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Al día siguiente, no sabía si lo había soñado, se despertó con la idea de haber visto el rostro de la Madre de Dios en sueños, la que precisamente deseaba realizar.

 

Cogió sus instrumentos e inició a dar golpes con el cincel y el martillo empezando a caer al suelo las primeras lascas de madera con el fin de quitar la gruesa corteza del tronco. Alcanzó el carboncillo y con firmes trazos dibujó el rostro de la Virgen pero no conseguía transmitir esa idea que llevaba en su cabeza al todavía tronco. Borró y trazó su cara una y otra vez pero….nada, era del todo imposible pintar esa cara, para él tan bonita.

 

A la mañana siguiente, al despertarse, se refregó los ojos y no podía dar crédito a lo que estaba viendo: la cara de su Virgen se encontraba dibujada, insinuada en la madera, exactamente igual a como la tenía concebida. Esa imagen de frente ancha, cejas marcadas, ojos oscuros y comprensibles, labios mezcla de dolor y alegría, lágrimas en las mejillas configurando una cara sin igual. ¡Sí era su imagen!, pero ¿quién le había realizado el boceto sobre la madera? ¿Cuándo la había pintado? No conseguía recordarlo y lo achacó a lo cansado que estaba la noche anterior.

 

Se marchó muy de mañana a darle las gracias a Santa Ana de haber sido capaz de trazar esas líneas magistrales. “Señora: sólo vengo a darte las gracias y a pedirte que me de fuerzas para conseguir lo que Tú y yo sabemos. Amen”. Se santiguó y salió de la parroquia con renovadas energías y loco de contento se dirigió hacia su taller dispuesto a plasmar en el tronco esa  cara tan preciosa que él creía que la había pintado y de la que se sentía tan orgulloso.

 

Cogió la gubia, el martillo, el cincel y se puso manos a la obra. Al cabo de un rato de trabajo no había conseguido avanzar un solo palmo y, salvo algunas astillas, no pudo iniciar la obra. Como estaba contento no se desanimó y se dijo: “mañana tendré más suerte” y se acostó pronto a descansar. Pasaron un día, otro y otro y….nada, no conseguía iniciar el tallado de la madera.

 

     Así pasaron los días perdidos en el intento hasta que una mañana, al despertarse, vio como el tronco tenía la frente despejada de la que sería su Virgen. Miró fijamente al tronco y le entró una satisfacción interior que no sabía describir.

 

Intentó seguir con la imagen pero, igual que la vez anterior, no consiguió tallar los ojos que, junto a la boca, le darían esa expresión de majestad que tanto deseaba para Ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentado por Luciano Carrasco Rojas en julio 1, 2011 a 3:54pm
Gracias por traernos estos relatos y leyendas. Un Saludo
Comentado por sonia en julio 1, 2011 a 11:47am
OHHHH javier como me gustan estos relatos que comparto con mis hijas y que quieren saber más.... Dicen que como va a salir de un tronco tanta belleza!!!! Besos

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