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S. CRISPÍN, MÁRTIR EN EL PRIMER SIGLO DE LA IGLESIA, OBISPO DE ÉCIJA, MUESTRA DE SU ANTIGÜEDAD EN LA RELIGIÓN, AUTORIDAD Y CREDITO DE FLAVIO DEXTRO, CUAN GRANDE SEA.

Del tiempo en que floreció viviendo, y se coronó muriendo el glorioso S. Crispín, Obispo de Écija, variamente hablan los que de él hacen memoria. Usuardo Francisco Maurólico, de Peregrinis, el Obispo Equilino en sus Martirologios, el de los Padres predicadores hacho por orden del maestro Fray Serafín Cavali, general de su religión; el romano del Papa Gregorio XIII, y el cardenal Baronio en sus notas, igualmente refieren su triunfo y el lugar donde lo alcanzó, si bien en ves de “astigiense o astigitano”, le nombran ASTIGIANENSE; ninguno de ellos señala en que tiempo. Pedro Galesino, protonotario apostólico, aun el nombre varía llamándole Crispiniano, aunque después en las notas de su martirologio se corrige en Crispino, y dándole la misma ciudad que los demás, por campo de sus batallas y vencimientos, dice que las tuvo y alcanzó del fiero enemigo de la fé, Dioclesiano, a cuya persecución, como a las mas cruda, en duración y fiereza, cargan comúnmente los historiadores las coronas y martirios de que no hallan tiempo determinado en las historias. Mucha mas antigüedad les da Juliano, Arcipreste de Sta. Justa, que floreció en tiempo del Emperador D. Alonso, el que ganó a Toledo, cuyo fragmento del principio de sus “Adversarios”, me comunicó D. Tomás Tamayo de Vargas, cronista de su magestad, nuestro amigo, cuyo ingenio, erudición y celo de la gloria de nuestra España merece toda estima, y dice así: “ En la ciudad de Écija, en Andalucía, vivía fresca la memoria de S. Crispín, Obispo de la misma ciudad, el cual como tuviese gran mano con Domiciano, y estuviese sobrado de riquezas y regalos, inspirado del cielo creyó en Cristo, y enviado, como se cree, por S. Clemente a España, predicó en Écija y por toda Andalucía. Fue de nación egipcio, varón verdaderamente muy santo, cuyo cuerpo se reverenciaba en aquella ciudad, hasta la pérdida de España; a quien S. Julián, o S. Isidoro, celebró con un himno que hasta hoy tenemos”. Recelo equivocación en el nombre de Crispín, y nacido en Egipto, señas que se acuerdan con las que da Juliano de S. Crispín, fue aquel tan infame en los vicios y tan cruel perseguidor de cristianos como Domiciano, y como tan parecido a su persona, así lo quiso y honró, que aunque de bajo suelo lo hizo caballero romano, príncipe y tribuno de una legión. Este es aquel de quien ya con nombre de Fescennio, ya de Sifinio, ya de Fescennino, ya de Fescennio Sifinio, hay mucha memoria en los martirologios e historias eclesiásticas, donde leemos sus crueldades con los cristianos; su nombre propio Vario Crispino Sifinio; el de Fescennino sus costumbres, por ventura se lo dieron, manchadas en todo género de torpezas. “Vario, dice Dextro, Sifinio Crispino, Fescennino, nacido en Egipto, ciudadano de Sifinio, en Italia, que siguió los reales de César Dominicano en la Jornada de Alemania, como lo enseña Plinio, en el libro XVIII, y hombre de bajo nacimiento, que persiguió cruelmente a los cristianos, y siendo Emperador Trajano y Adriano los atormentó en Francia”. Mucho temo que hayan confundido a nuestro santo con este verdugo, por la mucha semejanza de las señas, del nombre, de la patria y privanza de Domiciano. Que sea así muestran ser manifiesto los años en que pone Dextro su muerte, en lomas crudo de la persecución de Nerón; y de él a Domiciano pasaron diez y nueve años hasta el de ochenta y tres en que tomó el imperio después de los Emperadores Galva, Otón, Vitelio, Vespasiano y Tito.


