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En la riojana localidad de Nájera tuvo lugar su exaltación al trono de Castilla. A esta ciudad riojana le cabe el alto honor de haber sido pavés para la proclamación de Fernando III el Santo como rey castellano; y esto, no por mero capricho de su buena estrella, sino por imperativo de su regio abolengo. Reina de Nájera fue doña Blanca, bisabuela del Santo Rey, y en ella duerme el sueño de la muerte, cabe la santa cueva de Nuestra Señora. Nájera meció la cuna de Alfonso VIII "el de las Navas", abuelo de San Fernando. Vínculos de sangre unieron con Nájera a don Lope Díaz de Haro y don Alvar Pérez de Castro "dos héroes de primera magnitud en los reinos de León y Castilla, o los dos brazos que le fijaron al Santo Rey en las sienes la corona de los reinos de Andalucía" (A. Núñez de Castro). Y finalmente, el mismo don Lope y don Gonzalo Ruiz Girón fueron los hábiles diplomáticos que supieron cumplir los deseos de doña Berenguela, madre de San Fernando, trayendo a su hijo desde León, donde asistía en la corte de su padre Alfonso IX, hasta tierras de Castilla. Gracias a la prudencia de la piadosa doña Berenguela, y a la feliz intervención de estos valerosos capitanes, pudo realizarse la coronación de San Fernando. Con la rapidez que imponían las circunstancias organizóse en Nájera la solemne ceremonia. Y porque no se piense que la trascendental noticia ha sido elaborada por la pasión de cronistas locales o regionales con leve fundamento, véase a continuación cómo registran autores de máxima solvencia la proclamación real de "aquel gran soldado de la fe, que en sus documentos gustaba de llamarse con entera verdad servidor e caballero de Cristo, alférez del Señor Santiago" (Menéndez Pelayo).
La ceremonia que se acostumbra a hacer cuando alzan a uno por rey -dice el sabio Padre Mariana- se hizo en la ciudad de Nájera, debajo de un gran olmo; tal era la llaneza de aquellos tiempos. Alzaron los estandartes por el nuevo rey, e hiciéronse las demás solemnidades". (Historia de Españam cap VII, lib. XII)
"La primera aclamación que tuvo don Fernando de rey -dice el insigne cronista de Felipe IV, don Alonso Núñez de Castro- fue en la ciudad de Nájera, sirviendo de trono o de dosel a la jura, un olmo; no había más etiquetas aquel siglo, ni necesitaban de más autorizadas ceremonias para adorar a sus legítimos Principes los vasallos. Publicadas las aclamaciones, se alzaron después los estandartes por el nuevo rey, y pasaron muchos de los Ricos Hombres, en compañía suya, desde Nájera a Palencia" (Corona Gótica Castellana y Austriaca, t. III, pág. 7-13. Madrid, 1.678).
Conscientes los najerinos de la importancia de este hecho histórico, lo han revivido y festejado anualmente desde tiempo inmemorial. En conmemoración de tan gloriosa efeméride acuden todos los años, el día 1º de mayo, la Corporación Municipal y pueblo najerino al monumento de San Fernando. Allí se pronuncia un discurso alusivo al acontecimiento, premiado siempre con una prolongada salva de aplausos; y a los acordes de la Marcha Real se distribuye a las autoridades ramos de laurel en bello símbolo de las glorias najerinas.

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Comentado por Antonio Jesús en agosto 14, 2009 a 9:11pm
Qué interesante.


Gracias por preocuparos en Nájera, y tú en particular, de guardar la memoria de aquel hombre tan singular y completo que fue San Fernando.
Comentado por Miguel Ángel Martínez Álvarez en agosto 6, 2009 a 11:10am
Perfectamente aclarado, amigo Juan. En cuanto a la fecha, en todos los documentos que he consultado, figura la del 1 de mayo. Por mi parte ha quedado todo en orden. Gracias, amigo. Un abrazo.
Comentado por Sepulcro en agosto 6, 2009 a 11:03am
Disculpar la extensión, pero lo creia conveniente para clarificar las dudas historicas en las que estamos inmersos, un fuerte abrazo

