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XII EXALTACIÓN A LA SANTA CRUZ, EN HONOR DEL STMO. CRISTO DEL AMOR.

XII Exaltación a la Santa Cruz

en honor del

Stmo. Cristo del Amor.

Venerable y Fervorosa Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos del

Santísimo Cristo del Amor, María Santísima de la Esperanza

y San Bernardo Abad.

La Línea de la Concepción

23 de Septiembre de 2017

 

            Vuelvo a ti mi Dios amado, sin que entre nosotros hayan existido distancias ni lejanías. Vuelvo a ti mi Dios clavado, buscando el refugio que a tu sombra habita.

         Cinco años que mi voz, desde este atril escapara, para bendecir el nombre de tu Madre, la Esperanza.

                  Atrás quedó el amargo cáliz, el beso de la traición, el canto del gallo, las burlas y bofetadas, los juicios, los azotes, tu coronación y la Calle de la Amargura.

         Atrás quedaron los hosannas y las palmas, atrás quedaron las llamadas a la conversión.

         El momento crucial ha llegado, el nuevo camino ascendente, ya ha sido trazado con dos bastos maderos. El humilde cordero ya ha sido dispuesto para el definitivo sacrificio.

         La esponja ya está empapada, echada a suerte las vestiduras, la lanza afilada y el velo del templo a punto de sesgarse para liberar para siempre a Dios.

“Todo está cumplido” Jn 19, 3

         El aliento a punto de quedar helado sobre la comisura de sus labios. La extenuación ha alcanzado la cumbre de su devastado cuerpo.

         El Amor se ha desbordado hasta el extremo, como implacable torrente desmedido que todo lo arrasa.

         Creyeron que todo acababa…que habían podido silenciar la voz del Nazareno. El escarmiento había sido ejemplarizante para todo aquel que se atreviese a pensar diferente sobre  la fe cimentada en la ley.

         Creyeron que todo acababa…que sus seguidores permanecerían huidos sin atreverse a reemprender la misión del hijo del carpintero.

         Pensaron que en la Cruz todo terminaría…creyeron cerrar una puerta, sin percatarse que una vez consumado su aliento, la piedra del sepulcro esperaría expectante lanzar al mundo el grito de la resurrección.

         Creyeron que todo acaba, cuando la revolución del Amor estaba a punto de comenzar.

         Los crisoles del juicio quedarán fundidos cuando su costado sea abierto. La acusación y condena que arrastra al hombre, se postrarán humilladas al ver sus pies y sus manos traspasadas.

         Patriarcas, profetas y reyes, cruzarán el umbral de la espera para dar paso a la gloria eterna.

         Porque abriendo las puertas del cielo viene el Cristo del Amor, derramando su sangre sobre el sello de la cerradura, ofreciendo su cuerpo herido como prenda por nuestra ofensa, derribando a caballeros y espadas de su montura.

         Transformando los escarpados cerros en confortables valles. Lanzando una vez más las redes para rescate y salvación de muchos que no encuentran salida.

         Marcando vas el compás del tiempo, como péndulo vacilante que quiere escapar del delimitado espacio creado por los guardabrisas. Un tiempo consumado, un tiempo clausurado a golpe de llamador.

 

 

Dios de Amor crucificado,

bienaventurada moneda,

con la que a precio de muerte,

pagaste nuestra condena.

         Llevando hasta tu leño, el dolor de los benditos, de los pobres, de los mansos, de los que lloran, los hambrientos,  de los misericordiosos, de los limpios de corazón, de los que trabajan por la justicia, el dolor de  los perseguidos.  Bienaventurados Señor,  los que hasta la Cruz han subido.

 

Allá refugiados contigo,

huyendo como gacelas,

buscando en tu fuente la vida,

saciar la sed de la tierra.

 

Buscando en tu Cruz  Señor,

una balsa en las tempestades,

poder caminar sobre el agua,

hallar la calma en los males.

 

Cruz de Amor que nos liberas,

de llantos caducos que a mal nos llevan,

Cruz de Amor que nos sosiega,

en beso, abrazo, bendita entrega.

 

 

 

Alta cumbre prometida,

 zarza que vive entre el fuego,

 jambas de la misma gloria,

Cruz de Amor, puerta del cielo.

 

El fruto de la vid se dispone a ser pisado,

el viernes llora en desconsuelo,

La Línea se eleva en Calvario,

pintando de verde su cielo.

 

Consternado el universo,

 merma su gran plenitud,

replegado en el espacio,

que ocupa tu cuerpo en la Cruz.

 

Tus labios reseca salina,

 abrasada por la sed,

tu cuerpo árida tierra,

labrada por el padecer.

 

Más que en la negra noche,

más que ante el rayo y al trueno,

más que al temblor de la tierra,

más que un mar bravío sin freno.

 

Se desborda tu presencia,

abriendo tus inmensas alas,

sobre un mar que de amargura,

 viene a romperse a la playa.

 

Se desborda tu presencia,

mostrando al mundo tus llagas,

 viendo a Dios que se nos muere,

y que por Amor se desgasta. 

 

SALUDA

         Rvdo. D. José Antonio Capurro, párroco de este templo de San Bernardo Abad y director espiritual de esta Hermandad. Hermana Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y María Santísima de la Esperanza. Respetada asamblea, hijos de Dios todos y hermanos en Cristo.

         Ha sido difícil, lo confieso, ha sido difícil enfrentarme a este “gustoso” reto de colocarme de nuevo ante un atril.

         Tras un breve paréntesis de aparente silencio, agradezco a los hermanos de la Esperanza el concederme la oportunidad de realizar lo que sin duda, para mí personalmente, encierra el más bello mensaje, ese que se esconde tras el Misterio de la Cruz. El abrazo piel con piel entre Dios y el hombre.

                   He dicho “aparente silencio” porque aún alejado de encajes, inciensos y flores, he disfrutado con la gran dicha de poder seguir exaltando, de poder seguir pregonando, de poder no solo ser voz, sino obrero, en nombre de  Dios y de su Stma. Madre de diversos modos y en diferentes lugares.