Juan Nigravelo, Bibliotecario apostólico hace a San Crispín ermitaño de S. Agustín, no sé con que fundamento, si ya no es que fuese otro de este mismo nombre, Obispo también de Écija, de quien no se halla memoria en nuestras historias, ni en las extrañas. En tanta confusión y tinieblas como hasta aquí vemos envueltas las memorias de San Crispín, descubre, como suele, su luz el insigne español Flavio Dextro, que habiendo tratado varias veces de la persecución de Nerón, desde el año cincuenta y siete de Cristo, llegando al de sesenta y seis dice: “Sanctus Crispinus Episcopus Astigitanus sub Aloto patitur”. Padeció S. Crispín, Obispo de Écija, siendo Aloto juez. Tenía este las veces de Nerón en España, donde muchos años antes que en Roma se guió tan crudamente en el reino de Toledo, en Castilla, en Andalucía, en Aragón, Cataluña, Valencia y Portugal, y por toda España, que apenas dejó lugar de cuenta en ella, que no bañase de sangre cristiana.

“Algunos, dice Dextro el primero de Nerón, de los discípulos de Santiago, siendo Juez de Nerón Aloto, juntándose al Concilio Iliberitano, quemados y despojados de todos su bienes ellos, y los suyos muriendo valerosamente por le fe de Cristo, alcanzaron la corona de mártires”. Y en el año sesenta, particularizando este hecho general, dice : “Muchos en España en la primera persecución de Nerón, que comenzó el año cincuenta y siete, en Sevilla, en Andujar, en Portugal, en Ilíberi, en Tarragona, en Zaragoza, en Andalucía y reino de Toledo, confiscados sus bienes atrozmente fueron atormentados. En el mismo tiempo habiéndose juntado en Cherroneso, que ahora dicen Peñiscola, cerca de Valencia en España, a un Concilio los santos Obispos, discípulos también de Santiago, Basilio de Cartagena, su primer discípulo; Eugenio, de Valencia; Pío de Sevilla; Agathodoro, de Tarragona; Elpidio, de Toledo; Etheno, de Barcelona; Capitón de Lugo; Efrén, de Astorga; Nestor de Palencia, Arcadio, de Juliobriga; confiscada su hacienda fueron muertos por el mismo Juez”.

Continuó la persecución este maldito juez todos los años siguientes y en el de sesenta y seis, que fue el diez de Nerón cuando su rabio se desenfrenó haciendo a mano la ocasión del incendio de Roma, quitó la vida en Écija a S. Crispín, discípulo como se cree, de Santiago, que como algunos dicen solo él, de los Apóstoles, por este tiempo había predicado en España. Si bien otros sienten, y bien, que por este tiempo predicaba en ella S. Pablo. El juez Aloto, uno fue de los facinerosos ministros que Nerón tenía mas a mano para la ejecución de sus crueldades, a quien en vez de castigar como merecía hizo merced Sergio Galva, como escribe Suetonio en su vida, cap. XV.


Los gloriosos hechos del santo, sus excelencias, los milagros que Dios obró por su intercesión, el concurso de toda suerte de gentes que acudía a venerar su sepulcro, los beneficios que de allí recibían, las saludes que alcanzaban, no solo en los cuerpos enfermos sino también en las almas con inspiraciones del cielo, tan sabidos fueron como celebradas hasta la inundación de los árabes, que con su venida anegaron estas con otras ilustres memorias, que para los que hoy vivimos fueran de honra y provecho. Una suma de ellas conservaron San Julián, o bien S. Isidoro, como escribe el Arcipreste de Santa Justa, en el Himno que leemos en su Breviario.


Pondrélo ya aquí en lengua castellana, y al fin de este discurso en la que se compuso latina, para los que la entienden.

