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La imagen de Nuestra Señora del Carmen de la Villa de la Orotava, en las Islas Canarias, presenta uno de los rostros más clásicos del archipiélago. Su perfil griego, unido a su rostro, de belleza excesivamente idealizada, dejan entrever la llegada del Neoclasicismo a las islas, a comienzos del siglo decimonónico. Y es que Grecia, y sobre todo, Atenas, fue y sigue siendo la mejor representación del clasicismo, junto con Roma. Durante mucho tiempo se consideró que las raíces comunes del mundo europeo residían en el mundo griego. Esta concepción hizo que se buscara la renovación de las artes en la antigüedad griega y romana.


LA ÉPOCA CLÁSICA

 

La guerra del Peloponeso hizo que entraran en crisis un ideal de civilización y un sistema político ya seculares. Después de la guerra, la ciudad, referente y centro de reunión para los artistas del mundo griego, perdió su capacidad de atracción. Esto provoco una ruptura con el convencionalismo que permitió desarrollar el fenómeno de los artistas y de los talleres itinerantes. El artista, desvinculado de la polis, podía cultivar libremente sus tendencias, madurando sus propias formas y afirmando con energía su propia personalidad. De esta manera, se forja una especia de segundo clasicismo o un clasicismo tardío.

Este periodo estuvo cargado de tensiones, novedades e imaginación y se vio agitado por sacudidas de verdadero renacimiento. Comienza así un recorrido que parece preferir la expresión del sentimiento, del estado de ánimo, del pathos. Se desarrolla la búsqueda de la gracia, la sensualidad, del suave naturalismo y los ritmos sueltos que culminan en el magisterio de Praxíteles.

 

-PRAXÍTELES-

La personalidad del ateniense Praxíteles se cuenta entre las mejor delineadas y famosas del arte antiguo. El rasgo inconfundible de su arte reside en el desarrollo sinuoso de las líneas que constituyen el esquema de la representación, en la elegancia, en la espiritualidad de la expresión y en la sensualidad que emana de la figura.

La obra más famosa es, sin duda, la Afrodita de Cnido. Una obra en la que, por primera vez, muestra la divinidad en un momento de absoluta humanidad. Los dioses ya no se contemplan como místicas encarnaciones de fuerzas abstractas y misteriosas, sino como esencia de una humanidad intensa, casi romántica.

 

 

EL RENACIMIENTO

 

En el siglo XV, la fragmentaria sociedad feudal de la Edad Media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música. El término renacimiento fue utilizado por vez primera en 1855 por el historiador francés Jules Michelet para referirse al “descubrimiento del mundo y del hombre” en el siglo XVI.

Ciudades como Florencia, Ferrara, Milán o Venecia se convirtieron en los principales focos culturales. En la escultura, así como en las demás manifestaciones artísticas, los ideales de vuelta a la Antigüedad, inspiración en la naturaleza, humanismo antropocéntrico e idealismo fueron los que caracterizaron la escultura de este período. Se reintroduce el desnudo y el interés por la anatomía con fuerza, abandonandose la madera en favor de la piedra, especialmente el mármol. Los más destacados escultores del Renacimiento fueron Donatello y Miguel Ángel Bounarrotti, entre otros.

 

-MIGUEL ÁNGEL-

Considerado uno de los más grandes artistas de la historia tanto por sus esculturas como por sus pinturas y obra arquitectónica, desarrolló su labor artística a lo largo de más de setenta años entre Florencia y Roma. Su primera obra maestra, el Baco conservado en el museo del Bargello de Florencia, muestra ya la influencia e importancia grecorromana en la sociedad de la época. Siguiendo las líneas clásicas, la Pietà del Vaticano lo asciende como destacado escultor. La ruptura del dramatismo, característica medieval y tan usado, con posterioridad, el en Barroco, le concede a la imagen gran originalidad. La imagen de la Virgen, serena, concentrada y extremadamente joven, y un Cristo que parece que esté dormido, ponen en manifiesto su evolución artística y espiritual.