         Tengo la suerte de contar en la junta de esta hermandad con grandes  amigos, Iban, Ana Mari y como no, con José Barea.

          José, por segunda vez, te ha tocado desempeñar la labor de ser mi presentador y mira en que mejor sitio que en esta casa.

         Gracias por tus palabras, que aunque al escribir estas líneas, no las conocía, de sobra se que nacen del cariño que me tienes. Tu corazón es limpio y tu visión sobre el mundo de las cofradías es realista y honesto.

         Siempre agradecido porque se del gran esfuerzo que te supone subir a un atril. Dios te lo pague.

         Me alegra que este acto, se celebre cercano a la fecha de la Exaltación de la Santa Cruz en el mes de Septiembre y no dentro de los muchos actos cuaresmales que se celebran en nuestra ciudad.

         De este modo y por fidelidad a la fiesta que se conmemora, la impronta penitencial queda en segundo plano, dando paso al verdadero fin y sentido del Triunfo de la Cruz.

         En esta noche, no he venido a exaltar el sin vivir de un cofrade. No he venido a extasiarme entre flores o “chicotás”. No he venido a rellenar el tiempo con palabras bonitas. Solo he venido, para intentar sumergirme y sumergiros en el misterio de la Cruz. Ese misterio que convierte a la imagen de Jesús Crucificado, en la iconografía cristífera más representada en la Pasión linense.

         Me gustaría que  mi disertación, fuese más que un conjunto de piropos y versos, un momento de oración, una profundización en el misterio, un diálogo personal de cada uno de nosotros con este Cristo del Amor.

NUEVO ADÁN 1ª Cor 15,21s

         Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”

Jn 3, 17s

         No para juzgarlo, sino para salvarlo.

         Para que el mundo se salve por Él, no para que el mundo viva oprimido y entristecido, sino para que el mundo se salve por Él.

         Para que su cruz se convierta en llave y no en espada. Para que el leño del Calvario sea un puente que nos acerca a Dios y no un muro que nos obligue a vivir separados. “Para que el mundo se salve por Él”.

         Hace cinco años, le dedicaba a María Stma. de la Esperanza una reflexión y versos sobre María como “Nueva Eva”. Hoy quiero concluir aquella puerta abierta en el Paraíso, con la figura de Cristo, el “Nuevo Adán”

         Un nuevo árbol crece en medio del Edén. El fruto que nos condenó, cae marchito derribado de su rama, al ser vencido por el fruto virginal que brota de este tronco de vida.

         Nuevo árbol de brazos abiertos, de piel traspasada, de corteza sangrante que riega a todo el que a su sombra busca cobijo.

         Adán comió del primer árbol, comprando con ello su condena y arrastrando a condena de todos sus hijos.

          El Nuevo Adán ha bebido la copa que este fruto amargo le brindaba, recuperando con ello la salvación para todos. El Nuevo Adán, ha sido crucificado en ese árbol para que no existan más condenas para la creación, sino la libertad y la vida.

                  Fruto seductor o agua amarga. Puerta de expulsión o pórtico del cielo. Noche de la vida o luz entre tinieblas, génesis del caos, fuente de paz…Este es el dilema de los dos árboles.

         El Árbol del Paraíso embelesa a la vez que sentencia y condena. El Árbol del Calvario escandaliza pero a la vez salva y resucita.

         Quebrado sendero, de estrecheces y dudas. Angosta puerta directa a Dios.

         Hoy te elevas ante nosotros en medio de esta asamblea. El Amor crucificado quiere empapar sus labios, en la esponja de nuestras lágrimas.

 

 

 

Nuevo Adán del Paraíso,

vendido por treinta monedas,

nuevo Adán que por amarnos,

se hace abrazo a su condena.

 

No busquen entre los muertos,

al Cristo que sobre una Cruz vive,

no busquen en el sepulcro

al Dios que entre nosotros camina.

 

Gesto de reconciliación,

 lámpara encendida a la espera,

faro que nos lleva a puerto,

casa de Dios siempre abierta.

 

Que no se muere el Amor,

mientras una Magdalena llore,

que no se muere el Amor,

si hay un alma que le implore.

 

Para trono tiene la cruz,

y como cetro los clavos,

su corona las espinas

y su reino es San Bernardo.

 

Miradlo pender del madero,

¡qué no está muerto el Amor!,

mirad este infinito abrazo,

que en la cruz nos da el Señor.

 

Allá arriba en su cielo,

ofrece su abrazo implacable,

dibuja la noche su velo,

perfila el incienso su imagen.

 

Grano de trigo molido,

florecer de nueva espiga,

sol que duerme en el ocaso,

renacer a un nuevo día.

 

Que no está muerto el Amor,

que en su mirada aún hay vida,

que no se muere el Amor,

que la Esperanza lo cuida.

 

Lo arropa, lo acaricia,

le besa sus heridas,

Que no se muere el Amor,

¡mientras su barrio lo siga!

 

 

PUERTA DEL AMOR

                  “La Cruz, es el máximo gesto de Amor de Dios por el hombre.” Por lo cual: “No existe nombre más bello y perfecto para un crucificado que el nombre de Amor”.

         Los ojos del arte, nos han hecho idealizar del modo más bello la imagen de Jesús colgado de un madero, con hermosas pinturas y esbeltas tallas.

         Por desgracia, la mano cruel de quien hoy sigue ejecutando en nombre de Dios, nos ha vuelto a mostrar que tras una persona crucificada, la belleza huye despavorida.

         Ante ella oramos, la honramos, exornamos, cantamos, procesionamos…siempre que la vemos desde fuera, siempre que la vemos como objeto de veneración somos incluso capaz de amarla y abrazarla.

          El problema surge, cuando la Cruz se hace carne con nosotros, cuando nuestro cuerpo se convierte en madero donde ha de ser crucificado Cristo.

