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Te sentía cerca… sentí el sonido de tus rosarios y bambalinas. Sentí al clavel y al incienso que te envolvían. Sentí tus varales cimbrear en las estrechas calles que a tu casa llevaban. Sentí las voces que te llevaban, los corazones ya cansados que te mecían con delicadeza. Sentí tu calor, el de tus manos, el de tu rostro, el de tus delicados labios y el de tus lágrimas llenas de amor...pero en aquella noche de primavera, bajo la luminosa luna llena que se asomaba a ver tu rostro a través de la malla de tu palio, sentí tu mirada clavarse en la mía como una puñalada de amor que me atravesó, que me hirió de tanto amor, de tanto cariño, de tanta dulzura, de tanta hermosura, de tanta paz, de tanta gracia, de tanta ESPERANZA que por sentir, sentí hasta dolor…La noche se hizo madrugada, la esperanza se convirtió en dolor, en llama enfurecida, en llanto desconsolado, en cruz pesada, en amargura sin consuelo, en angustia ahogante, en soledad reprimida que estalla en su silencio. Y así, la madrugada se hizo amanecer, la oscuridad clareaba, era ya mañana de viernes y yo madre buscaba tu mirada, la de aquella noche, la que me hizo tuyo para siempre. Quisiste buscarme, quisiste acogerme como a un hijo para llevarme cada Jueves Santo bajo los varales de tu trono de sabiduría. Quisiste ser mi refugio, la paz que necesitaba. Quisiste acariciarme con la dulzura de tus labios, llamarme a tus soberanas plantas ante las que caería rendido una y mil veces y antes las que caeré otras mil. Quisiste ser mi consuelo, mi pena, mi faro y mi guía. Quisiste ser mi día y mi noche, mi amanecer y mi atardecer. Quisiste ser mi luz y mi oscuridad, mi frío y mi calor, mi fuego y mi agua. Quisiste ser mi sangre, mis lágrimas y mi piel pálida. Quisiste ser mi cielo y mi tierra, mi nube y mi claro, mi sol y mi luna. Quisiste ser mi estrella, mi protectora, mi auxilio y mi alegría. Quisiste ser mi risa y mi llanto, mi sonido y mi silencio. Quisiste ser mi puerto, mi ancla y la brisa marinera que acaricia mi alma. Quisiste ser mi salud y mi enfermedad, mi victoria y mi derrota. Quisiste ser mi rosario hecho lágrimas, mi inspiración hecha palabras. Quisiste ser mi locura y mi calma, mi agobio y mi tranquilidad, mi aprobado y mi suspenso. Quisiste ser mi clavel y mi rosa, mi azahar y mi jazmín, mi azucena y mi nardo. Quisiste ser mi adarve y mi villa, mi castillo y mi sagrario, mi plaza y mi compás, mi carrera y mi paseíllo, mi palenque y mi calvario, mi manantial y mi fuente. Quisiste ser mi mezquita y mi catedral, mi Giralda y mi Alhambra, mi alcazaba y mi torre, mi playa y mi sierra. Quisiste ser mi encarnación y mi paz hecha Domingo, mi caridad y mi mayor dolor preso. Quisiste ser mi columna, mis manos y mi mirada. Quisiste ser mi blanco, mi amarillo y mi verde. Quisiste ser mi negro, mi rojo y mi azul. Quisiste ser mi familia, mi madre amada. Y por querer madre quisiste quererme.
En cada latido de mi corazón se siente la esperanza que aquella mágica madrugada me clavaste. Todo lo que un día quisiste ser en mi ya lo eres madre. Te quiero.

Santiago Jiménez Lozano.

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