A Crispino de Cristo insigne mártir,
Aquel que confesando al uno y trino,
Lavó su cuerpo en baño de su sangre,
Y renunciando el mundo y sus grandezas,
Goza ya entre los ángeles el cielo,
Con justas alabanzas celebremos.
Aquel que generoso despreciando
Del mundo los alagos engañosos,
Puesta la mira en el que rige el orbe,
Siguió sus pasos con alegre gozo.
Aquel que caminando felizmente
Al paraíso con igual presteza,
Dejó vencido en campo al enemigo.
Su sello le echó Cristo, que del cielo
Vió que con pura fé, y heroicas obras,
Su nombre y magestad piadoso honraba.
Acometerle la infernal serpiente
Tentó tal vez, mas el puesto al punto
Con fuerte pecho al enemigo asaltó
Rindió la invida del cruel tirano.
La gracia fue de Dios omnipotente
La que a Crispín armó de tal constancia.
Que ni la cárcel, ni el tormento esquivó;
Ni los azotes, ni la sed, ni el hambre,
Ni menos el rigor del fuego ardiente,
Pudieron afear su cuerpo santo:
Aunque tan fiero los tormentos fueron
Que a no estar en su Dios tan bien fundado,
Pudieran quebrantar su fe constante.
Ante los ojos en el cielo puestos,
El soldado de Cristo, y alentado
Con su favor, desnudo puso el cuello
Al fiero golpe del cruel cuchillo;
Hasta que envuelto en su preciosa sangre
Écija le ofreció sepulcro honroso.
A visitarle vienen mil dolientes
De sus enfermedades aquejados,
Cojos, sordos, lunáticos y ciegos,
Y confesando a Cristo, prestamente,
Con viva luz de inspiraciones santas,
Salud entera por Crispino cobran,
Y cumplido remedio de sus males.
Oh, tu glorioso mártir, que enviado
Ante nosotros de este mundo fuiste
Por nuestro intercesor, al cielo santo,
Senos de hoy mas para con Dios propicio,
Para que así perdone nuestras culpas,
Y sean nuestras ánimas y cuerpos
Librados de enemigas asechanzas.
Y tan piadoso Padre nos concede
Esta merced a ruegos de tu mártir:
Borra, Señor, las cometidas culpas,
Si públicas, o bien ocultas sean,
Para que con alegras corazones,
Todos los años esta misma fiesta
En alabanza tuya celebremos
Gloria canten al Padre para siempre
Los que sus siervos son, gloria a aquel hijo
Que redimiendo al mundo con su sangre,
Y dándonos su espíritu de vida
Herederos nos hizo de su gloria.

Bien se muestra en el discurso de este himno, cuan grande haya sido la santidad del glorioso mártir S. Crispín, cuan ilustre su martirio, cuan crudos y cuan muchos los tormentos que en el padeció por la confesión de Jesucristo; cuan celebrado no sólo en Écija, sino en España; cuan frecuentado de los fieles su sepulcro, tesoro de tantos bienes corporales y espirituales, como visitándole, todos recibían por su intercesión. Allí hallaban ojos los ciegos, allí oídos los sordos, allí piés los cojos, y, lo que es mas raro, seso los que lo habían perdido. Ninguno llegó a él triste, que no volviese consolado; ninguno enfermo, que no le dejase la enfermedad; ninguno necesitado que no alcanzase remedio. Mas no paraban solo en el cuerpo los beneficios del santo pastor, que pasaban también a las almas; y como vivo había favorecido sus ovejas en los unos y en las otras, así muerto no los olvidaba, curaba sus dolencias, y en primer lugar las del alma, alcanzándoles del Señor santas inspiraciones con que se disponían a dejar las culpas, y recibir su divina gracia.