         Es en ese momento, como he indicado anteriormente, cuando la Cruz, cuando Jesús Crucificado toca piel con piel con nosotros.

         Nadie nos prepara, nadie nos avisa, pero ahí aparece, ya sea en forma de enfermedad, accidente, ancianidad, pérdida de seres queridos, discapacidad, soledad, pobreza, desempleo, sueños incumplidos…

         La Cruz se hace presente en nuestras vidas, Cristo crucificado sale a nuestro encuentro, pero en el dolor difícilmente somos capaces de reconocerlo.

                  ¿Cómo hallar a Dios en medio de un sufrimiento? ¿Cómo vislumbrar a Cristo ante la adversidad que nos aplasta? ¿Cómo hablar de Amor y misericordia divina cuando el alma se nos parte?

         Esa Cruz nos incomoda, nos molesta, la Cruz no es justa, no es merecida, duele, entristece, amarga, nos encierra, nos aparta del mundo, acaba con nuestra existencia y acaba hasta con la existencia de Dios.

         Es entonces, cuando convertimos el puente en muro, cuando como la mayoría de los apóstoles huimos asustados. A Jesús, preferimos encontrarlo lleno de luz y majestad transfigurado en el monte Tabor, ¿pero en la Cruz? En la Cruz no.

         ¿Cómo puede ser que el hombre al que seguían multitudes, aquel que hizo tantos milagros, aquel que anunciaba la llegada del Reino de Dios…cómo es posible que sobre el caiga la peor de las condenas, la muerte de Cruz?

         ¿Cómo puede ser que a pesar de nuestras devociones, de seguir sus pasos, nuestra entrega, fe, nuestros esfuerzos…la Cruz aparezca en nuestras vidas?

         Amargo deleite este del que abrazando la muerte regala vida, del que se ha convertido en maldición para que nosotros seamos bendecidos. (Gal 3,13)

          Este que como bandera discutida  se eleva a la vista de todos, para poder ser divisado por todos y para que todos los que lo busquen, puedan salvarse.

         “Nosotros anunciamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles” 1ªCor 1,23

         Escándalo y necedad cuando convertimos en sufrimiento y “castigo divino” los momentos difíciles de nuestras vidas.

         Cuando maldecimos nuestra existencia, cuando nos dormimos en Getsemaní porque nuestra voluntad está por encima de la voluntad de Dios.

         Dulce Cristo del Amor: Conforta los corazones que hacia el Calvario caminan. Tú mejor que nadie nos conoces.

         Nuestras cruces, son pequeñas astillas comparadas con la tuya, o incluso si nos paramos a mirar, no son nada comparada con las del prójimo.

         Señor, danos fuerza y discernimiento para poder transformar nuestras cruces en fuertes atalayas desde las que divisarte.

         Nuestras calles de la Amargura en caminos de perfección y encuentro, nuestra idea de injusto castigo en abrazo y caricia de Dios.

         A través de la Cruz, Jesús desconcierta incluso a sus discípulos, pero fue a través de ella, desde donde se nos reveló el gran misterio de la vida que vence la muerte. El Misterio de la Resurrección.

                  Cristo abrazando la Cruz, ha firmado la reconciliación del hombre con la historia de salvación que Dios nos ofrece a cada uno.

         ¿Acaso Él busca nuestro sufrimiento?  Desde la Cruz el nos grita que nos ama y que no estamos solos.

         Depositemos junto a ella nuestros pesados maderos, nuestro dolor, nuestras tristezas. No le volvamos la espalda, entremos en diálogo con este Jesús crucificado que nos apela en la adversidad.

         Sólo con el Él y en Él, nuestra tarde de Viernes Santo podrá transformarse en mañana de Domingo de Resurrección.

         Nuevamente el centurión te increpará, para que si eres el Hijo de Dios te salves.  Nuevamente un Gestas pone a prueba tu divinidad para que te libres y lo libres de tan duro trance.

         Nuevamente el mundo, quiere bajar de la Cruz.

         Ante el miedo y la tortura, huyen de tu lado tus amigos, el que dijo seguirte hasta la muerte, los que dejaron sus barcas y redes, a los que lavaste los pies, todos huyen de tu lado temiendo en tu cruz perecer.

 

Sobre un pretorio de sangre,

voces claman tu condena,

sobre un pretorio de sangre,

tiembla tu piel  y se quiebra.

 

Rompe su pecho el plañir,

arando de lágrimas las piedras,

 un sendero de lamentos,

que hasta el Calvario te acercan.

 

Fuerte columna que al cielo,

su cúspide tiene elevada,

viento de sal que me envuelve,

sol del fuego que me abrasa.

 

Cristo herido de amores,

 consumado en humildad,

 rey que en la entrega a su pueblo,

encuentra su majestad.

 

Cirineo de nuestras vidas,

que nuestras cruces soportas,

salvavidas del naufragio,

de la angustia y la zozobra.

 

Causa de consternación,

Rey sin guardia a su defensa,

Dios humilde entre los hombres,

y escándalo sobre la tierra.

 

Dulce lecho de amores,

donde la pena descansa,

fuerte guardia defensiva,

del enemigo nos salvas.

 

Con cuatro fuentes abiertas,

tu piel ha quedado desnuda,

 cuatro dardos que te funden,

 a la Cruz de la locura.

 

¿Quién pudiera alzar el vuelo,

para acercarse a esas llagas?

¿Quién pudiera tus heridas,

con besos poder sanarlas?

 

En ese florecer de tu cuerpo,

tus brazos abiertos me atrapan,

en un delirio de amores,

sobre una Cruz de esperanza .

 

 Cruz redentora del mundo,

 paradigma de la historia,

 puente de Amor infinito,

entre la tierra y la gloria.

 

 

 

 

APÓSTOL DE LA ESPERANZA

“Junto a la Cruz de Jesús, estaban su madre, María la madre de los hijos de Zebedeo, María mujer de Cleofás y María Magdalena.”

