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DEFENDAMOS LA HISTORIA DE NUESTRA MADRE LA IGLESIA CATÓLICA

Para quienes deseen llenarse de argumentos con los que contraatacar a los que siempre están bombardeando a la Iglesia y desconocen fehacientemente su historia, os he sacado este artículo extraído de mis incursiones en la red y que está al alcance de todos. (Yo le he dado mi toque personal para hacerlo más fluido y ameno, aunque no he modificado ningún dato reseñable)
“¿Cuál fue el error en el caso Galileo?”
«Tengo dos fuentes de consuelo perpetuo. Primero, que en mis escritos no se puede encontrar la más ligera sombra de irreverencia hacia la Santa Iglesia; y segundo, el testimonio de mi propia conciencia, que sólo yo en la tierra y Dios en los cielos conocemos a fondo» GALILEO GALILEI.


—¿Qué pasó realmente con el famoso “caso Galileo”, ya que tengo entendido que fue quemado en la hoguera por defender una teoría científica hoy comúnmente aceptada?

Hay mucha leyenda en todo eso. Lo cierto es que Galileo falleció el 8 de enero de 1642, de muerte natural, a los 78 años de edad, en su casa de Arcetri, cerca de Florencia. No pasó ni un solo día en la cárcel ni sufrió ninguna violencia.
También se ha hecho muy popular la célebre frase (que todo el mundo toma como históricamente cierta): “Epur si muove!” “Y, sin embargo se mueve”, enérgicamente pronunciada por el indignado científico ante la intransigencia de los oscuros y maléficos inquisidores que le juzgaban. Por suerte, tenemos la posibilidad de tirar por tierra este dato, pues está absolutamente demostrado que tal expresión no fue real, que el condenado, como buen católico, se limitó a dar las gracias al tribunal por la paciencia y benevolencia de su sentencia y que la “frase histórica” fue inventada por el periodista Giuseppe Baretti en Londres, en el año 1757.

—Bien, pero es evidente que el proceso fue todo un error…

Efectivamente –te contesto glosando ideas de Mariano Artigas–, nueve años antes de su muerte había tenido lugar en Roma el famoso proceso, y es cierto que desde entonces tuvo que vivir en arresto domiciliario (aunque pudo seguir adelante con sus trabajos, y precisamente en esa época publicó su obra más importante).

Hay que decir que tres de los diez dignatarios del tribunal se negaron a firmar la sentencia, y que el Papa nada tuvo que ver oficialmente con aquel proceso, que ciertamente fue lamentable y no debió producirse.

Pero el error de aquel tribunal –reconocido oficialmente ya en 1741– no compromete la autoridad de la Iglesia como tal, entre otras cosas porque sus decisiones no gozaban de infalibilidad ni iban asociadas a ninguna definición “ex cathedra” del Papa.

Pese a ello, este caso, convenientemente manipulado, ha sido la bandera que muchos han tomado para alimentar el mito de que ciencia y fe son incompatibles. Y suelen hacerlo con una notable falta de ecuanimidad a la hora de mirar hacia la verdad de la historia. Por poner un ejemplo que sirva de comparación, creo que ningún buen francés dejaría de amar a su patria por el hecho, trágicamente real, de que el 8 de mayo de 1794 un tribunal civil guillotinase al gran protagonista de la revolución científica de la química de su tiempo, Lavoisier, a los 51 años de edad. Y supongo que nadie reniega hoy de la autoridad de la República Francesa porque, al pedir el indulto, el presidente de aquel tribunal dijera solemnemente que "la República no necesita sabios". Con esto no quiero atacar a Francia, ni a la Revolución Francesa, ni a la república, ni pretendo hacer comparaciones demagógicas, solo quisiera llamar la atención sobre las tan diferentes conclusiones que algunos sacan de uno y otro caso.

Una vieja controversia

El caso Galileo ha sido durante más de tres siglos una incesante fuente de malentendidos y polémicas. Los errores del proceso fueron intencionadamente exagerados y sacados de contexto por el pensamiento ilustrado, que quiso hacer de aquel asunto el paradigma del comportamiento de la Iglesia frente a la ciencia. Desde entonces hasta nuestros días, se ha propuesto como símbolo de la supuesta oposición de la Iglesia al progreso científico.

