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Ya me pueden decir de todo: reaccionario, facha, meapilas, fascista ... En fin, cualquier epíteto de esa índole; no me importa. Los que tomen este corto camino, el del insulto, sepan que no me molestan en absoluto, es un precio menor para quien desea defender lo que piensa que es justo. Sepan también, que si hoy estoy escribiendo estas líneas es porque el objeto de mi defensa NUNCA lo hará.

Si la Iglesia Católica tuviera que defenderse de todos y cada uno de los ataques que se vierten sin medida cada día en todos los foros posibles, no daría abasto. Y es que en DOS MIL AÑOS DE HISTORIA (que se dice demasiado pronto) la Iglesia ha sufrido desprestigio, persecuciones, insultos, mentiras y toda clase de improperios. Y, curiosamente, en los momentos de su historia en que esto dejó de ser así, la Iglesia se había alejado del Mensaje de Cristo y acercado peligrosamente al mensaje del mundo y al poder de los tiempos, su peor enemigo. La Iglesia, siguiendo las palabras de Jesús, está en el mundo, pero no pertenece al mundo. El propio Cristo dijo: “en el mundo encontraréis tribulaciones, pero ¡ánimo! ¡NO TENGÁIS MIEDO: YO HE VENCIDO AL MUNDO!”. Estas palabras arropan y reconfortan a los creyentes en una época de profundo odio intelectual hacia la Iglesia y los católicos.

La Iglesia defiende la vida. La vida humana como primer y principal valor.

La dignidad de toda persona por el mero hecho de existir es una idea muy extendida hoy día, como esa de los derechos individuales, los que todo ser humano tiene de manera intrínseca. Pero esto no siempre fue así. De hecho, estas ideas nacieron dentro de la Iglesia Católica, y allí donde la influencia cristiana no ha existido, tampoco nacieron tales pensamientos. Para comprobarlo, sólo hace falta echar un vistazo a nuestra bola del mundo. Asimismo, la separación entre el poder religioso y el político; (desde las palabras de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”) este hecho tampoco se dio en otras culturas o religiones, ni siquiera griegos y romanos se libraban de ordenar políticamente sus estados en base a unas creencias religiosas. Podría enumerar cientos de ejemplos de esos logros en materia de libertad y de derechos que la cultura cristiana (hoy llamada cultura occidental, no se me vaya a molestar alguien) ha logrado para bien de todos, aunque su lucha no siempre fuera acorde con el devenir de los tiempos, con la moda de cada época, con el pensamiento de la mayoría. Al igual que cuando la Iglesia defendió la dignidad y la necesaria libertad de los esclavos, a quienes la “mayoría” consideraba algo más que meros animales, se puso en contra del mundo, de la modernidad y de lo correcto en aquella época, hoy, al defender con ahínco la crueldad del aborto, también se la tacha de aislada, fuera de los tiempos, antigua…; y estoy seguro que también, dentro de algunas decenas de años, la sociedad futura comprenderá su error y mirará con desconfianza y recelo a esas generaciones pasadas que cometieron tales actos. Para entonces, la Iglesia seguirá defendiendo su postura y tampoco nadie se acordará de que en su día fue una de las pocas voces fuertes que defendieron la vida.

Las voces de quienes se llenan la boca de palabras como respeto, libertad, democracia, etc… son en ocasiones las primeras que saltan al cuello de quien hace uso de cualquiera de ellas. La Iglesia, como parte de la sociedad en la que vivimos, (de hecho no existe ninguna institución o estado que exista antes que ella), tiene perfecto derecho a defender sus ideas en un estado libre y democrático. Lo que sucede es que hay a quienes eso de la libertad les parece bien, siempre que pienses lo mismo que ellos, si no…

La Iglesia de Cristo (Mt 16, 18 y ss.) sufre en nuestros días un acoso tremendo. Todo el mundo da por válida cualquier noticia, cualquier comentario que se haga hacia ella, y muy pocos son capaces de esperar a oír su versión, para qué. No hay más preguntas. Veredicto: culpable sin posibilidad de remisión. Y si en alguna ocasión se la escucha, se hace bajo el tapiz de la sempiterna ideología, del juicio previo (prejuicios) y de eternos y siempre infundados tópicos que se pegan al pensamiento común con una fuerza increíble y que son casi imposibles de despegar. Pero no todo está perdido. Queda una esperanza. Con absoluta eficacia, todos aquellos intelectuales, pensadores, científicos, historiadores, estudiosos y demás personas de talento que se han acercado a la Iglesia, dejando a un lado sus ideologías y creencias y apartando de sí esos prejuicios que tanto mal hacen al conocimiento serio, TODOS han convenido en que, a lo largo de dos milenios de existencia, las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas. Y, aunque no todos se han convertido, (la fe siempre será un don de Dios), sí que al menos han pasado a defenderla. Es el caso del mismísimo Henry Kamen, que tuvo que revisar a la baja sus conclusiones sobre la Inquisición española una vez que se puso a estudiarla sin influencias externas. (Sobre este señor y otros que voy a nombrar podéis buscar en Internet, os sorprenderá lo poco católicos que eran y lo considerados que están es sus materias). Pero la lista es inmensa: Renée Laurentin, André Frossard, Giovanni Papini, Albert Einstein, Victtorio Messori, Miguel de Unamuno, César Vidal, etc, etc… Además de tantos intelectuales y científicos que sí fueron creyentes como Galileo Galilei (esta sí que es una de las bigrafías más falseadas de la historia, aunque por suerte hoy se puede conocer la verdad y la pongo a disposición de quien la quiera saber) Copérnico, Leonardo Da Vinci (sorprendente ¿verdad? Es que Dan Brown hizo mucho daño a la verdad), Miguel Ángel, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y miles y miles más a lo largo de la historia.

Con estas humildes palabras, sólo quiero llevar a los lectores a la reflexión. Al pensamiento crítico, lejos de prejuicios y medias verdades. Estoy dispuesto a mantener un debate serio, riguroso y respetuoso con cualquiera que sea contrario a mis afirmaciones o con quien quiera plantear cualquier tema relacionado con la Iglesia Católica, siempre que se haga desde el respeto y la tolerancia. Pero advierto que mis fuentes serán la verdad histórica y los datos contrastados, por lo que ruego se abstengan quienes quieran defender ideas contrarias con frases como “esto es así” o “todo el mundo sabe…” por que no me servirá, necesito de interlocutores que sepan de lo que están hablando y que utilicen datos y fuentes contrastadas, de lo contrario el debate perderá toda su gracia y se convertirá en una conversación de besugos, en la que uno presentará argumentos y el otro simplemente tópicos. La verdad puede que no nos guste, puede que nos revelemos contra ella, puede que incluso no queramos conocerla o no sepamos asumirla, pero nunca dejará de ser verdad; pues, como dijo Nuestro Señor: “LA VERDAD OS HARÁ LIBRES”.


Fdo. Bruno Castillo Fernández.

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Comentado por Bruno Castillo Fernández en abril 22, 2009 a 9:02pm
Gracias a ti Coge tu cruz, por que haces que me sienta como si hiciera algo importante, sólo defiendo mis creencias, lo que creo que es justo y verdadero. Yo también he sufrido crisis de fe, pero mi sentimiento hacia la Iglesia de Cristo, hacia la Esposa del Cordero que brotó de su costado abierto ha sido el fin de un viaje intelectual y de fe, que tras muchas disputas internas, ha terminado por limpiarme de complejos y de sentimientos de culpa que yo creo que hacen muy débiles a los cristianos y a los cofrades.
Muchísimas Gracias por tu apoyo

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