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La de la Macarena es un poco larga, así que habrá que resumirla lo que se pueda.
Como sabeis, la Esperanza Macarena es la imagen más conocida de Sevilla a nivel universal. Uno de los misterios más escondidos del arte sevilano es precisamente el nombre de su autor. Tradicionalmente se creía que la hizo la Roldana (Luisa Roldán de Mena), pero estudios recientes han desmentido esta teoría. Se han ofrecido nombres como Juan de Mesa o Francisco Ruiz Gijón, incluso se ha dicho que la hizo un ángel.

Pero la leyenda de la Macarena se refiere a un suceso que ocurríó a poco de fundarse la hermandad, mediante el cual la cofradía no pudo procesionar hasta el Hospital de las Cinco Llagas. Según la leyenda un viajero que iba a embarcarse hacia las Indias cayó enfermo antes de subirse al barco y lo llevaron al Hospital de las Cinco Llagas, hoy sede del parlamento andaluz. No se pudo hacer nada por su vida y murió sin haber hecho testamento. Al cabo de un año nadie reclamó el cadáver y el hospital decidió quedarse con lo que llevaba. Abrieron su maleta y allí encontraron la mascarilla y las manos de una Virgen bellísima.

A pesar de la belleza de la imagen, las monjas que se hicieron cargo de ella no encontraron un altar donde colocar a la Virgen debido a la falta de espacio que había en la capilla, así que la guardaron en lugar seguro.

Unos años antes, a finales del siglo XVI, se fundaba una hermandad en el antiguo convento de San Basilio (de ahí se cree que se originó el nombre Macarena, pero de eso hablaremos otro día). Hoy está desaparecido, pero estaba en la calle Relator. Esta hermandad sólo tenía un crucificado que procesionaba en Semana Santa. Con el paso de los años decidieron adquirir una Virgen, a la que darían la advocación de la Esperanza.

Ya de vuelta en el hospital, la leyenda cuenta que a mediados del XVII necesitaban un reloj con campanas para los servicios religiosos. Providencialmente, la hermandad de la calle Relator tenía un reloj que les habia donado un devoto, pero no lo utilizaban porque se servían del que tenían los monjes del convento de San Basilio. Entonces propusieron cambiar la Virgen por el reloj.

Pero no fue tan fácil: el administrador del hospital no quería perder del todo la imagen, por lo que exigió que no constase como permuta definitiva, sino como cesión temporal sine die. La hermandad podía anular el acuerdo cuando quisiera, pero no así el hospital. Los hermanos añadieron que en ese caso no haría falta ninguna firma, sino que bastaría con que la imagen entrara en los terrenos del hospital para que perdieran la titularidad sobre ella.

Este contrato se cumplió escrupulosamente cuando años después el administrador quiso deshacer el contrato, pero los hermanos se nagaron: solo si la Virgen entraba en el hospital la perderían.

Años después la hermandad se estableció en la iglesia de San Gil, donde estaría casi 300 años. En una ocasión un Viernes Santo la techumbre de la iglesia se hundió cuando la hermandad estaba en medio de la procesión, de forma que cuando regresaron no pudieron entrar en el templo. Los cofrades pensaron que lo mejor sería entrar en el hospital de las Cinco Llagas para resguardar a las imágenes, y allí se dirigieron. Pero cuando estubieron a punto de llegar a la cruz que marcaba el terreno del hospital un anciano empezó a dar voces advirtiendo a los cofrades de que no entraran allí. Le hicieron caso y el anciano contó al hermano mayor que si entraban ahí perderían a la Virgen inmediatamente. Al preguntarle cómo sabía eso, respondió que 80 años atrás él había sido aprendiz de relojero y había ayudado a colocar el reloj en el hospital a cambio del préstamo de la Virgen.

Por si acaso, los hermanos decidieron llevar las imágenes a la iglesia de San Hermenegildo, en la Puerta de Córdoba. Según la leyenda, durante la historia esta escena se ha repetido varias veces. En todas ellas ha sido la gente del barrio de la Macarena la que se ha negado a que la Virgen entrara.

Si esta leyenda fuera cierta, hoy habría prescrito, pues en los años sesenta como ocasión de las misiones (las mismas que originaron la leyenda del Gran Poder), la Virgen entró en el hospital a visitar a los enfermos. A la salida no le pusieron problemas, por lo que hoy sigue en la Basílica, bien protegida.

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Comentado por Manolo Santiago en abril 13, 2009 a 5:01pm
Gracias amigo Antonio, me ha encantado la historia. De todas formas, las imágenes religiosas (evidentemente son de tal o cual Hermandad, parroquia, iglesia,etc.) pertenecen a todos los creyentes y, como obras de arte, a todos los que las admiran.
Recuerdo de pequeño como mi padre le pedía, de rodillas, a la Santísima Virgen de las Lágrimas de la Hermandad de La Exaltación que no permitiera a los hermanos de dicha corporación votar afirmativamente por el cambio por otra talla. Para mi padre era su Virgen. Imagino a esos hermanos de La Macarena pensando que podían perder a "su" Virgen.

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