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El altar a la Virgen de los Dolores en México.

 

El fraile mercedario Bartolomé de Olmedo levantó el primer altar a la Virgen de los Dolores en la Isla de San Juan de Ulúa, Veracruz, en las costas del Golfo de México por orden de Hernán Cortés con el fin de celebrar la misa de Viernes Santo.  Esta es la primera noticia que se tiene del altar de Dolores en la Nueva España.

 

Fue una tradición muy extendida en México durante los siglos XVII, XVIII y XIX: los altares dedicados a la Virgen de los Dolores –patrona de los hogares, confidente de las aflicciones domésticas y defensora de la honra familiar– desde la década de los 70´s  del siglo pasado cayó en desuso, y se hacen esfuerzos actualmente para recuperar esta tradición que pertenece al patrimonio intangible mexicano.

Se extendió de los interiores de las iglesias a los atrios  y de ahí a las casas de la población en todos los estratos sociales. Las familias de clase acomodada realizaban verdaderos monumentos al dolor, ya que los altares se levantaban sobre lienzoss de terciopelo, encajes, finos tapetes, calaminas y las imágenes de María Dolorosa se ornamentaban con costosas joyas de la familia, con la intención de distraer a María de su dolor por la inminente muerte de su hijo en la cruz. Se designó el viernes anterior al Domingo de Ramos para la celebración de esta festividad.[1]

 

“…En la parte superior del altar de Dolores se colocaba a la Virgen de los Dolores, y de ahí hacia abajo, en forma escalonada, velas de cera (12), banderitas de plata y oro en candeleros, ollitas, ladrillos, pinos y otras figuras de barro sembrados de chía y alegría, platos, macetas, naranjas con banderitas de oro, frascos, botellones y lamparitas de aceite, entre otros elementos. A los lados del altar se colocaban las macetas de las mejores plantas y a al pie se formaba un tapete con salvado extendido.”[2]

 

Un símbolo en la iconografía de estos altares era la figura del ciprés, de verde perenne, que se creía de madera incorruptible y simbolizaba la inmortalidad junto con la palmera y el árbol de olivas. La imaginación mexicana y el sincretismo con las antiguas costumbres aztecas, dieron origen al arbolito de barro anaranjado, pieza cónica con base vidriada en verde bandera, y que presentaba rayaduras o incisiones oblicuas en la parte sin vidriar. En estas incisiones se colocaban semillas de chía, semilla conocida desde tiempos prehispánicos y que era ofrenda y regalo para Xochiquetzalli, diosa de la primavera, las flores y la danza. Esta semilla presenta la particularidad de que al contacto con el agua inmediatamente produce un mucílago que se adhiere fácilmente a la porosidad del barro. Estas piezas, huecas se llenaban con agua diariamente para humedecer las semillas y propiciar la germinación, lo cual daba la apariencia de pequeños cipreses que se colocarían al lado de la Virgen en su altar, como símbolo mariano. Del mismo material se elaboran, aunque escasamente en la actualidad, figurillas en forma de animales como cabras, ovejas, asnos, caballos, tortugas, que sirven para el mismo fin y que se distribuyen en el altar. En el siguiente link encontrarán imágenes de estos animales; http://www.flickr.com/photos/planeta/4473188848/sizes/l/in/faves-60...

 

Unas dos o tres semanas antes de levantar el altar, se plantan en pequeñas macetas o vasijas, semillas de trigo, cebada, lenteja o amaranto. Las de trigo pueden tener otro procedimiento, una parte se deja al aire, y otra se protege de la luz, para que al llegar al altar, poco a poco vaya tomando color verde, indicando con esto la pureza del alma y la transformación de la misma por el perdón.

 

En los siglos XVII y XIX, la festividad comenzaba desde temprano, con la compra de las flores, diferentes lugares del a Ciudad de México, como el Canal de la Viga, adonde llegaban las trajineras desde la madrugada repletas de rosas, azucenas, alcatraces, espuelas de caballero, amapolas, claveles, tréboles, flores de chícharo y jazmines, entre otras.

 

En otras ciudades del Bajío mexicano o del occidente, pasaban cosas similares, aunque con las diferencias marcadas por zona geográfica, clima, y posibilidades de cada ofrendante.

Era muy común regalar las “lágrimas de la Virgen” en un acto de piedad y disfrute, pues se elaboraban sendos vitroleros, ollas, apastes y otros recipientes con agua de diferentes sabores, y cada región le imprimió la simbología que consideró pertinente. Por ejemplo, en la Ciudad de México se consideraba que la de tamarindo semejaba el vinagre con que fue calmada la sed de Jesús en la cruz, la de limón con chía, semejaba las lágrimas de la virgen, la de naranja la amargura y la dulzura al mismo tiempo. En Guanajuato aún se obsequian vasos de agua elaborada con betabel[3], con la intención de compartir las lágrimas de María a través de los simbolismos en cada uno de los elementos utilizados en el altar. De igual forma se regalan vasos con nieve de limón, paletas heladas, comida.. todo esto de acuerdo a la usanza de la región.

