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Cuando han pasado ya varios días desde que la Virgen de la Aurora cruzó la ojiva de Santa Marina, poniendo fin a la Semana Santa 2015, es momento de analizar, de reflexionar y sacar conclusiones sobre todo lo que ha ocurrido.


La Semana Santa que acaba de terminar debe servir para que todos nos demos cuenta de que esto no puede seguir así. Necesita cambios, y bastante profundos, más allá del cambio de recorrido de alguna cofradía o el orden de paso en la carrera oficial. Nuestra Semana Mayor necesita cambios estructurales que van desde el orden de las cofradías, la limpieza de nazarenos que se visten la túnica para luego tomarse un gintoni en un bar, la obligación de las hermandades a cumplir con los horarios y entrar a su hora prevista y no a las 4:30 de la mañana, hasta el comportamiento de la gente que ve las cofradías, la basura que convierte la ciudad en un vertedero que, en lugar de procesiones religiosas, parece que ha pasado la cabalgata de los Reyes Magos (ni en ésta se recoge tanta basura), las botellonas permitidas en el centro, las sillitas que impiden el paso de la gente o la morralla de gentuza que se encarga de manchar la Madrugá año tras año.


En lo que respecta a la seguridad, la basura (qué sería de la ciudad esos días sin Lipasam), el comportamiento de la gente, las peleas, botellonas, etcétera, no se me ocurre otra cosa que Educación. Hace falta educación, algo de lo que carece la sociedad actual en general. Además, quizá sería necesaria mano dura por parte de las autoridades civiles. Lo de las sillitas, por ejemplo, cada año es más insoportable. Antes se producía una bulla cuando se acercaba o se iba un paso. Ahora, la bulla existe desde antes de que llegue la cofradía y perdura hasta que pase la última que ese día transita por ahí. Y si tienes que cruzar o pasar, que se te quite de la cabeza, te buscas otra solución porque ellos no van a mover su chiringuito. Y no son conscientes del peligro que eso conlleva si se produjera una avalancha o cualquier otra situación de peligro. Antonio Burgos dijo que la bulla “es soberana”. Yo creo que ya no lo es.
En lo que concierne a las hermandades, vengo leyendo sobre diferentes soluciones para arreglar esta fiesta RELIGIOSA, que si cambios de recorridos, de horarios, de orden de paso por carrera oficial, incluso de jornada… que si poner “numerus clausus” de nazarenos… Y la solución es muy sencilla. Está claro que aquí sobran nazarenos, sobran todos esos “hermanos” que se visten la túnica para lucirse, para estar en la procesión un par de horitas como mucho y luego sentarse en el Ochoa a comerse una torrija con café, o un bocadillo sentado en un banco. Y no estoy diciendo que se le impida a un hermano hacer su estación de penitencia. Como dicen muchos, entre ellos, el incompetente del Presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, Carlos Burrellier, “no se le puede impedir a un hermano que realice su estación de penitencia con su hermandad. Quien defienda esto, no es cofrade”. Muy bien, y estoy de acuerdo. Pero, de la misma forma, hay que obligarle a ese hermano a que cumpla la estación de penitencia, que no abandone la cofradía bajo ningún concepto, que no se vaya a desayunar como los nazarenos de las hermandades de capa de la Madrugá, que ofrecen una estampa bochornosa, o el nazareno de San Bernardo, morreándose con la novia, o ese de la Hiniesta, “whatsappeando”. Tenemos que acabar de una vez por todas con estos comportamientos que se repiten año tras año, desde hace muchas décadas y siglos, por supuesto, no es algo de ahora. Pero no por ello, hay que pasarlo por alto. Luego nos enfadamos cuando Telecinco o la televisión nacional de turno, ofrece estas imágenes y se ríe de nosotros. Claro, se lo ponemos “a huevo”.


Como decía, la solución es sencilla: que todas las hermandades obliguen a sus nazarenos a realizar completamente la estación de penitencia, sin poder abandonarla bajo ningún concepto, salvo motivo de fuerza mayor (alguien que se pone malo, se desmaya, por ejemplo), como ocurre en las hermandades “de negro”, de silencio, que de forma tan ejemplar desfilan por las calles de la ciudad. No digo que ahora La Macarena, La Paz o San Bernardo, por citar tres, sean como el Silencio o el Gran Poder, pero sí que los nazarenos no se salgan de la procesión. De esta forma, seguro que La Macarena, en lugar de sacar tres mil nazarenos, saca, como mucho, mil (quizá hasta menos). Y San Bernardo, en lugar de sacar más de dos mil, sacaría otros mil. Es decir, eliminaríamos esa “masa” de nazarenos que alargan los cortejos, los hacen interminables, provocan retrasos y nos quedaríamos con los hermanos de verdad que quieren hacer la estación de penitencia.


