Cofrades

Foro y Blog Semana Santa Sevilla


EL EPISTOLARIO DE SAN JERONIMO COMO FUENTE ICNOGRAFICA.2de2

2.4. BELEN O LA "STABILITAS LOCI"
16. San Jerónimo visitando a los monjes de la Tebaida50 (Huelva, Museo Provincial. Almacén. Fecha de ingreso en este museo: 8 de octubre de 1973).
En éste, al igual que sucede en el del encuentro entre san Agustín y san Jerónimo, como veremos más adelante, las figuras principales se destacan de las escenas de narración por el tamaño. Es un recurso formal utilizado por Espinal para crear profundidad y a la vez para separar escenas.

En el lado derecho vemos a un san Jerónimo envejecido, de larga barba blanca, se cubre la cabeza con el solideo y apoya su cansado cuerpo sobre un cayado. Detrás de él, -siempre acompañado, siempre con séquito-, dos monjes jóvenes, tonsurados, hablando entre sí. Caminan por un paisaje árido y rocoso, en el que se abren hasta siete cuevas, que, a modo de hornacina, enmarcan la presencia en ellas de eremitas orando.
Según la biografía de san Jerónimo éste hizo un viaje a Egipto y visitó a los monjes de Nitria51, como escala de su viaje definitivo a Tierra Santa, acompañado de santa Paula. Es decir antes de las fundaciones en Belén. Esta es la razón por la que, también en este caso, y guiados por el criterio cronológico, hemos modificado el orden dado a esta escena por Perales Piqueres52, quien lo sitúa entre los cinco últimos de la serie, antes del que trata el asunto del Asalto al monasterio de los monjes de Belén. Asimismo, creemos que es inexacto el comentario sobre lo representado en esta escena, de la que dice "El tema narra uno de los contínuos viajes que el santo realizaba por tierras de Palestina", entre otras muchas razones porque bien Tebaida o bien Nitria están en Egipto y no en Palestina. En ningún momento se habla de Tebaida en las Epístolas, sino siempre que se cita, y se hará con frecuencia a raíz de la controversia origenista, se habla de Nitria.
En la larga carta 22 a Eustoquia cita su estancia en Nitria y de los monjes que allí habitaban, a raíz de la recomendación que le hace a Eustoquia para que siempre huya de la avaricia.

"...Volviendo a los anacoretas, los cuales, saliendo de los cenobios, se van por los desiertos sin más viático que pan y sal. El iniciador de este género de vida fue Pablo; Antonio lo perfeccionó, y, remontándonos más arriba, el primero de todos fue Juan Bautista."53

17. San Jerónimo y santa Paula fundan conventos en Belén (Sevilla, Museo de Bellas Artes. El cuadro está restaurado y expuesto).

La primera impresión que produce esta obra es como la de estar ante dos cuadros superpuestos, como si se tratase de una transparencia en la que tuviésemos las figuras del primer plano y la hubiésemos colocado sobre otro cuadro, donde se desarrollan una serie de escenas en un escenario de paisaje y edificaciones.
El primer plano del lado izquierdo lo ocupan la figura de san Jerónimo, vestido con el hábito de la Orden y al que se reconoce por el solideo, y otro monje tras él; mientras que en el primer plano del lado derecho se encuentran las figuras de santa Paula y de otras dos monjas.
En sucesivos planos vemos obreros trabajando en la construcción de edificios, y parejas de monjes. Las arquitecturas son de una gran sobriedad decorativa.
El último plano, muy alto, lo ocupa la silueta entre nebulosas de una ciudad amurallada, que bien podría tratarse de Jerusalén.
En el centro absorbe toda la atención la postura contrapuesta de sus manos. San Jerónimo extiende su mano derecha, con la palma hacia arriba, en dirección a santa Paula y ésta la extiende, con la palma vuelta hacia tierra, en dirección al santo. Los monasterios en Belén fueron fundados con la aportación económica de santa Paula, quien dedicó todos sus bienes materiales a estas fundaciones.
San Jerónimo, tras la minuciosa descripción (Carta 108,15; 108,20) geográfica del accidentado itinerario que les llevó de Roma a Belén, escribe lo siguiente:

"Y poco después, la que había de permanecer para siempre en la santa Belén, se instaló durante tres años en una pequeña vivienda, mientras construía las celdas y los monasterios, además de un albergue junto al camino para peregrinos, porque María y José no habían encontrado posada..."
"... Voy a hablar también de la organización del monasterio..." "Después del monasterio de hombres que entregó, para gobernarlo, a varones, a las numerosas vírgenes que había reunido de diversas provincias, procedentes unas de la nobleza, otras de la clase media, y otras de la ínfima, las distribuyó en tres secciones o monasterios; de forma que, aunque vivían separadas para el trabajo y la comida, se juntaban todas para la salmodia y la oración."


18. San Jerónimo orando ante los Santos Lugares (Huelva, Museo Provincial. Almacén. Fecha de ingreso en el museo 8 de octubre de 1973).
Hemos invertido el orden de éste y del asunto siguiente con respecto a la relación que da Perales Piqueres, al habernos guiado por las prioridades en el quehacer diario de un monasterio: "ora et labora".
El asunto se desarrolla en dos partes: una escena de personajes orantes a la izquierda y un escenario arquitectónico a la derecha. San Jerónimo, representado como hombre anciano, al igual que en todos los cuadros que hacen alusión a esta última etapa de su vida, está de rodillas, junta las manos en actitud de recogimiento y lleva el capelo colgado a la espalda. Detrás del santo aparece un personaje ricamente vestido, también arrodillado, eleva la mirada y se lleva la mano derecha al pecho; dos monjes de mirada arrobada y también elevada al cielo; y otro personaje más, vestido de clérigo, que parece estar rezando.
Delante de san Jerónimo, iniciando la escenografía de paisaje y arquitecturas, vemos un mínimo pesebre y una serie de edificaciones en los primeros planos con un tamaño casi en miniatura que se va agrandando a medida que estas edificaciones -algunas de planta central- se van alejando del espectador, en una perspectiva invertida. Al fondo se ven lienzos de muralla con cubos cilíndricos.
En la carta 77,2 a Océano, escrita el año 400 deja constancia de sus sentimientos por Belén a propósito del elogio fúnebre que hace de Fabiola, destacada figura "del retablo de biografías dibujadas por él"54.

"Pero yo, enamorado de la posada de Belén y del pesebre del Señor, donde la Virgen madre dio a luz al Dios niño, presentaré a la sierva de Cristo, no a partir de la nobleza de su pasada historia, sino a partir de la humildad de la Iglesia."