Esa idea fue creciendo y consolidándose con el tiempo, hasta que se hizo patente la necesidad de que la Iglesia lo abordara de nuevo para clarificarlo a fondo. Juan Pablo II constituyó una comisión que se ocupó de estudiar el caso durante once años, en todos sus aspectos teológicos, históricos y culturales. Esa comisión investigó exhaustivamente lo que ocurrió, cómo se produjo el conflicto y cómo se desarrollaron los hechos.

Después de más de tres siglos y medio, las circunstancias han cambiado mucho y a nosotros nos parece evidente el error que cometieron la mayoría de los jueces de aquel tribunal. Pero en aquel momento el horizonte cultural era muy distinto al nuestro. Había una situación de transición en el campo de los conocimientos astronómicos. Galileo defendía la teoría heliocéntrica de Copérnico (quien además de eminente científico era canónigo del Observatorio Vaticano y que situaba el Sol, no la Tierra, en el centro del Universo) – idea a la que nunca se opuso la Iglesia mientras Copérnico la presentara como una teoría y no como verdad incuestionable-, una hipótesis que aún no había sido oficialmente reconocida por la comunidad científica de la época, por lo que Galileo no solo se enfrentó a la Iglesia, sino también a la ciencia de su tiempo.

La verdad sobre la condena

—¿Y se ha reconocido el gran sufrimiento que padeció Galileo por parte de hombres e instituciones de Iglesia?

Juan Pablo II reconoció la grandeza de Galileo, y lamentó profundamente los errores de aquellos teólogos. Aunque, siendo objetivos, hay que decir que en torno a estos sufrimientos se ha creado un gran mito. Según una amplia encuesta realizada por el Consejo de Europa entre estudiantes de ciencias de todo el continente, casi el 30 % tienen el convencimiento de que Galileo fue quemado vivo en la hoguera por la Iglesia; y el 97 % están seguros de que fue sometido a torturas. Durante tres siglos, pintores, escritores y científicos han descrito con todo lujo de detalles las mazmorras y torturas sufridas por Galileo a causa de la cerrazón de la Iglesia. Y en eso no hay nada de verdad.

Es indudable que Galileo sufrió mucho, pero la verdad histórica es que fue condenado solo a “formalem carcerem”, una especie de reclusión domiciliaria. No pasó ni un día en la cárcel, ni sufrió ningún tipo de maltrato físico. No hubo por tanto mazmorras, ni torturas, ni hoguera. Fue condenado además, a rezar los siete Salmos Penitenciales, pero cuando le fue levantado el “castigo”, Galileo siguió haciéndolo todos los días hasta que murió, pues, como hemos dicho, era un ferviente católico –lo cual no es ninguna novedad, pues la inmensa mayoría de los científicos más importantes y relevantes de la historia también lo fueron- Asimismo, es incuestionable que varios jueces se negaron a suscribir la sentencia, y que el Papa tampoco la firmó.

Galileo pudo seguir trabajando en su ciencia, siguió recibiendo visitas y publicando sus obras, hasta que murió pacíficamente nueve años después en su domicilio, en Arcetri, cerca de Florencia, hospedado por cuenta de la Santa Sede y con servicio doméstico propio. Viviani, que le acompañó durante su enfermedad, testimonia que murió con firmeza filosófica y cristiana, a los setenta y ocho años de edad, en su cama, con indulgencia plenaria y la bendición del Papa. Galileo vivió y murió como un buen creyente.

Es cierto que se ha tardado quizá demasiado tiempo en abordar a fondo este asunto. De todos modos, hay que recordar que Galileo Galilei, como científico y como persona, ya estaba rehabilitado desde hacía mucho tiempo. De hecho, cuando en 1741 se alcanzó la prueba óptica del giro de la Tierra alrededor del Sol, Benedicto XIV mandó que el Santo Oficio concediera el “imprimatur” a la primera edición de las obras completas de Galileo. Y en 1822 hubo una reforma de la sentencia errónea de 1633, por decisión de Pío VII.

Fuentes: -“Leyendas negras de la Iglesia” Vittorio Messori. Ed. Planeta Testimonio.1992
- “apologética.org” y enlaces.
BRUNO CASTILLO FERNÁNDEZ.