Jn 19, 25

         Allá en el Calvario, el odio hacia el Nazareno, se ve desarmado en pleno duelo.

         Hay algo de lo que los soldados romanos no se pueden burlar.     Hay algo contra  los que no se pueden realizar juicios ni dictaminar sentencias.   Existe algo, contra lo que no se encuentran clavos ni cuerdas para poder reducir…El Amor, contra su Amor, nadie puede.

         Firme como piedra arrastrada desde Galilea, con fidelidad y valentía no tiene miedo a los guardias ni siquiera al destino que le pueda sobrevenir por seguir a su Maestro hasta la Cruz.

         Ella, nunca discutió por ser la primera entre los discípulos. Nunca solicitó un lugar privilegiado en el Reino de los Cielos. Ella jamás lo traicionó, no lo negó ni una sola vez, no lo dejó abandonado ante el suplicio de la muerte.

         A Jesús, poco le importaba su pasado y posibles pecados, solo le importaba, la impecabilidad de su Amor. Porque amar, nunca condena.

          Su figura ha llegado a nosotros distorsionada, ya que en la Iglesia de Occidente, desde los siglos VI y VII y sobre todo, a través de San Gregorio Magno, de los libros litúrgicos y del arte, la hemos confundido con otras mujeres que aparecen en los evangelios.

         Sabemos que acompañaba a Jesús y que de ella expulsó siete demonios.  (Lc 8, 1-3) Quizás este detalle, fue usado o manipulado para la confusión.

         En algunos textos nos la han presentado como la hermana de Lázaro y Marta. De manera errada nos la ofrecieron también como la mujer pecadora que lava los pies a Jesús con sus lágrimas. En ella vimos a la mujer sorprendida en adulterio a punto de ser lapidada.

         Esta confusión de figuras femeninas,  y las representaciones artísticas, nos ofrecieron una María de Magdala como prostituta arrepentida o como ermitaña penitente, siempre representada con su larga melena suelta, signo de sensualidad, indecoro y “mujer pública”.

         Como ya he dicho, este desconcierto sobre su figura, solo se observa en la Iglesia de Occidente, ya que nuestros hermanos de Oriente, desde los orígenes del cristianismo, la han representado ataviada del mismo modo que el resto de las Santas Mujeres, destacando con importancia su papel como primer testigo de la resurrección de Cristo.

                    Jesús no había puesto limitaciones a los que le seguían, como ocurría en la sinagoga o en el templo, por lo cual,  tras Él iban personas consideradas de los más bajos estratos sociales como enfermos, leprosos, viudas, prostitutas, mendigos, “almas impuras”…en esos estratos, se incluían a las mujeres.

         Un buen grupo de ellas aparece en los evangelios, encabezado por María Magdalena, acompañando al Maestro de pueblo en pueblo.

         Los cuatro evangelistas y otros tantos apócrifos, la tienen presente, revelando con esto, la importancia que debió de tener en la primera comunidad Cristiana.

         Contemporánea de una época, de una cultura y de una fe patriarcal, hicieron posiblemente, que su revelador papel en los orígenes de la Iglesia quedase silenciado.

         Personalmente, no sé qué demonios podrían haber torturado a la Magdalena en el pasado. Lo que si se con certeza, es que por el simple hecho de que una mujer fuese vista hablando en público con hombres, o desease ocupar un papel diferente al asignado, era suficiente para ser tachada de pecadora poniendo en entre dicho su pureza.

         La mujer hebrea: Siempre señalada, siempre a la sombra de un varón, ya fuese padre, esposo o hijo. La mujer en silencio y con puertas cerradas.

         La mujer repudiada por complacencia del marido. La mujer impura por naturaleza y fuente de impurezas con el solo roce de su manto.

          Sin opinión para su destino, sin credibilidad ante el juicio…solo para la casa, solo para el esposo, solo para los hijos o finalmente, para ser condenada a la miseria, mendicidad o prostitución.

         Jesús, había roto esas cadenas. Jesús no hizo distinción entre los varones y ellas. Limpió de impurezas la carne de la mujer, y descargó la culpa del Pecado Original de sus cuellos, haciéndose hombre en el virginal vientre de una de ellas.

         En casa del fariseo, se dejó tocar y ungir por una mujer, aún siendo avisado del proceder impuro de esas manos femeninas. Frenó la lapidación, perdonó sus culpas, haciendo reflexionar a los varones sobre la responsabilidad de sus propios pecados.

         A ellas también se les anuncia el Reino, se les predica, aparecen en las parábolas, sobre ellas se obran milagros.

         Jesús habla un idioma completamente desconocido para la mujer de la época, el idioma de la dignidad y el respeto, el idioma del Amor.

         Cristo recupera para la ellas el derecho usurpado por una sociedad machista, el derecho de ser llamadas hijas de Dios.

         Por eso Jesús, fuente infinita de misericordia, premia el férreo Amor que recibe de  María de Magdala.

         En el siglo III, San Hipólito de Roma y más tarde en el siglo XIII Santo Tomás de Aquino, la llamaron “Apostola Apostolorum” Apóstol de Apóstoles.

         En 1969 el Concilio Vaticano II, le retira el apelativo de “penitente” por sus pecados. El evangelio de su día pasa de ser el de la “Pecadora que unge los pies a Jesús, por el del “Noli me tangere” momento del encuentro con Cristo resucitado.

          Desde el 10 de Junio del pasado año, el Papa Francisco a través de decreto, elevó su memoria del 22 de Julio al grado de festividad, como la del resto de los apóstoles, llamándola “Apóstol de la Esperanza”.

                   Maltratada por la historia, fue estigmatizada por ese falso pasado del que nada hablan en los evangelios, condenada a ser la “eterna penitente” en el desierto.

         Pero lo que las Sagradas Escrituras si dicen de ella, es que en la tarde del Viernes Santo, junto a María y A Juan, se mantuvo firme al pie de la Cruz.

