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Se ha convertido en un rito, una tradición. Cerrar los ojos antes de dormir, con su foto sobre mi pecho y oliendo el perfume -el mismo que unos minutos antes he dejado caer sobre la almohada- a la vez que le hablo es ya algo cotidiano. Cerrar los ojos y hablarle es algo mágico, Esperanza. Antes, sólo te hablaba a Ti. Ahora, antes de hablarte a Ti tengo una cita irreemplazable con mis recuerdos. Siempre te pido que le cuides, que no le falte de nada, pero hoy me he dado cuenta que debería suprimir tanta súplica por él... Yo sé que está contigo. Para mí es algo tan cierto y real como el aire que respiro. Sé que está contigo, que a la par que le hablo, Tú le acompañas. Sé que él está contigo cuando te pido por cada problema que tengo, por cada rato amargo que me provoca su ausencia. Lo sé, no me hacen falta señales, ni un texto que lo diga, ni siquiera morir necesito para comprobarlo. Porque ahora, sin saber cuánto me queda para estar a vuestro lado, lo sé y lo siento.
Un buen amigo me dijo hace algo poco más de un mes que cada día, al salir de casa, mirase al cielo y diese las gracias. He seguido su consejo, pero aún más allá. Doy gracias a todas horas, Madre. No sé si la memoria es un complejo sistema que con el tiempo pierde eficacia y hace que los recuerdos parezcan más lejanos, o si lo inescrutable del corazón humano reserva parches de olvido para aquellos momentos que te hicieron caer. Pero recordarle es algo tan sublime, un sentimiento tan arraigado y extremo que sólo tengo dos posibilidades; o estoy perdiendo la cabeza o es que voy a quererle toda la vida. Y al igual que sé a ciencia cierta que ambos tenéis un hueco privilegiado en el cielo desde el que cuidarme, yo sé sin lugar a dudas cuál de las dos opciones es la que me tiene en un continuo desvelo. Qué grande es saber y sentir en mi pecho que voy a quererle mientras viva...
Es curioso como hablamos del cielo y la muerte sin apenas saber. En mi caso, supongo que igual a todo el mundo, mi idea de cielo y la muerte cambió radicalmente cuando sufrí un duro punto y aparte en mi vida. Ese momento fue la madrugada del pasado dieciocho de Junio. Hasta entonces, imaginaba el cielo a mi manera, como un lugar en el que el dolor no es más que una utopía y la paz del alma alcanzaba niveles insospechados. A partir de ése momento, de ese necesario pero lastimoso momento... el cielo para mí es inconcebible si no le imagino a tu vera, Señora. Pensar en el cielo es verle a Tu lado, verle sonreír mientras me mira y te señala con una mano, como si me estuviera diciendo "¿Ves? tranquilo, estoy con Ella..." Estoy seguro de que es su forma de darme la paz que tanto necesito al sentir la desesperante realidad de saber que, hasta el día que me vaya, no le volveré a ver. Y sí, es cierto, quedan las fotos, quedan los recuerdos... pero una foto no te da abrazos, ni besos. Un recuerdo te hace sentirlo algo más cerca, pero no es algo que puedas tocar, ni hacen posible que puedas retroceder en el tiempo. Sin embargo, calma el dolor, la angustia, aunque siembre melancolía y nostalgia.
Los diálogos con el cielo son a veces difíciles, a veces llevaderos. A veces el desenlace carece de lágrimas, otras veces es una sonrisa la que sella ese sobre que lanzas al cielo tras pensar en lo mucho que lo echas de menos. Hay días que es necesario, otros días es poco lo que tienes que decir, sencillamente porque hay momentos en que con una frase, o un simple recuerdo, todo queda dicho. Los diálogos son algo difíciles, sí, pero por el momento los necesito, Esperanza. Y espero seguir necesitándolos durante mucho tiempo, porque se han convertido en la base de mi día a día, ya que al despertar siempre recuerdo los momentos claves, la ausencia ilógicamente hecha persona en él; sus charlas, sus besos, sus mejores momentos. Eso es lo que al fin y al cabo vale la pena. Sentir que vive, que aunque su vida terrenal terminó, la espiritual nunca acaba; sigue en el cielo. Por esto último, y no por otra cosa, es por lo que vale la pena seguir manteniendo, cada noche, diálogos Contigo, con el cielo.

Él revela honduras y secretos,
conoce lo que ocultan las tinieblas,
y la Luz mora junto a Él


Daniel 2, 22



Sergio Rovayo

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Comentado por MADRUGA en agosto 25, 2010 a 6:08pm
maravilloso como siempre, un abrazo sergio
Comentado por FLOR DE LYS en julio 31, 2010 a 5:54pm
Muy emotivo, seguro que fué una gran persona gracias por compartirlo, un saludo
Comentado por manuel monge rodriguez en julio 31, 2010 a 6:22am
gracisa pregonero de senyimientos
Comentado por Cruces de Pasión en julio 30, 2010 a 11:12pm
una vez mas gracias por compartir este blog.
Comentado por carmen rodríguez tovar en julio 30, 2010 a 7:26pm
Te felicito no sólo por lo que escribes que es muy bueno, sino por ese amor extraordinario a tu abuelo, todos quisiéramos un nieto como tú para que nos dedicase cosas tan bellas y profundas el día que nos vallamos de este mundo, enhorabuena..
Comentado por Antonio Barrera Repullo en julio 30, 2010 a 7:15pm
como siempre, lo bordas, vaya comentarios con el alma y con el corazon.... siemore acierta, seguro que tienes conexion directa con el cielo, porque el angel que tienes alli siempre te ayudara y te proteguera aqui en la tierra. un saludo trianero
Comentado por Azahar de San Gonzalo en julio 30, 2010 a 6:52pm
Hermano, un día más lo has bordado. Vaya diálogos preciosos que debes tener cada noche con el cielo. Te felicito por ello porque así los sientes más cerca a los dos, a tu abuelo y a Ella. Que Dios te siga iluminando de la forma en que lo hace cada día. Por cierto, la cita es preciosa. Un abrazo en la Esperanza eterna, hermano.

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