Si las hermandades tuvieran lo que hay que tener y aplicaran esta medida, no tendríamos la Semana Santa tan masificada que hay hoy, las cofradías tardarían mucho menos en pasar, agilizaría el paso de éstas por la carrera oficial, se solucionarían problemas de cruces, por ejemplo en la Madrugá, la gente tendría que esperar menos para ver los pasos y, a lo mejor, habría menos aglomeraciones y gente haciendo uso de la sillita. Si una cofradía, en lugar de tardar en pasar más de una hora, tarda media, igual hay menos gente que hace uso de la sillita. Y además, sería una medida responsable y justa, porque obligaría a esos “hermanos que tienen derecho a hacer la estación de penitencia con su hermandad” a cumplirla de verdad y evitaríamos escenas lamentables como muchos nazarenos de La Macarena desayunando a las 8 de la mañana en el bar de la esquina del pasaje de Los Azahares con Orfila, algunos con cirio verde, del último tramo de Virgen. O todos los bares del eje San Pedro-Alfalfa-Salvador-Francos lleno de nazarenos de Los Gitanos. O dos nazarenas de mi hermandad del Beso de Judas, en la esquina de Santiago con Santa Catalina (la cofradía lleva apenas 15 minutos en la calle), sin el antifaz, comiendo un bocadillo y diciendo que se habían salido porque “queríamos ver al Cristo”. Los ejemplos son infinitos y todos los hemos visto.


Y aparte de la limpieza de nazarenos, el Consejo, si es que tiene alguna autoridad ya, o la autoridad eclesiástica, como ocurría hace siglos, deben obligar a las hermandades a que cumplan con sus horarios de entrada en los templos. No se puede tolerar que una hermandad del Martes Santo se recoja pasadas las 4:30 del Miércoles Santo. Porque, de la misma forma que cuando llueve los hermanos mayores dicen esa frase cursi de “tenemos un patrimonio humano muy importante que tenemos que cuidar, más que el patrimonio económico”, también deberían cuidar de ese patrimonio humano no matando a los nazarenos con esos retrasos y parones.


La Semana Santa necesita un giro radical porque está masificada, en todos los aspectos. Y esa masificación hace que cada vez sea más difícil disfrutar de una cofradía. He dicho disfrutar, que no es lo mismo que ver. Pero ese giro radical debe comenzar desde las propias hermandades, dando ejemplo de comportamiento y dejando claro que aquí se viene a hacer una estación de penitencia y a cumplir con las reglas que se juran cuando se ingresa en la hermandad y cada año, cuando se hace protestación de Fe en las funciones de instituto. Así que vamos a dejarnos de tonterías. Luego, podemos hablar de cambios de orden de paso, de horarios o recorridos.

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Comentado por Nazareno de Pasión en abril 15, 2015 a 12:45pm

yo llevo 15 años saliendo de nazareno en la Hdad. de Pasion y exeptuando el tema del año pasado cuando un vieron un nazareno sentado pero cubierto en la calle Sierpes viendo pasar el silencio nunca he visto ni he escuchado que haya habido algun problema con loas nzarenos en la hdad. Creo que eso se debe tambien a la educación y cultura cofrade que se tenga y al sentido que tenga la hdad. Creo que como decian anoche por facebook una chica que salia de nazarena en los Gitanos que eran muchas horas que a ver si no iba a poder ir al servicio o tomarse un cafelito y le respondi que lo del servicio y otras necesidades fisiologicas son entendibles cuando ya no se puede mas pero lo del cafelito no aunque sea por la mañana mientras espera en un bar para entrar al servicio , el agua si lo comprendo siempre con un poc de discreccion no lo veo mal pero lo del cafelito o cervecita rotundamente no ni mientras se espera para entrar al servicio de un bar y si no se piensa y actua asi que no haga la estacion de penitencia que no la obliga nadie

Comentado por Álvaro A. Escobar García en abril 15, 2015 a 9:15am

JAntonioB

Yo soy nazareno del Gran Poder, tramo del Señor, y llevo muchos años saliendo y también he sido testigo de algún nazareno que ha abandonado la fila. Desconozco los motivos, pero sí te puedo decir que, para abandonar la cofradía, hay que comunicárselo a los diputados de tramo, entregar la papeleta de sitio y el cirio y volver a casa. La hermandad sólo permite que un nazareno deje la fila cuando haya un motivo muy justificado. También te digo que he sido testigo de comportamientos indecentes de algunos nazarenos que han vuelto la cara, han saludado a alguien o han hablado. Y en otras hermandades de negro de otros días. En cualquier caso, nunca veremos (o eso espero) un montón de nazarenos de ruán desayunando en un bar o sentados en un banco con el cirio. Y ojalá sean sólo 35 los nazarenos de qualquier hermandad de capa que se salen.

Un saludo

Comentado por JAntonioB en abril 14, 2015 a 11:47pm

Me gustaría añadir una cosa. Has dicho que las hermandades de capa deben aprender del comportamiento ejemplar de los tramos de las de silencio, bien. En el famoso cruce RRCC-Zaragoza, cuando discurría la cofradía del Gran poder, después de llevarse 35 minutos esperando a una Esperanza de Triana que no podía avanzar, contamos los presentes unos 35 nazarenos que abandonaron las filas entre todos los tramos de cristo y virgen. 

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