19. San Jerónimo traduciendo el Antiguo Testamento (Según Sancho Corbacho55, este cuadro estaba en el Museo de Bellas Artes. Perales Piqueres56 dice que su paradero es desconocido. La obra se encuentra efectivamente en el almacén del Museo de Bellas Artes, tal y como consta en la ficha técnica del cuadro). (fig.11)
Sigue la misma disposición compositiva que el siguiente de la discusión con los rabinos, es decir con las figuras en torno a una mesa; San Jerónimo ocupa ahora, en contraposición al otro asunto citado, el lado izquierdo y el resto de figuras el derecho. La escena se desarrolla en un interior que verdaderamente refleja un ambiente de trabajo y estudio. Todos están afanados en la escritura. A su alrededor los objetos necesarios para crear ese ambiente de concentración en el trabajo: al fondo se disponen baldas repletas de libros, sobre la mesa grande los tinteros y unos quevedos; sobre la mesa auxiliar del lado izquierdo se puede leer en el lomo de uno de los libros la inscripción: "ezechl" (Ezequiel). Depositados en el suelo, en primer plano, libros abiertos y cerrados, en los que en dos de los lomos podemos ver las inscripciones: "isaias" y "jereims" (Isaías y Jeremías). El desorden en los libros resulta verdaderamente indicativo de que se está trabajando.
San Jerónimo deja en la carta 65,7 a Principia un precioso retrato de sí mismo como humilde escritor:

"Mi lengua es pluma de escribano que escribe veloz. Debo, pues, preparar mi lengua como un estilo y un cálamo, para que el Espíritu Santo escriba por medio de ella en el corazón de los que escuchen con sus oídos. A mí me toca ofrecer mi lengua como instrumento; a El, hacer que a través de este instrumento resuene lo que es suyo. El estilo escribe en la cera; el cálamo en el papel y en los pergaminos o en cualquier otra materia apta para escribir. Pero mi lengua, a semejanza de un rápido escriba, que nosotros podemos entender 'taquígrafo', grabará como en estenografía en las tablas carnales del corazón la palabra breve y concisa del Evangelio..."

La escena resulta entrañable, pues los personajes están concentrados en su labor y parecen no darse cuenta que están siendo observados en su diario quehacer por un espectador. A nuestra derecha dos monjes en actitud de escribir, mientras que otro, en un segundo plano, lee con atención un libro. De este paciente trabajo y del ambiente necesario para llevarlo a cabo con perfección deja constancia en muchas de sus epístolas (Carta 126).

"Y si, según un ilustre orador, 'las leyes callan cuando hablan las armas'57, cuánto más callarán los estudios de la Escritura, que requieren gran cantidad de libros, silencio, concentración en los taquígrafos, y lo propio en estos trabajos, seguridad y tranquilidad en los que dictan. He enviado, pues, dos libros a mi santa hija Fabiola, de quien podrás conseguir ejemplares si los deseas. Debido a la premura de tiempo no he podido sacar más copias. Cuando las hayas leído y hayas visto el vestíbulo, podrás conjeturar fácilmente cómo va a ser la futura casa. Confío en que la misericordia de Dios, que me ayudó en los dificilísimos comienzos de esta obra, me ayudará igualmente en la penúltima parte del profeta, donde se narran las batallas de Gog y Magog; y también en la última, en que se describen la edificación, la variedad y las medidas del sacratísimo e inexplicable templo."

20. San Jerónimo discutiendo con los rabinos (Sevilla, iglesia de San Gil. Acta de depósito de 8 de octubre de 1945). (fig.12)
Para pintar esta escena, Espinal también contaba con un modelo muy cercano, ya que Valdés Leal había hecho para el claustro bajo un lienzo con este mismo asunto de la disputa con los doctores paganos, hoy día en la colección Cramer de Dortmund, Alemania58. Lo mismo que en el de Espinal, las figuras se sitúan en torno a una mesa sobre la que hay numerosos libros y rollos.

El santo está sentado a la derecha del espectador, frente a él un libro abierto. Es el único cuadro de la serie de Espinal donde aparece el león59 agazapado junto a la silla del santo, en el ángulo inferior derecho. La aparición del león, precisamente en este asunto, nos hace pensar en el emblema XV de Alciato: el león como representación de la vigilancia y custodia del templo, porque duerme con los ojos abiertos, y nos lleva también a relacionar esta imagen con san Jerónimo como símbolo de esa custodia. De esta posible comparación entre el león y el santo, se puede extraer una enseñanza moral para los potenciales espectadores del cuadro con el asunto que nos ocupa. Al otro lado de la mesa se disponen las figuras de los rabinos, a los que se reconoce por los turbantes con los que se cubren la cabeza.
Por las Epístolas de san Jerónimo vemos que muchas de las cuestiones sobre temas hebreos las trata con Marcela. Tal es el caso de la carta 25, donde explica los diez nombres con que Dios es designado entre los hebreos; o la carta 29, en la que expone el significado de las palabras hebreas ephod y teraphim; o también la carta 30 a Paula, donde habla del sentido místico del alfabeto hebreo.
Cuando san Jerónimo emprende la gran obra de su vida: la traducción de los Textos Sagrados desde el original en lengua hebrea su afán por sujetarse al espíritu y a la letra del texto original, le llevan a hacer numerosas consultas a maestros judíos sobre la correcta interpretación de algunos términos.
Esta es la razón por la que hemos situado este asunto a continuación del de San Jerónimo traduciendo el Antiguo Testamento.
Volvemos a no estar de acuerdo con la exposición que de lo narrado en la escena hace Perales Piqueres: "El santo fue el primero en traducir la Biblia a la lengua latina que se denominó 'El Vulgate'. Esto le llevó a tener constantes querellas con los judíos, quienes mostraron una fuerte oposición a la difusión del cristianismo. La composición capta el momento de discusiones teológicas entre los judíos y san Jerónimo"60.

La preparación para llevar a cabo la gran obra de su vida comienza muchos años antes, como leemos en la carta 32 a Marcela. Su traducción del Antiguo Testamento a partir del original hebreo fue un trabajo realizado con método, a conciencia y con verdadera entrega y amor. Por eso le irritará tanto, como veremos más adelante, la recomendación de san Agustín en la primera carta que le dirige, y sin conocerle, para que abandone la traducción directa del hebreo al latín.

21. San Jerónimo dispuesto a embarcar para el destierro (Aracena {Huelva}, iglesia del castillo. Fecha del depósito: 22 de diciembre de 1973).
En esta escena vemos en el lado izquierdo a San Jerónimo vestido con el hábito de la Orden, se cubre con el solideo y lleva un enorme capelo colgado a la espalda. Tras él su cortejo de monjes. Y en un primer plano, enmarcando la escena por este lado izquierdo, una mujer, vestida de rojo, llora desconsolada mientras un niño trata de subírsele a los brazos. El lado opuesto lo ocupan dos figuras agazapadas y de aspecto triste que contemplan la marcha hacia el puerto, que aparece como fondo paisajístico, entre brumas, y donde se está preparando la nave para hacerse a la mar. El último plano presenta las siluetas de las edificaciones de una ciudad.

