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SE TALLAN LOS ACTUALES TITULARES DE LA COFRADÍA “CRISTO DE LA BUENA MUERTE Y VIRGEN DE CONSOLACIÓN Y CORREA EN SUS DOLORES “ Y FALLECE SU FUNDADOR, FRAY GILBERTO BLANCO ÁLVAREZ.

          No cabe compás de espera cuando pasas de la angustiada y, a la vez, dulce mirada de la Virgen de Consolación hacia el punto de fuga de su destino. Ineludiblemente, el rostro del Cristo de la Buena Muerte. Un rostro con un semblante aprisionado en el martirio, abatido sobre su pecho, muerto, pero manteniendo la serenidad, sumiso en su grandeza, en su generosidad, sin acritud, sujetando el dolor porque le mira su Madre. Dos imágenes que fueron concebidas en conjunción armónica de dependencia por la fuerza del amor entre Jesús y la Virgen María y de ejecución por el escultor, Gómez del Castillo. Talló a la Virgen de Consolación con un bellísimo y templado rostro a pesar del enorme sufrimiento que, como daga, le atraviesa su corazón. Una talla como titular para formar parte de la estación de penitencia de la cofradía, “Cristo de la Buena Muerte y Virgen de Consolación y Correa en sus Dolores”. El Cristo salió también de la misma gubia de Gómez del Castillo. El escultor logró una armonía tan extraordinaria que al contemplar a la Madre de Dios, vemos la imagen del Cristo y cuando nos detenemos en el semblante del Cristo, el rostro de la Virgen vuelve a nuestra retina aunque no la tengamos delante.


         La realización de la Virgen y del Cristo proporcionó a la cofradía una enorme alegría. Cuando procesionaron, juntos, por primera vez - y tras muchas dificultades vividas en la hermandad- las manifestaciones de satisfacción se dejaron sentir no solo entre los hermanos, sino en toda la ciudad. Su actitud, su fuerza, su decisión entre 1938 y 1941 de dotar a la cofradía los actuales titulares fue, a la vez que enorme lucha, la más grande de sus recompensas. En 1938 un hermano encargó al escultor la imagen de la Virgen de Consolación, que sufragó de su pecunio. En 1940 -y tras ser bendecida horas antes de salir- hizo su primera estación de penitencia sola, saliendo de la iglesia de la Concepción. Un año después, tras terminarse de esculpir el Cristo, y de ser bendecido, ambos titulares, en estación de penitencia salieron de la Iglesia de la Concepción, donde las visitas de los onubenses para verlos y rezarles, se repetirían durante años an

te el hermoso altar en cuya elaboració

n tomó parte el hermano del escultor, varios años después. Los ecos de la prensa acentuaron el mérito, el esfuerzo y empuje de los hermanos que tuvieron que vencer muchos obstáculos, hasta conseguir los titulares actuales y su salida procesional.

Cómo le habría gustado al sacerdote agustino y fundador de la hermandad, Fray Gilberto Blanco, contemplar este importante impulso dado a la cofradía. Pero justo el año en el que se encargó la talla de la Virgen, 1938, el fraile falleció en León. Desconocemos si supo del cuidado y esfuerzo cofrade de los hermanos, muchos de ellos, antiguos alumnos del colegio/penitentes azules. No obstante, los Padres Agustinos estuvieron siempre vinculados a esta Hermandad. Primero, directísimamente hasta que se marcharon en 1931, pero siempre permanecieron junto al espíritu agustiniano depositado en los cofrades, antiguos alumnos de aquel colegio “Virgen de Consolación” de la calle El Puerto (hoy Santo Ángel) . Fue mucha la impronta agustiniana y las vivencias personales de tantos niños que crecieron y formaron parte de la hermandad adentrándose y extendiéndose el sentir cofrade, en muchos casos, en las familias.

          La cronología y los hechos, el tiempo y espacio, en esta Hermandad sorprenden e inducen ineludiblemente a indagar y obtener conclusiones derivadas de su lectura (tras ocho meses de consultas en fuentes muy diversas y complementarias sigo con interrogantes que me remiten de nuevo a diferentes archivos buscando su respuesta para en breve poder terminar la historia de esta cofradía hasta que se incorporaron los actuales titulares) . La nueva imagen de la Virgen de Consolación, vino a ocupar plenamente todo el fluido de devociones hacia esta advocación de la cofradía, de la Madre de Dios. Una advocación a la que tanta devoción dedicó el fundador de la misma, el padre Gilberto Blanco Álvarez, desde niño, cuando entró en el colegio de dicha orden en Valencia de D. Juan (León). Una advocación a quién dedicó sus oraciones y sobre quién escribió y publicó poemas de una gran belleza. Tanto le escribió que cuando la Diputación de León, en un certamen literario le galardonó con u

na pluma de oro dijo que con ella solo escribiría poemas para la Virgen de Consolación. Una imagen tan delicada, con tanto significado, con tanta fuerza, con tanta esperanza, que a pesar de haber sido tallada por Gómez del Castillo según la concepción que "modeló" la imagen, podemos encontrar en ella muchas prédicas de la lírica del fraile poeta. Consiguió, a la vez, una Dolorosa y una Consoladora. Dolor y consuelo. Una paradoja del amor balsámico que irradia, mientras Ella sufre. Todo eso está en esta imagen. Si el fraile la hubiera visto, creo que se habría emocionado al reconocerla. Mucho escribió el fundador en la prensa de Huelva y de otras ciudades. Mucho  para los alumnos del colegio, aquellos penitentes azules y a la vez sus alumnos del colegio. Una imagen con un contenido poético tan hermoso y tal vez del que pudo no ser ajeno el escultor.