 

 

EL NEOCLASICISMO

 

A finales del siglo XVIII y consolidándose durante el siglo XIX, el Neoclasicismo se alza como contraposición al Barroco, reflejando en las artes los principios intelectuales de la Ilustración. Las apariciones de ruinas antiguas, así como incontables obras de arte del mundo antiguo, debido en mayor parte a las excavaciones arqueológicas, (sobre todo con el descubrimiento de las ciudades de Herculano y de Pompeya) hicieron que la sociedad europea despertara de nuevo, tal y como hizo durante el Renacimiento, un verdadero interés por el arte grecorromano. El Estado centralizará la cultura y las Bellas Artes se canalizarán a través de su programa de nuevos conceptos de la estética, naciendo de este modo, la Academia. Ésta estética neoclásica inundó la mentalidad de los artistas de la época, que se convirtieron en principales promovedores de las nuevas corrientes estilísticas. Destacados pintores como Sir Lawrence Alma-Tadema, Jacques Luis David, Jean Auguste Dominique Ingres o Willian Adolfe Bouguereau, entre otros, llenan de nuevo las galerías de arte de mitología griega y romana. En cuanto al campo escultórico, Antonio Canova será su máximo representante.

 

-ANTONIO CANOVA-

Convertido en el artista neoclásico por excelencia, su tratamiento del mármol de extraordinario refinamiento, su pureza de líneas, la claridad de referencias antiguas, su sincero respeto a los grandes escultores del pasado, la fuerza de sus composiciones, que al mismo tiempo mostraban una poesía delicada y abstracta al lado de su buen carácter e integridad personal, lo convirtieron en un modelo para todos. Sus obras, inspiradas directamente en los modelos de la antigüedad, y su maestría en el trabajo del mármol lo llevó a ser considerado en su época como el mejor escultor de toda Europa. Canova siempre defendió que la belleza, algo subjetivo, podía quedar inmortalizada en la obra escultórica. De esta manera, el Neoclasicismo y sus ideales, estuvieron más que consolidados.

 


EL NEOCLASICISMO EN CANARIAS

 

En la segunda mitad del siglo XVIII y las priméras décadas del siglo XIX, la imaginería religiosa dominaría por completo el interés de la sociedad canaria, viéndose los artistas canarios obligados a seguir trabajando en ella. El arraigo que había logrado el Barroco en España impidió la rápida penetración del arte neoclásico. Sin embargo, la creación de la Academia de San Fernando, en Madrid, daría el punto de partida a la expansión de las nuevas corrientes ideológicas.

Las islas Canarias no permanecieron ajenas a esta concepción del arte. Sin embargo, si ya en la Península sufrió este retraso frente a Europa, el archipiélago, dada su lejanía, necesitaría todavía algunas décadas más para su integración. La creación de las escuelas de dibujo y, sobre todo, de la Academia de Bellas Artes de Canarias, serán las encargadas de consolidar el Neoclasicismo en Canarias.

 

Las relaciones comerciales sostenidas entre Génova y Canarias y, en especial, con la isla de Tenerife, fomentarán la entrada del pensamiento decimonónico en las islas. La llegada al archipiélago de obras neoclásicas italianas apoyaran la consolidación de este arte en las islas. La hermosa talla de la Inmaculada de la Iglesia de la Concepción de La Orotava, realizada por Angelo Olivari en 1822, muestra la influencia del mundo clásico en el arte italiano, sobre todo por su marcada "S" praxiteliana. El rostro se muestra delicado y juvenil. El vestido de la Virgen recuerda en parte a la técnica de "paños mojados" tan frecuente en el arte griego. Con la llegada en la misma época del Tabernáculo y el púlpito, ambas obras realizadas en mármol por Giusepe Gaggini, discípulo de Antonio Canova, para la misma iglesia, hace que la Villa de La Orotava se empape del arte dictado por la Academia. 