"¡Que Jesús aleje del mundo romano a tales bestias! Se presentaban inesperadamente por todas partes, y ganando en velocidad a las mismas noticias, no se apiadaban ni de la religión, ni de las dignidades, ni de la edad, ni siquiera de los lloros de los niños. ...Tiro había querido desprenderse de la tierra firme, y volver a ser la antigua isla. También nosotros, para prevenir la llegada del enemigo, nos vimos forzados por esos días a preparar naves y esperar en el litoral; y aunque los vientos eran borrascosos, temíamos más a los bárbaros que al naufragio. Por aquel entonces reinaba entre nosotros la disensión, y las polémicas domésticas superaban la lucha misma de los bárbaros. Lo que nos retuvo en Oriente fueron nuestras viviendas ya instaladas y nuestro acendrado amor por los santos lugares..."


Cuando san Jerónimo dice que "entonces reinaba entre nosotros la disensión...", se está refiriendo a los problemas con el obispo Juan de Jerusalén, quien, en el año 395 consigue una orden de exilio contra san Jerónimo.

22. San Jerónimo asiste a la muerte de Santa Paula (Sevilla, Museo de Bellas Artes. En el almacén, según consta en ficha técnica del Museo. De éste también dice Perales Piqueres que su paradero es desconocido). (fig.13)
Santa Paula, como figura principal, ocupa el centro del cuadro. Está tumbada sobre un catre y en torno a ella se distribuyen las figuras en un abigarramiento tal, que no existe fondo, pues toda la escena está ocupada por los asistentes al tránsito de la santa. El único hueco que deja este cortejo fúnebre, es el ocupado por una sencilla y tosca mesa, sobre la que hay libros, una calavera y un crucifijo.
Tras santa Paula, al otro lado de la cama y de frente al espectador, llora desconsolada su hija Eustoquia. En primer plano, delante de la santa, una bacinilla. De todos los personajes que rodean a la difunta, san Jerónimo parece ser el que está de rodillas junto a la cabecera, en primer plano a nuestra izquierda. San Jerónimo viste el hábito de la Orden, y lleva también solideo. Vemos también dos monjes y tres monjas detrás de la cabecera, y a los pies de la santa, un sacerdote está bendiciendo.
Santa Paula le acompaña hasta el final de sus días y será la cara amable de un Jerónimo siempre ocupado, y con frecuencia herido por todo tipo de incomprensiones. Paula y Eustoquia son la obra viviente de san Jerónimo, quien tuvo una estrecha relación espiritual con las mujeres. Su personalidad debía de ejercer una atracción especial en ellas.
La muerte de Paula le causó una profunda herida, como leemos en su carta 108 a su hija Eustoquia, escrita en la primavera del año 404, y que constituye la biografía más hermosa de cuantas escribió san Jerónimo, maestro en este género. Se trata de una larguísima carta de treinta y tres párrafos, de la que extraemos el efecto que su pérdida causó en él.


"... ¿Para qué detenerme tanto y seguir represando mi dolor demorándome en otros puntos? La más prudente de las mujeres presentía que la muerte estaba cerca..." "Preguntada por mí por qué callaba, por qué no quería responder a mis preguntas, si le dolía algo, me respondió en griego que no sentía molestia alguna y que estaba contemplándolo con calma y tranquilidad. Después de esto enmudeció. ..." "Le faltaba el aliento, y su respiración penosa anunciaba la muerte; y su alma, impaciente por salir, convertía el estertor con que termina la vida de los mortales en alabanza de Dios..."
"... Para ti, Eustoquia, he dictado este libro en dos cortas veladas, embargado por el mismo dolor que tú sientes. Pues cuentas veces intenté sujetar el estilo para cincelar la obra prometida, otras tantas se me pusieron rígidos los dedos, se me paralizó la mano y se me embotó el espíritu. Por eso, la tosquedad del discurso, carente de soltura y de elegancia en las palabras, testimonia a duras penas lo que yo hubiera querido escribir..."
"... Vete con Dios, Paula, y ayuda con tus oraciones la extrema vejez de quien te venera. 'Te he dedicado un monumento más duradero que el bronce'61, que ninguna vejez logrará destruir. He grabado un epitafio sobre tu sepulcro, que incluyo en este volumen, para que allá donde llegue mi palabra sepa el lector que has sido por mí elogiada y que estás enterrada en Belén."

2.5. LOS AÑOS DE PLENITUD
23. San Jerónimo visitando a San Agustín (En julio de 1994 pasa nuevamente al Museo de Bellas Artes de Sevilla por obras en la parroquia de Omnium Sanctorum). (fig.14)

El encuentro y saludo se produce en el centro de la escena, mientras que el lado izquierdo del cuadro lo ocupa un grupo de monjes jerónimos que están a la orilla de un río. Las figuras principales son de gran tamaño y muy cercanas espacialmente al espectador. San Jerónimo, a la izquierda y acompañado de dos monjes, está representado como hombre anciano, con aspecto de cansado y rostro de duras facciones, viste hábito de la Orden y lleva colgado a la espalda un enorme capelo. Se cubre la cabeza con el solideo. Se inclina hacia san Agustín en actitud reverente, quien parece impedirle que se arrodille por el gesto de sus manos sujetando al viejo san Jerónimo. El séquito de san Agustín es también de dos personajes, uno de los cuales, vestido de clérigo al igual que el niño, al que le está explicando lo que está sucediendo en ese momento. Es otro cuadro "de narración", pues parece querer mostrarse el desplazamiento a tierras lejanas para ir al encuentro del joven obispo Agustín. El viaje queda patente por la presencia de una falúa recién atracada, de la que están descendiendo los monjes que acompañan a san Jerónimo en el viaje. En el lado derecho vemos una serie de edificaciones que se adivinan entre la calima brumosa tan característica en los exteriores de Espinal. Frente a ellas, en lo que parece ser la puerta de entrada a una ciudad, se distribuyen todo tipo de personajes: un mendigo, una mujer amamantando a su hijo, vendedores callejeros. Tanto el desembarque de los monjes como la presencia de los habitantes de la ciudad están en un tamaño muy inferior al de las figuras centrales, como queriendo marcar una profunda perspectiva y acentuar la sensación de amplitud espacial.
Aquí la Historia nos dice que nunca hubo un encuentro personal entre ellos, sino que su relación fue epistolar y, por cierto, bastante complicada durante los primeros años, debido a un malentendido. La primera carta que san Agustín le escribe es del año 394, aunque no le llegó hasta pasados unos años. En ella le dice lo siguiente (Carta 56):

"Jamás nadie fue tan cabalmente conocido de nadie por su simple aspecto exterior como tú te me has dado a conocer a mí por el gozo sereno que inspiran tus estudios en el Señor, verdadero ejercicio de generosidad. Así, pues, aunque deseo ardientemente conocerte del todo, sin embargo es bien poco lo que me falta, a saber: tu presencia corporal..."


Un poco más adelante las recomendaciones de san Agustín provocarán las iras de san Jerónimo, y fueron la razón de que sus relaciones fuesen muy tirantes durante los primeros años. La traducción directa del texto hebreo de las Escrituras fue la labor que llenó la vida de san Jerónimo y de la que se sentía verdaderamente orgulloso. Es lógico que se sintiese muy molesto con la recomendación del joven obispo.

