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En este día, en que se clausura el curso de un año muy importante para la Hermandad del Calvario, dejo este artículo escrito por una de las personas que más quiso y admiró a D. Antonio de la Oliva Farfán.

Tenía impaciencias de madrugada y, a la hora exacta en que habría de salir su cofradía,
fue a reunirse con su Cristo para encontrarse con Él, contigo, cara a cara.
La sobriedad y austeridad de su vida tuvieron resonancias de ruan y de esparto. Nazareno todo el año D. Antonio de la Oliva Farfán entendió su vida, una sencilla vida de lealtad a sus hermanos y de fidelidad a unos principios que defendió sin contradicciones, como una singular y permanente estación protagonizada, de forma absoluta, por su Cristo del Calvario, por Ti, que presidiste todos los actos de su vida. Desde su bautizo en la Magdalena, por D. Jerónimo Gil Álvarez, hasta la misa corpore insepulto que, una vez más presidida por Ti, tuvo lugar ochenta y cuatro años después en el altar mayor de la parroquia. Nazareno del Calvario hasta su último suspiro en el que su propio rostro nos evocó al de su Cristo.


De carácter serio y exigente, sobre todo consigo mismo, anheló la mejor forma de servirte como hermano y durante cincuenta años desde la junta de gobierno; toda una vida en Tu Hermandad, con su Cristo. Y todo el año junto a Ti: en la intimidad de Tu Capilla, donde sólo Tú conociste sus anhelos y desvelos; en la bajada del altar que, con su mirada clavada en Tu divina frente traspasada, terminaba con una sentida oración como tantos años hicieran D. Jerónimo y D. José Luis González Campos; encabezando, con emoción, los traslados ante Tu imagen, hasta el altar de Quinario y del sábado de pasión hasta el paso, en que su enhiesta figura, muy cerca de Tu imagen, de Ti, prefiguraba la de su Cristo, la de Ti crucificado. Y, sobre todo, nazareno en la madrugada, primero como celador de los penitentes que Te siguen y, tantos años, como fiscal de Tu paso; un paso de caoba que ideó el genio de su abuelo, Francisco Farfán Ramos, que se cubre con los faldones que bordaron, en su casa, su madre y sus tías; un inconfundible fiscal de paso que, idealizado como el nazareno de Hohenleiter, siempre llevaremos en la memoria sus hermanos.


Hasta la voz se le quebraba con sólo escuchar Tu nombre, Señor del Calvario, y la emoción,
una emoción recia, honda y antigua, le embargaba el alma cuando hablaba de Ti, de tu cofradía y cuando recordaba a los que desde tiempo inmemorial Te rezaron y Te sirvieron.
Siempre se consideró pobre aprendiz de los que le precedieron y mejor y de la mejor forma engrandecieron Tu devoción y Tu nombre, Señor del Calvario, pero su larguísima trayectoria de entrega y amor por Ti lo ha convertido en digno heredero de los que le antecedieron y lo ha instalado entre los grandes de tu hermandad y su nombre perdurará entre los que más y mejor Te sirvieron. Entre los que mejor entendieron qué significa ser de Ti, ser del Calvario.

Le recordaremos siempre en camino hacia Tu Capilla, tocado de su invernal mascota ladeada
solo un poco; o con su veraniega cubana de color celeste, porque no importaba la fecha, la ocasión, cada día necesitaba estar contigo y acercarse a tu Capilla; siempre en el banco que tanto le gustaba ocupar en la Magdalena para buscar ese perfil que tan magistralmente
Haretón dejó de Ti; y le recordamos  en la antigua sala capitular repartiendo túnicas en viejas talegas de color gris moteadas de números de imposible color púrpura; y con su inseparable Joaquín Rodríguez Graells (quien más que saludar parecía acariciar con su entrañable "a la paz de Dios, hermanos"); y recogiendo donativos para cera y flores; y alfileres, zarcillos y anillos de oro para el puñal de su Virgen de la Presentación; y le recordamos, sentado en la camilla de la tertulia de Bailén, compartiendo sus conocimientos, su experiencia y evocando una Semana Santa y una Sevilla que se fue y de la que iba siendo uno de sus últimos testigos.
D Antonio de la Oliva, quien siempre se refirió a sus predecesores y “maestros” con admiración y respeto, cierra un ciclo en la Hermandad cuyo fruto principal ha sido la
trasmisión de la más pura devoción por nuestros Titulares, pero deja abierta la senda, un  camino de sobriedad, rigor y autenticidad, que hemos de esforzarnos por seguir en el futuro.
Tú, Señor del Calvario, has sido, siempre, su vida, como siempre D Antonio lo fue de Ti: toda una vida entregada a Ti, Tu Hermandad y Tu Cofradía. Tú, que conociste su sencilla vida, vivida siempre con conciencia limpia y clara del hombre bueno que fue; su entrega total por Tu hermandad y su amor desmedido por Ti; quien todo lo entregó por servirte y estar junto a Ti, dale el descanso eterno y haz que brille por siempre para él la luz perpetua de Tus ojos, reflejados en los suyos, porque sólo sintiéndose junto a Ti se sentirá en la gloria celestial.

Descanse en paz. Amén.

Ignacio Camacho

Boletin del Calvario núm 114

Sevilla 15-06-2012

I

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Comentado por Araceli Luque en junio 16, 2012 a 6:35pm

Preciosas y sentidas palabras.  ojala a todos nos escribieran algo asi cuando faltemos.  muy bonito.

Comentado por trompeta-sangre en junio 15, 2012 a 7:56pm

Muy buen artículo y es que a la gente que pasa repartiendo cariño se les recuerda con cariño.

Un besazo.

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