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“… Es absurdo que permanezca el espacio y el tiempo se borre para los vivos; o en realidad es que el espacio es depositario del tiempo, sólo que es silencioso y no cuenta nada”. (Julián Marías)

Una de las formas más patentes de percibir el paso del tiempo es cuando lo apreciamos en un ámbito arquitectónico especialmente si éste ha ido cambiando, si ha ido incorporando nuevos elementos físicos a lo largo de la historia. El espacio construido no tiene nada de silencioso, sólo hay que aplicar las técnicas de investigación apropiadas para que las piedras nos cuenten su historia, que es, naturalmente, la nuestra. Y, en todo caso, ¿no es esa necesidad de conocer nuestro pasado lo que nos mueve a promover su restauración? Si fuese simplemente una cuestión de estética probablemente se renunciaría a todo lo que no fuera una arquitectura de calidad; antes al contrario, los programas de restauración están encaminados al reconocimiento de cada una de las fases por las que ha pasado el edificio: prima, por tanto, el valor histórico, esa necesidad de que los espacios no sean silenciosos, sino de que nos cuenten nuestra historia.

La iglesia de Santa María resume en su arquitectura buena parte de la historia de Estepa. Ya antes de su misma existencia, el lugar sobre el que se asienta, el punto dominante del Cerro de San Cristóbal, habría sido elegido sin duda como morada de la Divinidad por los primeros habitantes de nuestro Cerro, y los sucesivos pobladores ubicarían allí sus santuarios. Las investigaciones arqueológicas nos muestran en primer lugar los restos de una mezquita de época califal, edificada probablemente en torno al siglo X; de cierta importancia por el desarrollo que alcanzan sus evidencias arquitectónicas y que quizá sustituiría a otra anterior que, siguiendo otros paralelismos islámicos de la época, sería una simple habitación donde orar.

Con la conquista cristiana se adopta el lugar sagrado y se construye una primera iglesia, sirviéndose en parte de la arquitectura islámica anterior. La iglesia edificada entonces responde al modelo gótico de ermitas de arcos transversales cuyos ejemplos más conocidos se sitúan al norte de las provincias de Córdoba y Sevilla; estos primitivos edificios sólo tenían una nave con cubierta de madera a dos aguas y un presbiterio abovedado. La gran iglesia que hoy destaca sobre el resto se proyecta a principios del XVI siguiendo los conceptos del gótico tardío impuestos en la construcción de la catedral de Sevilla; para ello se traen canteros vizcaínos, ajenos a la estética mudéjar imperante en los pueblos andaluces desde el siglo XIV. El proyecto nace ya anacrónico, con un sentido medieval impuesto por la Orden de Santiago, promotora de las obras. Hay que tener en cuenta que en lugares cercanos como Osuna o Écija se estaban edificando en las mismas fechas la Colegiata renacentista o el palacio de los condes de Valhermoso.

Estos son los principales procesos constructivos de lo que hoy conocemos como iglesia de Santa María. El proyecto de restauración incluye el reconocimiento histórico de cada uno de ellos e incorpora un concepto diferente y absolutamente necesario: la rehabilitación, la implantación de nuevos usos a un lugar que ya no puede mantenerse invocando sólo los principios para los que fue creado. A la Escuela Taller Rehabilitación de la Iglesia de Santa María le ha correspondido comenzar el desarrollo de este proyecto. Su actuación debe considerarse como una más, la última por ahora, en la propia historia del edificio. El conocimiento previo obliga a un respeto escrupuloso de sus valores históricos y a un tratamiento lo más digno posible, desde nuestra técnica actual, de un lugar que ha sido sagrado para sus habitantes durante los últimos 1.000 años.

Este proyecto fue desarrollado por la Escuela Taller “Rehabilitación de la Iglesia de Santa María”, cuya intervención se desarrolló en tres fases. Se trata de un programa de reinserción laboral de jóvenes desempleados, que no han finalizado sus estudios, de edades comprendidas entre los 16 y 25 años. Realizan una formación continua, teórica y práctica durante todo el período, tutorizada por monitores, y dividida en varias fases. Los módulos que se imparten son albañilería, carpintería de madera, carpintería metálica-forja y restauración. Al final de la formación a los alumnos se les facilita la oportunidad de realizar prácticas en empresas relacionadas con los trabajos que desempeñan. Este equipo de personas continúa con la labor realizada en las anteriores fases de la Escuela Taller encaminada a la recuperación de todo el conjunto de la iglesia, parte esencial del patrimonio histórico de Estepa para que pueda ser contemplada por todo aquel que la visite.

Cuando concluyó la Escuela Taller en enero de 2007, se dieron por finalizados los trabajos de rehabilitación y restauración del espacio destinado a museo de arte sacro ubicado en la nave mudéjar, el acceso a dicho museo, zona de administración y servicios; estos trabajos han consistido en labores de limpieza, consolidación de elementos pétreos, enlucido de paramentos, reconstrucción del nivel original de la nave, reposición de la solería con piezas afines a las originales, y puesta en valor de los restos de la mezquita identificados durante las obras de restauración y cuya presencia hasta entonces sólo era conocida mediante la tradición.

La línea general de todas las actuaciones se ha definido de carácter conservativo y preventivo, por ser ésta la opción más adecuada al tipo de bien y a la que será su funcionalidad en el futuro próximo, integrando en un ámbito museístico destinado a la celebración de actos culturales. La pésimas circunstancias en las que se hallaba la iglesia ha llevado a acometer este proyecto de rehabilitación en distintas fases a lo largo de varios años de laborioso trabajo; pero las restauraciones no son el único camino para conservar nuestra historia, sino que deberíamos realizar continuamente una labor de mantenimiento de esos objetos artísticos que han ido configurando y definiendo nuestras señas culturales y que, en definitiva, nos hacen ser lo que somos.

Fuente: José María Juárez. Revista de Feria.

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