"...Te pido, y conmigo te lo pide toda la comunidad estudiosa de las iglesias africanas, que no te canses de poner tu esmero y trabajo en traducir los libros de los autores que, en lengua griega, han tratado magníficamente de nuestras Escrituras... En cuanto a traducir a la lengua latina las Santas Escrituras canónicas, yo no desearía que trabajaras en eso, a no ser del mismo modo que has traducido a Job, haciendo ver, por medio de signos apropiados, la diferencia que hay entre tu traducción y la de los Setenta, cuya autoridad es importantísima..."

En esta misma carta san Agustín le pide que aclare la interpretación dada al pasaje de la carta a los Gálatas 2,11 sobre el enfrentamiento entre san Pedro y san Pablo. Dado el carácter de san Jerónimo, es lógico pensar la reacción que pudieron provocar en él las primeras epístolas que le dirige san Agustín, a las que da la siguiente respuesta (Carta 102):

"...me han llegado copias de una carta que parece dirigida a mí, en la que me invitas a que cante la palinodia sobre cierto capítulo del apóstol... Yo he de confesar con sencillez a tu dignación que, aunque el estilo y el modo de argumentar me parecieron tuyos, no pensé que debía dar crédito ligeramente a los ejemplares de la carta, no fuera que si yo contestaba, tú te molestaras y protestaras con toda justicia que antes hubiera debido comprobar si el texto era tuyo... Por lo tanto, si la carta es tuya, dilo francamente o envía copias más auténticas, para que podamos entrar sin malhumor en la discusión de las Escrituras, bien sea para corregir nuestro error, bien para demostrar que se me reprende sin razón."

"... Lejos de mí atreverme a tocar nada en los libros de tu beatitud. Bastante tengo con cuidar lo mío, como para criticar lo ajeno. Además tu prudencia sabe perfectamente que cada cual tiene su modo de pensar, y que es indicio de jactancia pueril, como han solido hacer siempre las gentes jóvenes, criticar a los hombres destacados para elevar el prestigio del propio nombre.... Y en el campo de las Escrituras, tú que eres más joven, no provoques a quien ya es un veterano."
"... Así pues, como ya te he escrito, o me envías la carta misma firmada por tu propia mano, o dejas de incordiar a un anciano que vive retirado en su celda. Pero si lo que quieres es mostrar o ejercitar tus conocimientos, busca jóvenes elocuentes y nobles, de los que se dice que hay un sinnúmero en Roma, que ellos podrán y se atreverán a disputar contigo y a llevar el yugo con un obispo en la discusión de las Sagradas Escrituras." (Carta 105)

La relación entre ellos se irá suavizando y el año 405 le escribe una carta de reconciliación y de petición de amistad a san Agustín. Con ella se iniciará una correspondencia fluida que durará hasta el final de la vida de san Jerónimo.

24. Asalto al monasterio de los monjes en Belén (Sevilla, iglesia de San Gil. No consta en acta de depósito a esta parroquia). (fig.15)
En estos últimos años de su vida, Jerónimo sufre las noticias sobre la devastación que las oleadas bárbaras estaban provocando en el Imperio. Unos años antes le tocó vivir de cerca la invasión de Siria por los hunos y la amenaza de llegar a Palestina, hechos que describe dramáticamente en su Carta 77.
Roma es saqueada y algunos de sus mejores amigos mueren durante esa invasión de Alarico en el año 410. Entre los evadidos de Roma, algunos llegan a Belén, y entre ellos Pelagio, iniciador de una herejía que llevará a Jerónimo a escribir su último tratado largo: Diálogo contra los pelagianos.

Este grupo de seguidores de Pelagio ataca violentamente el monasterio de Belén, donde tiene que sufrir la rapiña de los manuscritos de la edición revisada de los Setenta. De este ataque existen documentos escritos: epístolas dirigidas a san Agustín y al Papa Inocencio dando cuenta de estos cruentos episodios. Así pues, estamos ante el ataque del partido de los pelagianos y no de los origenistas, por lo que, basándonos en la Historia, disentimos de la descripción de Perales Piqueres, quien hace ver se trata de los origenistas62.
El escenario es en esta ocasión de una gran profundidad, conseguida por la disposición de los cadáveres de los monjes en el ángulo inferior derecho, uno junto a otro, en línea, provocando con ello la dirección rápida de la mirada del espectador hacia el fondo. En este, y en el ángulo contrario -superior izquierdo-, se abre un vano al exterior. El enorme contraste de tamaño entre las figuras del primer y del último plano, con una acusada diferencia de volúmenes, crea una rápida sensación de acentuada profundidad y de composición geométrica.
El equilibrio que encontramos en las figuras de otras escenas de esta serie, donde parece que los actores de una obra teatral han quedado paralizados unos segundos sorprendidos por la luz fotografiadora, se transforma aquí en tensión y drama, donde no se escatima la visión de la sangre y del desastre producido por el ataque al monasterio. El múltiple cruce de líneas, los libros desperdigados, los cuerpos de los monjes... todo habla de destrucción y caos en esta escena.
En la carta recriminatoria que el Papa Inocencio escribe al obispo de Jerusalén, Juan, bajo cuya jurisdicción están los monasterios de Belén, se pone también de manifiesto la dureza de ese ataque de los pelagianos (Carta 137), bajo cuya furia destructora cayeron tanto los monasterios masculinos como femeninos.

"Saqueos, muertes, incendios y todos los crímenes que inspira la locura, eso es lo que deploran las nobilísimas y santas vírgenes Eustoquia y Paula como cometidos en las dependencias de su iglesia por el diablo..."

25. La Comunión de San Jerónimo (Huelva, Museo Provincial. Almacén. Fecha de ingreso: 8 de octubre de 1973).

El eje central está ocupado por el sacerdote que en ese momento le está dando la comunión al santo. Este, situado en el lado izquierdo del cuadro, abre ligeramente la boca, mientras que el sacerdote sostiene en su mano derecha la sagrada Forma y en su izquierda un cáliz, de copa muy ancha y chata. San Jerónimo, quien aparece como hombre anciano y arrodillado -parece que sobre un libro y no sobre un cojín-, junta sus manos en un gesto de profundo recogimiento. Detrás de san Jerónimo, un monje arrodillado, y detrás del sacerdote, dos monjes que hacen de monaguillos. Uno de ellos sujeta un libro bajo el brazo. En primer plano aparece otro monje joven, de rodillas, quien porta una sencilla cruz en su mano izquierda y sostiene el hisopo con la derecha. Delante de él, una bacinilla en primer plano. La escena queda enmarcada a la derecha por una mesa de altar, donde vemos dos candeleros y un crucifijo.