 

-FERNANDO ESTÉVEZ DE SALAS-

Sin duda alguna, Fernado Estévez es la figura central de la escultura en el siglo XIX en Canarias, lo mismo que lo fue Luján Pérez en el siglo anterior. Fernando contó con un escenario urbano ideal para suscitar en el la vocación de artista. La Orotava era una especia de museo en el que se podía descubrir el arte, conocerlo y estudiarlo. Su formación en el convento de San Lorenzo, denominado por Viera y Clavijo como "El Escorial de Canarias" fue su ámbito más favorable. Asimismo, durante su aprendizaje en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, bajo la tutela de Luján Pérez, se cree que pudo haber estado introducido en los círculos intelectuales de Vegueta. Todo estos ambientes fueron consolidando su pensamiento y, sobre todo, su estilo. Su taller, abierto ya en 1808, y con las relaciones sociales establecidas, además del prestigio de su padre como profesional de la orfebrería, aseguraron a Estévez un comienzo estable. La postura neoclásica se asienta en Estévez. La influencia de las nuevas corrientes artísticas se manifiestan poco a poco en sus obras. Imágenes como Santa Lucía denotan el gusto italianizante, principalmente el genovés, con el que el artista entraría en contacto desde su formación. Su rostro ofrece una dulce y suave expresión, algo común en la mayoría de las representaciones femeninas del artífice. Estévez hace un repaso por los grandes momentos de la Historia del Arte, desde los clásicos, pasando por el Renacimiento y deteniéndose en los pintores y escultóres del siglo XIX.

 

El carácter académico se aprecia en buena parte de sus obras, destacando, sobre todo, el conocido Crucificado de la Sala Capitular de la Catedral de los Remedios, en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, en la que Estévez terminó de abrazar los postulados neoclásicos. La imagen presenta un correcto modelado, destacando su quehacer como tallista. Fernando había apostado por el mensaje académico, apelando a los personajes clásicos que disfraza con ropajes según las pautas tradicionales. Así, la delicada e intensa espiritualidad envuelve a sus esculturas. Las imagenes de San Plácido, la Negación de San Pedro y el Nazareno, ambas de Santa Cruz de La Palma, el Santo Domingo de Guzmán, de Las Palmas de Gran Canaria, expresan su carácter intimista, sosegado y elegante, henchidos de ternura.

El Nazareno realizado para la capital palmera apenas mantiene connotaciones con los existentes en los templos canarios. Un Cristo que abraza la cruz, donde el drama, la sangre y el dolor se transforman en una poderosa calma.

 

Su actividad docente, desempeñando el cargo de Catedrático de Dibujo Lineal y Adorno en la Academia de Bellas Artes de Canarias, destaca el pensamiento de Estévez en el ejercicio de las Bellas Artes. En su discurso de ingreso a dicha institución demostro ser una persona culta, conocedora de la Historia del Arte, desde el mundo antiguo hasta la actualidad de su época, convirtiéndose así en el primer artista canario que hizo una sistematización de la obra de arte y del concepto artístico. Asimismo, su admiración por el escultor Antonio Canova, pone en evidencia el interés mostrado por Estévez hacia el Neoclasicismo.

 

LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

 

La imagen de la Virgen del Carmen, venerada en la Parroquia de San Juan Bautista de La Orotava, denota las reminiscencias neoclásicas que se establecieron en Canarias durante la época decimonónica. La talla fue realizada para el Convento de San Lorenzo Mártir, cenobio que fue pasto de las llamas en el año 1801, y que en aquella época se estaba recuperando.

