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JOSE MARIA GABRIEL GALAN Y LA VIRGEN DE LA MONTAÑA

En una Visita que el poeta nacido en Frades de la Sierra (Salamanca) realizo a la ciudad de Cáceres, acertó a subir la cuesta que lleva al Santuario de la Virgen de la Montaña, aquella cuesta hoy asfltada, ayer agreste, empinada y de tierra, y que hoy tantos cacereños suben para visitar a su patrona, algunos diariamente.
Jose Maria Gabriel y Galan, quedo tan impresionado de lo que alli vió, que le hizo esta poesia que Miguel Angel Orti Belmonte recogio en el libro "Historia del Culto y del Santurario de Nuestra Señora de la Montaña Patrona de Cáceres. Y Dice asi:

LA VIRGEN DE LA MONTAÑA
A mi querido amigo el virtuoso
Sacerdote Don German Fernandez


Era un día quejumbroso de diciembre ceniciento
cuando yo subí la cuesta de la mistica mansión:
el que aquella cuesta sube con anguastias de ssediento
baja rico de frescuras el ardiente corazon

Era un día de diciembre. La ciudad estaba muerta
sobre el árido repecho calvo y frio del erial;
la ciudad estaba muda, la ciudad estaba yerta
sobre el yermo fustigado por el halito invernal.

Los palacios y las torres de lo viejos hombres idos
en el carro de los tiempos de la glorias y el honor,
dormitaban indolentes, indolentemente hundidos
de seniles impotencias en lánguido sopor

Era un día de infinitas y secretas amarguras
que a las almas resignadas se complacen en probar:;
me apretaban las entrañas melancólicas ternuras
y menbranzas dolorosas de los hijos y el hogar.

Me caían en la frente doloridos pensamientos
de esta trágica y oculta mansa pena de vivir.
me pesaban en el alma los mortales dasalientos
de las pobres almas mudas, fatigadas de sentir.

Arracaban de mi pecho melancolicas piedades
y santisimos desdenes de confeso pecador,
la grotesca danza loca de la locas vanidades
que los hombres arrastramos de la fama en derredor.

Laas ridiculas miserias del orgullo pendenciero,
las efímeras victorias de los hombres del placer.
las groseras presunciones de los hombres del dinero,
las grotescas arrogancias de los los hombres del poder...

Todo el mundo de las grandes epiléticas demencias,
todo el mundo de infortunios de la pobre humanidad,
todo el mundo quejumbroso de mis intimas dolencias
me pesaban en el alma con gigante gravedad.

Era un día de amarguras cuando yo subí la cuesta
de la alegre montañuela que veia yo a mis pies
desde aquella blanca ermita que asentaron en su cresta
como nido de palomas en pimpollo de ciprés.

Como sabanas inmensas de luengíuisímos desiertos
se extendian, dominados por los brazos de la Cruz,
horizontes infinitos, infinitamente abiertos
al brazo de los cielos y los besos de la luz ;

Horizontes que pusieron en las niñas de mis ojos
la visión de la desnuda muda tierra en que nací;
tierras verdes de las siembras, tierras blancas de rastrojo,
tierras grises de barbechos... ¡Patria mia yo te ví!

Me trajeron tus memorias las explendidas anchuras
de las tierras y lo cielos que se llegan a besar,
las severas desnudeces de las áridas llanuras,
las gigantes majestades de su grave reposar...

Y una pena que atraviesa por la medula del alma,
una pena que mi lengua nunca supo definir,
me invadio para robarme la serena augusta calma
que refrena, que preside los espasmos del sentir.

Pero a mi cuando la pena con su latigo me azota
no me arranca ni un lamento la gorsera idignación;
por la misma herida abierta que caliente sangre brota,
brota el bálsamo tranquilo de la fe del corazón.

Y por eso cuando siento que rugiendo se adelanta
la borrasca detonante que me quiere aniquilar
ni su rayo me acobarda, ni su estrepito me espanta
porque sé donde arriarme, por que sé donde mirar.

¡Madre mia, madre mia! Cuando aquella tarde brava
yo subía por la cuesta de tu mistica mansión,
como el latigo del viento que la cara me cruzaba
flagelaba el de la pena mi semsible corazón.

Y por eso te miraba con aquella que conces
tan recóndita mirada que te sé yo dirigir
cuando inician en mi pecho sus asaltos mas feroces
las nostalgias taciturnas que me suelen afligir.