         Ella fue la primera en ver el sepulcro vacío, la primera en oír el mensaje de los ángeles que anunciaban que Cristo había resucitado.

          La primera en ver al Maestro en la aurora del domingo, la primera en ser enviada a anunciar el triunfo de la vida sobre la Cruz.

                            María de Magdala, ¿Cuántos siglos han tenido que transcurrir, para que podamos arrancar de tu rostro esa errónea máscara dibujada por la historia?

         Hoy, como apóstol de la Iglesia, eres imagen de tantas almas que siguen estigmatizadas, señaladas, excluidas por pensar o ser diferentes.

         Las prohibiciones que antes citaba sobre la mujer hebrea de hace dos milenios, siguen vigentes en muchísimos países de Medio Oriente, Asia y África.

         En esta Europa tan desarrollada nuestra, se sigue usando a la mujer como mercancía exportada  para la explotación laboral o para el uso como juguete sexual.

         Continúa la discriminación en el trabajo, continúan los malos tratos, continúan las muertes.

         En nuestra Iglesia, gracias al interés presentado por el Papa Francisco, se trabaja para poder ofrecer más importancia a la labor de la mujer, cuyo papel sin duda, ha sido relegado debido a la cultura y tradición vigente en los primeros siglos de fundación.

         Es por ello Magdalena, que mis palabras para ti, quieren tejer un infinito manto que cubran tus cabellos de dignidad y respeto, para que nunca más nadie ose señalarte, para que nadie sea capaz de echarte en cara tu pasado, para que nunca más manipulen tu historia.

María de Magdala, Apóstol del Cristo y primer testigo de la resurrección.

         María Magdalena, Apóstol de la Esperanza.

         Bien sería para esta querida Hermandad, tener en cuenta tu importante figura, para ser incluida en los cultos anuales, incluso en su título.

         Porque el Amor la hizo fuerte, el Amor la sostuvo, el Amor la mantuvo al pie de la Cruz.

         Sus mejillas han quedado abrasadas como desierto por el fuego del llanto. Aquel quien tanto la amó, solo es ahora un despojo humano.

Sol y luna atrapados,

en ese espacio celeste,

que entre los dos se ha creado,

 místico abrazo silente.

 

Alzan el vuelo tus ojos,

 ¿a dónde escapa tu mirada,

buscando el rostro de tu amado,

buscando en su piel tu morada?

 

Adormece el dolor en tu pecho,

el desgarro de tu corazón quebrado,

sostén las alas de tu alma,

ante el cuerpo de tu Amor izado.

 

Déjate consolar en caricias,

 que el Levante te regala,

Déjate besar por la brisa,

 tus mejillas ya cansadas.

 

Deja fundirse tu aliento,

con el susurro del aire,

que se conviertan en besos,

calma de esta barbarie.

 

Alma de Dios traspasada,

castigada y oprimida,

alma de Amor regalada,

entre el sueño y las delicias.

 

Como en oración cautiva,

alzas tus manos al cielo,

trenzando una escala de ruegos,

que te acerquen al madero.

 

Al manantial de tu llanto,

Dios regaló un vergel,

de dichas bienaventuradas,

bendiciéndote mujer.

 

Levanta tu cuerpo cansado,

de esta eterna penitencia,

 anuncia a este Cristo que vive,

 que es Amor, piedad y clemencia.

 

Él te llamó por tu nombre,

y hoy la Iglesia te proclama,

fiel discípula  de Cristo y

Apóstol de la Esperanza.

 

Que a tu nombre no acompañen,

el pecado y la condena,

que solo suene a la gloria,

que tu vistes, Magdalena.

 

CRUZ DE JUSTICIA

       Cuando el sol se sumerge por el poniente ocultándose en la noche ¿acaso deja de existir?

         Incluso en la oscuridad, la luna centinela nos recuerda con su plateado reflejo, que el sol sigue existiendo, no se mueve de su sitio, somos nosotros los que deambulando en  peregrina ruta lo apartamos de nuestra vista.

         Pues algo parecido les diría  que pensasen, cuando perdemos la Cruz de vista, cuando cualquier acontecimiento o simplemente el “relax espiritual”, nos plantean la existencia de Dios, o al menos su benévola acción.

         No podemos doblegar nuestra fe, a un  único lugar, a un único espacio sin el cual andaríamos perdidos a oscuras.

         Nuestra falta de fe, flojera, anarquía espiritual, los escándalos o malos ejemplos de pastores que también hay que decirlo, las crisis, modas, divisiones, orgullo, ansias de poder…todo ello puede llevarnos a creer que Cristo ha desaparecido, pero no, piensen en el ejemplo que anteriormente les decías con el sol.

         Como en órbita  alrededor del astro rey, nuestras vidas pueden girar y quedar escondida a la luz de sus rayos, sin embargo, el sol sigue brillando, sigue iluminando, sigue esperándonos para llenarlos de su luz en cualquier otro lugar, porque por suerte, el sol no tiene dueño ni ancla que lo sujete a ningún sitio.

         Ese mismo ejemplo, puede ser usado para quienes piensan que ocultando nuestros símbolos religiosos, arrancando la cruz de espacios públicos y otros no tan públicos, la fe o la existencia de Dios, tocará su fin.     Nada más lejos de la realidad.

                  Con crucifijos o sin ellos, con imágenes o sin ellas, la luz del cristiano ha de seguir irradiando el mensaje de Cristo allá donde vaya.

         Cualquier símbolo de otras religiones, como figuras de Buda o manos de Fátima, pueden exhibirse sin complejos en lugares públicos, restaurantes, hoteles, gimnasios, tiendas…sin embargo, la cruz  o la imagen de María no. Nuestros símbolos se hacen molestos, sobre todo, para aquellos que piensan que nuestra fe nació en el 39 de la mano de un régimen.

         Torpeza y necedad, de aquellos que lo creen, incluyendo a los que desde dentro de la misma Iglesia lo fomentan, alimentando con legitimidad y legalidades las aberraciones del pasado.