26. Muerte de San Jerónimo (Sevilla, iglesia de San Gil. No se cita este asunto en el acta de depósito a la iglesia, en 1943). (fig.16)
El santo protagonista ocupa el centro de la escena, tumbado sobre un humilde camastro, una plancha de tablas claveteadas; junto al santo, una bacinilla. En círculo en torno a él, cinco monjes con gestos compungidos y de tristeza. Uno de estos monjes le está leyendo algún pasaje de los Textos sagrados, mientras que otro le unge los pies. Al fondo, en el lado derecho, otros dos monjes más, de pie. En el izquierdo, una tosca mesa de troncos, sobre la que hay diversos objetos. La muerte del santo tiene lugar el 30 de septiembre del año 419.
Es obvio que de ni este hecho ni del anterior, la Comunión de san Jerónimo, hay referencias en sus Epístolas ni en escritos, que sepamos, contemporáneos a él. En la Edad Media, bajo el nombre de Eusebio de Cremona, haciéndose pasar por él, pretendió describir en tres cartas lo acaecido en la última hora de san Jerónimo63. En este relato se inspiraron el Arte y la pluma de fray José de Sigüenza64.


"Refiere, entre otras cosas, que, estando rodeado el lecho, donde el santo reposaba, de sus monjes y de sus hijos, criados á los pechos de su doctrina, condolido de ver su mucha tristeza y lastimado de las lágrimas que sin licencia se les deslizaban por el rostro, consololos con palabras graves, santas, amorosas y eficaces: exhortolos á la perseverancia en la virtud y del propósito de vida que habían comenzado, pues tenían tan cierta la corona. ..."
"... Dichas estas y otras muchas razones de igual y mayor peso, sintiendo que se llegaba la hora, pidió le trajesen el Santísimo Cuerpo de Nuestro Señor. Teniéndolo ya delante, esforzó como pudo su flaqueza; con la fuerza de la devoción, levantado sobre lo que podía, se puso de rodillas y adorolo con grandes lágrimas, que parecía imposible salir tanta copia de agua de un vaso tan seco y enjuto. Díjole ternísimas y amorosas palabras, razones tan hondas, que solos los dos parece que se entendían. ..."
"... Al fin abrió su boca, y recibió aquel bocado de gloria, aquel pan de vida eterna, y trocose su rostro en una claridad admirable, lleno de celestial aliento. Abrazó a sus hijos, y dándoles paz y su bendición, se despidió de ellos. Desde este punto no habló mas palabra, y retirándose allá dentro, como quien ya se veía en la gloria, recogió el alma todas sus potencias, para con todas ellas entrar á hacer estado al gran Príncipe que había recibido en su casa. Estuvo así muy grande rato, sin hacer algún movimiento en lo de fuera, y cuando ya las especies Sacramentales se iban consumiendo, antes que la presencia corporal de Jesucristo de allí faltase, hizo tanta fuerza para unirse y abrazarse con el Esposo, y con su último fin, que suspendió de todo punto las acciones de las potencias inferiores, hasta tanto que, suspendido el movimiento vital del corazón, ... y no pudiendo resistir con la flaqueza á la fuerza grande con se levantó en este movimiento de devoción de éxtasis, rompió las cuerdas, y, desasida el alma, voló, como paloma cándida, á las moradas eternas. ..."
"... Mandó que le sepultasen en la cueva del pesebre, y muy junto a él: lo que nunca mereció hombre del mundo..."


En estas últimas páginas de la biografía de san Jerónimo que escribe fray José de Sigüenza deja un bellísimo elogio de la vida y obra del santo. Cierra este elogio diciendo que:

"No se hallará fácilmente con quién comparemos tan grande Padre"65.

CONCLUSIONES
Tras el estudio y la comparación entre imagen y palabra, entre iconografía y fuentes, hemos podido comprobar que la asociación en unas ocasiones y el alejamiento en otras es patente y que una u otro estará en función del destino de la obra.
Antes de pasar a exponer las ideas sobre ese acercamiento o alejamiento de la iconografía, en el caso concreto de la serie de cuadros con asuntos de la vida de san Jerónimo, obra de Juan de Espinal, con respecto a las fuentes, es decir al Epistolario del santo, hacemos un resumen de los aspectos estilísticos más destacados que, a nuestro juicio, presenta la pintura de Juan de Espinal.

ASPECTOS ESTILÍSTICOS
Somos conscientes de que en nuestra valoración de su técnica y formas podemos estar equivocados, pero también lo somos de que es el resultado de una idea surgida de la reflexión personal tras la atenta observación de la obra y que puede crear polémica.
Veamos a continuación los elementos que utiliza Juan de Espinal para la creación escenográfica:

1. EN INTERIORES MONÁSTICOS
1.1. Muebles rústicos y toscos
1.2. Ambiente en penumbra
1.3. Dobles focos de atención

2. EN INTERIORES SUNTUOSOS RECURRE A:
2.1. Un elemento arquitectónico utilizado como elemento decorativo

2.2. Uso de grandes cortinajes como telón de fondo
2.3. Espacios envolventes, en los que el espectador se ve sumergido en la escena
2.4. Dobles focos de atención

3. EN EXTERIORES
3.1. Atmósfera de brumas y calimas
3.2. Desdibujados contornos para crear profundidad
3.3. Dobles focos de atención

En cuanto a la figura humana, Espinal la domina tanto en las proporciones como en la presentación plástica, sin embargo gestos y fisonomía de algunos personajes se repiten en varios cuadros de la serie.
En lo relativo a la forma de presentación del asunto, éste aparece en escenas de gran fuerza narrativa y muy teatral, conseguida mediante el juego de diferentes planos para simultanear momentos sucesivos y también mediante la creación de espacios envolventes en los que el espectador se ve sumergido, al tener continuidad la escena fuera del marco. Todas esas escenas dan pie para historiar, para ir creando el hilo argumental de una vida ejemplar y ejemplarizante a los ojos de los monjes, en su deambular por el claustro leyendo y meditando.
En la representación de paisajes e interiores resulta muy convencional, dándonos la impresión de que acoge con entusiasmo las nuevas influencias academicistas que en el siglo XVIII llegan a España procedentes de Francia.

La mayoría de los asuntos de esta serie se presentan de forma muy original, en el sentido de que se alejan de la iconografía habitual de san Jerónimo, tal como exponemos más adelante bajo el epígrafe de aspectos iconográficos. El pintor se aleja aquí de las recomendaciones de los tratadistas, -algunos tan influyentes en la vida artística sevillana como había sido el caso de Francisco Pacheco-, en lo concerniente a la representación de san Jerónimo. Si tomamos como ejemplo a Pacheco, leemos en su Arte de la Pintura66 que los atributos más frecuentes empleados son: un león, una piedra, un crucifijo o calvario, la trompeta al oído como símbolo de aviso de muerte o del Juicio Final; y que las formas de representarlo son: con el torso desnudo en actitud penitente, con traje de cardenal, con barba blanca y edad de "unos 78 años". También dice Pacheco que existen dos anacronismos, a saber: nunca fue cardenal, y san Jerónimo eremita tendría "unos 30 años".
Así es como encontramos normalmente a san Jerónimo y es más que probable que Espinal conociese el Tratado de Pacheco, lo mismo que otras obras publicadas sobre el arte de la Pintura, y también las relacionadas directamente con la vida de san Jerónimo, si bien la mayoría de estas obras estaban en latín. Recordemos aquí que hereda, a la muerte de su maestro y suegro Domingo Martínez, su estudio, taller y biblioteca.
Espinal presenta en sus formas una regularidad de ejecución que, a nuestro juicio, dista mucho de estar emparentada con la originalidad iconográfica que demuestra, por lo que creemos que no sólo el cliente le dio el exacto programa iconográfico con los asuntos a representar, sino también las normas sobre cómo representarlos.

