitanos.

 

¿Quién quiere acallar en la Tierra,

lo que de siempre han gritado en los cielos?

Que a la tuya no hay cara más guapa,

 que eres Reina de San Pedro.

 

Que nadie lo ponga en duda,

 mujer que destilas pureza,

del vientre virginal nos diste,

 al Dios que por justo condenan.

 

Ay mi niña de San Pedro,

rosal que florece en mi encaje,

alfiler que se clava en mi alma,

cada vez que te tengo delante.

 

Por tu rostro de jazmín,

vas derramando luceros,

van cayendo las estrellas,

“pa morir en tu pañuelo”.

 

Una cornisa se de espuma,

se balacea en tu palio,

un florecer de azahares,

hechos cuentas de rosarios.

 

Es tu blancura envidiada,

por el reflejo de luna,

por el nácar de los mares por la sal y porla espuma.

 

Vas acariciando a tu paso,

el corazón del enfermo,

son tus manos escalones,

que lo acercan hasta el eterno.

 

Que nadie me ponga en duda,

y me llamen si quieren loco,

pero es que al mirar tu carita,

toda calma se vuelve alboroto.

 

El aire te lleva prendida,

suspendida entre la brisa,

enamorado de tu cara,

de tu llanto y tu sonrisa.

 

 

 

Embriagas con tu dulzura la que no quiere llorar,

 la que se traga las penas,“pa” el consuelo regalar.

 

Mocita de mejillas de flores,

candor de abrazo temprano,

paloma que anuncias la calma

en las tormentas del cristiano.

 

El cielo se queda sin Madre,

cuando a La Línea bajas tú,

la gloria inunda las calles,

 con tu nombre de Salud.

 

He dicho

José David Muñoz Oliva.

 

 

 

 

A.M.D.G. et B.V.M.S.L.C.

 

 

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