         Con dos milenios de historia, nuestra fe nace y se alimenta del Amor de Cristo.

         2.300 millones de cristianos en el mundo, de los que 1.850 millones somos católicos.

         Pues a todos se nos seguirá recordando, reprochando y juzgando por los delitos y pecados cometidos por unos pocos.

         Todos seremos culpados y obligados a seguir pidiendo perdón por la inquisición de hace cinco siglos, cuando hoy no  se es capaz de condenar claramente y se buscan pretextos o excusas ante las nuevas “inquisiciones” que dejan morir de hambre a un pueblo tras encubiertas dictaduras.

         Se masacran a cristianos en diferentes partes del mundo, perseguidos por una cristianofobia silenciada. Se dejan morir a miles de personas por epidemias, preocupándonos únicamente que los muertos no tengan pasaporte europeo.

          Se llena la política de corrupción, maleantes y populistas.

         De la forma más rastrera se utilizan a las víctimas de un atentado para levantar muros que nos separen.

         Gritan no tener miedo, cuando son  incapaces de condenar y pronunciar el nombre del demonio yihadista que nos azota.

         El Estado Islámico, Boko Haram o Daesh ponen al mundo una soga al cuello, mientras a unos pocos lo que más les preocupa son los crucifijos, las clases de religión o la Misa en la TV.

         ¿Y qué hacemos? ¿Cómo responder?

         Ante eso, nuestra defensa, anda sobrada de discursos y palabras, siendo más bien reclamada por obras y acciones, que muestren al mundo, que a pesar de tropiezos y caídas, el cristianismo, el mensaje de Cristo fue, es y será  el Amor.

         Una de las primeras frases que pronunciaba de esta exaltación, decía “Para que la Cruz no sea espada, sino llave”

         Todo bautizado estamos invitados a ser cristianos en el mundo, a defender nuestra fe, a no callar, a ser testimonio…pero ¡ojo!, no podemos desandar lo caminado y volver al pasado convirtiendo el mensaje de Cristo en una “nueva cruzada”.

         Cierto es que me enervo cuando no sabemos responder, cuando el mensaje de Cristo desaparece como el fundir de un cirio tras insultos o malos deseos. Cuando nuevos “torquemadas” adoctrinan en la ley del talión.

         La mejor forma que tenemos para defender a Cristo es ser como Cristo.  

         Ante esta laicidad partidista, debemos seguir trabajando para ser respetados, seguir siendo instrumentos de servicio como llevamos siendo desde hace dos mil años a través de obras sociales, congregaciones, misiones, Manos Unidas, Cáritas…pero también denunciar las injusticias y mostrar al mundo que lo nuestro no es un hobby, no es una afición o deporte, la fe no va escrita en programas electorales, no se discute en las urnas, la cruz nos es bandera de nadie.  

                  La fe implica un camino de perfección donde el modelo a seguir, es Jesús de Nazaret, aquel que dijo “ Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” Mt 5,44

         ¿Acaso hablaba Jesús en broma? Esa es la tremenda locura a la que nuevamente nos enfrentamos al plantarnos ante su Cruz. Ese es el sendero marcado por este Dios del Amor.

         La Cruz no es una espada, sino una llave. Para que en cada lugar donde se divisa, se presencien templos de puertas abiertas donde Dios nos recibe y abraza sin hacer distinciones.

         No puede ser utilizada como objeto de superstición o miedo, donde en vez del rostro misericordioso de Cristo, se nos muestre al juez terrible que condena al fuego eterno.

         A través de la Cruz, Cristo ya ha abierto para todos las puertas del cielo, no podemos seguir intentando forzar la cerradura a cambio de sacrificios y penitencias, o esconder las llaves para convertirnos en guardias de aduana.

         La Cruz es símbolo de la mano tendida, del darse por el otro hasta el extremo, la poesía no la reviste de ficción, es realidad que acoge y recibe a quien viene pidiendo ayuda, sin tener en cuenta su pasaporte, color o fe que profesa.

         Los que decimos seguir a Cristo, no podemos tropezar y convertirnos en crisoles de fronteras y credos, haciendo cargar sobre la desesperación de refugiados inocentes, el pecado que unos pocos realizan en nombre de un falso dios de los infiernos, atropellando a inocentes o inmolándose en lugares públicos.

         El miedo, no puede convertirse en odio generalizado.

         En lo único que la Cruz generaliza es en el Amor, no en el pecado y la culpa.

         Ya sea colgada de nuestros cuellos, en vehículos, hogares o lugares de trabajo, la cruz no ha de ser vista por nadie ni usada por nosotros para marcar diferencias, al contrario, como signo de unidad, ya que quien murió en ella, lo hizo pensando en todos, sin hacer distinciones, porque “Él hace llover sobre justos e injustos.” Mt 5,45

         Por lo tanto, ante los ataques y burlas respondamos con justicia a la vez que con serenidad y Amor, del mismo modo que hiciese nuestro Maestro.

         Porque es más fácil que nosotros destruyamos a Cristo con nuestras malas obras, que los persecutores con fuego y bombas.

         Cada vez que nuestro espíritu de comunidad se reduce solo a mi grupo o a quien piense como yo.

         Cada vez que un cargo está por encima del bien común y se usa de manera injusta aplastando a los más débiles.

         Cada vez que nos convertimos en jueces dispuestos a señalar y lanzar la primera piedra, sin pararnos a pensar que a nuestras espaldas, también existen historias.

         Cada vez que el factor económico se antepone al espiritual y al humano. 

         Cada vez que damos más importancia al andar que al rezar.

                   Cada vez que nos atrincheramos en nuestra razón y cerramos puertas.

                  Cada vez que rezamos a Dios y olvidamos al prójimo.

         Las heridas, más que desde fuera se han de sanar desde dentro.

         Si hay algo de lo que tenemos que protegernos hermanos, que sea de esto, de aquello que nos acerca al ego del hombre, y nos aleja de Dios.