ASPECTOS ICONOGRÁFICOS
Tenemos el ojo tan acostumbrado a la representación convencional de san Jerónimo como penitente o como doctor de la Iglesia, vestido de cardenal, que la sorpresa inicial ante la originalidad de esta serie sobre su vida es mayor de lo que cabría esperar. Pero basta profundizar en el estudio de la vida y obra de esta interesante personalidad para darnos cuenta que son sus valores personales los que, a nuestro juicio, se han querido resaltar. Y en ello vemos una intencionalidad ejemplarizante y didáctica.
Para probar esta intencionalidad, presentamos, a modo de ejemplo, una serie de ideas, que constituyen a su vez un resumen del paralelo bio-iconográfico analizado en este estudio. La numeración que damos a estas ideas, basadas en el Epistolario de san Jerónimo, corresponde al orden secuencial con el que aparecen en los capítulos del trabajo.
1. Las cartas alusivas a su juventud, a los primeros veintisiete años de su vida, fueron escritas durante su estancia en el desierto calcídico, y están llenas de añoranza de relaciones humanas, no sólo de búsqueda, sino también de súplica de amistad y de establecimiento de contacto epistolar.

Se podría pensar que la soledad del desierto le llevó a expresarse de ese modo, pero, como hemos podido ir viendo por la lectura detenida de sus cartas, en verdad nunca estuvo solo, hecho del que hemos dejado constancia en el comentario a cada uno de los cuadros en el capítulo dedicado al paralelismo entre fuente literaria y obra pictórica.
En ninguno de los lienzos de esta serie de Espinal san Jerónimo está sólo. Aquí, a diferencia de la iconografía habitual, el santo aparece como siempre estuvo en su tarea literaria, es decir acompañado. En sus epístolas son constantes las referencias que hace a sus escribanos, a los que dicta sin cesar. Era además un hombre con una profunda necesidad de comunicación y de transmisión de su saber, un hombre con clara vocación de enseñante. Durante su etapa epistolar más fecunda, la que comprende los años de plenitud, los destinatarios son la universalidad. Este no estar solo resulta de una gran importancia para el estudio de los aspectos iconográficos, ya que la representación habitual del santo es en la soledad, bien del desierto o bien de su estudio. En este caso se produce un alejamiento de la iconografía habitual, pero un acercamiento a la Historia.
2. Son dos años los que pasa en Calcis, así pues la estancia en el desierto es breve, pero ha dejado una gran huella en su iconografía. Un hombre que vivió setenta y dos años es recordado por la heroicidad de su retiro y dedicación a la vida ascética durante dos años de su juventud.
No podemos dejar pasar por alto que cuando se traslada al desierto sirio no ha cumplido aún los treinta años. La iconografía habitual le representa, sin embargo, como hombre maduro e incluso anciano en ocasiones. Si bien Juan de Espinal en esta serie, pensamos que tomando como ejemplo a Valdés Leal, le ha representado con la edad real, lo que supone una excepción.

3. La imagen de penitente es la que se toma como base iconográfica tras el Concilio de Trento para transmitir al fiel todo el peso del castigo producido por el pecado. Supone, además, la admiración por la vocación decidida, prescindiendo de todas las comodidades, hecho del que se puede extraer la enseñanza de una vida ejemplar digna no sólo de admiración sino también de imitación. Como vemos por sus cartas, especialmente por las dos de mayor peso como base iconográfica de esta época calcídica (carta 22 y 125), su forma de vencer las tentaciones es por medio del aprendizaje y estudio de la lengua hebrea, ello dio lugar posteriormente a su mayor obra como traductor y exégeta, la traslación al latín de los Textos sagrados desde su versión original en hebreo y la comparación que de ellos hizo con la anterior traducción al griego de los Setenta.
Conviene recordar aquí la aceptación de la traducción de san Jerónimo, la Vulgata, como texto oficial de la Iglesia por parte del Concilio de Trento, con lo que ello supuso de revalorización de la figura del santo y, consecuentemente, de la multiplicación iconográfica. Fue en la sesión cuarta del Concilio, el 8 de abril de 1546, en la que se fijaron las fuentes de la Fe: las Sagradas Escrituras y la Tradición.
4. La segunda representación más habitual del san Jerónimo es como Padre de la Iglesia, vestido de cardenal o, al menos, con algunos de los atributos propios del cargo. Esta imagen tiene como base la estancia de san Jerónimo en Roma al servicio del Papa Dámaso, pero hay que hacer hincapié en que nunca fue cardenal. El asunto de la imposición del capelo no tiene base histórica, pero está cargado de simbología. Es el afán por dignificar a una persona, cuya grandeza y sabiduría no precisaban de signos externos, y cuya humildad le llevaba a rechazar los cargos, incluso renuncia a sus obligaciones como sacerdote. "Que me dejen ser monje"
5. El Concilio de Trento salió también en defensa de ciertas prácticas combatidas por los protestantes: el culto a la Virgen y a los santos. En uno solo de los cuadros, objeto de este estudio, aparece la imagen de la Virgen y es precisamente el que narra el asunto titulado san Jerónimo discutiendo con los herejes. El catolicismo de la Contrarreforma hizo hincapié en el aspecto sensible de la religión para llegar más rápidamente al fiel. De esa reforma católica emanaron orientaciones y recomendaciones respecto a la enseñanza, a la predicación y a la confesión, como medios para combatir las ideas protestantes.

6. Antes de establecerse definitivamente en Belén, inicia una etapa de viajero incansable para aprender directamente de las personas a las que admira, entre ellas Dídimo. Los libros y pergaminos le acompañaron siempre en su interminable peregrinar vital: geográfico y de aprendizaje. Es un viaje de estudio con una meta: el establecimiento en Belén. Es la etapa que resume sus dos ideales ante los que no se doblega por muchas que sean las dificultades: el interés por los libros sagrados y por la vida ascética, ideales que transmite a sus muchos discípulos y discípulas, contribuyendo a crear nuevas vocaciones. Podemos decir que san Jerónimo es un pensador dialogante, un apasionado de la comunicación: escrita u oral, y en la que siempre salían a relucir sus estudios de gramática, retórica y oratoria. Pero como todo genio necesita de iguales para la conversación, necesita gente intelectualmente preparada.
7. A pesar de su sabiduría y de su preparación necesita la relación con personas de las que pueda aprender. Todo gran maestro es un eterno discípulo. De ahí que entre en contacto con los rabinos para perfeccionarse en la lengua hebrea y en la correcta interpretación de las Escrituras, y que nada escape a su conocimiento. En este sentido vemos a san Jerónimo como símbolo de la custodia del templo -porque, como el león, duerme con los ojos abiertos-, de la integridad de la Iglesia. Es significativo que su atributo iconográfico más común, el león, aparezca precisamente en este asunto, en el que se encuentran las dos Iglesias: la cristiana y la judía.
8. Su obra literaria más importante, la traducción de los Textos sagrados al latín le lleva muchos años de estudio y preparación. Fue un trabajo realizado con método, a conciencia y con verdadero amor. Razón por la que tanto se irrita con san Agustín cuando éste le recomienda que no continúe con dicha traducción.
En la relación con san Agustín, la Historia nos dice que no hubo encuentro personal entre ellos. Sin embargo su relación epistolar fue tan importante para la Iglesia, que la iconografía los empareja a ambos, presentando otra imagen más de iconografía fabulada.