¡Madre mia! me contaron unos buenos caballeros,
moradores de tu hidalga y amadisima ciudad,
que son tuyos sus amores, y son suyos tus veneros,
copiosisimos y santos de graciosa caridad;

Me contaron episodios de la bella historia tuya
dulcemente convivida con tu amante pueblo fiel;
me dijeron que eran tuyo, me dijeron que eras suya,
que te daban bellas flores, que les dabas rica miel...

Que el que suba aquella cuesta y el pecho lleve agravios
turbias aguas en los ojosy en los hombros dura cruz ,
baja alegre sin la carga , con dulzuras en los labios,
con amores en el pecho y los ojos mucha luz.

¡Madre mia, lo he gozado! Los dulcisimos instantes
que mi penas me tuvieron de rodillas ante Ti
fueron siglos de exquisitas dulcedumbres deleitantes
que los rios de tus gracias derramaron sobre mí.

Y el oscuro peregrino que la cuesta de tu ermita
como cuesta de un calvario rendidisimo subió
con la carga de miserias que en los hombros desposita
la ceguera de una vida que entro polvo se vivió,

descendio de tu montaña con los ojos empapados
en aquella luz que hiende las negruras del morir,
el espiritu sereno de los hombres resignados
que sonríen santa mente con la pena de vivir

¡Madre mia! si esas mieles has tenido en tus veneros
para el labio de un andante caballero de la fe,
¿que tendras en tu tesoro para aquellos caballeros
del hidalgo pueblo noble que es alfombra de tu pie?

II

Bellisima cacereña,
hija del sol que te baña;
¡La Virgen de la Montaña
te guarde, niña trigueñas!

Te habran dicho los espejos
que son tus labio muy rojos,
que son muy negros tus ojos,
que fuego son sus reflejos,
que son tus trenzas dos lindas
cadenas de amor ardientes,
que son perlitas tus dientes
y tus mejillas son guindas,

Te habrá dicho este indiscreto
cortesano de mujeres
todo lo hermosa que eres
porque el no se guarda un secreto

Y un funesto genio alado
sátiro, flaco y viscoso,
murcielago tenebroso,
tras los espejos posado,
te habrá cantado "¡Oh mujer!,
¿que reina Venus mejor
para la corte de amor
donde el rey es el placer?

Y yo que te adoro tanto,
yo, que te quiero mas bellas
que la loca reina aquella
de esta menera te canto

¡Que angelical ermitaña
tuviera en ti cacereña
para su ermita risueña
la Virgen de la Montaña!

¿Ves la petica ermita
que irradia blancos reflejos?
pues no la busques mas lejos,
que alli la belleza habita.

Linda, garza y reibereñ;
levanta el gallardo vuelo,
que estas mas cerca del cielo
posada en aquella peña

Vive tu propio vivir,
deja del valle la hondura,
que si alas te dio Natura,
te las dio para subir.

Sube a la mistica loma
que no hay mansión deleitable
más llena de paz amable
que el nido de uan paloma.

Sube, que yo cuando subes
por ese atajo risueño ,
gentil alondra te sueño
que va acantar a la nubes,

Sube, preciosa ermitaña
que algo que no da Natura
se lo dará a tu hermosura
la Virgen de la Montaña.

Que aunque el espejo te cuente
que son tus labios muy rojos,
que son muy negros tus ojos
que es divina tu frente

nunca, con ruda franqueza,
de amigo que se delata
te dirá que él no retrata
lo mejor de la belleza.

Yo puedo darte un consejo,
pues digo verdad si digo
que soy mas honrado amigo
que el sátiro y el espejo

Y se mejor que los dos
cuales son las mas graciosas,
cuales las mas bellas cosas
que puso en el mundo Dios.

¿No sabes que los poetas
vivimos siempre cantando,
de la bvelleza buscando
siempre las claves secretas?

¿Y no sabes tú paloma,
que no nos placen las flores
ricas en vivos colores
y pobres en el aroma?

¡ Pues sube, linda ermitaña,
que algo que no dá Natura
se lo dará a tu hermosura
la Virgen de la Montaña!

Todos los años, estrella,
sé que subis a su ermita
y le haceis una visita
Tú y la primavera bella.

Y yo, que vivo buscando
bellas cosas que cantar,
tal visita al recordar,
suelo decir suspirando:

¡`Sera un cielo aquella sierra
cuando, levantando el vuelo,
visiten a la del cielo
las Virgenes de la Tierra!...

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