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PREGÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS VEREDAS 2011. Alejandro Sigüenza Navarro. CAPÍTULO 4: MATER MEA

CAPÍTULO 4: MATER MEA

El Viernes de Pascua empieza a agotar sus últimas horas. Cae la tarde. El cielo se ha vuelto gris y tormentoso. La imagen es desoladora en un monte Calvario que se ha quedado prácticamente vacío. Dos hombres, José de Arimatea y Nicodemo portan una sábana para bajar a Jesús de Nazaret, que yace muerto en la cruz. Su cuerpo incorrupto mana sangre del costado derecho por la lanza que el soldado Longinos había clavado en el tórax del nazareno para conocer su estado, para saber si vivía o estaba muerto. Del costado manó sangre y agua. Longinos se arrodilló a los pies de aquel hombre justo, omnubilado ante su imagen, pues  comprendió que había traspasado el costado del Salvador.

Jesús es descendido de la cruz. Su cuerpo es envuelto en un sudario blanco en el que quedó marcada su silueta frágil e incorrupta. Los dos varones que descendieron el cuerpo de Cristo lo portan en el camino al Sepulcro. Lo acompañan un total de dieciocho personas. Todos con la misma expresión de desconsuelo. Todos afligidos por la pérdida del maestro. El silencio desolador y solemne es roto por el llanto de las mujeres, que visten de riguroso luto. Pero hay una de ellas que permanece impasible, derrama lágrimas de tristeza pero se mantiene firme y fuerte en el traslado. Sus ojos son de azabache y su cabello castaño se advierte entre los pliegues del velo que cubre su cabeza. Su faz es serena. Y su mirada refleja el sufrimiento más agudo que puede resistir el ser humano: el dolor de una madre. María levanta la vista y mira a su hijo. Recuerda entonces las últimas palabras que le dedicó: Mujer, ahí tienes a tu hijo, señalando a Juan Evangelista. Después, Jesús habló a Juan: Hijo, ahí tienes a tu madre. Esa mujer sin pecado concebida había vivido con Jesús durante toda su vida. Lo llevó en su vientre, lo vio nacer y crecer. Le educó en el amor y la humildad como servidor de Dios padre, al igual que lo era ella. También acompañó a su hijo en el camino al Calvario. Le ayudó a levantarse en una de sus caídas. Y lo vio morir al pie de la cruz. María demostró en todo momento una entereza que ninguna otra persona habría soportado. Nosotros tenemos la suerte de ver a la madre amada en nuestra  patrona, la Santísima Virgen de las Veredas. Ella, que también se llama Dolores, nos quita todas las penas y nos perfuma con la providencia que emana todo su ser. Ella es la que sonríe con nuestras bromas y la que entiende nuestros enfados.

Yo, por ejemplo, tengo que admitir que soy bastante patoso, y que además de ello estoy todo el día haciendo bromas y tonterías. Mi madre, cuando era pequeño, siempre decía: Mi niño el año que viene echa formalidad, el año que viene cambia. Pasaba otro año y yo seguía igual, y ella volvía a decir lo mismo: el año que viene él ya es mayor y echa formalidad. Así hasta hoy. Y aquí seguimos los dos: Yo, igual de bromista o quizás más; y ella pidiendo que algún día madure. Pero como todas las madres, se enorgullece en los buenos momentos y me apoya en los no tan buenos. Ella siempre está conmigo.

Por eso yo quiero dedicar estas palabras a las madres de Valdezorras, a las madres de Sevilla. Carmen, Juana, Encarnación, Triana, Rocío, Salud, a Trinidad, Rosario, Caridad, Macarena, Dolores, Ana, María o Esperanza.

Qué puede importar su nombre

si ellas nos lo dan todo,

si ellas nos dan la vida.

Ellas conforman el bálsamo

Que cura nuestras heridas.

Las que calman tempestades,

Las que te muestran el camino

Cuando no ves la salida.

Por eso te doy las gracias

A ti mujer hermosa.

A ti paloma del cielo,

Que eres sol en mi horizonte

Y eres luz en mi universo.

Que eres rosa de pasión

Conjugada de luceros.

A ti dulce mediadora,

Que tanto me has protegido

Desde que estaba en la cuna,

Yo te quiero dar las gracias,

Porque madre sólo hay una.

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Comentado por Azahar y jazmín en mayo 13, 2011 a 11:08am

Precioso este fragmento al que has dado un gran y bonito titulo. No creo que tu madre siga diciendo que seas "formal", porque desde que te conozco me lo has parecido, ¿las bromas?, son hasta sanas y muy necesarias, y este texto y poema, nos da a entender tu formalidad y madurez en un mundo que nos son muy necesarias ambas cosas, felicidades nuevamente.

Comentado por Jose M en mayo 13, 2011 a 10:09am
Precioso poema dedicado a las madres, tu madre debe sentirse muy orgullosa de ti, ENHORABUENA!! por este magnifico pregon que poco a poco vamos descubriendo,un abrazo
Comentado por Túrbula en mayo 13, 2011 a 9:12am
No ma vas a decir que tu madre no está contenta después de ver el precioso pregón que has escrito? y concretamente este poéma?

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