Y todos estos asuntos, unas veces cercanos y otras alejados de la fuente más importante que tenemos para la iconografía de san Jerónimo, el documento autobiográfico que constituye el Epistolario, se presentaban al espectador, al monje, en el claustro. La vida y hechos del santo en lienzos de gran tamaño, como páginas de un gran libro de aprendizaje visual, para ser contemplado desde el espacio monástico dedicado a la meditación y a la lectura. Como libro de aprendizaje cumple unas funciones devocionales, didácticas y ejemplarizantes para la comunidad; y para ello no ha sido obstáculo unas veces recurrir a la fuente original y otras a la fabulación, emanada en ocasiones de hagiografías apasionadas y románticas llenas de inexactitudes históricas, como la del ascenso al cardenalato, por ejemplo.
Algunas publicaciones de gran difusión, como fue el caso de la Leyenda Dorada, de Santiago de la Vorágine, de la que se hicieron numerosas ediciones a raíz de la invención y generalización del uso de la imprenta a mediados del siglo XV contribuyeron a extender los habituales errores en su iconografía, por la gran cantidad de errores de cronología y de hechos que contiene en relación con la vida de san Jerónimo.

VALORACIÓN PERSONAL
El desarrollo, la elaboración y el cierre de este trabajo, que no su conclusión, ha unido en una misma dirección nuestras tres grandes pasiones: el Arte, la Traducción y los Viajes, tan inseparables y tan interrelacionados en el conocimiento de otras culturas y Lenguas. Al mismo tiempo nos ha abierto infinitas posibilidades por el apasionante camino de la investigación.
El haber unido o, al menos, haber pretendido unir dos extremos tan lejanos en el tiempo como son san Jerónimo (siglos IV-V) y Juan de Espinal (siglo XVIII), ha suscitado en nosotros un mayor interés por el tema y un afán de conocimiento al haber tenido que emprender un viaje de aprendizaje para acudir a las fuentes que hiciesen un recorrido de catorce siglos.
Esperamos haber aportado con ello alguna luz al mejor conocimiento de la iconografía de san Jerónimo67.


OBRAS CITADAS


Alaejos (1766)

ALAEJOS, fray Lucas de: Vida de San Gerónimo, recopilada de la que escrivio el Rmo.P.Fr.Joseph de Sigüenza. Madrid, 1766.

Alciato (1993)
ALCIATO, Andrea: Emblema. (ed.de Santiago Sebastián), Akal/Arte y Estética, Madrid, 1993.

Arana de Varflora (1789)
ARANA DE VARFLORA, Francisco: Compendio histórico descriptivo de la ciudad de Sevilla. Sevilla, 1789.

Beigbeder (1995)
BEIGBEDER, Olivier: Léxico de los símbolos. (2ªedición), Madrid, 1995 .

Braunfels (1975)
BRAUNFELS, Wolfgang: La arquitectura monacal en Occidente. Barcelona, 1975.

Cavallera (1922)
CAVALLERA, Ferdinand: Saint Jérôme, sa vie et son oeuvre. Lovaina-Paris, 1922.

Ceán Bermúdez (1800)
CEÁN BERMÚDEZ, Juan Agustín: Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España. Madrid, 1800.

Duchet-Suchaux, Pastoureau (1996)
DUCHET-SUCHAUX, Gaston y PASTOUREAU, Michel: La Biblia y los santos, Guía iconográfica. Madrid, 1996.

Du Gue Trapier (1960)
DU GUE TRAPIER, E.: Valdés Leal: Spanish baroque painter. New York, 1960.

Horacio, Carm II, 30, 1

Interian de Ayala (1730)
INTERIAN DE AYALA, fray Juan: El pintor christiano y erudito. Madrid, 1730.

Lambert (1972)
LAMBERT, Bernard: Bibliotheca Hieronymiana Manuscripta. La tradition manuscrite des ouevres de Saint Jérôme. Steenbrugge, 1972.

López López (1988)
LÓPEZ LÓPEZ, Reyes: "Juan de Espinal", Maestro barrocos andaluces. (comisario de la exposición Enrique Pareja), Zaragoza, Museo e Instituto "Camón Aznar", 1988.

Madrid (1967)
MADRID, fray Ignacio de: "Los monasterios de la Orden de San Jerónimo en España". Yermo, 5, El Paular, 1967.

Madrid (1973)
MADRID, fray Ignacio de: "La Bula fundacional de la Orden de San Jerónimo". Studia Hieronymiana, Madrid, 1973.

Migne (1844-1855)
MIGNE, J.P.: Patrologiae cursus completus. París, 1844-1855.


Moreno (1986)
MORENO, Francisco: San Jerónimo, La espiritualidad del desierto. Madrid, 1986.

Muro Orejón (1961)
MURO OREJÓN, Antonio: Apuntes para la Historia de la Academia de Bellas Artes. Sevilla, 1961.

Pacheco (1638)
PACHECO, Francisco: El Arte de la Pintura., T. III, 1638.

Palomino (1715)
PALOMINO, Antonio: Museo pictórico y escala óptica. Madrid, 1715.

Perales Piqueres (1981)
PERALES PIQUERES, Rosa María: Juan de Espinal. Sevilla, 1981.

Ponz (1947)
PONZ, Antonio: Viaje de España. Madrid, 1947.

San Jerónimo (1993, 1995)
SAN JERÓNIMO: Epistolario. ed.de Juan Bautista Valero, T.I, Madrid, 1993, T.II, Madrid, 1995.

Sancho Corbacho (1949)
SANCHO CORBACHO, Antonio: El monasterio de San Jerónimo de Buenavista. Sevilla, 1949.

Sigüenza (1595)
SIGÜENZA, fray José de: Vida de San Gerónimo, Doctor máximo de la Iglesia. Madrid, 1595.

Valdivieso (1987)
VALDIVIESO, Enrique: Historia de la pintura sevillana. Sevilla, 1987.


--------------------------------------------------------------------------------

1 Se funda en 1426 y se clausura definitivamente en 1835. Véase Madrid (1967)

2 Citados por primera vez como obra de Juan de Espinal por Arana de Varflora. (1789). Desde entonces, todos autores han considerado válido el criterio de Arana de Varflora.

