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En el sevillano pueblo de Estepa se levanta una edificación de pleno siglo XVIII, de gran interés para el patrimonio monumental, pues es sin duda el edificio civil más relevante de la población.  Se trata del palacio del Marqués de Cerverales, recientemente restaurado y en el que destaca la portada principal sobre la antigua calle Mesones, actual Castillejos. La fachada en sí es una típica fachada corrida, dividida en dos plantas y con cuatro calles de ventanales, con cierres los superiores y coronados por frontones partidos que escoltan la citada portada. Tiene como característica su vinculación con la iglesia adyacente de la Asunción, a la que se abre un balcón con celosía, para asistir a los oficios desde la privacidad palaciega.

Portada del Palacio del Marqués de Cerverales

El edificio fue terminado hacia 1756 por el vicario don Manuel Bejarano y Fonseca que se lo legó a don Manuel Bejarano y Compañón, primer marqués de Cerverales, título otorgado por Fernando VI en 1753. La portada juega con los colores de diferentes tipos de mármol y se compone de dos columnas salomónicas con capiteles compuestos que sostienen el entablamento de amplia cornisa, sobre la que se sitúa el balcón de la segunda planta y el arranque de dos estípites compuestos que sostienen una nueva cornisa, sobre la que se alza la heráldica del propietario y saliéndose de la línea del tejado, se corona con una escultura femenina.

Pero a nosotros lo que nos interesa son los elementos animados y decorativos de la portada, y no tanto lo estructural. Así, el balcón central aparece soportado por tres elementos fantásticos tales como un salvaje en el centro y a los lados, en diagonal, un sireno y una sirena. Sobre el dintel de  la segunda planta se abre un escudo de armas pontificio y en el ático, escoltando el escudo del Vicario don Manuel Bejarano, dos leones rampantes y tenantes, casi conformando un frontón triangular. Por último, y como elemento fundamental de la portada, cinco esculturas femeninas exentas que se sitúan de dos en dos, escoltando al balcón y la heráldica familiar, en eje con las columnas salomónicas y los estípites, apeados en unos fantasiosos mascarones, mas la que se eleva por encima del alero.

Estas esculturas son fácilmente identificables a partir de sus atributos, salvo la lateral derecha del balcón como veremos más adelante. La figura más elevada es la Fe, virtud que aparece con una venda en los ojos, el cáliz en la mano izquierda y la cruz en alto en la mano derecha; atributos habituales de esta virtud tanto en España como Francia o Italia, que ve en el sacrificio de Cristo el mayor acto de Fe realizado jamás y por el que no se debe dudar. En el siguiente nivel hacia abajo, escoltando la heráldica del vicario, a la izquierda se sitúa la imagen problemática, se trata de una mujer que enarbola una espada en la mano derecha, mientras que la otra sujeta un escudo, apoyado en la rodilla, en el que campea una cruz; a la derecha la virtud expresada es la de la Justicia, con su correspondiente balanza y una supuesta espada desaparecida. En el siguiente nivel, que escolta el balcón, a la izquierda la Fortaleza con su columna truncada, mientras que a la derecha aparece una tradicional personificación de la Templanza que porta un cuenco y una jarra. indicando que vertiendo agua fría sobre la caliente se templan los ánimos y se razona mejor.

Justicia

Como vemos, en principio el programa iconográfico se haría cargo de las cuatro virtudes cardinales: Justicia, Fortaleza, Templanza y Prudencia; sobre las que se alza la virtud señera de la Fe, campeando sobre las heráldicas y sobre toda la construcción. La coronación por la Fe de arquitecturas como los tabernáculos es más que habitual en las iglesias y también era corriente en las arquitecturas efímeras realizadas para las honras fúnebres reales o las fiestas del Corpus. El problema es que la Prudencia no se representa de esa manera, sino que su atributo principal es el de tener dos rostros, algo que en pleno siglo XVIII, había pasado al desuso fortaleciéndose el otro atributo importante, el espejo en el que se refleja, en actitud introspectiva de análisis para no cometer actos impetuosos.

Fortaleza

Templanza

Por tanto ¿Quién es esa cuarta “virtud” que se nos aparece en la portada del palacio estepeño? Pues no es fácil asegurarlo pero la portada de De origine et progressu Officii Sanctae Inquisitionis,  -El origen y el progreso del Oficio de la Santa Inquisición- en su primera edición publicada en Madrid por la Imprenta Real, en 1598, ostenta el escudo de la Inquisición española que se compone de una Cruz sobre la tierra del monte de la calavera y una orla con la leyenda EXURGE DOMINE ET JUDICA CAUSAM TUAM. PSALM. 73, - Álzate, oh Dios, a defender tu causa, salmo 73-, mientras que sirven de tenantes dos figuras femeninas; una porta la rama de olivo que significa la reconciliación con los arrepentidos, mientras que la otra porta una espada en alto, símbolo del trato a los herejes, junto a la balanza de la justicia. En versiones posteriores de este escudo se suprimen las representaciones femeninas y sus atributos: espada y olivo se incluyen en el escudo escoltando la Cruz. 

Posible alegoría de la Inquisición

Portada del Origen y progreso de la Santa Inquisición

De esta forma, parece que a la portada se ha sacado un emblema inquisitorial, el más beligerante, para rodearlo de virtudes de gran fuerza como son la Templanza, la Fortaleza y la Justicia; como norma general de la Inquisición de la Vicaría de Estepa que dependía del tribunal de Córdoba, y todo ello inspirado por la Fe triunfante.

Personajes fantásticos que soportan como ménsulas el balcón principal de la fachada

Otros elementos significativos nos quedan en la fachada como la del salvaje y los sirénidos que actúan de ménsulas del balcón. Son estos elementos fantasiosos símbolos de pasiones bajas o depravadas. En concreto, el salvaje se puede ver como el estado de abandono a donde puede llegar un caballero por la desidia o por caer en los vicios, en este caso por los fraudulentos cantos de sirenas que son tenidas por símbolo de las tentaciones dispuestas a lo largo del camino de la vida (navegación) para impedir la evolución del espíritu y encantarlo (Juan Eduardo Cirlot). Por otra parte, los estípites posados sobre las máscaras burlonas hacen pensar en una dedicación específica a la Virgen María o los santos mártires que triunfan sobre el engaño de los mascarones.

Detalle de uno de las máscaras que sirven de pedestal a los estípites

Tenemos pues una fachada de las postrimerías del barroco español –recordemos que en 1752, por deseo de Fernando VI, nace la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y con ella una nueva forma de entender el arte, volcada al neoclasicismo-, en la que se pueden leer con claridad todas aquellos tics de un edificio civil, mas aquellos detalles eclesiásticos derivados del oficio del propietario, en este caso el Vicario de Estepa y responsable ante el Tribunal de la Inquisición en Córdoba de toda la demarcación. Eso sí, revestido de las virtudes que en su ánimo mejor le convinieron, porque al ser clérigo, es más que probable que D. Manuel Bejarano, actuara él mismo como “Teólogo” de su propio programa iconográfico, creando casi un retablo parlante en mitad de una de las calles principales de Estepa.

Artículo realizado por José Vallejo Prieto en el blog El Grutesco

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