 

         Ese es el verdadero mal al que tenemos que seguir rindiendo cuentas, el Judas al que seguimos sentando a nuestras mesas.

         Redirijamos nuestras brújulas, planteémonos seriamente que el compromiso de ser cofrade, no finaliza en una estación de penitencia. El compromiso es inexistente, si nuestra meta encuentra su fin en una chicotá, en un estreno, o en una marcha…

         Todo es bello y hermoso, todo necesario, trabajado y aplaudido, todo ha de ser parte del camino, pero nunca delimitar la meta final, ya que el fin del cofrade, el fin del cristiano, no ha de ser otro que el vivir con plenitud a semejanza de Cristo. Siendo Luz, siendo Amor en medio del mundo, donde primordialmente seremos reconocidos por nuestros frutos y no por nuestras flores.

         Ha enmudecido la tarde, velada por la plomiza estela que deja la muerte a su paso. Deambula, agitada y temerosa a la espera de ser vencida. El aire ha quedado estático, petrificado, empapado en un ungüento de lamentos, lágrimas y sangre. La tierra ha quedado sembrada de dolor, quebrada por el grito que la creación lanza, al ver padecer a su Dios.

Con semblante trasnochado,

viene arrastrando cadenas,

el padecer de un mundo,

que se divide entre guerras.

 

Un yugo de abominación,

 cae a plomo sobre el cuello,

un torbellino de expiaciones,

una jauría de perros.

 

Ser dueño de un mundo creíste,

sembrando odio y confusión,

tropezando en mil errores,

lejos a los ojos de Dios.

 

Plañe en agonía la tierra,

entre la locura y el miedo,

 desconfiada del hombre,

desesperada en el cielo.

 

¿Qué endureció el corazón,

quién enturbió tu alegría,

quién la cizaña sembró,

quién arrancó tus espigas?

¿Quién te ordenó morder,

el fruto de la mentira,

quién te engañó al decirte,

 que Dios, no te quería?

 

En duelo te levantaste,

en contra de tu creador,

alzando tu muro hasta el cielo,

preso en tu propia ambición.

 

Pero Él te miró con clemencia,

para levantarte del barro,

tomó en sus espaldas el peso,

cargó con tu odio sembrado.

 

Abrió los brazos en Cruz,

olvidando ya el pasado,

el hijo que había perdido,

 vuelve con el alma en las manos.

 

Buen Pastor de mi rebaño,

 que busca a la última oveja,

 siempre la mano tendida,

siempre las puertas abiertas.

 

Misericordia entregada,

beso sublime de Amor,

Cruz abrazo de mi culpa,

dulce regazo de Dios.

 

CRUZ DE ESPERANZA

 

         No puedo pasar por alto, el sentimiento que me une a los nudos de esta cruz. Afortunado me siento, de conocer las gubias y pinceles que revistieron de piel el cedro. Un sentimiento de cariño, cercanía y agradecimiento a las manos que hace 22 años rescataron de la madera el cuerpo del Stmo. Cristo del Amor y el pesar de Santa María Magdalena.

         A mi maestro y amigo, D. Manuel Hernández León, al cual, con el permiso de ustedes, he querido dedicar de manera especial esta Exaltación.

         Hace unos meses, una buena amiga, la Hermana Rosa, monja adoratriz, me contaba  durante un desayuno, que una vez un señor le decía, que él no era cristiano porque no conocía a ninguno que viviese con la mentalidad de Cristo resucitado.

-         “Si Dios se ha hecho hombre, ha muerto y resucitado por Amor a vosotros ¿Por qué los cristianos vivís tristes, en conflicto entre vosotros, maldiciendo, olvidándoos de ese Dios tan bueno?”

 

         Buen mensaje para la reflexión…En ocasiones, somos trasmisores de una fe de fracasados, de una fe que termina tras la losa del sepulcro.

 

         Que en nuestro día a día, familias, trabajos, estudios…¡en nuestro respirar! El mundo perciba la alegría de saber que Cristo no nos abandonó con su muerte, que resucitó y vive entre nosotros de manera real.

 

         Hace ya algunos años le decía a un sacerdote, que la poca gente que asistía a la Misa dominical, salía del templo triste, asustada, enfadada…ajenas al sentido real de acción de gracias, que supone la Eucaristía.

         Porque  ya lo han dicho grandes figuras de la Iglesia como Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Sales, Don Bosco y no hace mucho el Papa Francisco: “Un Santo triste es un triste santo”, añadiendo nuestro querido Papa argentino “No podemos anunciar a Cristo con cara de cementerio”

         Porque la Cruz ha venido en nuestro rescate para que dejemos de vivir en eterna angustia y penitencia. La Cruz es la gran escuela del Amor en la que en el atardecer de la vida seremos juzgados. Ni golpes de pecho, ni rodillazos ni oraciones farisaicas, “En el atardecer la vida, se nos juzgará en el Amor. (San Juan de la Cruz)

 

         Es necesario que abramos puertas y ventanas para que ese fuego pentecostal del envío, traspase los muros de los templos y no quede ahogado por tanto miedo y tenebrismo.

 

         Jesús se lanzó a los caminos, buscó a hombres y mujeres, los llamó por su nombre, miró sus rostros, los amó…no permitamos que por nuestra arrogancia el mundo encuentre a Dios de espaldas.

 

         Borremos de nuestros rostros ese espíritu de pesadumbre y melancolía que deja encarcelado a Dios, solo para nosotros.

        

         He intentado compartir con ustedes lo que ha supuesto para mí, sumergirme en el Misterio Salvífico de la Cruz. Un huracán de información, ideas, vivencias, conocimientos, noticias, me han envuelto cada día del pasado mes de agosto cada vez que me sentaba a escribir.

         Un mensaje claro por encima de todos, el Amor. Por eso, de una u otra manera he intentado impregnar todo este texto de ese mensaje: del Amor de Dios al hombre, del Amor del hombre a Dios y a su historia con nosotros, del Amor al prójimo y del amor al enemigo.