 

       Aunque Fray Gilberto marchó de Huelva en 1926, cinco años antes que el resto de frailes, la obra de los Padres Agustinos se quedó. Esta cofradía es su mejor testimonio. Sus alumnos, sus familiares, en gran parte miembros de la hermandad, y personas muy relevantes de la ciudad, nunca los olvidaron y desde el seno de la cofradía darían, con sus actuaciones, buen ejemplo de los valores religiosos y humanos prendidos.


        Figuras de renombre, reconocidas en la ciudad, y de las que parte se formó en el colegio agustiniano, ponen de relieve sus excelencias. Hacer un seguimiento de las mismas, sería otra parcela de indagación, tal vez. Un ejemplo son los siguientes personajes:

 

- MANUEL SIUROT: que con ocasión de la publicación de la obra poética escrita por fray Gilberto Blanco, “Justicia de Dios” referida al Cristo de la Calahorra, ciudad donde estuvo destinado tras marcharse de Huelva y antes de llegar a nuestra ciudad, le dedicó en el prólogo de la obra unas palabras difíciles de olvidar: 

“yo quiero aprovechar esta ocasión para decirle al ilustre agustino todo lo que le admiro y le quiero y para recordarle aquellas mañanitas en que a sus pies en el confesionario de la capilla agustina deHuelva, iba yo dejando mis faltas en el sacramento de la penitencia e iba él alumbrando mi vida con las orientaciones espirituales del buen maestro de corazones. Cerca del Padre Gilberto tenía yo dulzura alentadora de su palabra, que tenía santos matices maternales y calor de hermano, encontraba encontraba yo algo así como una fuerza que me hacía pasar por los grandes problemas de la vida, serio en el corazón y sonriente en los labios. Dios guarde al maestro y (…) reciba el autor (…) un abrazo muy grande que le envío M. SIUROT”.

El afecto que fue recíproco, en lo personal y en lo profesional educativo.

JOSÉ CABALLERO: fue alumno del colegio Virgen de Consolación… Reprodujo, a plumilla, el paso de la procesión con la imagen que recogían en las RR.MM. Agustinas. Pintor de renombre sobre él consta en diferentes publicaciones que “…dedicó un trabajo muy interesante con sus plumillas que hizo para la Semana Santa de 1927, cuando tenía tan solo 14 años, publicadas en la prensa y revistas cofrades de la ciudad. Un chaval del colegio de los padres agustinos que mostraba entonces sus dotes de artista””. Nació, por tanto, en 1913. Cuando realizó estos dibujos, fray Gilberto ya no estaba en Huelva, pero debió conocer durante su escolaridad en primaria hasta que entró en el instituto Rábida, las bondades del añorado colegio Virgen de Consolación.

 

DIEGO DÍAZ HIERRO: cronista de Huelva y profesor de Historia, dijo que

todo aquél que educose con los hijos de San Agustín en Huelva, nunca podrá olvidar su ilustración y su luz amable jamás dejará a oscuras los aposentos de su alma... Huelva enviaba con pleitesía a sus hijos para ser educados por estos religiosos...".

 

Habla de diferentes frailes destacando su valía, como de Fray Saturnino y especialmente del Padre Eulogio con el que más contacto tuvo. Y Sobre Fray Giberto Blanco:

“Nombremos al que más destacó por su ingente personalidad, R.P. Fray Gilberto Blanco, Escritor magnífico: orador excepcional e inspiradísimo poeta que cantó a nuestra Patrona con versos de oro, dejó entre nosotros huellas indelebles de su importancia y cordial simpatía”.

 Y con especial cariño expresó:

“las sucintas remembranzas que he venido hilvanando en merecida honra de los destellos que la Orden Agustiniana dejó sobre esta antigua, noble y fiel ciudad de Huelva”.


          Este pequeño retazo de la historia de la hermandad es más importante de lo que pudiera apreciarse a primera vista. La Orden Agustiniana, en su historia en Huelva, en el quehacer de sus frailes, en sus figuras objeto de culto, en sus valores y principios religiosos, … impregnaron esta Hermandad.

 

Cuando falleció el fundador, en nuestra prensa local de 1938, se escribieron hermosas palabras, como éstas:

¡Penitentes azules de Nuestra Madre de la Consolación en sus Dolores! Murió aquella imagen de vuestra madre entre las llamas (…). Murió el P. Gilberto que nos cobijó entre los pliegues del manto de María, para no olvidaros ni olvidarme.”

 

 

 

 

Huelva, 3 de noviembre de 2017

 M.T.  Valdivieso Muñoz,

Hermana de la cofradía.

Historiadora y abogada.

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