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PREGÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS VEREDAS 2011. Alejandro Sigüenza Navarro. CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 2: JUVENTUD DE HERMANOS

Noche cerrada en Jerusalén. El cálido y sereno abrazo de la atardecida baña cada esquina de la ciudad. Todo permanece en calma. Jesús prepara la cena rodeado de los doce apóstoles, los  amados discípulos que tantas veces lo han acompañado: En los viajes que realizaba de una tierra a otra para predicar sus enseñanzas; cuando bautizaba en el río; cuando curó al leproso y le devolvió la salud; o cuando obró el milagro del anciano que recuperó la vista.

Ahora estaba cenando con ellos, igual que siempre pero a la misma vez de forma muy distinta. Él sabía que era su última cena, sabía que tras la aparente tranquilidad de esa noche, todo cambiaría. Bendijo el pan y la vid, y la repartió a sus discípulos. Tras la cena, el nazareno abrió su alma y con voz firme habló a sus sucesores: Hermanos, en verdad os digo que esta noche seré traicionado por uno de vosotros.

Los apóstoles no comprendían lo que el maestro les había relatado. En esa nube de desconcierto, Jesús insistió en marchar a orar a un huerto que era conocido como el de los Olivos. Allí permanecieron varias horas. Los apóstoles dormían. Jesús oraba en silencio. Pero al mismo tiempo, los soldados se acercaban sigilosamente hasta el lugar. Los apóstoles despertaron de repente y vieron llegar a la guardia romana. Judas Iscariote, uno de los seguidores más conocidos del Mesías, abría la marcha señalando el camino. Se encuentran frente a frente. 

-          ¿A quién buscan? Pregunta Jesús.

-          Buscamos a Jesús de Nazaret.

-          Yo soy.

Judas intenta huir, pero los soldados se lo impiden. El traidor se acerca a Jesús. Se presigna ante él y le besa en la mejilla mientras exclama:

¡Oh, Rabí!

-          Jesús le contesta: Judas, ¿con un beso entregas al hijo del hombre?

Marzo de 2011. Parroquia del Sagrario de la Catedral de Sevilla. La cruz y el icono de la Jornada Mundial de la Juventud preside el altar, que se pierde entre un mar de personas que se agolpan incluso a las puertas del templo. Mientras espero la cola para poder besar la cruz, converso con unas amigas que participaban como voluntarias. Ellas me contaban que cuando la cruz llegó a Sevilla veían a muchas de las personas que la portaban llorando de emoción. Ella se preguntaron entonces lo que yo me cuestionaba ahora: ¿Por qué estaban llorando? ¿Sería por la cruz? Porque si a algo estamos acostumbrados en Sevilla es a ver y llevar cruces. Pero me explicaron que cuando ellas cogieron el madero también se emocionaron.  Yo seguía sin creerlo porque sinceramente no sabía qué tenía de especial. Llegó el momento y me acerqué a uno de los lados. Me detuve prácticamente en el travesaño de la cruz y me puse de rodillas. Y besé la cruz mientras descansaba mis manos sobre ella. No puedo describir aquel momento con palabras. Me acordé de tantas cosas en décimas de segundo. Me acordé de mi familia, de mis amigos. Recordé las primeras veces que salí de nazareno. Aquellas tardes en la silla de la campana esperando ver pasar una cofradía mientras degustaba un paquete de avellanas. Recordé cuando comencé a hacer fotografías y cuando me estrené de acólito en mi hermandad. Sí. Ese beso era muy distinto al que Judas dio a Jesús. Aquel beso estaba lleno de amor y sentimientos desvelados al amparo de la cruz. Ha sido sin duda uno de los momentos más emocionantes de los que he vivido esta Cuaresma.

Otro de esos grandes instantes para recordar tiene que ver contigo, madre de las Veredas. Hablo de aquel primer encuentro con los vecinos y con la asociación de fieles, el mismo del que me hacía eco al principio del pregón. Los miembros de la junta me hablaron de la historia de la hermandad, de sus orígenes, de su evolución, de su pasado y de su presente. Me enseñaron parte del patrimonio que poseen. Me comentaron que tenía un taller de costura en una de aquellas salas. Que había bordado sayas para la virgen. Y el año anterior habían estado ocupados con el faldón frontal del paso. Yo puse mucho interés en ver aquel faldón para conocer el resultado. Y al ver esa genialidad que mezclaba oro y bordados, yo no sabía qué decir, yo me quedaba extasiado. No entendía cómo todo ese esplendor había podido nacer de aquellas sencillas manos.

Cómo me recordaba al quehacer de mi hermandad,

a  tantos días de trabajo.

A llevar y traer insignias.

A volver a limpiar el manto.

A preparar los ciriales.

El vestidor, con la virgen,

Resaltándole su encanto.

Y la banda, tan cerca y tan lejos,

Persigue con los ensayos de la armonía celestial,

Para que todo sea perfecto en el día señalado.

El florista ya se acerca,

Y viene cargado de ramos.

El costalero prepara,

Faja, costal y zapatillas

Para cumplir la promesa

De volver a guiar tus pasos.

La candelería reluce,

Y las velas en sus tramos.

Por esos buenos momentos

Vale la pena el esfuerzo de este equipo tan humano,

Que vuelven a trabajar juntos, 

Que vuelven a darse la mano,

Para conseguir un año más

Ese colosal milagro

De coronar a Veredas

como reina de este barrio.

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Comentado por Azahar y jazmín en abril 29, 2011 a 10:52am
Que bonita y emótiva tu visita a la Cruz de la Juventud, se me han venido recuerdos a la memoria, del PERSONAJE que la regaló, el gran Juan Pablo II, gracias por este nuevo blog sobre tu PREGÓN, espero la próxima entrega, besos Alejandro.
Comentado por Túrbula en abril 29, 2011 a 9:17am
Gracias Alejandro por compartir con nosotros la  experiencia  vivida en la Capilla del Sagrario con motivo  de la Jornada de la juventud  y por regalarnos este trocito de pregón que tan bien has exaltado a la Virgen de las Veredas

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