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                         Fotografía: Luis Manuel Jiménez

 

 SEÑORA DE NUESTRAS VIDAS

 

El flechazo de Tu amor atravesó nuestra Ciudad de costado a costado ocupando cada lugar de felicidad. Te abrimos las puertas de par en par, como Tú lo haces cada vez que Te entregas generosamente a tus hijos.

 

Sevilla, Ciudad de los sueños, despierta una noche al año. Un Cielo color tinieblas y una Luna Plena preconizan la inminencia del gran milagro. Los almanaques retroceden dos milenios, sus calles recrean aquellos acontecimientos lejanos que marcaron el punto cero de nuestra existencia. El Dios de la Madera camina por el camino de la dulce Amargura entre barnices de plegaria y el inquebrantable silencio de la noche que hace estremecer el corazón dormido de la Ciudad. Sevilla, se asoma con embeleso para contemplar su Perfil más humano. La Esperanza Macarena atraviesa el Arco de los sueños y fortalecida por la Muralla camina hacia Sevilla para depositar en sus manos el más anhelado deseo. Las lanzas del amor atraviesan el costado de Sevilla y de sus heridas abiertas hacen brotar rosas pasionales. La mirada de la Esperanza cicatriza cada llaga y llena nuestras vidas de la tan ansiada felicidad.

 

Nuestras vidas pasan como rosarios y la Esperanza nos va marcando cada cuenta que acariciamos con nuestros dedos. Cada acontecimiento nos hace avanzar a lo largo de un sendero que inescrutablemente nos lleva a la Santa Madrugá. Esa noche la Virgen de San Gil pasea su Gracia por Sevilla y llena cada rincón de la Ciudad. Despierta la dormida esperanza que anida consumida entre lágrimas y recuerdos lejanos embebidos por las ausencias y alimenta a esa otra Esperanza, la que a diario ahonda en la profundidad de nuestras entrañas y que nunca oculta su Rostro a nuestra llamada.


Esta pasada Madrugá atendí al reclamo de su Hijo en San Lorenzo, sentí sobre mi cabeza el aliento de Dios y caminé tras su estela. Nada podía faltarme, inexplicablemente y a cada paso que daba sobre el firme, sentía un mayor vacío dentro de mí. Me faltó esa mirada que cada Madrugá alimenta mi alma. Me faltó embeberme del radiante Sol que a cada instante eclipsa a la Luna que asoma al balcón Celeste para arrodillarse ante la mayor belleza conocida sobre la faz de la Tierra. Dios creó el Universo, las estrellas y los planetas para admirarte a ti Macarena.


Trasciendes de las hermosas formas barrocas, de las más finas gubias y de la mayor contemplación esculpida bajo formas humanas. Tu Reino nació en ese mismo lugar donde mora el Creador de todo. Un trocito de ese Cielo se precipitó sobre la Tierra, sus afortunados habitantes lo llamaron Sevilla y quiso, Dios para mayor Gloria, que entre ángeles bajases a salvaguardarla. Eres su lema, su legado, su leyenda, su enseña, su sueño y das sentido a su existencia.

Sevilla, me regaló esa misma Esperanza en noche distinta. La llegada de la Virgen al Hospital Macareno me llevó a rescatar mi pasado. A recordar el lugar donde mis padres iniciaron a recorrer el común camino de sus vidas. Allí nacieron mis hermanos mayores y muy cerquita recibieron las aguas bautismales. Cuando se marchaba la Virgen, dejando en cada habitación salud y consuelo, mi corazón destemplado estallaba en mil pedazos. Esas notas profundas de la inigualable composición "PASA LA MACARENA" llegaron a dolerme. ¿Cómo puedo sentir el dolor profundo por Tu ausencia si te tengo tan cerca y te siento tan dentro de mí?


Esa noche me regaló uno de mis grandes sueños, por fin pude ver a la Esperanza atravesar el Arco que la acerca a la Gloria y a ese boceto perfecto de lo que nos espera cuando el Señor de la Sentencia nos llame. Fueron las notas embebidas de nostalgia plasmadas por el maestro Cebrián las que me hicieron partícipe del auténtico fervor macareno. De sentir el dolor por las ausencias, de pensar en la interminable espera que nos lleve a una nueva primavera y a la sublime contemplación de su Flor por excelencia.


Eran inimaginables para mí, dos madrugás consecutivas sin sentir lo que toda Sevilla siente cuando sus calles se hacen Templo, el incienso su perfume, la brisa caricia sobre su anhelado Perfil y las Legiones Romanas pacíficas tropas de nuestro Señor de la Sentencia.


Como milagro, una nueva Madrugá surcó las calles de nuestra Ciudad y como en tantas ocasiones volvió a pasar La Macarena y con Ella ese bendito milagro de Esperanza que nos hace alcanzar el último peldaño hacia el verdadero amor: Dios Nuestro Señor.

 

Ahora, Esperanza Nuestra, llevas en tu seno a tu Niño Jesús del Gran Poder. Te pedimos que nos ayudes a blanquear nuestros corazones para convertirlos en digna morada que lo acoja en su luz. No celebramos una efeméride anacrónica, Jesús vuelve a nacer en nuestros corazones. Ese Niño que pronto dormirá en Tu regazo y cuyo Bendito Rostro, descansará sobre las blondas que cubren tu pecho, nos colmará de bendiciones y será el Alfa que nos ilumine hacia la Omega de la Luz eterna.

 

No existe otro camino para llegar a Dios, y a través de Él alcanzar el amor verdadero, que el que Tú marcas, Bendita Esperanza Nuestra.

 

 

 

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Comentado por BELLA ROSA DE SAN GIL en diciembre 23, 2010 a 6:57pm

Gracias Jordi,gracias por tan bellas palabras a la Señora de mi vida,y de la vida tambien de los que me precedieron y tanto quise,siento tus palabras como mias y te entiendo porque a mi tambien me duele su ausencia y todavia la tengo junto a mi

!Que ELLA te bendiga y te cuide!

Besos

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