Atribuida a la gubia del escultor Fernando Estévez, se ha planteado su antecedente en la imagen de Nuestra Señora del Carmen de Los Realejos, hermosa talla genovesa de Anton Maria Maragliano. El niño Jesús que mira a su Madre en una postura de diálogo, donde el niño observa a la Virgen o juega en sus brazos, adquiriendo un toque intimista y maternal. Este modelo fue tomado por Fernando Estévez, quién lo difundió, haciéndolo suyo. Así, no sólo la Virgen del Carmen de San Juan Bautista de La Orotava, sino también en obras como la Virgen del Carmen de El Salvador, la imagen de Virgen del Rosario de Las Palmas de Gran Canaria, la Candelaria de Tinajo o la Virgen del Rosario de Teguise, en Lanzarote.

Aqui se muestra claramente la influencia que ejerció la escultura genovesa en las islas. Tallas como la Inmaculada de la Parroquia de la Concepción de La Orotava contribuyeron a que Estévez viviera el proceso renovador.

El rostro de la Virgen del Carmen de San Juan evidencia un marcado y profundo clasicismo, características que también recoge la imagen de Nuestra Señora de Candelaria, realiada por el escultor orotavene hacia 1823 para el templo matriz, y, algo más dulce, la Virgen de los Remedios de los Realejos. De nariz larga, casi recta, boca pequeña, y ojos grandes que rebosan una mirada llena de ternura, se nos presenta la Virgen del Carmen de San Juan. Un cliché de la escultura neoclásica que puede ver su origen en las esculturas praxiteliana. El pelo, recogido tras el cuello, recuerda el cabello de imágenes genovesas como las nombradas tallas de la Virgen del Carmen de Maragliano y la Inmaculada orotavense. Un estilo muy habitual en la imaginería clásica y que fue tomado en gran medida por Antonio Canova para su producción.

Quizás un intento de búsqueda del ideal de belleza, de mezclar lo humano con lo divino, de mostrar a la Madre misericordiosa, la Porta Coeli, que predicaba la nueva Iglesia ilustrada, fue la causante de que la imagen de Nuestra Señora del Carmen, en su camino desde el Monte Carmelo hasta su Villa de La Orotava, quizo pasarse por Grecia e Italia, para traer la tan famosa belleza Ilustrada.

 

 

Bibliografía.

- Maggi, Stefano. Grecia: Los Tesoros de las Antiguas Civilizaciones. 2007

- National Geographic. Florencia y Toscana. Guías Audi. 2006

- Wittkower, Rudolf. Arte y Arquitectura en Italia. 1979

- Calero Ruiz, Clementina. La escultura en Canarias hasta 1900. 1990

- Fuentes Pérez, Gerardo. La Escultura del Siglo XIX. La Tradición imaginera y la Academia (Historia del Arte en Canarias). 2008

- Fuentes Pérez, Gerardo. Fernando Estévez del Sacramento: El Escultor del siglo XIX (Historia del Arte en Canarias). 2008

- Lorenzo Lima, Juan Alejandro. El Tesoro de la Concepción (Catalogación de Obras e Historiografía). 2003

- Lorenzo Lima, Juan Alejandro. El Legado del Farrobo. 2008

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Comentado por Eduardo Duque en junio 13, 2011 a 1:12am

Brillante artículo, contextualizado, documentado y serio. Celebro gustoso este homenaje honesto al ilustre escultor Fernando Estévez que logró con la humanidad de sus manos plasmar la divinidad maternal y excelsa de María Santísima. De nuevo, felicidades.

 

Comentado por Francisco A. Mazuecos. en junio 12, 2011 a 5:07pm
precioso blog dedicado a esa bella imagen de la virgen del carmen, muy buen trabajo, saludos.
Comentado por Cruces de Pasión en junio 12, 2011 a 4:43pm
gracias por compartir este blog,saludos.
Comentado por Gustavo en junio 12, 2011 a 3:55pm
Bellísimo, sin palabras la verdad, sólo decir que hermosa es la flor del Carmelo, Ntra. Sra. del Carmen...

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