3 Valdivieso (1987) propone la fecha de 1770-1775, ya que en esta última recibe diversos encargos para la decoración del Palacio Arzobispal. Sin embargo uno de los cuadros de la serie de Espinal está fechado en 1783, es decir incluso con posterioridad a la fecha de terminación que dan todos los autores. Nos ha llamado la atención esta fecha, ya que curiosamente el pintor muere en 1783 y pasa por una grave enfermedad en los meses anteriores a su muerte, según leemos en los documentos.

4 Perales Piqueres (1981)

5 Sancho Corbacho (1949), pp. 52 - 53.

6 Con este título genérico de "asunto en la vida..." aparecen en todos los catálogos e inventarios desde 1840 -fecha en que por Desamortización pasan al recién creado Museo de Bellas Artes- según hemos podido comprobar en las fichas técnicas que el Museo de Bellas Artes de Sevilla tiene en su fondo fotográfico y bibliográfico de cada uno de estos cuadros.

7 En visita personal realizada en los meses de febrero y marzo de 1997 hemos comprobado que los cuadros depositados en la iglesia de Omnium Sanctorum en 1945, según acta de depósito del 8 de octubre de 1945(La orden del entonces Director General de Bellas Artes autorizando el depósito es del 26 de febrero de 1943), fueron depositados nuevamente en el Museo de Bellas Artes el 6 de julio de 1994.

8 Lambert (1972), p.69. "L'iconographie s'est toujours nourrie de la littérature hagiographique, et les représentations d'un saint ont trouvé leur inspiration dans sa Vie. Faits historiques aussi bien que légendes postérieures seront donc la source d'inspiration principale."

9 San Jerónimo (1993/1995)

10 La obra de Erasmo de Rotterdam sobre san Jerónimo provocó el rechazo absoluto y la crítica más ácida y negativa por parte de fray José de Sigüenza, historiador de la Orden.

11 Migne (1844/1855)

12 Véase San Jerónimo (1993/1995)

13 Perales Piqueres (1981)

14 Véase Interian de Ayala (1730). En relación con esta idea, decía fray Juan Interian de Ayala que los errores que cometen los pintores se deben a la ignorancia de los sucesos o de la Historia.

15 La relación de priores al frente del monasterio mientras Juan de Espinal pintó la serie sobre la vida de san Jerónimo es la siguiente: 1768-1771 fray Miguel de san Antonio 1771-1775 fray Juan del Valle 1775-1776 fray José de la Hinojosa 1776-1779 fray Pedro de san Vicente 1779-1782 fray Alonso de san Miguel 1782-1785 fray José de san Narciso (Aunque tradicionalmente se considera por todos los autores el periodo de 1770 a 1780 como el de realización de la serie de asuntos, objeto de este estudio, y hasta 1775 por Valdivieso, uno de los cuadros está fechado en 1783)

21 Cavallera (1922)

22 Perales Piqueres (1981)

23 Veáse Cavallera (1922)

24 Ponz (1947), p.XVII.

25 Sancho Corbacho (1949), pp.52-53.

26 Perales Piqueres (1981),pp.58 y 84.

27 Perales Piqueres (1981),, p.84.

28 Sigüenza (1595), pp.24-25.

29 San Jerónimo (1993/1995), pp.8 - 9.

30 Perales Piqueres (1981), p.59. Más adelante, sin embargo, en la p.84, sí utiliza el presente de indicativo.

34 San Jerónimo (1993/1995), pp.211 y ss.

35 Beigbeder (1995)

36 La carta la escribe el año 384 durante su estancia en Roma al servicio del Papa Dámaso.

37 Madrid (1973), T.I, pp.59-74.

38 Véase Braunfels (1975)

39 San Jerónimo: Contra Iohan.Hier41

40 San Jerónimo (1993/1995), pp.22 y 23.

41 El orden que da Perales Piqueres es el siguiente: La consulta del Papa Dámaso a san Jerónimo sobre las Sagradas Escrituras; san Jerónimo hablando a los romanos; san Jerónimo hablando a las mujeres de Roma; san Jerónimo exponiendo las Reglas de su Orden al Papa; y, por último, imposición del "manto" cardenalicio a san Jerónimo.

42 Sancho Corbacho (1949), pp.27-28. (sobre la extinción de la Orden).

43 Perales Piqueres (1981)

44 Duchet-Suchaux y Pastoureau (1996), p.80. "Los cardenales llevan la sotana roja desde 1294; Paulo II, Papa de 1464 a 1471, les otorgó además un bonete y un capelo rojos, y un manto de púrpura. El 'sombrero cardenalicio', enviado a los nuevos cardenales por el Papa mismo, es de paño rojo, con bordes lisos muy amplios; va provisto de treinta borlas rojas."

45 Según hemos podido constatar personalmente en la visita realizada al Museo en mayo 1997.

46 Perales Piqueres (1981), pp.61 y 86.

47 Cavallera (1922)

48 véase Palomino (1715)

49 Se refiere aquí san Jerónimo a Paula y a su hija Eustoquia.

50 Región meridional del antiguo Egipto, con Tebas por capital. Durante los primeros siglos del cristianismo floreció en sus zonas desérticas la vida religiosa, inaugurada por san Antonio Abad y desaparecida al caer el poderío bizantino en Egipto.

51 Cavallera (1922), p.126. "Un autre voyage conduisit toute la caravane en Egypte. Paula y apportait d'abondantes aumônes pour les moines, dispersés sur cette terre bénie de l'ascétisme. Jérôme visite avec elle les divers monastères de Nitrie."

52 Peralels Piqueres (1981), p.91.

53 Es frecuente ver emparejados en la iconografía, especialmente en obras de pintores y escultores italianos, a san Jerónimo con san Juan Bautista.

54 Según palabras de Juan Bautista Valero en sus comentarios al Epistolario de San Jerónimo, p.777.

55 Sancho Corbacho (1949), p.52.

56 Perales Piqueres (1981), pp.88-89.

57 San Jerónimo, citando aquí a Cicerón, está refiriéndose a los acontecimientos bélicos y dando a entender a Marcelino y a Anapsiquia, a quienes va dirigida esta carta 126, que su trabajo se está viendo interrumpido por los sobresaltos que le producen las invasiones y devastaciones que están teniendo lugar.

58 Dugue Trapier. (1960), p.10.

59 Véase Alciato (1993), p.46.

60 Perales Piqueres (1981), p.88.

61 Horacio, Carm.II, 30,1 62 Perales Piqueres (1981), p.91.

63 Moreno (1986), p.189.

64 Sigüenza (1595), pp.571-574.

65 Sigüenza (1595), p.575.

66 Pacheco (1638), pp.336-339.

Visitas: 666

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de Cofrades para añadir comentarios!

Participar en Cofrades

Sobre


Publicidad

 




 

Pasión en Sevilla

Eventos

Música

Paused...
  • 1.
    adaptacion de marcha

© 2021   Creado por Pasionensevilla.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio