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RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA DE SAN MATEO DE CACERES

Cáceres es una de esas ciudades que esconde un tesoro maravilloso, que quiere exportar al mundo. Una ciudad con el titulo bien merecido de Patrimonio de la Humanidad y que tambien nos gustaria ser Capital de la Cultura Europea para el 2016, Es una ciudad Monumental llena de encanto, de belleza y tranquilidad, pues es cierto que cuando cruzas el Arco de la Estrella y te adentras ha cia la Plaza de Santa María, lo primero que te encuentras es la empinada cuesta de los Adarves Cacereños y te transporta hasta el siglo XIII, cuando la ciudad estaba dominada por los árabes, y así te llegas hasta la Plaza de San Mateo maravilloso rincón, donde los árabes instalaron su Alcázar y que luego en el Medievo se fu transformando en uno de los rincones mas bellos de la ciudad, donde hoy podemos divisar, el Convento clausura de San Pablo de la Orden franciscana de Santa Clara, el Palacio de Don Diego de Ovando, fiel capitán de los Reyes Católicos, la torre de los Plata, la Casa del sol y el centro de todo, el magnífico edificio, antes mezquita hoy Iglesia Parroquial de San Mateo con ese magnífico tesoro que encierra entre sus muros como es el retablo mayor, obra del Cacereño Vicente Barbadillo.
Uno de los Investigadores Cacereños que ha investiagado en esta Iglesia ha sido Florencio-Javier Garcia Mogollon, quien en el libro “La Parroquia de San Mateo (Cáceres), Historia y Arte”, destaca esta pieza como la mas importante realizada por Vicente Barbadillo.
Pues para casi todos los entendido, es la pieza mas valiosa que encierra esta Iglesia, que cubre todo el plano absidal y llega hasta lo alto de las bóvedas, de estilo rococó y que además la madera no esta policromada, sino que esta tal como su autor hizo la obra, salvo en la parte central en la que se observa la custodia- manifestador..
Preside el primer piso de la custodia, compleja arquitectura con manifestador de tipo giratorio incluida en un barroco hueco de perfil mixtilíneo muestra un alto y escalonado basamento sobre el que se alcanzan dos cuerpos, el primero ocupado por el sagrario y el segundo sobre una hornacina alberga la magnifica escultura de un Niño Jesús conocido por Santo Niño de la Congregación, que es una imagen que data del siglo XVII a la que en otros tiempos se profeso una gran devoción y que además tuvo Cofradía fundada en 1614 . Es una talla con claros signos andaluces y montañesina, que presenta al niño desnudo, en un inventario de 1646.
La Venerada imgen siempre fue tratada con gran delicadeza por parte de quienes la custodiaban en la cofradía.
Se sabe que el año 1675 el pintor cacereño Francisco Mendo Montejo arregló la pena y la imagen, que en 1784 el escultor Antonio Prieto Cifuentes y el pintor Francisco Crespo restauraron de nuevo la talla del niño en Madrid .
También el platero madrileño Juan Alvares Fabrico unas potencias, sobredoró la esfera del mundo y reparó la corona de dicha efigie, al mimo tiempo Joaquín Rodríguez doraba la hornacina que la cobija por un precio de unos 450 reales. Ante la talla lucirían las dos bujías de plata fabricada a principio de la década de 1760 por el orive cacereño Pedro Mogollón.

Esta que relatamos, es quizás la parte mas hermosa del retablo y se diferencia sobrenera sobre el resto del conjunto de la obra de Vicente Barbadillo.

Las columnas que sustentan los cuerpos de esta bella custodia son similares, aunque de menor tamaño y con capiteles diferentes a las del resto del retablo, sigue los cánones característicos del estilo rococó de la segunda mitad del siglo XVIII. Precisamente de este siglo data la custodia que fue tallada por el tallista de Zafra Antonio Vélez Moro en el año 1671 y fue reformada por Vicente Barbadillo. Se ha perdido el lienzo de la Inmaculada Concepcion que expresamente para este retablo pinto Rafael Lucenqui y Martinez en 1857

A ambos lados y en el piso primero del retablo se encuentran las hornacinas aveneradas y de medio punto y flanqueadas por suaves estípites como los que flaquean el hueco de la custodia .
En estas hornacinas se incluyen en la de la izquierda la Imagen de la Virgen del Rosario adquirida a finales del siglo XIX esta imagen lleva en su cabeza una corona de plata del siglo XVII y a la derecha de este primer piso del retablo tenemos a la imagen de San Jose con el Niño.
Similar al precedente que acabamos de relatar es el segundo piso del monumental retablo de la Iglesia Parroquial de San Mateo. En su calle central tenemos la hornacina que ocupa la imagen de San Mateo Evangelista. Esta hornacina es de medio punto bordeada por doble baquetón mixtilíneo y culminada por un recto frontón roto,. Ocupan los nichos u hornacinas laterales las efigie de San Juan Nepomuceno y San Pedro Apóstol, ambas del siglo XVII y que fueron donadas por Don Jorge de Quiñones y por el Cabildo. La efigie de San Mateo sustituyo a mediados del siglo XX , a la que labro hacia el año 1670 el escultor de Losar de la Vera Diego López , que cobró por el trabajo 1640 reales. El pintor cacereño Francisco Mendo Montejo, doró y policromó esta pérdida escultura del evangelista que todavía se consevaba en el año 1920. Esta escultura parece que se realizo entre los años 1672 y 1674.
El tercer y ultimo cuerpo del retablo muestra otras tres hornacinas que este caso, flaquean estípites perfectamente formados : Las hornacinas laterales son ocupadas por las tallas de San Francisco de Asis y de San Pedro de Alcantara ( ambos santos vistieron lo habitos francicanos el primero fue el fundador y el segundo fue el reformador de la orden franciscana y consefesor de Santa Teresa de Jesus y era natural de Alcantara un pueblo a 60 Km de Cáceres). La hornacina central de este tercer piso y altísimo retablo guarda una gran escultura de Cristo Crucifiado de grandes proporciones y desgarradas facciones. Se cree que es una obra que data del siglo XVII, se lo denomina bajo la advocación de Cristo de la Buena Muerte y según el historiador Don Antonio Hurtado, procedía de la cacereña Iglesia del Espiritu Santo, antigua ermita que pertenecía a la Parroquia de san Mateo.
El remate de este esplendido retablo es muy movido y todo culmina en magnificas tarjas broches de hojarasca pomposa.

Vicente Barbadillo, autor de esta importante obra, tiene también obras repartidas a lo largo y ancho de Extremadura como los del Cristo de la Salud de Santa Ana (1766-1776) localizado en el santuario cacereño de Nuestra Señora de la Montaña, las molduras y ornatos de yeso que enmarcan las pinturas de la cúpula en la también ermita cacereña de Nuestra Señora de la Paz (1763-1770) y los marcos de estilo rocoó que ennoblecen los dos cuadros laterales de la ermita de Nuestra Señora del Prado, patrona de la vecina población del Casar de Cáceres (hacia 1766), para este ultimo templo, probablemente hizo también el retablo mayor a mediados del siglo XVIII. Se le atribuye también la preciosa y artística cajonería de la Concatedral de Santa Maria de Cáceres, el retablo mayor de la parroquia de Malpartida de Cáceres (hacia 1770) y el mayor y colaterales de la parroquia de Torreorgaz, por su gran relación estilística con el de San Mateo . Existe también constancia documental de la intervención de Vicente Barbadillo en el magnifico retablo mayor de la parroquia de Santa Maria en Jerez de los Caballeros (Badajoz), obra desaparecida en el triste incendio de 1965 y realizada entre los años 1761 y 1763. Y también en la misma parroquia de San Mateo. Labro el Marco del Cristo de la Encina y el tornavoz del Pulpito, obra esta ultima sin policromar .
La realización de este magnífico retablo, fue encargada por el entonces Obispo Don Juan-José García Álvaro. Los trabajos se encargaron al tallista Vicente Barbadillo en el año 1766 culminado en 1776.

Ascendió el importe total de la obra a 33.811reales de vellón, de los cuales el obispo Juan José García Álvaro que rigió la diócesis de Coria entre los años 1750 y 1783 aporto 9.474, mientras que otros destacados miembros de la nobleza cacereña, colaboraron con diversas cantidades, entre otros el Conde de la Encina, el marqués de Camarena, Don Gonzalo de Carvajal, Don Jorge de Quiñones, Don Álvaro de Ulloa, Don Juan de Ulloa, Don García Golfín y don Jorge de Ovando.
Se quiso dorar este retablo, pero por problemas económico no se pudo llevar a efecto. Ha sufrido diversas reparaciones en los años 1813 por el carpintero Juan Pérez, 1814 por el carpintero Diego Macías y sobre todo en 1816 cuando era eminente su desplome obligo a intervenir al maestro Gallardo y al herrero Lesme Acedo. En el año 1995 lo limpiaron y consolidaron las restauradoras cacereña Gracia Sánchez-Herrero Rosado y María de los Ángeles Penas Rentero

Este monumental retablo mayor de San Mateo vino a sustituir al pequeño de pincel gótico , que se cita en los inventarios de 1485, 1532 y 1551y que se reparo por los años 1568-72; tenía seis tableros con los que las figuras de San Mateo, San Pedro , San Pablo, la Anunciacion y dos Padres de la Iglesia

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Comentado por Moy en diciembre 1, 2009 a 1:56am
Precioso retablo.
Hecho de menos el dorado. ¿Se quedarían sin dinero para terminarlo?
Comentado por Emi(Angel macareno) en noviembre 30, 2009 a 1:56pm
Gran explicación la que das. Es muy bonito y sencillo. Un abrazo desde Sevilla.
Comentado por MAITE en noviembre 30, 2009 a 8:25am
No he tenido la oprtunidad de verlo, pero sera asignatura pendiente.Gracias.Saludos.

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