         Todo se resume en su Cruz, todo está expuesto en cada herida de su cuerpo, todo ofrecido para que con su ayuda, podamos abrazarlo y llevarlo a cabo.

         El último pétalo de este Amor que se deshoja, lo he querido dedicar a la que sin duda fue la mejor escuela y guía del Nazareno.

         Junto a ella aprendió a caminar, a abrazar, a aceptar, a obedecer, a no juzgar, compartir, a agradecer…de su mano aprendió a amar hasta el extremo.

         Como torrente en tierra reseca o como bastón en las caídas, siempre se mantuvo firme a su lado, siendo ella misma abrasada por ese amor que no consume .  

         Para ella la Cruz, supuso aceptar la maternidad virginal sin miedo al desprecio de José, o al repudio de su pueblo y familia. Sobre ella cargó el dolor de los santos inocentes, la huída Egipto, la espada del anciano Simeón y el niño que se perdía para estar en la casa de su Padre.

          En su corazón ya se dibujaba, una tarde de Calvario, cada vez que las predicaciones y milagros de su hijo, levantaban rechazo y adversidad por parte de las autoridades civiles y religiosas.

         Pero María tampoco quiso bajar de la Cruz, firme se mantuvo aunque en pedazos su alma se rompiese.

          Recordaba San Juan Pablo II durante una catequesis, que con el “Fiat” dado al Arcángel San Gabriel en la anunciación, comenzaba ella misma a formar parte del drama de la redención.

         Al aceptar ser Madre de Dios, se anexionó sin premisas a su voluntad  hasta el final. Desde la cueva de Belén, hasta la cueva del sepulcro. En Nazaret ante el Arcángel aceptó ser Madre de Dios, ahora, ante la Cruz en el Calvario se convierte en Madre nuestra.

         Ejemplo y maestra en fortaleza. Tu maternidad se convierte en brazo fuerte de Cirineo que nos ayuda a soportar tantas cruces, tantos dolores, tantos nuevos calvarios.

                  María ante la Cruz no se rinde, ante la Cruz no huye ni desfallece, ante la Cruz se mantiene sujetada por los hilos del Amor, ante la Cruz se abandona en la confianza depositada en Dios, ante la Cruz se nos entrega como Madre, es al pie de la Cruz, donde se convierte en Nuestra Esperanza.

         Y como ancla inamovible que se aferra a las profundidades del mar, allí estaba nuestra Madre. Soportando las tormentas y los fuertes oleajes que la señalaron por ser la madre de aquel loco, el hijo del carpintero.

                  Ambos quedaron enredados en el dolor de sus miradas. Ambos conversaban en un mudo y secreto diálogo que estremecía hasta el aleteo de los ángeles. No hay palabras, solo con sus ojos, Madre e Hijo se abrazaban.

         La lanza a punto de atravesar el costado del Hijo, la espada apunto de traspasar el alma de la Madre.

         ¡Oh bienaventurada criatura, mi niña nazarena! Envuelta en el sollozo del aire, sumida en el aliento que desde la Cruz se derrama.

         Mimetizada en el cataclismo que sobre el Calvario se desploma.   Acurruca entre tus brazos al que tropieza bajo tan pesada carga.    Confórtanos en la desesperación, cuando no vemos salida, cuando los caminos nos conducen por escarpados riscos, cuando la soledad nos inunda en medio de multitudes.

         Tú que estabas en el Calvario, escucha hoy nuestro ruego. Eleva nuestras plegarias hasta los pies de la Cruz.

         Vuela hasta sus ramas, besa su frente que por el espino ha sido herida, acaricia su piel con el bálsamo de las lágrimas, susurra a su oído una nana para que encuentre la calma.

 

Para que su Amor se duerma,

nanas canta la Esperanza,

para que su niño no sufra,

mecerlo quiere abrazada.

 

Si sus manos ella pudiera,

haber puesto en su lugar,

si su llanto le sirviera,

 para el dolor aliviar.

 

 

Para que su Amor se duerma,

canta nanas la Esperanza,

para que Él no la vea,

 por la espada traspasada.

 

Para que en la Cruz se duerma,

para que el dolor no le pueda,

para que sueñe en domingo,

despertar de primavera.

 

Ayer lo vi entre tus brazos,

 cuando solo era un chiquillo,

y hoy lo tienes ahí clavado,

 en la Cruz de los martirios.

 

Como fontanar divino,

de un cielo que se nos dona,

rebosa de Amor el Calvario,

con tu presencia Señora.

 

Lucha hermosa desatada,

 entre lo humano y divino,

 el odio al Nazareno,

por tu pasión es herido.

 

Coraza ante los flagelos,

 que rompen su piel desnuda,

fuerte escudo de defensa,

ante el insulto y la burla.

 

En el desierto que el viernes,

 se extiende bajo la Cruz,

 renace de nuevo la vida,

 un oasis de virtud.

 

Un florecer que al Calvario,

ha embriagado con su aroma,

un rebrotar prometido,

un despertar de palomas.

 

Una mano que se tiende,

donde había puertas cerradas,

un cielo que se nos abre,

 derribando sus murallas.

 

 Un Dios que se hace entrega,

 sobre la Cruz enarbolado,

un torrente impetuoso,

un Amor crucificado.

 

Un acechar de la muerte,

que pliega ante ella sus alas,

un miedo que se desvanece,

ante su bondad confiada.

 

Ante el padecer sufrido,

un bálsamo Dios nos regala,

entregándonos a su Madre,

que del suelo nos levanta.

 

Una madre mantenida,

 firme ante todas las armas,

frente la Cruz de la vida,

siempre está Nuestra Esperanza.

 

 

                                                               He dicho.

 

José David Muñoz Oliva

 

 

 

 

 

 

 

        

 

 

        

        

        

 

 

        

 

 

 

 

 

 

        

        

 

 

 

 

 

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