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El pasado 17 de marzo, de camino a África, le preguntaron al Papa sobre la eficacia de la lucha de la Iglesia contra el SIDA. Y el Papa contestó que “la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el SIDA es precisamente la Iglesia Católica”. Y puso algunos ejemplos bien concretos: Los esfuerzos de la Comunidad de San Egidio, de los Camilos, o de tantas religiosas que se dedican al servicio de los enfermos.


Señaló Benedicto XVI que el problema del SIDA “no se puede superar sólo con dinero, aunque éste sea necesario”. Asimismo, y en una formulación gramaticalmente condicional (del tipo: “Si X, entonces Y”), añadió: “Si no hay alma, si los africanos no ayudan (comprometiendo la responsabilidad personal), no se puede solucionar este flagelo distribuyendo preservativos; al contrario, aumentan el problema”. Es decir, interpreto yo, no basta con distribuir preservativos - sin entrar, ahora, en una valoración moral sobre su uso - , sino que hace falta algo más que eso.


¿Cuál es la solución? El Papa apuntaba dos líneas complementarias, manteniéndose, como cabe esperar de él, dentro de lo que es propio de la tarea de la Iglesia. La primera línea de solución consiste en “humanizar la sexualidad”; en darles fuerza humana y espiritual a los hombres para que sean capaces de un comportamiento correcto con respecto a su propio cuerpo y al de los demás. La segunda línea de solución radica en cuidar y atender a los que sufren esa pandemia.





Estas palabras del Pontífice son plenamente sensatas. La realidad las confirma. Basta con tener en cuenta la experiencia de Uganda, que, en pocos años, ha conseguido reducir la extensión del SIDA entre su población de un 20% a un 5%. Para cambiar la conducta sexual de los ugandeses se ha seguido la estrategia “A, B, y si no, C”. Es decir, abstención, fidelidad y, si fallan estas dos recomendaciones, entonces condón. Igualmente, Uganda se ha esforzado en no estigmatizar a los enfermos de SIDA y en favorecer los avances sociales en favor de las mujeres, así como el acceso a los antirretrovirales.





Un especialista en la lucha contra el SIDA de la Universidad de Harvard, el Dr. Edward Green, confirma también que, sin un cambio de comportamiento, la mera distribución de preservativos no sólo no disminuye el contagio de SIDA, sino que lo aumenta: “A mayor disponibilidad de preservativos, aumenta la tasa de contagio”. El preservativo no elimina el riesgo de contraer la infección, sino que solamente lo reduce. Dar la sensación de que con el recurso al preservativo uno queda inmune de contagiarse de SIDA es engañoso, porque esta recomendación puede propiciar conductas irresponsables que incrementan el riesgo de contraer la enfermedad.





La propuesta del Papa es una invitación razonada a cambiar de comportamiento. No otra cosa hizo Cristo, cuyo mensaje se resume en una palabra: “Convertíos”. Pero, así como Cristo no coaccionó a nadie a convertirse, tampoco el Papa coacciona a nadie a seguir sus orientaciones. Las expone con la serena firmeza del que está convencido de que la verdad – y no el ocultamiento ciego o interesado de la misma – es la que salva al hombre.


Escrito por Guillermo Juan Morado
miércoles, 25 de marzo de 2009


Mondariz.


(Texto extraido de la web: eclessia digital)

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Comentado por Bruno Castillo Fernández en abril 24, 2009 a 6:18pm
Gracias por tu comentario Mercedario, es un estímulo encontrar personas que piensan como uno, pues últimamente sólo entraban los comentarios contrarios. entiéndaseme bien, disfruto mucho del placer de una amigable y respetuosa "Charla" o debate con Costal Balnco (siempre es bueno tener interlocutores que propongan ideas cintrarias porque esto nos engrandece y nos enriquece muchísimo -la verdad es que estoy aprendiendo mucho-) pero a uno le alegra que le apoyen, eso también motiva para seguir adelante.

Muchas Gracias y un Saludo
Comentado por Mercedario en abril 24, 2009 a 5:45pm
Me acaba de llegar un correo con la siguiente información (a próposito de la declaración del parlamento belga sobre el tema del SIDA y del Papa):

En el reciente viaje del Papa Benedicto XVI a África, viajando a Camerún, aseguró ante los periodistas que "no se puede resolver el flagelo del sida con la distribución de preservativos. Al contrario, el riesgo es que se pueda aumentar el problema". El sida, según Benedicto XVI, se vence con una humanización de la sexualidad y nuevas formas de conductas.

Aplicando estos principios la epidemia del sida se ha conseguido frenar en Uganda, donde el 43 por ciento de la población es Católica. La comparación entre los países africanos que siguen los programas de la ONU contra el sida y los países donde trabajan y educan los movimientos católicos es muy significativa:

Suazilandia: 5% de católicos, 42,6% infectados de SIDA

Botswana: 4% de católicos, 37% infectados de SIDA

Sudáfrica: 6% de católicos, 22% infectados de SIDA

Uganda*: 43% de católicos, 4% infectados de SIDA

* En 1991 el 15% de la población estaba infectada en Uganda, 10 años después esa proporción se redujo al 4%. En los últimos 20 años, Uganda ha sido la única nación que ha reducido el sida hasta en un 75%, hecho reconocido por Naciones Unidas.

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