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A poco más de un kilómetro de Berceo, en un repliegue de la cordillera, conocía muy bien el pastor un lugar de paz y de silencio. Había allí unas cuevas abiertas en las rocas, una fuente clara y hasta unas parcelas de terreno cultivable. Una vegetación densa y salvaje lo aislaría del mundo. No necesitaba más: una cruz para rezar, una cruz para vivir y una cruz para morir. Pero había pecado de ingenuo. Bien pronto a través de la espesura indómita, se abrieron paso hasta él los curiosos y los devotos. Y decidió marcharse. Río arriba, río arriba se fue internando en la sierra.

Hoy, cuando caminos y senderos innumerables cruzan la serranía y han sido pisadas las cimas más altivas, aquella marcha puede no parecernos una hazaña, pero situémosla en el contexto histórico, a fines del siglo V o principios del VI, y ya no se nos antojará exagerada la descripción de San Braulio. Y hay que conocer aquellas soledades, refugios de culebras y de buitres, de lobos y jabalíes, y pensar que aquel hombre vivió sepultado en ellas... ¡cuarenta años!, para no extrañarse de que San Braulio compare a San Millán con el más grande de los solitarios, San Antonio del Desierto, y que exclame, pasmado Don Gonzalo:
"Cuarenta años vivió sólo por la montaña;
confesor tan precioso no nació en España".

Para Millán, hombre de su época, la selva está endemoniada. Después de la predicación del Evangelio, Satanás se ha refugiado en los bosques misteriosos, últimos reductos del paganismo vencido. También los Distercios han estado consagrados a las falsas divinidades, es decir, al Maligno. Todavía se conserva en el monasterio emilianense una ara de sacrificios sangrientos con esta inscripción: DERCETIO DEO, al dios Distercio. Hay que arrojar al demonio de allí, y Millán va a presentarle batalla. Los demonios la aceptan: rondan la ermita cavada en el risco; aúllan en la noche como manadas de lobos; vociferan para distraerlo cuando ora; y alguna vez, en figura humana, le ofrecen combate cuerpo a cuerpo.

Y así, su presencia santa exorcizó la selva infestada de sortilegios diabólicos, y los árboles y los riscos, el valle y las cumbres, las fuentes y el río quedaron benditos porque él los bendijo:
"Benedictos son los montes do est santo andido (anduvo);
benedictos los valles do sovo (se hubo) escondido;
benedictos los árboles so los cuales estido (estuvo);
ca cosa fue angélica, de bendición cumplido (lleno)".

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Comentado por Moy en julio 30, 2009 a 2:26pm
Parajes preciosos los de alrededor de Berceo

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