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San Juan Evangelista en la Palabra de Dios

"Lo tengo en la honra de creer que escribió con sensatez; y por lo tanto considero que su sentido es el mejor"

Isaac Newton sobre San Juan Evangelista.

 

En el centro del tiempo navideño, en el eje central de la Navidad, la Santa Madre Iglesia honra la memoria de aquel por el cual sabemos que "Dios es amor", de aquel que recostó su cabeza sobre el pecho de Jesús durante la última cena (Jn 13,23), aquel al cual Cristo le deja al cuidado de su Madre al pie de la cruz (Jn 19:25), San Juan Apóstol y Evangelista.

Hoy la Iglesia honra la viva imagen del "Discípulo Amado de Cristo", el cual estaba dentro del círculo de dilectos de Jesús, junto a su hermano Santiago y Pedro y aveces el hermano de éste Ándres, que estuvieron con él en ocasiones especiales: en la resurrección de la hija de Jairo, en la transfiguración de Jesús, y en el huerto de Getsemaní, donde Jesús se retiró a orar en agonía ante la perspectiva de su pasión y muerte. También fue testigo privilegiado de las apariciones de Jesús resucitado y de la pesca milagrosa en el Mar de Tiberíades.

A Juan se le deben los llamados los escritos joánicos que son el Evangelio de San Juan, la Primera Epístola de Juan, la Segunda Epístola de Juan (los libros más cortos de La Biblia), la Tercera Epístola de Juan y el Apocalipsis de Juan. Todas ellas comparten ciertas similitudes en el trasfondo teológico, pero también hay diferencias que originan el debate de hoy en día.

Los cuatro autores de los Evangelios (San Mateo, San Marcos, San Lucas, y San Juan) han sido representados tradicionalmente en forma de tetramorfos, siendo el águila la figura asociada a San Juan, ya que su Evangelio es el más abstracto y teológico de los cuatro.

Fue el único apóstol de Cristo que no murió martirizado, aunque no se libró de un intento, según este relato milenario de la Iglesia, el martirio habría tenido lugar aproximadamente entre los años 91 y 95, en las cercanías de la Puerta Latina (Porta Latina), en los Muros Aurelianos. Juan habría salido ileso de la caldera de aceite hirviendo. El emperador Domiciano habría considerado este prodigio como una especie de magia y, no animándose a intentar otra clase de ejecución, habría desterrado a Juan a la isla de Patmos, donde se le presentan aquellas visiones que él debió recoger entre alaridos trémulos y que nosotros leemos con terror: lluvias de fuego y de sangre, copas de oro de las que se escapa el vino de la indignación, caballos con crines de serpientes y corazas de fuego, que en sus resoplidos lanzan llamas de azufre; dragones rojos, de siete cabezas y diez cuernos, cuya cola arrastraba en pos de sí las estrellas del ciclo.

Después de morir Domiciano asumió Nerva como emperador. Juan pudo entonces volver a Éfeso, donde escribió el resto de sus escritos y murió de edad avanzada, siendo el último de los discípulos de Cristo en morir.

A ti, mi predilecto.

A ti, mi modelo a seguir.

A ti, en el día de tu festividad litúrgica.

 

Ilustraciones:

1º - Juan Evangelista por el Domenichino.

2º - «San Juan el Apóstol» (c. 1517), por Hans Holbein el Joven (1498–1543). La obra se encuentra en el Museo de Arte de Basilea, Suiza.

3º - Águila de San Juan (Detalle). Mosaico en el interior de la Iglesia de San Manuel y San Benito de Madrid

4º - «Martirio de San Juan en la Puerta Latina» (1641-1642), por Charles Le Brun. Iglesia Saint-Nicolas du Chardonnet, París.

 

 

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