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UN PASO DE APÓSTOL EN APÓSTOL PASANDO POR JESÚS


Ya lo ves costalero
más esfuerzo no cabe,
tu trabajo certero
ha puesto en pie la nave
y San Pedro allá arriba
tocándote el costal,
te llamará su amigo,
ya lo tienes contigo…
¡qué amigo más cabal!

José Luis López Murcia
Pregón de Semana Santade Estepa de 1979

Hay elementos tangibles que con el tiempo, si tienen un verdadero valor estético y artístico, caracterizan a las hermandades con las que procesionan y hacen diferenciarlas a unas de otras, marcando sobremanera su estilo; muestra de ello podemos apreciarlo en los palios sevillanos, como los rectos o de cajón van más con cofradías de negro y muchas de ellas sin música, y los por así denominarlos juanmanuelinos, con otras que poseen un poco más de festividad musical en su movimiento.

Y por qué viene esto al caso, pues viene porque durante algo más de dos décadas, los años sesenta y setenta del pasado siglo, más concretamente desde 1960 hasta 1980, nuestro apóstol Pedro, procesionó por las calles de Estepa todas las tardes noches del Martes sobre el monte de corcho de un paso que daba a su pena y llanto, sobre todo por el alumbrar de cuatro hachones rojos, un sabor añejo de cofradía austera pero impregnada de un romanticismo que surgía al ver su estampa por las calles más bellas de esta ciudad. Este paso, al cual dedico estas humildes letras, se talló en Sevilla en los talleres de carpintería, ebanistería y ornamentación religiosa de José Alonso, Construcciones Alonso, de las calles Teniente Borges, 4 y Padre Tarín, 8, en 1959, y aunque sobre su madera se aplicó la patina de escayola para su dorado posterior, jamás el oro rozó ésta tomando con el tiempo un tono pajizo que en contraste con los relieves de sus esquinas, cuatro evangelistas preciosos y el rojo de sus faldones y friso de claveles, daba una hechura inverosímil al mismo; sobre todo al verlo aparecer en el dintel de la puerta de la iglesia de la Asunción, con Céfas y el gallo de los recuerdos.

Qué maravillosa simbiosis había entre Apóstol y barca, no era un paso de Cristo sino un paso de Pedro, no tenía trabajaderas, zancos ni costeros, pero sí quilla, cuadernas y remos. Al golpe de su martillo, ese que sonaba como ninguno y con el que lo han levantado capataces de nuestra Cofradía como Enrique Castillo Ramón, Francisco Peña Bascón y Joaquín Castillo Castellano, brotó la primera cuadrilla de hermanos costaleros de Estepa, y de ella, un pregonero de leyenda, Francisco Montero Galvache, en su pregón de Semana Santa estepeña de 1977, lanzó a los cuatro vientos del cine Florida aquello de: -“El paso no lleva oro, porque lo llevan sus costaleros en los pies”- Se pagó por él, con sudor, lágrimas y mucho “Eloy”, algo más de cuarenta mil pesetas, y bastante que ver tuvo en el contrato de su hechura el recordado Arturo Pelayo López. En 1980, último año en que paseó por nuestras calles al llanto amargo de San Pedro, se vendió a la Hermandad de la Humildad de Lebrija en trescientas mil; podría haber quedado en Estepa, pero la escasez de recursos económicos para pagar el nuevo y el hecho de que ninguna otra cofradía de nuestro pueblo se interesase en él, hizo que bogara hacia otras latitudes donde le esperaban nuevos remeros y diferentes Estaciones de Penitencia.

En esta ciudad sevillana donde todos se amparan en la Virgen del Castillo, durante algún tiempo portó sobre su monte al Cristo de esta cofradía, al modo de la Humildad y Paciencia o de Las Penas de Estepa, y en la actualidad, como tercer paso, a San Juan Evangelista, Titular también de la misma, habiéndosele cambiado desde hace años su aspecto, creo que acertadamente, ya que se le ha desprendido la patina primitiva de escayola pendiente de dorado y se le ha dado a su madera el bello tono de la caoba con preciosas incrustaciones plateadas.



Han pasado más de tres décadas desde que este recordado paso salió de Estepa, tres décadas que son más que los años que estuvo en nuestra Hermandad de San Pedro, pero no suficientes para borrarlo de las memorias de aquellos que lo hemos disfrutado durante tantos Martes de Semana Santa con su hechura excepcional, y al final pienso, observando las fotografías que nos ha facilitado esta Cofradía del Miércoles
Santo lebrijano, la de la Humildad con su San Juan Evangelista a la que estaremos eternamente agradecidos, que esta barca que compartimos, elemento tangible al que alma doy, con tanta historia, que fue muestra del principio del auge de nuestra Hermandad tras su reorganización en 1953, aunque algún tiempo sobre sus cuadernas llevó a una imagen del Maestro, ha decidido, quizá con la humildad que siempre le caracterizó, seguir su navegación por las calles de la pasión de Apóstol en Apóstol, de Pedro a Juan, hasta que Dios lo quiera.


Eduardo Chía Cruz
Secretario Primero de la Hermandad
Boletín de San Pedro 2012

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