Viene el infante don Fernando a Castilla, y se corona rey
     Habiendo acabado tan infelizmente su vida el rey don Enrique, fue el primer cuidado del conde don Álvaro ocultar su muerte, dilatando por este medio cuanto pudiese su gobierno. Para esto mudó el cadáver a Tariego, donde despachaba en nombre del Rey, a quien no dejaba ver pretextando el encierro con diferentes motivos. Sirvió de mucho este silencio, y este disimulo contra todo lo que pretendía don Álvaro, porque la Reina doña Berenguela tuvo noticia de cuanto pasaba, y se aprovechó de las armas que su enemigo le daba. Despachó al punto a León a don López Díaz de Haro, y a Gonzalo Ruiz Girón, sus confidentes. Era su comisión ocultar al rey de León la muerte del rey don Enrique, porque no lograse la ocasión de envestir al reino de Castilla, y pretextando las violencias de los Laras, que despojaban a doña Berenguela de la parte del reino que por alimentos gozaba, pedirle permitiese que su hijo don Fernando viniese a defenderla.
     Llegaron a León los embajadores, y supieron abogar tan bien por su causa, que obtuvieron la licencia. No falta quien diga que el rey de León la concedió a don Fernando, porque tenía gusto en apartarle de su reino con el deseo que heredasen en él sus hijas doña Leonor y doña Dulce, habidas en doña Teresa su primera mujer: y a esta sospecha puede ayudar mucho haber dejado en su testamento la herencia y reino a estas princesas, quitándola contra toda justicia a nuestro san Fernando su hijo, a quien por varón, y legitimado le tocaba de derecho. Si esto fue así, no es digno de pasar sin reflexión la singular providencia de Dios, que por los mismos medios por los cuales los hombres intentaban quitarle un reino le colocó en dos, pues el silencio y disimulo de don Álvaro, y la poca cristiana intención de su padre fueron causa de que se coronase en Castilla, a la cual llegó acompañado y servido de los embajadores, que le entregaron a doña Berenguela en Otella.
     Los abrazos entre madre e hijo, y el consuelo de verse juntos los que tanto se amaban en el lance en que añadía fuego el amor al interés, es consideración adonde no alcanza la retórica; pero se comprehende con una leve insinuación. Venía el hijo a defender a su querida madre, y la madre le correspondía con el empeño de cederle la corona, porque como los ricoshombres, y los demás del reino la aclamasen por su Reina, ella dejándose venerar por tal, admitió la corona, y sin permitir hiciese asiento sobre su cabeza, la pasó a la del hijo. Coronóse en Nájera, adonde le llevó su madre desde Otella con grande aplauso de los que le seguían, y fue la función debajo de un olmo. Esta era ceremonia de aquellos siglos. Ahora nos pareciera campestre, y entonces se juzgaba necesaria, y nunca las ceremonias han pasado la esfera de accidentes, que siempre en semejantes casos son más expresivas las menos artificiosas. La realidad era que los corazones le rindieron tributo, porque su amabilidad les infundía un filial respeto, y se consagraron gustosos al vasallaje a que les obligaba la justicia, y los forzaba el amor.
     De Nájera ya coronado rey pasó a Palencia, donde la buena disposición de su obispo don Tello tenía las cosas tan bien aparejadas, que a el llegar el Rey le recibieron como debían sus ciudadanos. De aquí fueron a Dueñas; no habían estos visto a su Rey, y así le cerraron las puertas. Fue esto conveniente para escarmentar a muchos, porque aunque al Rey para que todos se le humillasen bastaba que le viesen, como sabía que en el mundo había fieros con el disimulo de racionales, llevaba consigo gente que los rindiese. Así sucedió, porque acometida la villa, logró la fuerza vencer a la sinrazón.