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Comentado por Bruno Castillo Fernández en abril 21, 2009 a 9:55pm
Ah, antes de que se me olvide: el Papa Juan Pablo II (máximo responsable de la Iglesia Católica) a las puertas del trecer milenio y ante los ojos de todo el mundo pidió perdón de rodillas por todos los errores y pecados que los hijos de la Iglesia han cometido a lo largo de 2000 años de historia, aunque él no era responsable de las decisiones de un papa del siglo XV. Pero el Papa asumió en sí mismo esos errores y elevó su oración a Dios y los Hombres para que ese perdon llegase.
A veces sería bueno recordar que Iglesia somos todos (también los cofrades de a pie) y devemos reflexionar sobre nosotros mismos y darnos cuenta de que con nuestros actos también podemos dañar la imagen de nuestra madre la Santa Iglesia. Preguntémonos qué podemos hacer cada uno de nosotros por cambiar las ocsas y legar a nuestros descendientes una Iglesia mejor y no echar toda la culpa a los de arriba, que de todo habrá como en botica.

Muchas Gracias y hasta mañana.
Comentado por Bruno Castillo Fernández en abril 21, 2009 a 9:47pm
Costal Blanco:
Me pillas saliendo de mi tienda y no puedo extenderme en mi comentario. No busco excusas sino verdades históricamente contrastadas. Por ejemplo, eso que tu afirmas alegremente de "miles sufrieron..." de donde te sacas esa cifra?? tienes datos contrastados para ello??? Que la Iglesia está formada por personas con sus defectos y sus virtudes es algo con lo que ya contaba, pero también con que está fundada por Cristo mismo, por la Iglesia murio en la cruz y su legado en ella es la Salvación de sus hijos. Para ir abriendo boca, que te perecería echar un vistazo al artículo "La falsa historia de la Inquisición en España" publicado en el Pais (poco católico) y firmado por la periodista Lola Galán, te invito a que lo busques por internet, si no lo encuentras no te preocupes que yo tengo una copia y en cuanto la encuentre la publicaré para que veas cuán cantidad de exageraciones y falsedades se han hecho respecto del Santo Oficio. Sabes que?? en la historia no sirven argumentos como "todo el mundo sabe que esto fue así" o "siempre se ha dicho que..." La historia se demuestra con datos objetivos, y a los datos se llega con la verdad y sin prejuicios. Busca las declaraciones de un tal Leo Moulin le hace al periodista italiano Vittorio Messori y que han sido reseñadas po el filósofo André Frossard (de lectura recomendada). Lo de que la Iglesia ha estado al lado de dictadores es algo de lo que podíamos discutir, siempre atendiendo al tiempo del que pueda disponer para ello, que ya me gustaría que fuese mayor. Espero poder contestarte con más tiempo y datos para abrir un debate serio sobre la historia de la Iglesia.

Saludos.
Comentado por Luis Miguel G. en abril 21, 2009 a 7:56pm
La historia de la Iglesia es la historia de nuestra institución madre como cofrades. Los cofradías no son más que una evolución de la s primeras comunidades religiosas (que hoy día siguen siendo las parroquias) y no tan evolucionada como las órdenes religiosas. Conocer la historia es conocer el embrión y el porqué hoy día existen las cosas. Gracias a todos esos problemas del siglo XVI y XVII (herejías, presuntas herejías, excomuniones etc.) hoy dia tenemos las procesiones de semana santa y el culto a Nuestra Madre María que se potenció notablemente con Trento y la Contrarreforma (además de con el Concilio de Nicea). Todo tiene un por qué y es en la historia donde lo encontramos. Un saludo
Comentado por Bruno Castillo Fernández en abril 21, 2009 a 7:47pm
Gracias por tu comentario. Es agradable ver que mis temas (soy el pesao de la Historia de la Iglesia) le interesan a alguién además de a uno mismo. Espero tener tiempo para ir incluyendo algunos temas más. Saludos
Comentado por Luis Miguel G. en abril 21, 2009 a 7:39pm
Enhorabuena. Muy interesante la entrevista. Sólo le falta añadir un dato. El papa Urbano VIII no pudo influir en este proceso, simplemente por que como dice Breston en la biografía de Galileo era amigo personal del Pontífice, pese a tener diferencias de opinión (como muchas personaes tenemos y pese a ello tenemos nuestras amistades). Un saludo

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