He visto dudar donde hubiese sucedido su martirio, y donde primeramente fue depositado su santo cuerpo: porque siendo dos las Écija, una a quien dieron sobrenombre de VETUS, otra a quien de COLONIA, no determinando en cual de ellas, parece quedar igual el derecho de ambas a pretenderlo. Demás, que siendo cierto que el santo no encerró en solo un lugar su doctrina, sino que la repartió aun con los de fuera de su Obispado, muy verosímil es, que le hubiese cogido la muerte en alguno del suyo. Dio ocasión a este pensamiento una estancia de este himno, donde dice:

Sepulcro corpus homatum reconditur,
Astigitanoe urbique reponitur.

“Al cuerpo se dio en tierra sepultura
Y en la ciudad de Écija se puso”.



Pareció cosa diferente lo primero de los segundo; que aquello sonaba entierro, y esto otro traslación; que aquel pudo ser en Écija la vieja, eso otro en la Colonia Astigitana. Mas bien considerado no añade nada lo postrero sobre lo primero; lo mismo es lo uno que lo otro, declarado mas en la segunda parte lo que se había dicho en la primera. No se hará esto nuevo a quien tuviese observación de los autores, no solo profanos, sino sagrados, a quienes es tan familiar este estilo que no hallo obligado a probarlo. ¿Quién ignora cuan frecuentemente en las sagradas letras, la segunda proposición declara lo mismo que se dijo en la primera? Modo de hablar tan usado en los poetas como el que mas. Decir, pues, el maestro que enterraron a S. Crispín, y lo pusieron en Écija; bien así hablamos también nosotros: corrió fulano, y corrió muy bien; dormía francisco y dormía profundamente; caminó y caminó a gran prisa. Añadimos en lo segundo lo que no explicamos en lo primero. Aunque sin bien miramos, no quiso decir otra cosa el autor del Himno, sino que encerraron el santo cuerpo en su caja y lo colocaron en Écija.
Que no se especifique en el Himno en cual de los Ecijas se hubiese enterrado el santo, nada contradice, porque si fuera en la vieja debiérasele añadir su sobrenombre “VETUS”; lo que en esta otra no era necesario, porque por el suyo propio, sin añadir el de la Colonia, porque era conocida y nombrada en todos los autores. Esta otra no, sino por el “VETUS”, y así diciendo que S. Crispín fue sepultado en Écija, no corrió obligación de añadir que es la nuestra. Menos fuerza mudar opinión lo que se añadió, que pudo ser, muriese el Santo en Écija la vieja y habiéndose depositado en ASTIGI VETUS después de trasladarse a la Colonia. Porque dado que así pudo ser, no consta de otra parte que fuese así, ni el Himno lo dice. Demás que el mismo discurso se pudiera hacer de cualquiera otro lugar, mayormente de su diócesis, y como falleciera en estos el argumento, también en este otro.

Tengo por cierto, que la sepultura del santo fue en la Écija que hoy tenemos,; en que lugar de ella no lo ha descubierto nuestro Señor. Bien que abriendo estos años pasados zanjas para su Iglesia los Padres carmelitas descalzos, se halló en ella una caja de plomo, esculpido en ella un cordero y el rostro de Cristo, que dio ocasión a pensar si fuesen las reliquias del glorioso S. Crispín; a que pudiera dar luz un ladrillo escrito, que juntamente se halló, y no pudo leerse, porque inconsideradamente lo desbarataron. Aunque inscripción en ladrillo no fue de aquellos tiempos; mas pudo ser de los nuevos en el imperio de los godos, en alguna traslación que del santo cuerpo se hizo, como lo persuade la cortedad de la caja, que no se hizo para un cuerpo entero, sino para solo los huesos. Y no dudo sino que como lo dá a entender Juliano, los cristianos escondieron sus santas reliquias en la pérdida de España, que hasta aquel tiempo habían sido allí grandemente reverenciadas. Algún día será el Señor servido de consolar a esta ciudad y a toda su Iglesia, dándole a conocer donde reposa su santo, para mayor gloria suya y veneración de los que él honra en su reino.