     Con este ejemplo pareció bien a doña Berenguela tratar paces con don Álvaro, que con sus parciales se había hecho fuerte, desprendiendo varias plazas de la corona, que por no obedecer a quien debían, se hacían esclavos de la sinrazón, o de las circunstancias. La prudencia de doña Berenguela consideró que la menos decencia de contratar con un vasallo se compensaba con no derramar la sangre de los amigos, y conquistar con un tratado mucho sitio, abrazando en su servicio gran parte de engañada nobleza. Daba oídos don Álvaro a la plática, honrándose con haber logrado esta apariencia de igual con que podía vanagloriarse de sacar partidos; pero como el mando es una esclavitud gustosa en que se enreda más quien más la posee, no supo lograr la ocasión de no perderse, y tuvo la avilantez de representar seguiría el partido del Rey con tal que este siguiese su mando, y que el mejor corte que se podía dar a aquel negocio era que le entregasen al Rey como había tenido a don Enrique. Rara ceguedad de la ambición. Parecióle a don Álvaro hacia obsequio en que el Rey le obedeciese, cuando por todas las razones de vasallo debía él darse por dichoso de vivirle obediente.
     Estaba ya don Fernando en la edad de diez y ocho años, y en ella rara vez se lleva bien el pupilaje, que de suyo está reñido con el trono. La Reina doña Berenguela tenía para no consentir esta proposición el motivo fuerte de un escarmiento. Los ricos-hombres, que seguían a su señor, levantaron la voz contra esta osadía, y no era debido premiar su fidelidad con un desaire. La constitución de cosas amenazaba un rompimiento, y la prudencia de doña Berenguela mirando con desprecio la representación del Lara, sólo atendió a fijar lo más que se pudiese la corona en la cabeza del nuevo Rey.
     Para esto juntó cortes en Valladolid. En ellas concurrió con el Rey, y concurrieron todos aquellos que no miraban su fortuna tan dependiente de los Laras, que no les quedase esperanza de lograr mucho en el mejor partido. En estas cortes se determinó que doña Berenguela era la legítima heredera de los reinos. En esto hubo poco que discurrir, porque ya en dos cortes generales de Carrión y Nájera se había resuelto. Oyó con gran gusto esta determinación doña Berenguela, porque aseguraba la corona a su hijo. Mostróse agradecida, y tomó la corona en la mano sin permitir que llegase a sus sienes, porque adornó con ella la de su hijo, confirmando la renuncia que había hecho en Otella.
Memorias para la vida del santo rey Don Fernando III
     Andrés Marcos Burriel ; dadas a luz con apéndices y otras ilustraciones por Miguel de Manuel Rodríguez
Comentado por Miguel Ángel Martínez Álvarez en agosto 4, 2009 a 12:12pm
¡Vaya lío que sin querer he organizado!. Ahora nos toca a todos volver a revisar nuevos documentos para ver si vemos la luz de la realidad de una vez por todas. Quizá Nájera aproveche que el 1 de mayo es festivo para honrar a San Fernando por aquello de la limitación de las fiestas locales. Recordemos que Nájera celebra sus fiestas locales, el 28 de abril, San Prudencio y el 16 de setiembre, Santa María la Real. Es una posibilidad.
Ya veremos en que acaba todo. De momento mil gracias para "Coge tu Cruz" y "Sepulcro" por tratar de aclarar conceptos.
Comentado por Sepulcro en agosto 4, 2009 a 11:47am
Estimado Romu, creo que la fecha del uno de mayo, es erronea, en esta fuente he encontrado que se manejan otras fechas para la coronación en Najera, segiremos investigando, un abrazo.


1217. Una teja hiere a Enrique I, mortalmente en la cabeza, mientras juega con unos muchachos de su edad en el patio del Palacio Episcopal de Palencia.

Berenguela es Reina de Castilla.

Avisado por su madre, Fernando se reúne con ella y juntos marchan hacia Valladolid. Allí Berenguela recibe el reino que le pertenece por herencia e inmediatamente renuncia a él en favor de su hijo. El rey cuenta con dieciocho años.

Todos los nobles y obispos le reconocen en seguida como su Rey, con excepción de la poderosa familia Lara.

Su coronación se produce el 2 de junio en la ciudad de Nájera.

galeon.com/medieval3/fernandoIII.htm
Comentado por esperanza jimenez vazquez en agosto 3, 2009 a 12:59pm
Bueno bueno Miguel Angel, que interesante lo que cuentas de nuestro Rey Santo, una entrada fabulosa, es estupendo aprender cada dia cosas de nuestra historia, gracias por enseñarme cosas que desconocia. Un abrazo fueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerte.

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