 

Volviendo a la historia: las clases menos pudientes elaboraban ingeniosos altares imitando la fastuosidad de los altares de las casas acomodadas, pero con elementos que se conservan como tradicionales hasta hoy. Es infaltable el papel de china picado con cincel o tijera, los tapetes de aserrín de colores que podían incluir los desechos de café, obleas de colores, pétalos de flores, o arroz, en complicados diseños estarcidos mediante patrones de papel o cartón. En el altar que está en esta dirección se aprecia con claridad la elaboración de tapete de aserrín http://www.flickr.com/photos/26476829@N04/5578677484/in/faves-60020...

 

Otro elemento importante para distraer a María de su dolor es la música, que puede ir desde el stábat mater cantado por los miembros de la familia al final del rosario, o actualmente conjuntos musicales, mariachis, o música grabada. También puede observarse la ofrenda de la danza ejecutada por concheros en patios o calles cercanas al altar.

La extensión del altar va desde los mas sencillos en una ventana hacia la calle hasta los que dedican patios, saguanes o habitaciones completas.

 

Las naranjas se ponen en el altar están decoradas, pueden estar doradas o no, pero generalmente tienen 7 banderitas de papel picado, morado, blanco o dorado. No pueden faltar los recipientes con agua, elemento purificador, originalmente eran teñidas con elementos naturales como almagre, palo de Campeche, y otras sustancias naturales que permitieran colorear el agua. Posteriormente se han utilizado anilinas en colores.

El recipiente con esta agua puede tener varios usos: El agua contenida se coloca en el altar y detrás se pone una veladora para proyectar la luz através del agua. En otros casos el  recipiente con el agua coloreada sirve como base para una veladora de aceite, que forme un contraste  luminoso entre el color del aceite y el tono del agua.

 

Era común usar los ojos de boticario, que eran una serie de frascos embonables que servían como lupa para leer las fórmulas de los preparados en las boticas del siglo que funcionaban primero adosadas a las enfermerías de los conventos en la etapa de la colonia, hasta los famosos boticarios que funcionaban hasta mediados del siglo XX, y que ahora han caído en desuso. Estos recipientes también se llenaban con agua coloreada[4].         

Además del tapete de aserrín, se colocan ramos de manzanilla, romero e hinojo, que puede distribuirse en el piso, esta es la fragancia que ambienta el altar. A este aroma se le agrega el del copal, incienso o mirra cuando el altar se abre a los visitantes.

Al encender las velas, cirios, veladoras y demás elementos, el aire caliente que circula hace moverse y crujir al papel de china, creando con esto las distracciones para María.

Todo en el altar se huele, se come, se escucha, se canta, puede tocarse y beberse también. Las tradiciones que originalmente tuvieron su origen en la península, se adaptaron a la cultura novohispana, y se niegan a morir, en medio de la tecnología, la transculturación y las guerras internas que azotan a nuestro país.

He querido compartir este pedazo de mi país, y espero que muy pronto pueda compartir más de este amor que nos une a María en su Dolor.

 



 

[2] Tomado de la Revista Arqueología mexicana, Vol 15, num 90, pp 18-23,marzo-abril, 2008. También aparece un fragmento del artículo con la siguiente búsqueda: http://www.arqueomex.com/S2N3nAltar90.htm

[3] Que sigue más o menos el mismo procedimiento: Se prepara agua de naranja, endulzada al gusto (naranjada). Se le agrega betabel crudo molido o en cuadritos; lechuga picada, naranja en rebanadas o gajos y cuadritos de manzana. Al servirla se le pone plátano en rebanadas y también cacahuates crudos sin cáscara. El hielo es para servirse bien fría.

  1. [4] Los ojos de boticario, bolonches o lágrimas de boticario consistían en unas esferas de vidrio soplado transparentes que se llenaban de agua de diferentes colores y se ponían unas encima de las otras. Por lo general, adornaban los aparadores de las boticas o los altares de Dolores.   Búsqueda: http://www.mexicodesconocido.com.mx/impresion-de-nota.html?id=5464. A los lados de la imagen se encuentran los bolonches u ojos de boticario, originalmente se encontraban en los aparadores de las boticas del siglo XIXy algunas del XX, a veces se colocaban delante del "Espejo de boticario" que era un espejo ovalado detrás del cual el maestro boticario hacía sus preparados. Se teñían con sulfato de cobre, azul de metileno, violeta de genciana o permanganato, en otras ocasiones se utilizaba palo azul, jamaica, aunque ahora se han sustituido por anilinas y en ocasiones por papel de china o crepé remojado en el agua, para que suelte su tintura.

 

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Comentado por Emi(Angel macareno) en mayo 9, 2011 a 1:07am

Muy interesante esta tradición vuestra, a ver si es verdad y la recuperais por completo. 

 

Saludos.

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