Para despertar la memoria y veneración del santo mártir en los corazones de sus ciudadanos y la del glorioso S. Fulgencio, sus Obispos, y la de Sta. Florentina su hermana, y de sus mojas mártires en la persecución de los árabes, determinó la ciudad estos años pasados levantar dos insignes trofeos, uno en el camino del Valle, al paso del monasterio del gran doctor de la iglesia S. Jerónimo, estación frecuentísima, y otro en la barrera del convento del Espíritu Santo, que fue casa morada de S. Fulgencio, cuya parte está incorporada en el mismo convento, con las inscripciones, o, como el vulgo dice, letreros, que entonces hice, y pondré aquí porque no se olviden y se hallen a mano, para cuando se ejecute acuerdo tan honroso a la ciudad, como piadoso:

CHRISTO. IN. SS. VICTORI.
B. CRISPINO. M. ET. B. FVLGENTIO
CONF. (CVIVS. HAEC. AREA. DOMVS. OLIM
FVIT.) EPISC. ASTIGITANIS.
S. P. Q. A. RELIGIONIS. ET. PIETATIS.
ERGO. POSVIT. DD. Q.

En nuestro vulgar dice:

“Memoria consagrada a Cristo vencedor en sus santos. El senado y el pueblo de Écija puso, y dedicó este trofeo al bienaventurado S. Crispín, mártir, y a S. Fulgencio, de quien fue morada esta plaza, Obispos ambos de Écija, por la particular piedad y devoción que les tiene”.

La que se había de colocar en el camino del Valle es de esta manera:

CHRISTO. IN. SS. VICTORI
MEMORIAE. SS. MART. PETRI. ET
VBISTREMVNDI. ASTIGIT. CIVIVM. QVI
IN. ARABICA. PERSECVTIONE. COR-
DVBAE. PASSI. SVNT.
ET. B. FLORENTINAE. V. B. FVLGENTII. SO-
RORIS. SS. ITEM. VV. ET. MART. QVAE.
CORONATAE. HIC. SVNT. PARENTI
OPTIMAE. S. P. Q. A. DD.

“El senado y el pueblo de Écija, dedicó este trofeo a la memoria de los santos mártires Pedro y Wistermundo, sus naturales, que padecieron en Córdoba martirio en la persecución de los árabes; y de Sta. Florentina, virgen, hermana de S. Fulgencio, madre también de las Santas vírgenes, que en este lugar recibieron la corona del martirio”.
Cuenta la leyenda que San Crispin era cojo esta es la prueba el zapato tan gordo.

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Comentado por MANUEL en octubre 14, 2010 a 10:59am
Yo también recuerdo como Ángel a Crispín del Capitán Trueno,tengo la colección originaria completa de cuando era niño.¡Inolvidable!...Y eso que era bastante "rogelio" su autor,posteriormente fue "depurado"...Recuerdo otro Crispín de Madrid,que no llegara a conocer en persona,era un demonio para una amiga mía de la Villa y Corte...Me ponía la cabeza como un bombo con sus historias...

Muy interesante la biografía de S.Crispín de Écija.Vi su imagen a la entrada de Santa Cruz...Fíjate yo pensaba que Écija era diócesis apostólica y no lo es.Sí lo son las siguientes:

Según la tradición fueron enviados siete Varones Apostólicos por los apóstoles para evangelizar la Bética.Legarón a sazón a Acci (Guadix),que es la diócesis madre de todas las hispanas...Se separaron para dar testimonio de Cristo por toda la Bética.

--San Torcuato quedó en Guadix (Acci)
--Tesifonte a Berja (Bergi).
--Isacio a Cazorla (Carcere).
--Indalecio a Urci (Pechina.Almería).
--Segundo a Ávila (Abla)
--Efrasio a Iliturgi (Ándújar).
--cecilio a Elvira-Ilíberis (actual Granada)
Comentado por Miguel Ángel Martínez Álvarez en octubre 12, 2010 a 12:50pm
Complicada vida la de San Crispín y por ello su historia biográfica. Lo importante es que en Écija se le siga venerando y honrando su nombre. Un abrazo, amigo.

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