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Tarde de primavera, tarde triste de Triana. Transcurría la jornada de un sábado de Cuaresma con aparente normalidad. Una calma tensa se apoderó por momentos de las calles del Barrio. Tocaba ensayo para la cuadrilla de costaleros del palio de la Reina de Triana. A la hora prevista, ninguna premisa hacia presagiar nada bueno, mucha tristeza en los rostros conocidos, ausencia de costaleros, capataces, componentes de Junta de Gobierno y de hermanos habituales en los ensayos. Lo que sería una tarde premonitoria de sonidos de la Madrugá y de rachear de alpargatas de costaleros que se preparaban para la gran noche, se tornó en silencios y murmullos. Tratábamos de buscar respuesta a tanta tristeza y dolor. Con sorpresa y mayor pena descubrimos que un corazón grande de Triana se paraba para siempre. Un joven amigo costalero dejó su barrio de Triana para iniciar el último viaje hacia el encuentro con su Estrella y su Esperanza. San Jacinto y Pureza quedaron atrás en el punto y seguido de su vida. Su alma de niño bajo un cuerpo de hombre se elevó a lo más alto llamado por el martillo del Divino Capataz de la Triana Celeste.

Esa tarde no pudimos intercambiar palabra alguna, ese habitual saludo del leve golpe sobre la espalda, ese “¿cómo va la cosa?” “¿qué como va?, como va a ir, de lujo como siempre. Que poquito queda niño para que Sevilla se ponga en pie con la Señora”. En ese instante todo terminó y todo empezó de nuevo. Por un momento la amistad se hizo recuerdo y con el paso de los años, memoria justa y agradecida. Soleadas tardes del Copero, charlas en el patio del Bécquer, los encuentros de los sábados por la mañana, partidos de fútbol en los Salesianos y sobre todo cuando nos parábamos a hablar de cofradías y todo lo demás sobraba. El gran corazón dejó de latir bajo el pecho de una buena persona, de un costalero de ley, de un joven alegre, entusiasta y bondadoso. Se marchó de esta vida en silencio, como siempre, sin hacer ruido, sin la mínima queja, sin causar molestia alguna, derrochando amor y con esa sonrisa perenne que siempre se dibujaba en su cara.


Han pasado muchos años, y como verás querido Juan, no sólo no te olvidamos sino que cada día nos acordamos más de ti. Aquel Domingo de Ramos, Nuestro Cristo de las Penas llegó a San Jacinto y entró en la Capilla a sones de Réquiem por Juan Vizcaya, capataz grande que duerme junto a ti y a otros tantos costaleros y capataces de nuestro Barrio el sueño eterno en el Cielo de Triana. La Virgen de la Estrella, llorando más que nunca, terminaba la más triste noche de Domingo de Ramos al son de Hermanos Costaleros. Hermanos Costaleros por ti amigo Juan, por tu generosidad y por ese amor tan grande que desbordabas cada Domingo de Ramos cuando paseabas a la Señora de la calle San Jacinto como ella se merece. Como justo homenaje, tu lugar en el palio quedó vacío en la Estación de Penitencia de ese Domingo de Ramos-noche de llantos y emociones. Vacío, pero lleno, lleno con tu recuerdo. Noche de Estrella Sublime en San Jacinto y noche de Amarguras en las entrañas del Barrio que vio partir hacia el infinito Azul al niño de su alma.

“Por Dios que pare la música, no veis que va dormido bajo el palio de su Madre y puede despertar”, “Capataz, no llames al martillo, que el jamás volverá a contestar a tu llamada”. Sus pies se detuviron a pocos pasos de la puerta de un nuevo Domingo de Ramos y de su cercana Madrugá. La realidad durmió en la profundidad de la nostalgia y su noble alma acarició la parihuela de los costaleros buenos que se marcharon a vivir para siempre la eternidad de la Cofradía de la Gloria. Noche triste de Triana, Juan subió al Cielo y atrás quedaron sueños revividos junto a su Estrella de Triana. Tus padres nunca dejaron de estar contigo, tu recuerdo fue su inseparable compañero hasta el día del reencuentro y del abrazo duradero. No sabes Juan, el pellizco que siento cada vez que suena un martillo en San Jacinto o en Pureza y algo me dice, que entre los costaleros estás tú. Parece todo un mal sueño que despierta a la más deseada realidad.

Hasta siempre querido Juan y que Dios te bendiga.

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Comentado por Jose M en febrero 10, 2010 a 10:36pm
Precioso, magnifica dedicatoria a ese costalero que subio al cielo para llevar a su Cristo, me ha emocionado. Enhorabuena, un abrazo
Comentado por ENCARNACIÓN CASTRO DÍAZ en febrero 10, 2010 a 9:54pm
Gracias Jordi por hacernos sentir lo que tu sientes, que gran hermanamiento entre costaleros, verdaderamente ese es el significado de HERMANDAD. Un abrazo.
Comentado por Azahar y jazmín en febrero 9, 2010 a 9:45pm
Muchas gracias Jordi, tus palabras me han traido el recuerdo de alguien a quien nombras tambien Juan Vizcaya, creo que no es a él, pero es igual fueron dos corazones como tantos otros que se desvivieron por sus sagradas imágenes, por la devoción que les tenian y por lo que las querian, conocí a Juan Vizcaya, y recuerdo el gran revuelo que causó su muerte repentina, como en ese Almacen de la Hermandad, a pocos metros de mi casa, como en la Parroquía se vivieron muchos instantes de tristeza, por esa repentina desaparición, y siempre al oir Requiem, recuerdo aquellos momentos de una persona que estuvo junto a sus hermanos intentando ayudar en lo que podía, un abrazo.
Comentado por JOSE ANTONIO en febrero 9, 2010 a 8:26pm
Bonito homenaje, sin duda ahora estará ensayando en el cielo. Saludos
Comentado por TRIANA FOREVER en febrero 9, 2010 a 4:51pm
BONITA DEDICATORIA A ESTE COSTALERO TRIANERO KE SEGURO TE LO AGRADECERÁ ALLÁ DONDE ESTÉ.UN ABRAZO TRIANERO JORDI.-

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